EL PENSAMIENTO FUNDAMENTAL Y NUCLEAR METAFISICO (TEOLOGICO- Y FILOSÓFICO POLÍTICO) DEL EXCELENTISIMO SEÑOR MARQUES DE VALDEGAMAS DON JUAN DONOSO Y CORTES, Y SU CAPACIDAD CONSTITUTIVA LOGICA CONDICIONAL DE ADHESION AL TRADICIONALISMO CATOLICO CARLISTA. DICTATORIALISMO PERPETUO DURADERO EXCEPCIONAL DEL CARLISMO, Y DEBER DEL CARLISTA DE APOYAR, CON LEALTAD Y DENUEDO, A TODO REGIMEN QUE, ANTE LA IMPOTENCIA PARA ELLO CONCRETA DEL PERSONAL CARLISTA, SEA CAPAZ DE CONSEGUIR LOS PRINCIPALES OBJETIVOS RELIGIOSOS, POLITICOS Y SOCIALES DEL CARLISMO, LUCHE POR ELLO Y, DIOS MEDIANTE, LO LOGRARE. Artículo en curso, estado actual: 17 de Marzo de 2019.

Excm". Sr. Marqués de Valdecilla, Don Juán Donoso y Cortés, Retrato.

Excm”. Sr. Marqués de Valdecilla, Don Juán Donoso y Cortés, Retrato.

PRIMERA PARTE:

INTERPRETACIONES DEL PENSAMIENTO DEL MARQUÉS, habiendo 3, cuando sólo debía haber una, o “una y media”:

En ninguna época como la desdichada nuestra ha habido sobre cosa clara, muy a la vista y muy sencilla, interpretaciones tan diametralmente opuestas, y muchas disparatadas. Reportamos en PDF un artículo sobre las tres interpretaciones o ” líneas de interpretación” globales más significativas y relevantes que se irrogan la recta comprensión del ideario del teólogo católico de la política, político y Diplomático (Embajador). Dos de ellas no deberían existir, sobre todo una: la que soslaya y da como sin efecto de cambio la conversión al Catolicismo político y tradicional, del Excelentísimo pensador. Es tan descabellada, que cuesta creer que se haya hecho, mas << Hay gente “pa” “to” >> , sentenciaba el torero que ha dicho la frase probervial más corta, más metida en la mente, y más difundida de cuantas son de general conocimiento y convicción espontánea de los españoles. “Hay gente para todo*, o capaz de todo, una de lo más racional, y otras de puros dislates. En esta era ferruginosa, puede que si dices, por ejemplo, que quieres subir a un Tranvía para ir a la Catedral hispalense,  te salga uno escribiendo un libro en que afirme demostrar que lo que quisiste decir es que querías subir a un crucero para Canarias, a comer plátanos en el valle de la Orotava.

En cuanto al artículo que inserto es inteligible, aunque podía haber sido más preciso, denso y conciso. Para entenderlo mejor, y a los intérpretes, hay que leer a Donoso Cortés. “Si quieres entender a Cayetano, lee a Santo Tomás”, se decía antiguamente en nuestras Universidades escolásticas y Colegios universitarios. Si quieres entender, a veces, cuando humanamente se puede, a profundos y complejos intérpretes y comentaristas, así como a complicadores enredosos, vete al pensador y pensamiento que interpretan, o comentan, porque la fuente es a menudo más elocuente y clara que el agua cuando ha pasado por los meandros de cerebros complejos, o por los sucios canales de los desquiciados.

Por Fortuna a Donoso Cortés se le entiende todo con suma facilidad, porque habla muy claro, como Balmes, en cuanto al uso de un lenguaje unívoco, sin ambigúedadees ni equivocidades, ni expresiones obtusas.

Se cuenta la anécdota, puede que fantasía, de que Ortega y Gasset, admirador de los filósofos alemanes racionalistas e idealistas, etc., todos ellos de muy enrevesado y obscuro lenguaje, explicaba con entusiasmo, empleo de largo tiempo, esfuerzo y muchas palabras,  a su alumnado, la doctrina de aquéllos, para “aclararla”, y, cuando había terminado la lección, preguntaba : ” ¿Está claro?”. Tras contestar SÍ los oyentes, Ortega respondía : “Pues … ¡Obscurescámoslo!”. Estaba, en aquellos días, de moda, y parece que aún, apreciar sobremanera tinieblas mentales que parezcan jeroglíficos o fórmulas de física cuántica de que se crea y espere que guarden secretos, los cuáles, una vez desentrañado, revelen logros de alturas intelectuales supremas.  Se amaban los textos modernos ((eso sí: los modernos sólo) difíciles, las fórmulas complejas en exceso, las palabras y pensamientos enigmáticos y obscurísimos, a la par que los predicadores obispos de “la puesta al día” (“Aggiornamento”),  la “cultura yeyé” y el “pathos” de juventud beathlesiana”, “pathos de “Giovinezza primavera di bellezza” (sin advertir que lo heredaban subliminalmente  del entonces reciente Fascismo Italiano, y la todavía coleteante Falange Española jonsista), esos nuevos Obispos con el papa moderno de turno, al predicar de temas controvertidos, y cuando querían “hacer de herejes, siéndolo, más no pareciéndolo”, se daban a todo género y abundancia de ambigüedades, insinuaciones, y equivocidades, para que unos y otros, enemigos entre sí, salieran contentos interpretando que el predicador estaba de acuerdo con los oyentes, vete a saber cuáles. Así, sese cuenta del Cardenal Bueno y Montreal, que iban a pedirle asentimiento dos en litigio, y, luego de haber salido de las respectivas audiencias en Palacio ambos, uno detrás del otro, el uno preguntana  a su adversario: “¿Qué te ha dicho?” . “Me ha asegurado que llevo razón?”,  Respondía el interrogado. “¡Anda … ! – replicaba el otro – ¡Lo mismo me ha dicho a mí!”. Era y es la época de los que quieren contentar a todos, y queodos piensen que se les da la razón, que tengan en estima a los superiores y que los dejen en paz, sobre todo eso: que los dejen tranquilos.

Ni Donoso Cortés, ni Jaime Balmes, ni la inmensa mayoría, si nó todos, de  clérigos católicos de verdad, que copaban el Clero existente por aquel entonces era de esta calaña, ni vivían bajo esa miseria espiritual, anímica y moral, ni estimaban su mundana tranquilidad más que hablar claro y profundo, procurando no dar lugar a dudas y, si las había, resolverlas fácil y rápidamente, con  claridad meridiana.

