Sermón, del Consiliario de la Comunión Tradicionalista Carlista sixtina, sobre la catolicidad del Carlista y la unidad de fines fundamentales espirituales de los verdaderos militantes. CRITICA FINAL AL SERMON, Un carlista no es simplemente un buen católico, ni todo buen católico es Carlista, ni todo católico de Fe teórica y Moral Fundamental abstracta es ejemplar benefactor de la Naturaleza y la Civilización. Un solo Cristianismo abstracto y muchos cristianismos concretados, contraidos y naturalmenre deficientes. El Kristianismo o Katholicismo “encarnado” peculiar de los Arios. En curso, estado del texto a 17 de Abril de 2019.

 

Nota brevísima crítica:

Lo único que me repugna del por lo demás magnífico sermón estilo antiguo, es la metáfora de que con santo entusiasmo nuestro los menesterosos de la muchedumbre hambrienta que nos rodea nos coman y devoren. Me da asco. La transubstanciación es un milagro habirual reservado a Jesucriro como Sujeto transsubstanciador de pan y vino a transsubstaciar en el Sslvafpr, para ser dw tal guosa comido, y masticado, pero como un jugiete de coma especial, al xuál, por nucho que lo machaques y retierzas, vuelve inmediatamenre s su forma original, y oermanece siempre íntegro. Que a la vida, integralidad física y corporal de Cristo no la afecte la Comunión Sacramental de degljción de Cristi Sacramentado o no la varíe, ni transforne si no en el aspecto externo, y localizado, y no excluyente de la ubicuidad del Señor, con su propi forma y accodentes, bo es extrapilable a no gún otro ente, u hombre. El nimal decorado pierxe su vida terrenal y la forma de su cierpo, que, reducudo a cadáver y trucidado, es digerido y convertido en excrenentos. Algo asqueros que se nos aplique, hablando de los más altos Personajes y Misterios. Pir ello, el mismo Salvador que es el mejor Ptedicador, ciando usa metáforas paea expresar el pensanienro del elocuente Clérogo, usa los símiles del grano de trigo que cae en tierra, se pudre y luego fructifica; y explica que quien quiera conservar su vida egoístamente para sí, la perderá, y quien la desprecie y la pierda, en el sentido de que la de por cumplir la misión de hacer el Bien Universal, según la misión individualizada que Dios a cada cuál encomiende, sin egoismos, la ganará. El Carlista Reqieté ni tiene, ni puede tener vocación al martirio de entrega de uno nismo, inmediata, espontánea, de propia iniciatica, ni menosaún pir orden de entrega derrotista y militarmenre fatídica estilo más o menos Padre Maximiliano Kolbe. No es una inerme monjita Hermana de la Caridad, sino un hombre de Armas, no está bajo el signo de Apolo, sino de Marte. Su misión no es entregarse pkácodamente a ser atornentado y sesinado, sin resistencia de la víctima, sino princiomoalmentw vencer marcialmente al enemigo, y matarlo, si ello redulta el mefio más eficar pata lograr la victoria. Otea cosa es si lo plan y lo martirizan. A esa eventualidad, que no le es lícito buscar ni procurar, y debe evitar cuanto pueda, sí puede tener dwseo o vocación, mas no vokuntad de hallarla.

No déjome devorar, ni devoro;  si me muerden, o engullen alimañas será por el fatal sino semejante al del ave cazada por un gato sarnoso. Nadie me devora ni me come, ni devora mi vida, ni mi tiempo. Esto es como el semental, que tiene para miles de vacas, y tras eyacular por la mañana, puede volver a hacerlo al rato, y otros brutos decenas de veces, como los leones, para sí y sus leonas, generación de progenie, la continuación de su estirpe y especie carnicera y feroz. La carne ingéstola yo, la de mis enemigos bien abatidos en combate daríalas a chacales y ratas negras, para que devorasen los infames cadáveres, si no fuera porque la humanidad y caballerosidad en la guerra impélenos a franquear al enemigo vivo el acceso a sus muertos, a fin de que les den honesta sepultura. También por sus Almas rogamos a Dios cuanta Clemencia para ellas tenga a bien conceder a nuestra oración impetrativa y altruista.

Deciende tu Raza, tu Sangre, tu linaje, tu Patria, tu ínclita Religión Divina, antifarisea, antijudía, pro Santidad y santificación de todos, de nobleza y aristocracia naturales supremas arias. ¡Viva el Requeté gloria de su Raza, soldado de Cristo, guerrero de espíritu y cuerpo, Militar de pró! Disciplinado, y que ni se deja devorar por nadie, ni menos aún por judíos,  moros, simiescos y cuantos siervos de la Revolución del Mal han de ser combatidos con la Oración, y el Amor que mata, literalmente. "¡Disparad, pero sin odio! Exclamaba a sus camaradas de Fe y Armas el Angel del Alcázar, cuyo hermano Sacerdote fue mi Director Espiritual durante tres años cabe el Seminario Conciliar Tridentino de Toledo, siendo yo seminarista, joven como el que muestra la foto. Ricardo de Perea y González, Sacerdote de nuestro Dios y Señor Jesucristo.  Doy mi nombre, Rvdo. P. Consiliario, Confrater, elocuente orador sagrado, que me hace sentir orgulloso de algunos españoles, no me oculto.