SEGUNDA PARTE:

EXPOSICION SINTETICA DE LAS TRES INTERPRETACIONES;

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En pri.er olano el Muy Reverendo Padre Don Rsúl Sáncjez y Sbelenda, Yraficionalista Monárquico hospanistaIntegrosya, ... durante una conferencia en que se ve oresente Su Excelemcia Teverendísima Monseñor Doctor Marcel Lefébvre, Obispo Titular de Thule (ni más ni menos, menudo Nombre y divina coincidencia de homonimia), en toempos en qie el docto Sacetdote episcopal no había dodo ni suspendido, ni excomulgado, censuras canónicas ulteriores  de al menos dudosa justicia. En los comienzos todavía no había adoptafo el rito juanventitresino, y seguía el "Ordo" litúrgoco de Ssn Pío X. El pensamiento del Psdre Sánchez está a las antípodas de la interpretación tendenciosa y corruptora liberal del ideario madiro del Marqués de Vsldegamss, y se contrapone a la tesis simplicista y simplona , contra la autenticidad tradicionalista donosiana, tesis aquella defendida por el Catedrático Elías de Tejada, uno de los adalides del virage pseudocarlista hacia el antirracismo y antifascismo, incluido el o los sntinacionalsocialismos, convirtiéndose dichos sujetos en antieurocruzadistas, lo que csrecería de transcendencia si no se hubiese tratado de relevantes miembros de la Comunión Tradocionalista, a los cuáles les venía muy cómodo, ante el democratismo judeomasón coercitivo y oprimente, presumir de opositores rsdicales a toda Dictafira. Peto, wieridis seglares, henos aquí, Sacerdotes clérigos, reductos a nuestro bunker. Ningûn lsico nos echa la pata en Sagrada Teología, ni antaño, ni shora, ni nunca, y no nos excederá en precidión de tiradores, cuando disparamos desde nuestras más altas atalayas.

En pri.er olano el Muy Reverendo Padre Don Rsúl Sáncjez y Sbelenda, Yraficionalista Monárquico hospanistaIntegrosya, … durante una conferencia en que se ve oresente Su Excelemcia Teverendísima Monseñor Doctor Marcel Lefébvre, Obispo Titular de Thule (ni más ni menos, menudo Nombre y divina coincidencia de homonimia), en toempos en qie el docto Sacetdote episcopal no había dodo ni suspendido, ni excomulgado, censuras canónicas ulteriores de al menos dudosa justicia. En los comienzos todavía no había adoptafo el rito juanventitresino, y seguía el “Ordo” litúrgoco de Ssn Pío X.
El pensamiento del Psdre Sánchez está a las antípodas de la interpretación tendenciosa y corruptora liberal del ideario madiro del Marqués de Vsldegamss, y se contrapone a la tesis simplicista y simplona , contra la autenticidad tradicionalista donosiana, tesis aquella defendida por el Catedrático Elías de Tejada, uno de los adalides del virage pseudocarlista hacia el antirracismo y antifascismo, incluido el o los sntinacionalsocialismos, convirtiéndose dichos sujetos en antieurocruzadistas, lo que csrecería de transcendencia si no se hubiese tratado de relevantes miembros de la Comunión Tradocionalista, a los cuáles les venía muy cómodo, ante el democratismo judeomasón coercitivo y oprimente, presumir de opositores rsdicales a toda Dictafira. Peto, wieridis seglares, henos aquí, Sacerdotes clérigos, reductos a nuestro bunker. Ningûn lsico nos echa la pata en Sagrada Teología, ni antaño, ni shora, ni nunca, y no nos excederá en precidión de tiradores, cuando disparamos desde nuestras más altas atalayas.

 

TERCERA PARTE,

“Si vis Cayetanum intelligere, lège Thomam”.

DISCURSO SOBRE LA DICTADURA PRONUNCIADO POR SU EXCELENCIA EL INCLITO MARQUÉS DE VALDEGAMAS, SEÑOR DON JUAN DONOSO Y CORTÉS, EL 14 DE ENERO DEL AÑO DE GRACIA 1849, EN EL DE NUESTRO DESDICHADO PAIS “CONGRESO DE LOS DIPUTADOS”, PARLAMENTO CUYA ESENCIA, LIBERAL ÉSTA, EL GRAN DONOSO CONDENABA, Y CUYA ACTIVIDAD DE PARLAMENTO Y MANDO LEGISLATIVO ENTENDÍA NO QUE FUESE MALA, SINO EL MAL MISMO.
GLORIA TIBI, GLORIA GENERIS ET GENERUM HISPANIAE, SANGUINISQUE IBERIAE, AC SACRAE PATRIAE NOBIS A DEO DATAE !
Señores:
El largo discurso que pronunció ayer el señor Cortina, y a que voy a contestar, considerándole bajo un punto de vista restringido, a pesar de sus largas dimensiones, no fue mas que un epílogo; el epilogo de los errores del partido progresista, los cuales a su vez no son mas que otro epilogo; el epilogo de todos los errores que se han inventado de tres siglos a esta parte, y que traen conturbadas mas o menos hoy día todas las sociedades humanas.
El Sr. Cortina, al comenzar su discurso, manifestó con la buena fe que a S. S. distingue, y que tanto realza su talento, que él mismo algunas veces había llegado a sospechar si sus principios serian falsos, si sus ideas serían desastrosas al ver que nunca estaban en el poder, y siempre en la oposición. Yo diré a S. S. que por poco que reflexione, su duda se cambiará en certidumbre. Sus ideas no están en el poder, y están en la oposición cabalmente porque son ideas de oposición; señores, son ideas infecundas, ideas estériles, ideas desastrosas, que es necesario combatir hasta que mueran, que es necesario combatir hasta que queden enterradas aquí, en su cementerio natural, bajo de estas bóvedas, al pié de esa tribuna.
El Sr. Cortina, siguiendo las tradiciones del partido a quien capitanea y representa; siguiendo, digo, las tradiciones de este partido desde la revolución de febrero, ha pronunciado un discurso dividido en tres partes, que yo llamaré inevitables. Primera, un elogio del partido, fundado en una relación de sus méritos pasados. Segunda, el memorial de agravios presentes del partido. Tercera, un programa o sea una relación de méritos futuros. Señores de la mayoría, yo vengo aquí a defender vuestros principios, pero no esperéis de mí ni un solo elogio: sois los vencedores, y nada sienta en la frente del vencedor como una corona de modestia.
No esperéis de mí, señores, que hable de vuestros agravios: no tenéis agravios personales que vengar, sino los agravios hechos a la sociedad y al trono por los traidores a su Reina y a su patria. No hablaré de vuestra relación de méritos ¿Para qué fin hablaría de ellos? ¿Para que la nación los sepa? La nación se los sabe de memoria.
El Sr. Cortina, señores, dividió su discurso en dos cuestiones, que desde luego se presentan al alcance de todos los señores diputados. S. S. trató de la política exterior, de la política interior del Gobierno, y llamó política exterior importante para España la política o los acontecimientos ocurridos en París, en Londres y en Roma. Yo tocaré también esas cuestiones.
Después descendió S. S. a la política interior, y la política interior, tal como la ha tratado el Sr. Cortina, se divide en dos partes: una, cuestión de principios, y otra, cuestión de hechos: una, cuestión de sistema, y otra, cuestión de conducta. A la cuestión de hechos, a la cuestión de conducta, ya ha contestado el Ministerio, que esa quien correspondía contestar, que es quien tiene los datos para ello, por el órgano de los señores ministros de Estado y Gobernación, que han desempeñado este encargo con la elocuencia que acostumbran. Me queda para mi casi intacta la cuestión de principios: esta cuestión solamente abordaré; pero la abordaré, si el Congreso me lo permite, de lleno.
Señores: ¿cuál es el principio del Sr. Cortina? El principio de S. S., bien analizado su discurso, es el siguiente en la política interior: la legalidad, todo por la legalidad, todo para la legalidad, la legalidad siempre, la legalidad en todas circunstancias, la legalidad en todas ocasiones : y yo, señores, que creo que las leyes se han hecho para las sociedades, y no las sociedades para las leyes, digo : la sociedad, todo para la sociedad, todo por la sociedad, la sociedad siempre, la sociedad en todas circunstancias, la sociedad en todas ocasiones.
Cuando la legalidad basta para salvar a la sociedad, la legalidad; cuando no basta, la dictadura. Señores, esta palabra tremenda, que tremenda es, aunque no tanto como la palabra revolución, que es la mas tremenda de todas; digo que esta palabra tremenda ha sido pronunciada aquí por un hombre que todos conocen : no ha sido hecho por cierto de la madera de los dictadores. Yo he nacido para comprenderlos, no he nacido para imitarlos. Dos cosas me son imposibles: condenar la dictadura y ejercerla. Por eso lo declaro aquí alta, noble y francamente. Estoy incapacitado de gobernar: no puedo aceptar el gobierno en conciencia: yo no podría aceptarle sin poner la mitad de mí mismo en guerra con la otra mitad, sin poner en guerra mi instinto contra mi razón, sin poner en guerra mi razón contra mi instinto.
Por esto, señores, y yo apelo al testimonio de todos los que me conocen, ninguno puede levantarse ni aquí ni fuera de aquí, que haya tropezado conmigo en el camino de la ambición, tan lleno de gentes; ninguno. Pero todos me encontrarán, todos me han encontrado en el camino modesto de los buenos ciudadanos. Solo así, señores, cuando mis días estén contados, cuando baje al sepulcro, bajaré sin el remordimiento de haber dejado sin defensa a la sociedad bárbaramente atacada, y al mismo tiempo sin el amarguísimo, y para mí insoportable dolor, de haber hecho mal a un hombre.
Digo, señores, que la dictadura en ciertas circunstancias, en circunstancias dadas, en circunstancias como las presentes, es un gobierno legítimo, es un gobierno bueno, es un gobierno provechoso como cualquier otro gobierno, es un gobierno racional, que puede defenderse en la teoría, como puede defenderse en la práctica. Y si no, señores, ved lo que es la vida social. La vida social, señores, como la vida humana, se compone de la acción y de la reacción, del flujo y reflujo de ciertas fuerzas invasoras y de ciertas fuerzas resistentes.
Esta es la vida social, así como esta es también la vida humana. Pues bien: las fuerzas invasoras, llamadas enfermedades en el cuerpo humano, y de otra manera en el cuerpo social, pero siendo esencialmente la misma cosa, tienen dos estados: hay uno en que están derramadas por toda la sociedad, en el que estas fuerzas invasoras están reconcentradas solo en individuos: hay otro estado agudísimo de enfermedad, en que se reconcentran mas, y están representadas por asociaciones políticas. Pues bien: yo digo que no existiendo las fuerzas resistentes, lo mismo en el cuerpo humano que en el cuerpo social, sino para rechazar las fuerzas invasoras, tienen que proporcionarse necesariamente a su estado. Cuando las fuerzas invasoras están derramadas, las resistentes lo están también; lo están por el Gobierno, por las autoridades y por los tribunales, y en una palabra, por todo el cuerpo social; pero cuando las fuerzas invasoras se reconcentran en asociaciones políticas, entonces necesariamente, sin que nadie lo pueda impedir, sin que nadie tenga derecho a impedirlo, las fuerzas resistentes por sí mismas se reconcentran en una mano. Esta es la teoría clara, luminosa, indestructible de la dictadura.
Y esta teoría, señores, que es una verdad en el orden racional, es un hecho constante en el orden histórico. Citadme una sociedad que no haya tenido la dictadura, citádmela. Ved, sino, qué pasaba en la democrática Atenas, lo que pasaba en la aristocrática Roma, En Atenas, ese poder omnipotente estaba en las manos del pueblo, y se llamaba ostracismo ; en Roma, ese poder omnipotente estaba en manos del Senado, que le delegaba en un barón consular, y se llamaba como entre nosotros dictadura. Ved las sociedades modernas, señores; ved la Francia en todas sus vicisitudes. No hablaré de la primera república, que fue una dictadura gigantesca sin fin, llena de sangre y de horrores. Hablo de época posterior. En la Carta de la Restauración la dictadura se había refugiado o buscado un asilo en el artículo 14: en la Carta de y 830 se encontró en el preámbulo; ¿y en la república actual? De esta no digamos nada. ¿Qué es sino la dictadura con el mote de República?
Aquí se ha citado, y en mala hora, por el Sr. Gálvez Cañero la Constitución inglesa. Señores, la Constitución inglesa cabalmente es la única en el mundo, tan sabios son los ingleses, en que la dictadura no es de derecho excepcional sino de derecho común, y la cosa es clara. El Parlamento tiene en todas ocasiones, en todas épocas, cuando quiere, pues no tiene más límite que el de todos los poderes humanos, la prudencia, este poder.
Tiene todas las facultades, y estas constituyen el poder dictatorial, de hacer todo lo que no sea hacer de una mujer un hombre, o de un hombre una mujer, como dicen sus jurisconsultos. Tiene facultades para suspender el habeas corpus, para proscribir por medio de un bill d’attaner: puede cambiar de constitución, puede variar hasta de dinastía, y no solo de dinastía, sino hasta de religión, y oprimir las conciencias; en una palabra, lo puede todo. ¿Quién ha visto, señores, una dictadura más monstruosa?