Defiende tu Raza, tu Sangre, tu linaje, tu Patria, tu ínclita Religión Divina, antifarisea, antijudía, pro Santidad y santificación de todos, de nobleza y aristocracia naturales supremas arias.
¡Viva el Requeté gloria de su Raza, soldado de Cristo, guerrero de espíritu y cuerpo, Militar de pro! Disciplinado, y que ni se deja devorar por nadie, ni menos aún por judíos, moros, simiescos y cuantos siervos de la Revolución del Mal han de ser combatidos con la Oración, y el Amor que mata, literalmente, para salvar a los inocentes y defender las libertades cuyo disfrute posibilita la civilización y hace llevadera la dura vida viadora. “¡Disparad, pero sin odio! Exclamaba a sus camaradas de Fe y Armas el Angel del Alcázar, cuyo hermano el Sacerdote Rvd°. P. Don José Rivera fue mi Director Espiritual durante tres años cabe el Seminario Conciliar Tridentino de Toledo, siendo yo seminarista, joven como el que muestra la foto.
Ricardo de Perea y González, Sacerdote de nuestro Dios y Señor Jesucristo.
Doy mi nombre, Rvdo. P. Consiliario, Confrater, elocuente orador sagrado, que me hace sentir orgulloso de algunos españoles, no me oculto.

 

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«Dios es el principio y fin de todas las cosas». Sermón del Consiliario de la