He probado que la dictadura es una verdad en el orden teórico, que es un hecho en el orden histórico. Pues ahora voy a decir más: la dictadura es otro hecho en el orden divino. Señores, Dios ha dejado hasta cierto punto a los hombres el gobierno de las sociedades humanas, y se ha reservado para sí exclusivamente el gobierno del universo. El universo está gobernado por Dios, si pudiera decirse así; y si en cosas tan altas pudieran aplicarse las expresiones del lenguaje parlamentario, diría que Dios gobierna el mundo constitucionalmente. Y, señores, la cosa me parece de la mayor claridad, y sobre todo de la mayor evidencia. Está gobernado por ciertas leyes precisas, indispensables, a que se llama causas secundarias. ¿Qué son estas leyes sino leyes análogas a las que se llaman fundamentales respecto de las sociedades humanas?
Pues bien, señores, si con respecto al mundo físico Dios es el legislador, como respecto a las sociedades humanas lo son los legisladores, ¿ gobierna Dios siempre con esas mismas leyes que él a sí mismo se impuso en su eterna sabiduría, y a las que nos sujetó a todos? No, señores, pues algunas veces, directa, clara y explícitamente manifiesta su voluntad soberana, quebrantando esas mismas leyes que él mismo se impuso, y torciendo el curso natural de las cosas. Y bien, señores, cuando obra así, ¿no podría decirse, si el lenguaje humano pudiera aplicarse a las cosas divinas, que obra dictatorialmente?
Esto prueba, señores, cuan grande es el delirio de un partido que cree poder gobernar con menos medios que Dios, quitándose a sí propio el medio, algunas veces necesario, de la dictadura. Señores, siendo esto así, la cuestión, reducida a sus verdaderos términos, no consiste ya en averiguar si la dictadura es sostenible, si en ciertas circunstancias es buena: la cuestión consiste en averiguar si han llegado o pasado por España estas circunstancias. Este es el punto más importante, y es al que voy a contraerme exclusivamente ahora. Para esto tendré que echar una ojeada, y en esto no haré más que seguir las pisadas de todos los oradores que me han precedido; una ojeada por Europa y otra ojeada por España.
Señores, la revolución de febrero vino como viene la muerte, de improviso. Dios, señores, había condenado a la monarquía francesa. En vano esta institución se había trasformado hondamente para acomodarse a las circunstancias y a los tiempos; ni aun esto la valió: su condenación fue inapelable, y su pérdida infalible. La monarquía de derecho divino concluyó con Luis XVI en un cadalso: la monarquía de la gloria concluyó con Napoleón en una isla: la monarquía hereditaria concluyó con Carlos X en el destierro; y con Luis Felipe ha concluido la última de todas las monarquías posibles, la monarquía de la prudencia. ¡Triste y lamentable espectáculo, señores, el de una institución venerabilísima, antiquísima, gloriosísima, a quien de nada vale, ni el derecho divino, ni la legitimidad, ni la prudencia ni la gloria!
Señores, cuando vino a España la grande nueva de esa grande revolución, todos nos quedamos consternados y atónitos. Nada era comparable a nuestro asombro y a nuestra consternación, sino la consternación y el asombro de la monarquía vencida. Digo más: había un asombro mayor, una consternación más grande que la de la monarquía vencida, y era la de la república vencedora. Aun ahora mismo: diez meses van pasados ya desde su triunfo; preguntadla cómo venció; preguntadla por qué venció; preguntadla con qué fuerzas venció, y no sabrá qué responderos. Esto consiste en que la república no venció, la república fue el instrumento de victoria de un poder más alto.
Ese poder, señores, cuando esté consumada su obra, así como fue fuerte para destruir la monarquía con un escrúpulo de república, será fuerte también, si necesario fuera y conveniente a sus fines, para derribar la república con un escrúpulo de imperio, o con un escrúpulo de monarquía. Esta revolución, señores, ha sido objeto de grandes comentarios en sus causas y en sus efectos, en todas las tribunas de Europa, y entre otras en la tribuna española. Yo he admirado aquí y allí la lamentable ligereza con que se trata de las causas hondas de las revoluciones. Señores, aquí, como en otras partes, no se atribuyen las revoluciones sino a los defectos de los gobiernos. Cuando las catástrofes son universales, imprevistas, simultáneas, son siempre cosa providencial; porque, señores, estos y no otros son los caracteres que distinguen las obras de Dios de las obras de los hombres.
Cuando las revoluciones presentan esos síntomas, estad seguros que vienen del cielo, y que vienen por culpa y para castigo de todos. ¿Queréis, señores, saber la verdad, y toda la verdad concerniente a las causas de la revolución última francesa? Pues la verdad llegó el día de la gran liquidación de todas las clases de la sociedad con la Providencia, que en ese día tremendo todas se han encontrado fallidas. En ese día han venido a liquidación con la Providencia, y repito que todas en esa liquidación se han encontrado fallidas. Digo más, señores: la república misma, el día mismo de su victoria se declaró también en quiebra. La república había dicho de sí, que venia a sentar en el mundo la dominación de la libertad, de la igualdad, de la fraternidad, esos tres dogmas que no vienen de la república, sino que vienen del Calvario. Y bien, señores, ¿qué ha hecho después? En nombre de la libertad ha hecho necesaria, ha proclamado, ha aceptado la dictadura; en nombre de la igualdad, con el título de republicanos de la víspera, de republicanos del día siguiente, de republicanos de nacimiento, ha inventado no sé qué especie de democracia aristocrática, y no sé qué género de ridículos blasones; en fin, señores, en nombre de la fraternidad ha restaurado la fraternidad pagana, la fraternidad de Eteocles y Polinices; y los hermanos se han devorado unos a otros en las calles de París, en la batalla mas gigantesca que dentro de los muros de una ciudad han presenciado los siglos. A esa república que se llamó de las tres verdades, yo la desmiento; es la república de las tres blasfemias, es la república de las tres mentiras.
Viniendo ahora a las causas de esta revolución, el partido progresista tiene unas mismas causas para todo. El Sr. Cortina nos dijo ayer que hay revoluciones porque hay ilegalidades, y porque el instinto de los pueblos los levanta uniforme y espontáneamente contra los tiranos. Antes nos había dicho el Sr. Ordaz Avecilla: ¿Queréis evitar las revoluciones? dad de comer a los hambrientos. Véase, pues, aquí la teoría del partido progresista en toda su extensión: las causas de la revolución son por una parte la miseria, por otra la tiranía. Señores, esa teoría es contraría, totalmente contraria a la historia. Yo pido que se rae cite un ejemplo de una revolución hecha y llevada a cabo por pueblos esclavos o por pueblos hambrientos. Las revoluciones son enfermedades de los pueblos ricos; las revoluciones son enfermedades de los pueblos libres. El mundo antiguo era un mando en que los esclavos componían la mayor parte del género humano; citadme cuál revolución fue hecha por esos esclavos.
Lo más que pudieron conseguir fue fomentar algunas guerras civiles; pero, las revoluciones profundas fueron hechas siempre por opulentísimos aristócratas. No, señores; no está en la esclavitud, no está en la miseria el germen de las revoluciones: el germen de las revoluciones está en los deseos sobreexcitados de la muchedumbre por los tribunos que las explotan y benefician. Y seréis como los ricos: ved ahí la fórmula de las revoluciones socialistas contra las clases medias; y seréis como los nobles: ved ahí la fórmula de las revoluciones de las clases medias contra las clases nobiliarias: y seréis como los reyes; ved ahí la fórmula de las revoluciones de las clases nobiliarias contra los reyes; por último, señores; y seréis a manera de Dioses: ved ahí la fórmula de la primera rebelión del primer hombre contra Dios. Desde Adán, el primer rebelde, hasta Prudhom, el último impío, esa es la fórmula de todas las revoluciones.
El gobierno español, como era su deber, no quiso que esa fórmula tuviese su aplicación en España; tanto menos lo quiso cuanto la situación interior no era la mas lisonjera; y era menester prevenirse así contra las eventualidades del interior como contra las eventualidades exteriores. Para no haberlo hecho así, era necesario haber desconocido de todo punto la marcha de una corriente magnética que se desprende de los focos de acción revolucionaria, y que va inficionándolo todo por el mundo.