C.T.30 septiembre, 2018

El domingo pasado, San Pablo nos rogaba “que viviéramos cual conviene a nuestra vocación [en este caso política] con toda humildad y mansedumbre, con longanimidad, sobrellevándoos mutuamente por amor, guardando solícitos la unidad del espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo espíritu; como también habéis sido llamados por vuestra vocación a una sola esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, obra por todos y mora en todos nosotros; el cual es bendito por todos los siglos. Amén” (Efesios, IV 1-6).
“Omne agens agit propter finem”
Como respuesta a la vocación política en la Comunión Tradicionalista, debemos conjugar nuestras fuerzas, y sólo lo lograremos si tenemos unidad de fin, si ponemos nuestra inteligencia y voluntad en la prosecución del mismo fin que nos señala claramente el evangelio de San Mateo de este domingo XVII del tiempo de Pentecostés: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todo tu espíritu. Este es el mayor y primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. XXII 36-39). Lo que de una manera análoga formula San Ignacio en el principio y fundamento de los ejercicios espirituales.
San Mateo nos exhorta a “buscar primero, ante todo el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. No os preocupéis, entonces, por el mañana. El mañana se preocupará de sí mismo. A cada día le basta su propia pena” (Mt VI, 33-34).  Si estamos todos de acuerdo en que esto es así, habremos alcanzado algo fundamental: la unión de nuestras voluntades, de nuestras almas, que, multiplicando nuestras fuerzas,  las hace superiores a toda fuerza humana, pues se hacen divinas, con vínculos de caridad, vínculos de perfección, encarnando la Comunión que nos hace Iglesia, que nos hace Patria.
La gracia que nos une en la prosecución común de ese único y mismo fin de todos y cada uno, nos protegerá de aquello que la oración de esta Misa nos previene, cuando le pide a Dios que “nos conceda evitar los contagios del demonio”, “Da, quesumus, Domine, populo tuo diabólica vitare contagia: et te solum Deum pura mente sectari” (según la etimología los filólogos nos dicen que diablo significa: el que divide), el diablo divide para vencer, nos hace caer en pecado al dirigir nuestros actos hacia cualquier otro fin que no sea Dios (el pecado se define como  “aversio a Deo, conversio ad creaturas”). Entonces al abandonar como fin último a Dios y desviarnos a cualquier otra creatura, los fines se multiplican tanto como las creaturas y las fuerzas se dividen tanto como los fines, para que desviados de nuestro fin nos debilitemos de tal manera que caigamos en pecado, y derrotados quede destruida toda Comunión.
Los malos muchas veces resultan eficaces y alcanzan éxitos aparentes, porque actúan maquiavélicamente; para ellos el fin justifica los medios y no habría obstáculo que no vencieran sus malas artes, porque ni la mentira, ni el crimen les arredra. Y entonces nosotros nos veríamos limitados en nuestro actuar porque San Pablo nos dice que no podemos hacer cosas malas para alcanzar cosas buenas: “Non sunt facienda mala ut eveniant bona” (Rom. III,8). Esto podría hacernos creer que ante tal planteamiento nuestra acción política está condenada a la derrota, y entonces es cuando nosotros podemos sufrir la tercera y última tentación de Cristo en la montaña, cuando el diablo le ofreció todos los reinos del mundo y su gloria, si postrado le adoraba, y el Señor le venció diciéndole: “Vete Satanás, porque está escrito: adorarás al Señor tu Dios y a El sólo servirás”(Mt IV,10) .
Y es ahora cuando quiero recordaros que los malos no cuentan más que con sus propias fuerzas y las ayudas que suben desde el infierno, y aunque “los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz” (Lc. XVI, 8), nosotros contamos con Dios, Él es nuestra fuerza y sabemos en quién hemos confiado, “scio qui credidi” (II Tim. I, 12) y no seremos confundidos. Y con la fuerza divina del Resucitado no pueden contar los malos, esa fuerza está en las almas santas, en las almas en gracia de Dios. Esta es una razón más por la que debemos vivir en estado de gracia; como sarmientos debemos permanecer unidos a la Vid, para poder dar buenos frutos, frutos de vida eterna. Sin la gracia de Dios no somos más que muertos en vida. Nada sin Dios.
Citando un ejemplo, el mundo liberal que ha renunciado a la unidad católica, pretende utópicamente la unidad territorial de España, como tantos conservadores que pretenden embalsamar, para mantener entero el cadáver de un animal sin alma y del toro no queda entera ni la piel. Esto es hacer de la añadidura un fin último. Otros movimientos políticos, que tientan a muchos españoles incautos, que para alcanzar su fin caen en la amalgama democrática, buscando respaldo económico, se venden por un plato de lentejas al mismo sistema. Incluso dentro de nuestras propias filas aquellos que no viven cristianamente olvidan el salmo 125: “Si Dios no trabaja, en vano se fatigan los obreros”.
El tradicionalismo se distingue de todos los demás movimientos por su fin último claro y preciso, trascendente y meridiano: Buscar el reino de Dios y su justicia, o como dice la oración de este domingo: “te solum Deum pura mente sectari”. Fiel a lo fundamental y esencial. Construyendo sobre la piedra angular que es Cristo, despreciada por todos los demás, razón de ser del trono y el altar, de nuestro lema: Dios, Patria, Rey.
En la  segunda parte del precepto: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, caridad horizontal de nuestra vocación se une como en una cruz con la caridad vertical, pivotante, que une la tierra con lo más alto: Dios, con la horizontal, abierta a los prójimos que viven en esta tierra en un abrazo redentor. Por eso “hacemos política”. Nos preocupan nuestros prójimos, esos que según el orden de la caridad, tienen una prelación en nuestras obligaciones que conjugan nuestros deberes de caridad y justicia.
Estas obligaciones son las que hoy nos debemos plantear: ¿Qué hacemos?, ¿cómo lo hacemos?, ¿qué debemos hacer?, ¿qué NO hemos hecho?; ¿qué hicimos mal?, ¿qué omisiones cometimos y cometemos?
La caridad como virtud operativa nos urge “Charitas Christi urget nos“. Sabemos, “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Santiago 2,26).
Hemos puesto nuestra FE en Cristo, en Dios Encarnado. Creemos en la Encarnación de Dios y cada vez que rezamos en la Misa el Credo al llegar al “et incarnatus est” nos hincamos, lo mismo hacemos en el último Evangelio al rezar el Prólogo del Evangelio de San Juan. Cada vez que rezamos el Ángelus “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” honramos el centro mismo de nuestra FE en la Encarnación.
El Verbo de Dios Encarnado, como le anunció el Anciano Simeón a María Santísima, sería piedra de tropiezo, escándalo para muchas almas. Lo fue para el ángel más perfecto cuando ante la Encarnación dijo “Non serviam”. Ante el milagro de la transubstanciación eucarística muchos judíos se escandalizaron ante la posibilidad de comer el cuerpo y la sangre del Señor. Y ante la encarnación, con minúscula, de cosas grandes en su concreción material muchos se escandalizan. Por ejemplo, si ante la encarnación de algo tan grande como el sacerdocio en mi yo concreto y personal, o ante la encarnación de la autoridad papal o la autoridad temporal y política en determinado Rey nos podemos llegar a escandalizar, recordemos aquello de Nuestro señor, “Bienaventurado el que no se escandalice de mí” (Lc.VII,23). Por eso no debemos desalentarnos ante las diferentes concreciones en las que encarnamos ese ideal tan sublime que nos ha sido legado: la Tradición. Bajar de lo teórico a lo real, de lo abstracto a lo concreto, por lo general, lleva a muchos militantes a escandalizarse, apostatando, desertando o revelándose. “Es inevitable que haya escándalos, pero ay de aquel que los ocasione, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar” (Mt. 18, 6). Dios nos libre de ser ocasión de escándalo por nuestras incongruencias. Sólo lo podremos evitar si permanecemos muy unidos a Nuestro Señor por la gracia, pues Dios no puede escandalizarse jamás, y a El nadie le puede argüir de pecado.(Jn IX,6) .
Agere sequitur esse.
El ideal, la vocación a la que somos llamados, debemos encarnarla. Hacerla sensible para que sea testimonial, pues sabemos que nada puede llegar al alma sin antes pasar por los sentidos. Nuestro espíritu católico, nuestra militancia tradicionalista, nuestra vocación carlista, la debemos materializar, hacer sensible, percibida por los cinco sentidos de nuestro prójimo, manifestando nuestro ser de manera sensible, visible, palpable, audible, etc.
Nuestro Señor nos recuerda que: “Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la salará? Para nada vale ya, sino para que, tirada fuera, la pisen las gentes” (Mt. 5, 13). Por lo tanto, debemos ser “gustables”, y en cuanto gustables, no podemos ser unos “sosos”, unos “desaboríos”. Y aunque nos parezca esto un imposible, pensemos que Nuestro Señor se hizo alimento, y fue, también, para darnos ejemplo. Hoy existe una multitud hambrienta que debemos alimentar, que no solo viven de pan, sino que nos devoran integralmente, nos devoran el tiempo, las fuerzas, las economías. Un militante de verdad es un hombre “comido”. Y ante la ferocidad de aquellos que, entre nuestros semejantes, nos devoran, casi que nos produce cierta nostalgia las dentadas fauces de las fieras que devoraban cristianos en el circo. Por eso les animo, antes que a la postre nos devoren los gusanos, a dejarnos comer por nuestros hermanos hambrientos.