La situación interior, en pocas palabras, era esta. La cuestión política no estaba, no ha estado nunca, no está de todo punto resuelta: no se resuelven así tan fácilmente cuestiones políticas en sociedades tan soliventadas por las pasiones. La cuestión dinástica no estaba concluida, porque aunque es verdad que en ella somos nosotros los vencedores, no teníamos la resignación del vencido, que es el complemento de la victoria. La cuestión religiosa estaba en muy mal estado. La cuestión de las bodas, todos lo sabéis, estaba exacerbada. Yo pregunto, señores, supuesto, como he probado ya, que la dictadura sea en circunstancias dadas legítima, en circunstancias dadas provechosa, ¿estábamos o no estábamos en esas circunstancias? Sino habían llegado, decidme cuáles otras mas graves han aparecido en el mundo. La experiencia vino a demostrar que los cálculos del Gobierno y la previsión de esta Cámara no habían sido infundados. Todos lo sabéis, señores: yo en esto hablaré muy de paso, porque todo lo que es alimentar pasiones, lo detesto; no he nacido para eso; todos sabéis que se proclamó la república a trabucazos por las calles de Madrid; todos sabéis que se ganó parte de la guarnición de Madrid y de Sevilla; todos sabéis que sin la resistencia enérgica, activa del Gobierno, toda España, desde las columnas de Hércules al Pirineo, de un mar a otro mar, hubiera sido un lago de sangre. Y no solo España: ¿sabéis qué males, si hubiera triunfado la revolución, se habrían propagado por el mundo? ¡Ah señores! Cuando se piensa en estas cosas, fuerza es exclamar que el Ministerio que supo resistir y supo vencer, mereció bien de su patria.
Esta cuestión vino a complicarse con la cuestión inglesa: voy a decir antes de entrar en ella, y desde ahora anuncio que no entraré sino para salir de ella inmediatamente, porque así lo conceptúo conveniente y oportuno; pero antes de entrar en ella me permitirá el Congreso que exponga algunas ideas generales que me parecen convenientes.
Señores, yo he creído siempre que la ceguedad es una señal así en los hombres, como en los gobiernos, como en las naciones, de perdición. Yo he creído que Dios comienza por cegar siempre a los que quiere perder; yo he creído que para que no vean el abismo que pone a sus pies, comienza por turbarles la cabeza. Aplicando estas ideas a la política general seguida de algunos años a esta parte por la Inglaterra y por la Francia, señores, lo diré aquí, hace mucho que yo he predicho grandes desventuras y catástrofes: un hecho histórico, un hecho averiguado, un hecho incontrovertible es que el encargo providencial de la Francia es ser el instrumento de la Providencia en la propagación de las ideas nuevas, así políticas como religiosas y sociales. En los tiempos modernos tres grandes ideas han invadido la Europa: la idea católica, la idea filosófica, la idea revolucionaria.
Pues bien, señores, en esos tres períodos la Francia se ha hecho siempre hombre para propagar esas ideas. Carlo- Magno fue la Francia hecha hombre para propagar la idea católica; Voltaire fue la Francia hecha hombre para propagar la idea filosófica; Napoleón ha sido la Francia hecha hombre para propagar la idea revolucionaria. Del mismo modo creo que el encargo providencial de la Inglaterra es mantener el justo equilibrio moral del mundo, haciendo contraste perpetuo con la Francia. La Francia es lo que el flujo, la Inglaterra lo que el reflujo del mar.
Suponed por un momento el flujo sin el reflujo; los mares se extenderían por todos los continentes: suponed el reflujo sin el flujo, los mares desaparecerían de la tierra. Suponed la Francia sin la Inglaterra; el mundo no se movería sino en medio de convulsiones, cada día tendría una nueva constitución, cada hora una nueva forma de gobierno. Suponed la Inglaterra sin la Francia: el mundo vegetaría siempre bajo la carta del venerable Juan sin Tierra, que es el tipo permanente de todas las constituciones británicas. ¿Qué significa, pues, señores, la coexistencia de estas dos naciones poderosas? Significa, señores, el progreso limitado por la estabilidad, la estabilidad vivificada por el progreso.
Pues bien, señores; de algunos años a esta parte, y apelo a la historia contemporánea y a vuestros recuerdos, esas dos grandes naciones han perdido la memoria de sus hechos, han perdido la memoria de su encargo providencial en el mundo. La Francia, en vez de derramar por la tierra ideas nuevas, predicó por todas partes el statu quo: el statu quo en Francia, el statu quo en España, el statu quo en Italia, el statu quo en el Oriente. Y la Inglaterra en vez de predicar la estabilidad, predicó en todas partes las revueltas: en España, en Portugal, en Francia, en Italia y en la Grecia. ¿Y qué resultó de aquí? Lo que había de resultar forzosamente; que las dos naciones, representando un papel que no había sido el suyo nunca, le han representado pésimamente. La Francia quiso convertirse de diablo en predicador: la Inglaterra de predicador en diablo.
Esta es, señores, la historia contemporánea; pero hablando solamente de la Inglaterra, porque es de la que me propongo hablar muy brevemente, diré que yo pido al cielo, señores, que no vengan sobre ella, como han venido sobre la Francia, las catástrofes que ha merecido por sus errores; porque nada es comparable al error de la Inglaterra de apoyar en todas partes los partidos revolucionarios. ¡Desgraciada! ¿No sabe que el día del peligro esos partidos con mas instinto que ella la habrán de volver las espaldas? ¿No ha sucedido esto ya? Y ha debido suceder, señores, porque todos los revolucionarios del mundo saben que cuando las revoluciones van de veras, que cuando las nubes se agrupan, que cuando los horizontes se oscurecen, que cuando las olas suben a lo alto, el navío de la revolución no tiene más piloto que la Francia.
Señores, esta fue la política seguida por la Inglaterra, o por mejor decir, por su gobierno y sus agentes durante la última época. Yo he dicho, y repito, que no quiero tratar esta cuestión; me mueven a ello grandes consideraciones. Primera: la consideración del bien público, porque debo declarar aquí solemnemente que yo quiero la alianza más íntima, la unión más completa entre la nación española y la nación inglesa, a quien admiro y respeto como la nación quizá más libre, mas fuerte y mas digna de serlo en la tierra. No quisiera, pues, con mis palabras exacerbar esta cuestión, y no quisiera tampoco perjudicar o embarazar ulteriores declaraciones. Hay otra consideración que me mueve a no hablar más de este asunto. Para hablar de él tendría que hacerlo de un hombre de quien fui amigo, mas amigo que el señor Cortina; pero yo no puedo ayudarle hasta el punto que el Sr. Cortina le ayudaba; la honra no me permite más ayuda que el silencio.
El Sr. Cortina al tratar esta cuestión, permítame que se lo diga con franqueza, tuvo una especie de vahído, y se le olvidó quién era, dónde estaba y quiénes somos. S. S. creyó que era un abogado, y no era un abogado, que era un orador del Parlamento. S. S. creyó que hablaba ante jueces, y hablaba ante diputados. S. S. creyó que hablaba en un tribunal, y hablaba en una asamblea deliberante; creyó que hablaba de un pleito, y hablaba de un asunto político, grande, nacional, que si pleito era, era pleito entre dos naciones. Ahora bien, señores; ¿debe doler profundamente al Sr. Cortina haber sido el abogado de la parte contraria a la nación española? ¡Y qué, señores! ¿Es eso patriotismo por ventura? ¿Es eso ser patriota? ¡Ah! no. ¿Sabéis lo que es ser patriota? Ser patriota, señores, es amar, es aborrecer, es sentir como ama, como aborrece nuestra patria.
Dije, señores, que pasaría muy de ligero por esta cuestión, y ya he pasado.
El Sr. SECRETARIO Lafuente Alcántara: Pasadas las horas de reglamento, se pregunta al Congreso si se prorroga la sesión. (Muchas voces: Sí, sí.) Se acordó afirmativamente.
El Sr. marques de VALDEGAMAS: Pero, señores, ni las circunstancias interiores que eran tan graves, ni las circunstancias exteriores que eran tan complicadas y peligrosas, son bastantes para disminuir la oposición en los señores que se sientan en aquellos bancos. ¡Y la libertad! nos dicen. ¡Pues qué! la libertad, ¿no es sobre todo? Y la libertad, a lo menos la individual, ¿no ha sido sacrificada? ¡La libertad, señores! ¿Saben el principio que proclaman y el nombre que pronuncian los que pronuncian esa palabra sagrada? ¿Saben los tiempos en que viven? ¿No ha llegado hasta nosotros, señores, el ruido de las últimas catástrofes? ¡Qué! ¿No saben a esta hora que la libertad acabó? Pues qué, ¿no han asistido como he asistido yo con los ojos de mi espíritu a su dolorosa pasión? Pues qué, señores, ¿no la habéis visto vejada, escarnecida, herida alevemente por todos los demagogos del mundo? ¿ No la habéis visto llevar su angustia por las montañas de la Suiza, por las orillas del Sena, por las riberas del Rin y del Danubio, por la» márgenes del Tíber? ¿No la habéis visto subir al Quirinal, que ha sido su calvario?
Señores, tremenda es la palabra; pero no debemos retraernos de pronunciar palabras tremendas si dicen la verdad, y yo estoy resuelto a decirla. ¡La libertad acabó! No rematará, señores, ni al tercer día, ni al tercer año, ni al tercer siglo quizá. ¿Os gusta, señores, la tiranía que sufrimos? De poco os asustáis; veréis cosas mayores. Y aquí os ruego, señores, que guardéis en vuestra memoria mis palabras, porque lo que voy a decir, los sucesos que voy a anunciar en un porvenir mas próximo o mas lejano, pero muy lejano nunca, se han de cumplir a la letra.
El fundamento, señores, de todos vuestros errores (dirigiéndose a los bancos de la izquierda) consiste en no saber cuál es la dirección de la civilización y del mundo. Vosotros creéis que la civilización y el mundo van, cuando la civilización y el mundo vuelven. El mundo, señores, camina con pasos rapidísimos a la constitución de un despotismo el mas gigantesco y asolador de que hay memoria en los hombres. A esto camina la civilización, y a esto camina el mundo. Para anunciar estas cosas no necesito ser profeta. Me basta considerar la combinación pavorosa de los acontecimientos humanos desde su único punto de vista verdadero, desde las alturas católicas.
Señores, no hay mas que dos represiones posibles, una interior y otra exterior; la religiosa y la política. Estas son de tal naturaleza, que cuando el termómetro religioso está subido, el termómetro de la represión política está bajo; y cuando el termómetro religioso está bajo, el termómetro político, la represión política, la tiranía está alta. Esta es una ley de la humanidad, una ley de la historia. Y si no, señores, ved lo que era el mundo, ved lo que era la sociedad que cae al otro lado de la Cruz, decid lo que era cuando no había represión interior, cuando no había represión religiosa. Entonces aquella era una sociedad de tiranías y de esclavos. Citadme un solo pueblo donde no haya esclavos y donde no haya tiranía. Este es un hecho incontrovertible, este es un hecho incontrovertido, este es un hecho evidente. La libertad, la libertad verdadera, la libertad de todos y para todos no vino al mundo sino con el Salvador del mundo. Este también es un hecho incontrovertido, es un hecho confesado hasta por los mismos socialistas que lo confiesan. Los socialistas llaman a Jesús un hombre divino, y los socialistas hacen mas, se llaman sus continuadores. ¡Sus continuadores, Santo Dios! ¿Ellos, los hombres de sangre y de venganzas, continuadores del que no vivió sino para hacer bien; del que no abrió la boca sino para bendecir; del que no hizo prodigios sino para librar a los pecadores del pecado, a los muertos de la muerte; el que en el espacio de tres años hizo la revolución mas grande que han presenciado los siglos, y la llevó a cabo sin haber derramado mas sangre que la suya?
Señores, os ruego me prestéis atención; voy a poneros en presencia del paralelismo mas maravilloso que ofrece la historia. Vosotros habéis visto que en el mundo antiguo, cuando la represión religiosa no podía bajar mas porque no existía ninguna, la represión política subió hasta no poder mas, porque subió hasta la tiranía. Pues bien, con Jesucristo, donde nace la represión religiosa, desaparece completamente la represión política. Es esto tan cierto, que habiendo fundado Jesucristo una sociedad con sus discípulos, fue aquella la única sociedad que ha existido sin gobierno. Entre Jesús y sus discípulos no había mas gobierno que el amor del Maestro a los discípulos y el amor de los discípulos al Maestro. Es decir, que cuando la represión era completa, la libertad era absoluta.
Sigamos el paralelismo. Llegan los tiempos apostólicos, que los extenderé, porque así conviene ahora a mi propósito, desde los tiempos apostólicos propiamente dichos, hasta la subida del cristianismo al Capitolio en tiempo de Constantino el Grande. En este tiempo, señores, la religión cristiana, es decir la represión religiosa interior, estaba en todo su apogeo; pero aunque estaba en todo su apogeo, sucedió lo que sucede en todas las sociedades compuestas de hombres, que comenzó a desarrollarse un germen, nada más que un germen de licencia y de libertad religiosa. Pues bien, señores, observad el paralelismo: a este principio de descenso en el termómetro religioso corresponde un principio de subida en el termómetro político. No hay todavía gobierno, no es necesario el gobierno, pero es necesario ya un germen de gobierno. Así en la sociedad cristiana entonces no había de hecho verdaderos magistrados, sino jueces árbitros y amigables componedores, que son el embrión del gobierno. Realmente no había más que eso; los cristianos de los tiempos apostólicos no tuvieron pleitos, no iban a los tribunales, decidían sus contiendas por medio de árbitros. Obsérvese, señores, cómo con la corrupción va creciendo el gobierno.
Llegan los tiempos feudales, y en estos la religión se encuentra todavía en su apogeo, pero hasta cierto punto viciada por las pasiones humanas. ¿Qué es lo que sucede, señores, en este tiempo en el mundo político? Que ya es necesario un gobierno real y efectivo, pero que basta el más débil de todos, y así se establece la monarquía feudal, la más débil de las monarquías.
Seguid observando el paralelismo. Llega, señores, el siglo XVI. En este siglo, con la gran reforma luterana, con ese grande escándalo político y social, tanto como religioso, con ese acto de emancipación intelectual y moral de los pueblos, coinciden las siguientes instituciones. En primer lugar, en el instante, las monarquías, de feudales, se hacen absolutas. Vosotros creeréis, señores, que más que absoluta no puede ser una monarquía: un gobierno, ¿qué puede ser más que absoluto? Pero era necesario, señores, que el termómetro de la represión política subiera mas, porque el termómetro religioso seguía bajando; y con efecto subió mas. ¿Y qué nueva institución se creó? La de los ejércitos permanentes. ¿Y sabéis, señores, lo que son ejércitos permanentes? Para saberlo, basta saber lo que es un soldado: un soldado es un esclavo con uniforme. Así, pues, veis que en el momento en que la represión religiosa baja, la represión política sube al absolutismo, y pasa más allá. No bastaba a los gobiernos ser absolutos; pidieron y obtuvieron el privilegio de ser absolutos y tener un millón de brazos.
A pesar de esto, señores, era necesario que el termómetro político subiera mas, porque el termómetro religioso seguía bajando; y subió mas. ¿Qué nueva institución, señores, se creó entonces? Los gobiernos dijeron: tenemos un millón de brazos y no nos bastan; necesitamos mas, necesitamos un millón de ojos; y tuvieron la policía, y con la policía un millón de ojos. A pesar de esto, señores, todavía el termómetro político y la represión política debían subir, porque a pesar de todo, el termómetro religioso seguía bajando; y subieron.
A los gobiernos, señores, no les bastó tener un millón de brazos; no les bastó tener un millón de ojos; quisieron tener un millón de oídos, y los tuvieron con la centralización administrativa, por la cual vienen a parar al gobierno todas las reclamaciones y todas las quejas.
Y bien, señores; no bastaba esto, porque el termómetro religioso siguió bajando, y era necesario que el termómetro político subiera mas. ¡Señores, hasta dónde! Pues subió más.
Los gobiernos dijeron: no me bastan para reprimir, un millón de brazos; no me bastan para reprimir, un millón de ojos; no me bastan para reprimir, un millón de oídos; necesitamos más: necesitamos tener el privilegio de hallarnos a un mismo tiempo en todas partes. Y lo tuvieron; y se inventó el telégrafo.
Señores, tal era el estado de la Europa y del mundo cuando el primer estallido de la última revolución vino a anunciarnos, a anunciarnos a todos, que no había bastante despotismo en el mundo; porque el termómetro religioso estaba por bajo de cero. Ahora bien, señores, una de dos…
Yo he prometido, y cumpliré mi palabra, hablar hoy con toda franqueza.
Pues bien, una de dos : o la reacción religiosa viene o no : si hay reacción religiosa, ya veréis, señores, como subiendo el termómetro religioso comienza a bajar natural, espontáneamente, sin esfuerzo ninguno de los pueblos, ni de los gobiernos, ni de los hombres, el termómetro político, hasta señalar el día templado de la libertad de los pueblos : pero si por el contrario, señores, y esto es grave (no hay la costumbre de llamar la atención de las asambleas deliberantes sobre las cuestiones hacia donde yo la he llamado hoy; pero la gravedad de los acontecimientos del mundo me dispensa, y yo creo que vuestra benevolencia sabrá también dispensarme); pues bien, señores, yo digo que si el termómetro religioso continúa bajando, no sé adonde hemos de parar. Yo, señores, no lo sé, y tiemblo cuando lo pienso. Contemplad las analogías que he puesto a vuestros ojos; y si cuando la represión religiosa estaba en su apogeo no era necesario ni gobierno ninguno siquiera, cuando la represión religiosa no exista, no habrá bastante con ningún género de gobierno, todos los despotismos serán pocos.
Señores, esto es poner el dedo en la llaga, esta es la cuestión de España, la cuestión de Europa, la cuestión de la humanidad, la cuestión del mundo.