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javier, miliciano Carlista de la Cruzada Española contra el judeovolchevismo del Frente Popular.

Javier, miliciano Carlista de la Cruzada Española contra el judeovolchevismo del Frente Popular.

No es un comido, ni se deja devorar ni por el amigo, ni por el enemigo, ni la Patria lo devora. No puede permitirse inmolarse, pues ha de conservar cuanto pueda su vida, su tiempo, sus fuerzas, para sí y la defensa de los suyos,  y así ejercer su milicia “ut destruat et postea plantet”. Da su vida a Dios, la Patria y el Rey que la merezca, un Rey que mande y no devore a sus hijos como Urano. Somos matadores en legítima defensa, queremos ser como los guerreros de nuestros Tercios, a que el grandioso Bossuet llamaba “los Leones”, animales carniceros y fieros. Una cosa son los leoninos majedtuosos reyed del circo romano, brutos benditas criaturas, y otra el enemigo a combstir con denuedo, vencer o abatir. Los cuidadores romanos de aquellas bestias feroces, mataban a las que, saliendo a la arena, asustábanse de los cristianos apiñados, quizá cantando. Sólo los bravos, capaces y resueltos a devorar a los que de tal guisa materialmente hacían mártires, sobrevivían al rigor implacable de sus cuidadores amenazantes, y potenciales verdugos. A eso “nos” sentenciaban los magistrados oficialmente romanos, pero de hecho judíos, enemigos encarnizados, letales, de San Pablo, al que condenaron y mandaron decapitar, y de todos los Cristianos. Entre éstos tal vez fanáticos chusma de espíritu, de la muchedumbre plebeya que, desplazados los Patricios, de los oficios episcopales, y extendídase la democratista costumbre de elegir a los obispos, por aclamación de la rústica plebe, contaminados algunos emperadores como el hereje Teodosio, divisor del Imperio, destruyó casi enteramente la Civilización aria grecorromana y la mayor parte de sus espléndidos monumentos y bibliotecas, desatando contra los clasicistas no cristianos una despiadada persecución exterminadora que mató en masa una y otra vez a quienes podían habet sido nuestros camaradas nacionales imperiales. Lo que no quisieron, ni hicieron, aquellos energúmenos, lo conseguimos Carlistas, fascistas, Nacionalsocialistas, Rexistas,  muchos protestantes y los “leones ateos” de inspiración nietschana, dispuestos a dar sus vidas, que juzgaban sin supervivencia espiritual, darlas por la Patria y Civilización como objetos materiales comunes a los camaradas de armas,  para salvar de la peste judeomasónica y judeobolchevique tan íntimo, vivo y preciado tesoro. ]

 


También nos dice San Pablo que: «Nosotros somos el buen olor de Cristo» (2 Cor. 2,15). Por nuestras virtudes en medio del hedor de tanto pecado ( Rom. III,10). En medio de las nauseabundas ideologías de la degeneración contemporánea, debemos recordar que en la raíz etimológica de la palabra virtud, está la raíz: “vir”, que quiere decir: hombre, fuerza. Por eso, sin entrar en detalles, el militante tradicionalista no pueda ir oliendo por ahí a perfumes Jean-Paul Gaultier. Muchos de nuestros prójimos tienen el “sensus fidei” y por “olfato” perciben muchas cosas no solo en el orden espiritual, sino también en el orden natural. Procuremos ser de tal manera que seamos odorables, no sólo para quien pueda carecer del oído o la vista, sino también para aquellos que, teniendo el olfato fino, puedan percibir que sois portadores de las más preciosas esencias. Seamos, como el vaso de barro que a los pies de Cristo derrama la Magdalena, existencia que, derramada a los pies divinos inundan la casa de agradable olor. El buen olor es generoso y al soplo del Espíritu lo esparce, lo lleva, allí donde Él quiere.  Mas un alma sin la gracia ni la caridad es un cántaro de vino corrompido, de vinagre, de celo amargo, del que todos huyen solamente por su olor. La pureza de su vida y sus costumbres es un lirio casto y puro que con su aroma exorciza el espíritu inmundo que habita en una ciénaga de impureza en la que están empantanadas tantas almas, donde perecen tantos ideales, donde sucumben tantas voluntades.
La doctrina tradicionalista la debemos vivir, encarnar, para que sea tangible. De lo contrario,  muchos escépticos contemporáneos que, como Santo Tomás no creen si no meten los dedos en las llagas del Señor, jamás nos tomarán en serio si en realidad no hay nada qué “tocar”.
Un carlista es un hijo de la luz, por eso un carlista debe ser visible. Y no se enciende una lámpara para ocultarla bajo el celemín. Debemos ser “Como antorchas en el mundo” (Fil. 2,15). Os exhorto con San Pablo a vivir como “hijos de la luz” (Ef. 5,8ss. 1 Tes. 5,4ss); fuimos en algún momento «tinieblas» ahora que conocéis la verdad sois «luz en el Señor»: en consecuencia debemos vivir como luz, renunciando a las tinieblas del pecado y la ignorancia. Un carlista lleva sobre su frente una boina colorada, evidentemente no es para camuflarse, mimetizándose, con el mundo y en el mundo, sino para hacer visible su identidad. Los carlistas siempre fueron reconocidos como referentes de la ortodoxia, de la sana doctrina.
El respeto humano ha llevado a muchos tradicionalistas a un silencio culpable. Callar ante el mundo, traicionando la verdad, es una cobardía, indigna de nuestros mayores. Muchos de vosotros, con el Bautista, sois una voz que clama en el desierto, haciendo audibles las verdades que no pasan de moda, predicando la verdad que hace libre a los hombres, proclamando con generosidad y valentía la doctrina de siempre, tradicional, que es patrimonio de todos. De la abundancia del corazón habla la boca, tratemos en estos días de vaciarnos de frivolidades y llenarnos de sabiduría. La Fe llega por el oído “fides ex auditu”, no nos cansemos de sembrar, algunas palabras caerán en tierra fértil y darán el ciento por uno.   ¿Dónde irá la sociedad si solo el Señor tiene palabras de vida eterna? ¿Cómo llegará la libertad a las almas si permanecemos callados o diciendo sólo y siempre tonterías?
Encarnar es hacer sensible, hacer sensible es hacer tangible, audible, visible, odorable, gustable.
El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Y encarnado el Espíritu Católico podremos vivir en la Cristiandad siempre anciana y siempre nueva.
La gracia de la Encarnación es una gracia eminentemente mariana. Que su Corazón Inmaculado nos conceda esta gracia. Participando así, participaremos de su Victoria pues al fin el Corazón Inmaculado ¡TRIUNFARÁ!
El Consiliario