Considerad una cosa, señores. En el mundo antiguo la tiranía fue feroz y asoladora, y sin embargo esa tiranía estaba limitada físicamente, porque todos los Estados eran pequeños, y porque las relaciones internacionales eran imposibles de todo punto; por consiguiente en la antigüedad no pudo haber tiranías en grande escala, sino una sola, la de Roma. Pero ahora, señores, ¡cuan mudadas están las cosas! Señores, las vías están preparadas para un tirano gigantesco, colosal, universal, inmenso; todo está preparado para ello: señores, miradlo bien; ya no hay resistencias ni físicas ni morales: no hay resistencias físicas, porque con los barcos de vapor y los caminos de hierro no hay fronteras; no hay resistencias físicas, porque con el telégrafo eléctrico no hay distancias; y no hay resistencias morales, porque todos los ánimos están divididos y todos los patriotismos están muertos. Decidme, pues, si tengo o no razón cuando me preocupo por el porvenir próximo del mundo: decidme si al tratar de esta cuestión no trato de la cuestión verdadera.
Una sola cosa puede evitar la catástrofe, una y nada mas: eso no se evita con dar mas libertad, mas garantías, nuevas constituciones; eso se evita procurando todos, hasta donde nuestras fuerzas alcancen, provocar una reacción saludable, religiosa. Ahora bien, señores: ¿es posible esta reacción? Posible lo es: pero ¿es probable? Señores, aquí hablo con la más profunda tristeza: no la creo probable. Yo he visto, señores, y conocido a muchos individuos que salieron de la fe y han vuelto a ella: por desgracia, señores, no he visto jamás a ningún pueblo que haya vuelto a la fe después de haberla perdido.
Si aun me quedara alguna esperanza, la hubieran disipado, señores, los últimos sucesos de Roma: y aquí voy a decir dos palabras sobre esta cuestión, tratada también por el Sr. Cortina.
Señores, los sucesos de Roma no tienen un nombre: ¿cómo los llamaríais, señores? ¿Los llamaríais deplorables? Deplorables, todos los que he citado lo son; esos son mucho más. ¿Los llamaríais horribles? Señores, esos acontecimientos son sobre todo horror.
Había en Roma, ya no le hay, sobre el trono más eminente el varón más justo, el varón más evangélico de la tierra. ¿Qué ha hecho Roma de ese varón evangélico, de ese varón justo? ¿Qué ha hecho esa ciudad en donde han imperado los héroes, los Césares y los pontífices? Ha trocado el trono de los pontífices por el trono de los demagogos. Rebelde a Dios, ha caído bajo la idolatría del puñal. Eso ha hecho. El puñal, señores, el puñal demagógico, el puñal sangriento, ese es el ídolo de Roma. Ese es el ídolo que ha derribado a Pió IX. Ese es el ídolo que pasean por las calles tropas de caribes. ¿Dije caribes? dije mal, que los caribes son feroces, pero los caribes no son ingratos.
Señores, me he propuesto hablar con toda franqueza, y hablaré. Digo que es necesario que el rey de Roma vuelva a Roma, o que no quede en Roma, aunque pese al Sr. Cortina, piedra sobre piedra.
El mundo católico no puede consentir, y no consentirá en la destrucción virtual del cristianismo por una ciudad sola entregada al frenesí de la locura. La Europa civilizada no puede consentir, y no consentirá que se desplome, señores, la cúpula del edificio de la civilización europea. El mundo, señores, no puede consentir, y no consentirá que en Roma, esa ciudad insensata, se verifique el advenimiento al trono de una nueva y extraña dinastía, la dinastía del crimen. Y no se diga, señores, como dice el Sr. Cortina, como dicen en periódicos y discursos los señores que se sientan en aquellos bancos, que hay dos cuestiones allí, una temporal y otra espiritual, y que la cuestión ha sido entre el rey temporal y su pueblo. Que el pontífice ha sido respetado, que el pontífice existe todavía. Dos palabras sobre esta cuestión, dos palabras, señores, lo explicarán todo.
Sin duda ninguna el poder espiritual es lo principal en el Papa, el temporal es accesorio; pero ese accesorio es necesario: el mundo católico tiene el derecho de exigir que el oráculo infalible de sus dogmas sea libre e independiente: el mundo católico no puede tener una ciencia cierta, como se necesita, de que es independiente y libre, sino cuando es soberano, porque solo el soberano no depende de nadie. Por consiguiente, señores, la cuestión de soberanía, que es una cuestión política en todas partes, es en Roma además una cuestión religiosa; el pueblo que puede ser soberano en todas partes, no puede serlo en Roma; asambleas constituyentes que pueden existir en todas partes, no pueden existir en Roma; en Roma no puede haber mas poder constituyente que el poder constituido. Roma, señores, los Estados pontificios, no pertenecen al Estado de Roma, no pertenecen al papa; los Estados pontificios pertenecen al mundo católico; el mundo católico se los ha reconocido al papa para que fuera libre e independiente, y el papa mismo no puede despojarse de esa soberanía, de esa independencia.
Señores, voy a concluir, porque el Congreso está muy cansado y yo lo estoy también.
(Varios señores: No, no.)
Señores, francamente tengo que declarar aquí, que no puedo extenderme mas porque tengo la boca mala, y ha sido un prodigio que yo pueda hablar, pero lo principal que tenia que decir lo he dicho ya.
Después de haber tratado las tres cuestiones exteriores que trató el Sr. Cortina, vuelvo, para concluir, a la interior. Señores , desde el principio del mundo hasta ahora ha sido una cosa discutible si convenía mas el sistema de la resistencia o el sistema de las concesiones, para evitar las revoluciones y los trastornos; pero afortunadamente, señores, esa que ha sido una cuestión desde el primer año de la creación hasta el año 48, en el año de gracia de 48 ya no es cuestión de ninguna especie, porque es cosa resuelta : yo, señores, si me lo permitiera el mal que padezco en la boca, haría aquí una reseña de todos los acontecimientos desde febrero hasta ahora, que prueban estas aserciones; pero me contentaré con recordar dos : el de la Francia, señores : allí la monarquía, que no cedió, fue vencida por la república que apenas tenia fuerza para moverse; y la república que apenas tenia fuerza para moverse, porque resistió, venció al socialismo.
En Roma, que es otro ejemplo que quiero citar, ¿qué ha sucedido? ¿No estaba allí vuestro modelo? Decidme: si vosotros fuerais pintores y quisierais pintar el modelo de un rey, ¿encontraríais otro modelo que no fuera su original Pió IX? Señores, Pió IX quiso ser, como su divino Maestro, magnífico y dadivoso: halló proscriptos en su país, y les tendió la mano y los devolvió a su patria: había reformistas, señores, y les dio reformas: había liberales, señores, y los hizo libres: cada palabra suya, señores, fue un beneficio: y ahora, señores, decidme, ¿sus beneficios no igualan, si no exceden, a sus ignominias? Y en vista de esto, señores, ¿el sistema de las concesiones no es una cosa resuelta?
Señores, si aquí se tratara de elegir, de escoger entre la libertad por un lado y la dictadura por otro, aquí no habría disenso ninguno; porque ¿quién, pudiendo abrazarse con la libertad, se hinca de rodillas ante la dictadura? Pero no es esta la cuestión. La libertad no existe de hecho en Europa; los gobiernos constitucionales que la representaban años atrás, no son ya en casi todas partes, señores, sino una armazón de un esqueleto sin vida. Recordad una cosa, recordad a Roma imperial. En la Roma imperial existen todas las instituciones republicanas, existen los omnipotentes dictadores, existen los inviolables tribunos, existen las familias senatorias, existen los eminentes cónsules; todo esto, señores, existe; no falta más que una cosa, y no sobra más que otra cosa: sobra un hombre, y falta la república.
Pues esos son, señores, en casi toda Europa los gobiernos constitucionales; sin pensarlo, sin saberlo el señor Cortina, nos lo demostró el otro día. ¿No nos decía V. S. que prefiere, y con razón, lo que dice la historia a lo que dicen las teorías? A la historia apelo. ¿Qué son, señor Cortina, esos gobiernos con sus mayorías legítimas, vencidas siempre por las minorías turbulentas, con sus ministros responsables que de nada responden, con sus reyes inviolables siempre violados? Así, señores, la cuestión, como he dicho antes, no está entre la libertad y la dictadura; si estuviera entre la libertad y la dictadura, yo votaría por la libertad, como todos los que nos sentamos aquí. Pero la cuestión es esta, y concluyo : se trata de escoger entre la dictadura de la insurrección y la dictadura del Gobierno ; puesto en este caso yo escojo la dictadura del Gobierno, como menos pesada y menos afrentosa : se trata de escoger entre la dictadura que viene de abajo y la dictadura que viene de arriba; yo escojo lo que viene de arriba, porque viene de regiones mas limpias y serenas: se trata de escoger, por último, entre la dictadura del puñal y la dictadura del sable; yo escojo la dictadura del sable, porque es mas noble. Señores, al votar nos dividiremos en esta cuestión, y dividiéndonos seremos consecuentes con nosotros mismos. Vosotros, señores, votaréis, como siempre, lo mas popular; nosotros, señores, como siempre, votaremos lo mas saludable.
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“LO MAS SALUDABLE” ESA ES LA MEJOR ESENCIA DEL QUEHACER HUMANO, DE LA TRADICION SOBERANA Y DE LA POLITICA PRECEPTIVA.
             CUARTA PARTE:
MI CRITICA, OTRA VEZ, “CRITICA DE FONDO”: PRIMERA SECCION: Carlismo no necesariamente de partido, y hortodoxia carlista de la institución y gobierno perpétuos de una Dictadura circunstancialmente indispensable, y necesariamente beneficiosa para la Patria y los Carlistas.