 

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Ar.

Escudo del Movimiento Rex, fundado por S.E. el General de las Waggen SS Señor Don León Degrell, Coronel del Ejército español, nativo belga salón, monárquico católico, y miembro número 1 de Falange Española … .

CRITICA FINAL AL SERMON, Un carlista no es simplemente un buen católico, ni todo buen católico es Carlista, ni todo católico de Fe teórica y Moral Fundamental abstracta es ejemplar benefactor de la Naturaleza y la Civilización. Un solo Cristianismo abstracto y muchos cristianismos concretados, contraidos y naturalmenre deficientes. El Kristianismo o Katholicismo peculiar individualizado, concretado, “encarnado’, de Arios.

Sargento Requeté Ruso, blanco.

Vaya por delante que es uno de los mejores sermones que he leido, sapiente, literario, al estilo de los clásicos, Lapuente, Rodríguez, etc., jesuitas.

Mi siguiente análisis limítase a ser crítico pues entiendo que más útiles son las objeciones que los elogios.

Siendo tan excelente como es, mi preferencia inclínase por el Beato Fray Diego José de Cádiz, que leo en libros originales físicamente a él coetáneos.

Mi muy estimado Rvd°. Confrater:

Si en vez del vocablo “carlista” hubiese Su Reverencia usado el de “católico” resultaría má o menos igual, pero un Carlista no es “simpliciter” un católico, ni es siempre y en todos los casos un buen católico, ni un buen político, pues a la catolicidad de profesión de la Fe de premisa mayor, y premisas menores declaradas por el Magisterio Solemne de la Iglesia, para ser buen católico y buen político ha de añadirse el acierto racional, natural y concreto de las ideas filosóficas del sujeto concreto, y de los juicios teórico prácticos y prácticamente prácticos que codirijan la conducta del individuo real. Y un Carlista que tenga la certeza de su Fe y Credo esencial político puede ser un hombre bueno, como puede serlo malo, al menos materialconcretamente. Un católico ni siquiera está obligado por su Religión estríctamente abstracta, a ser monárquico y políticamente confesionalista.

El Carlista es más que el católico que simplemente profesa la Fe católica, o menos (excepcionalmente) en cuanto, como un Charles Maurrás, ateo, defienda a la Iglesia y retenga sus “mitos” más útiles que el ateismo.

El sermón más interesante al individuo físico Carlista concreto, es el que demuestre cómo la Fe teórica exige privadamente y por fuerza de la lógica y verdades naturales, las conclusiones carlistas. Es bueno que sepa que la monarquía tradicional es la que mejor se ajusta a la Fe católica, y mejor concuerda con la Monarquía y jerarquía eclesiásticas. Un Dios supremo, único, Padre es ejemplar de toda monarquía e induce a inferir que así como lo supremo gubernativo es uno, y el mejor especímen de cada género de humanos, brutos, y cosas inanimadas es único, pues no hay en el mundo dos cosas iguales en perfección, ni dentro de un género, ni de una especie, … puesto que así acaece con el ser y todos los entes, así ocurre con las sociedades humanas, en cualquiera de sus cualidades, también en política, y como ha de hacerse en la Iglesia. Las piedras preciosas son las menos, y el diamante mayor del mundo es uno solo. Así todo género y toda especie están oresididos por el mejor ejemplar, siempre uno solo. El supremo está predestinado a la más absoluta sokedad en su supremacía. De ahí: Un solo Rey, una sola Patria, un solo Imperio” apetecido por la peste judía como lo estará por si Anticristo, el Gran y supremo tirano de su Inperio de “Globalización“. “Ein Volk, ein Reich, ein König und Führer”.

El Carlista, maduro en el mundo teológico, filosófico y político del Ario Aristóteles, el Ario Aquinatense Santo, Don Ramón Nocedal y Romea, su Integrismo y el Sociedalismo, añade, o detrae de sus principios de Fe y de Filosofía política verdades como la etnojerarquía, la valía de nuestras razas y la idoneidad, para un pueblo óptimamente instruido y dispuesto a lo mejor, de la Monarquía política y de la organización, con vivaces “cuerpos intermefios”, del pueblo con propia “soberanía social” en tecnicismo de Vázquez de Mella. El sujeto del Catolicismo es el individuo natural que lo profesa, practica y recibe la Gracia. El sujeto es natural, no sobrenatural, la Dobrenaturaleza oerfecciona a la naturaleza del individuo predestinado y eleva su naturaleza, sin reemplazarla, ni aniquilarla. A la Patria celeste, el Carlista añade la idea y asunción de la Patria terrenal del mísmo como individuo sujeto esencialmente natural, animal y racional, y asume la de Nación en concepto de tradición católica no dogmática. Rey, Gremios, municipios, regiones, Derecho Consuetudinario o Fueros, Raza, unidad política y religiosa de la Nación, unidad étnica, tendiente a la más perfecta de identidad entre propias Patria, Raza y Nación, la diversidad de jurisdicciones judiciales según las clases sociales orincipales (foro eclesiástico, foro militar, foro nobiliario [o regio, con inmunidad hacia todo tribunal, salvo el papal y en su ámbito eclesial espiritual y canónico]. El ideario carlista no es evolutivo a lo contrario de lo que es, pero es progresivo y progresista (no como nombre propio de los modernos, protestantizados, o laicistas, y modernistas doctrinarios), avanza aprendiendo de propios y ajenos. Nada de igualitarismos ni metafísicos, ni políticos concretos, ni personales, ni raciales, ni civiles de “papeles para tod@s”, ni: mestizaje indiscriminado, “ciudadanos del mundo”, igualdad de derechos civiles, igualdad  – de clérigos, militares, Nobles, científicos y pueblo llano – ante toda ley, aconfesionalidad externa del Estado, etc. . Un Carlista católico es un teólogo de la Política, con una Filosofía política propia, que no tiene por qué ser exáctamente la misma en todos los Carlistas ni para todos los Carlistas y todo Carlismo, de modo que al igual que hay legítimamente distintas opiniones teológicas y canonistas, así hay opiniones contrapuestas entre sí, pero no contrsrias al ideario esencial del Carlismo. El Carlista no defiende sino lo propio, su ideario fundamental e identitario, y sus propias opiniones, no cualquier catolicismo concretado en la mente individual de otro individuo, sino el contraido el el propio sujeto indicidual concreto cuyo universo mental y vida son las suyas individuales y no las de nadie más, aunque existe el fenómeno excepcional llamado de “almas gemelas”. El Carlismo más genuino es europeo y español: español dentro de lo europeo, y europeo dentro de lo español. “Quod recipitur, ad modum recipientis recipitur”. Es griego clásico, Romano, feudal, Renacentista, barroco, en una simbiósis o concordancia rectificativa peculiar y sistemática de herencia Aria: germánica, mediterránea (Cf. Laín Entralgo)  y eslava, especialmente de rama nórdicobáltica. En ello inserta, con coherencia lógica, la labor española, la típica y la atípica que se asuma por ser la que más sirva a la Nación concreta de los españoles concretos que estén iluminados por el conocimiento de su identidad nacional como bien superior al de no tenerla, si no hay Patria Pura que la substituya enteramente, identificándose finalmente, como meta ideal, o sea, la mejor, y perfecta, con la Nación polìtica y social de Rsza únnica, o de Razas emparentadas y avenidas.

Los Karlistas ( con “K”, no es ot ra de mis erratas) no somos simplemente católicos con unidad de Fe Dogma, unidad eclesial, eclesiástica, universal y supranacional, sin distinción puramente religiosa metafísica y canónica entre compatriotas y exógenos o radicalmente extranjeros. No se limita a defender los derechos naturales de los seres humanos cualesquiera, ni los de correligionariedad ideológica básica, sino que funda Nación e imperio; admite, por precepto natural, y del modo opinable que intelectualmente elija por convencimiento, su propia Patria, en sentido tomista del concepto, para la que pretenderá, con medios radicales y drásticos, soberanía e independencia de sociedades racial y culturalnente inferiores en genio, talento y perfección estética constitutiva. Será perpetuo Camarada de los Caidos en la Cruzada Europea, en que se integra la española, y seguirá siendo aliado del Eje, del derrotado por la judeomasonería del judeobolchevismo, como lo fue mientras triunfaba y combatía en los campos de batalla. Somos lo que el Rey Segismundo, antes de ser de nuevo encadenado por su supersticioso, egoista y despiadado padre. “No sueño, pues toco y veo lo que he sido y lo que soy, y sé que soy un compuesto de hombre y fiera”.

No soy un pacífico tertuliano de veladas vespertinas, campamentos de Scouts, guateques y reuniones burguesas, sino un terrible espectro encarnado con la veneranda carne putrefacta de los cadáveres de quienes vivieron durante la Gran Guerra, y murieron combatiendo como héroes, mas viven cual Camaradas principales míos en mi mundo hiperterrenal que, lamentablemente no es el vuestro de la era opaca contemporizadora del virage. Somos católicos y, en cinjunto: más, y menos, que católicos.

El Can Sacerdotal de fauces entorchadas. O “Ek Erylar” = Yo Maestro de Runas (¿Quién me iba a decir que, tras haber elegido ése de entre mis varios pseudónimos, un coleccionista anglosajón de Inglaterra me iba a regalar, ineplicabkemente, un buril vikingo de los típicos para trazar las “sagradas Runas” en los maravillosos monolitos de ni amado Norte Europeo, ario por supuesto, menos para el empecinadamente necio que se obstina en afirmar que el pueblo ario es un mito (entendodo como “cuento chino” o leyenda fantasiosa), y que la lengua aria no la habló un pueblo primitivo de propio linaje?. Mi segunda espada “Memoire du Sangue” le cercene la lengua).

 

 

 

 

Acerca de ricardodeperea

Nacido en Sevilla, en el segundo piso de la casa nº 8 (después 18) de calle Redes de Sevilla, el 21 de Septiembre de 1957. Primogénito del Señor Don Ricardo de Perea y López, tenor dramático de ópera (que estuvo a punto de hacer la carrera en Milán), y pintor artístico; y de la Señora Doña Armonía y Josefina González y Valdayo, modista y sastre ( para hombre y mujer), mas principalmente pintora artística de muy temprana (desde niña) y entusiata vocación. Desafortunadamente la infortunada mujer dedicóse tan abnegadamente a su familia y hogar, que poco pudo pintar, pero el Arte, el retrato de seres humanos, el dibujo y pintura artísticos realistas y clásicos fueron su ardiente pasión hasta la muerte, que la sorprendió delante de un óleo de su Santo favorito, San Antonio de Padua, pintura de Escuela barroca sevillana, y al lado de una copia, hecha por mi amado padre, de la Piedad de Crespi. Habiéndose encomendado diariamente a nuestro Dios y Señor Jesucristo durante mrses, con su creada jaculatoria de "¡Ay mi Cristo, no me abandones", y con un Cricifijo al slcance de su vista, colocado, oor su voluntad, constantenenre delante de su lecho, fué recogido su espíritu por Nuestro Dios y Señor, en litúrgico de San José, su patrón, al que veneraba muy especialmente. Su amadísimo y amantísimo primogénito, a quien ha dejado en un mar de lágrimas, fue seminarista en Roma, de la Archidiócesis de Sevilla desde 1977-1982, por credenciales canónicas de Su Eminencia Rvmª. Mons. Dr. Don José María Bueno y Monreal, a la sazón Cardenal, Obispo Residencial Arzobispo Hispalense. Alumno de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma, 1977-1982, 1984, por encomienda del mismo Cardenal Arzobispo. Bachiller en Sagrada Teología por dicha Universidad (Magna cum Laude), donde hizo todos los cursos de Licenciatura y Doctorado en Filosofía (S.cum Laude), y parte del ciclo de licenciatura en Derecho Canónico (incluido Derecho Penal Eclesiástico)(S. cum laude). Ordenado de Menores por el Obispo Diocesano de Siena, con dimisorias del Obispo Diocesano Conquense, Su Exciª.Rvmª. Mons. Dr. en Sagrada Teología, Don José Guerra y Campos. Incardinado en la Diócesis de Cuenca (España) en cuanto ordenado "in sacris", Diácono, por este verdaderamente excelentísimo y reverendísimo Prelado, de feliz Memoria, el 20 de Marzo de 1982. Delegado para España, de S.E.R. Mons. Pavol Hnilica,S.J., como Superior General de la Obra Pía "Pro Fratribus". Ordenado Presbítero, por dimisorias del mismo sapientísimo, piadoso e insigne Doctor y Obispo católico Diocesano conquense, el 8 de Enero de 1984 en la Catedral de Jerez de la Frontera (Cádiz), por Su Exciª. Rvmª. Mons. D. Rafael Bellido y Caro. Capellán Castrense del Ejército del Aire, por Oposición ganada, asimilado a Teniente, y nº 1 de su promoción, en 1985. Fue alumno militarizado en todo, en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia), de la XVIII° Promoción de Oficiales de Ejército del Aire. Destinado al Ala nº 35 de Getafe, y después a la 37 de Villanubla (Valladolid). Luego de un año le fue impuesta la baja del Cuerpo, pero no del Ejército del Aire, como también recibió la misma baja el nº 2 de la promoción, el Rvd°. Padre Teófilo, a causa de encubiertas intrigas políticas pesoistas [ocupó pués, así, la primera plaza el nº 3, primo del entonces presidente de la Junta de Andalucía, un Rodríguez de la Borbolla] en connivencia con el pesoista Vicario Gral. Castrense, Mons. Estepa Llaurens, hijo de un expresidiario marxista, muerto a tiros, en plena calle, por un falangista, delante de dicho hijo, según contaba el finalmente Coronel del Cuerpo Castrense del Ejército de Tierra, Rvdo.Padre Lic. Blanco Yenes, penado una vez y así postergado por dicho obispo, futuro cardenal con residencia en Roma, Prefecto, durante un tiempo, de la Congregación para el Clero. Al Padre Blanco, según contó al Padre de Perea, Estepa lo penó achacándole un romance carnal con la esposa del Capitán General de la Segunda Región Militar de España. El Presbítero que esto redacta fue luego adscrito al Mando Aéreo de Combate de Torrejón de Ardoz. Párroco Personal de la Misión Católica Española en Suiza, de Frauenfeld, Pfin, Weinfelden, Schafhausen, ... , y substituto permanente en Stein am Rhein (Alemania) . Provisor Parroquial de Flims y Trin (cantón Grisones), en 1989-90; Provisor Parroquial (substituto temporal del titular) en Dachau Mittendorf y Günding (Baviera), etc.. Diplomado en alemán por el Goethe Institut de Madrid y el de Bonn (mientras se hospedaba en la Volkshochschule Kreuzberg de esa ciudad renana, natal del insuperable Beethoven, cuya casa visitó con profundo deleite) . Escolástico e investigador privado en Humanidades, defensor crítico del Magisterio Solemne Tradicional de la Iglesia Católica y fundamentalmente tomista, escribe con libertad de pensamiento e indagación, cultivador ardiente de la dialéctica, mayéutica de la Ciencia. Su lema literario es el de San Agustín: "In fide unitas, in dubiis libertas et in omnibus Charitas". Ora en Ontología, ora en Filosofía del Derecho y en Derecho Político admira principalmente a los siguientes Grandes: Alejandro Magno (más que un libro: un modelo para Tratados) discípulo de Aristóteles; éste es el primer filósofo absoluto y a la vez científico universal habido en la Humanidad, y es el mayor Maestro del Sacerdote en cuestión; Aristóteles, denominado por los Escolásticos, justamente: "El Filósofo", que lo es por antonomasia; siguen Platón, San Isidoro de Sevilla, Santo Tomás de Aquino (O.P.), San Juán de Ssnto Tomás, Billuart, más sún los Supremos colosalísimos Teólogos Carmelitas conocidos como "Los Salmanticenses", los dominicos Fray Domingo Báñez, el Ferrariense, Fray Domingo de Soto, Goudin, Vitoria, muy especialmente Fray Norberto del Prado y el inconmensurable Fray Santiago Ramírez, O.P. , los Eminentísimos, sapientísimos y Reverendísimos Cardenales dominicos Tommaso De Vio (de sobrenombre "Cayetano"), Zigliara, y González (Arzobispo de Toledo, Primado de España, y luego Arzobispo de la entonces más extensa Archidiócesis hispalense) ; además su profunamente admirado Fray Cornelio Fabro, el M.Rvd°. Padre Doctor Don Jaime Balmes y Urpiá; Fray Magín Ferrer, los Ilustrísimos y distinguidísimos Señores Don Ramón Nocedal y Romea, Don Juán Vázquez de Mella, Don Enrique Gil Robles, Victor Pradera, Aparisi y Guijarro, el Excelentísimo Señor Marqués de Valdegamas Donoso Cortés, Los Condes De Maistre y De Gobineau, el R.P. Taparelli D'Azeglio, S.J.; S.E. el General León Degrelle, Coronel de las Waffen SS Wallonien, Fundador del Movimiento católico "Rex", el Almirante y Excmº. Sr. Don Luis Carrero Blanco (notable pensador antimasónico, "mártir" de la conspiración de clérigos modernistas, y afines, subversivos, de la judeoleninista ETA, y de la CIA del judío sionista perverso Henri Kissinger), S.E. el Sr. Secretario Político de S.M. Don Sixto (Don Rafael Grambra Ciudad, autor de, entre otros libros: "Qué es el Carlismo", y "Curso de Filosofía Elemental", libro de texto para el 6° Curso de Bachillerato, durante el Caudillaje), los Catedráticos Don Elías de Tejada y Spínola (con reservas) y el Doctor Usía Don Miguel Ayuso, entre otros grandes pensadores del "Clasicismo Natural" y "Tradicionalismo Católico"; Paracelso, el Barón de Evola, Hans F.K. Günther, Gottfried Feder, Walter Gross, el grandioso y maravillosa fuente de grandes y geniales inspiraciones Friedrich Nietsche, entre otros formidables pensadores; etc. . En Derecho Canónico admira especialmente al Consejero de la Suprema de la Santa Inquisición española, el M.R.P. Dr. Don Manuel González Téllez, así como al excelso Fray Juán Escobar del Corro, O.P., Inquisidor de Llerena; Por supuesto que no se trata de ser pedisecuo de todos y cada uno de ellos, no unánimes en un solo pensamiento ("...in dubiis libertas"). Se distancia intelectual, voluntaria, sentimental y anímicamente de todo aquel demagogo, se presente hipócriamente como "antipopulista" siendo "populista", o lo haga como antifascista, "centrista", moderado, equilibrado, progresista, moderno, creador y garante de prosperidad, o como lo que le dé la gana, el cuál - sometiéndose a la mentira sectaria, propagandística y tiránica, inspirada en cualquiera de las "Revoluciones" de espíritu judío (: la puritana cronwelliana (1648,) la judeomasónica washingtoniana (1775), la judeomasónica perpetrada en y contra la Iglesia Católica y Francia en 1789, y las enjudiadas leninista y anarquista) - ataque sectariamente o vilipendie a Tradicionalistas, franquistas, Falangistas, Fascistas, Nacionalsocialistas honestos, Rexistas, etc., o se posicione nuclearmente, a menudo con la mayor vileza inmisericorde, y a veces sacrílega, contra mis Camaradas clasicistas, ora supervivientes a la Gran Guerra Mundial y Cruzada Universal (1914-18 [1936-39 en España] y 1939-45), ora Caídos en combate o a resultas. Se sabe y siente parte de la camaradería histórica y básica común con los tradicionalismos europeistas vanguardistas de inspiración cristiana (al menos parcial), y con sus sujetos, aliados de armas contra la Revolución (jacobina, socialista, comunista, anarquista). También acepta el frente común con nietschanos y protestantes tolerantes, del siglo XX y XXI, en cuanto camaradas "de las mismas trincheras de la Gran Guerra", que continuamos sólo con las armas espirituales.
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