Antes que nada aclaro que el término  perpétuo significa de duración indefinida hasta su derogación legítima, justificada.

El profundo y singular pensador aristócrata español y de nobilísimo espíritu lo dice bien claro: Dictadura como Régimen Político hecho indispensable para suluionar gravísimos problemas en circunstancias excepcionales de la Nación, habida cuenta de la impotencia de la Monarquía y sus militantes y adeptos, sobre todo la Monarquía de Gobierno Liberal, para solucionarlos con la urgencia necesaria. Se trata de procurar una solución régimen talibán política excepcional, y normalmente transitoria, a las gravísimas vejaciones, en gran medida letales y revolucionarias que atacan a la Iglesia, como sociedad de personas vivas católicas y con derechos fundamentales a proteger por el Estado, ante el que se desarrollan y empeoran progresivamente las amenazas y atentados contra  la vida religiosa católica de la gran mayoría de los españoles, contra la vida digna, debido a sistemáticos atentados ideológicos, y físicos, conspirativos masónicos, propagandísticos liberales (de suyo anticatólica) y contra la economía y bienestar de gran parte de la población inocente española, con lo cuál se produce un ataque esoecíficamente plural, diversificado, conjuntado, gravísimo, constante, y progresivamente a peor, contra el propio Estado Español, entendido como la institución política rectora del pueblo español, complementaria a las libertades y potestades naturalmente patrimoniales del individuo como tal, persona humana física.

Se nos presentan varias cuestiones:1) Si el Marqués era Carlista, de qué forma y en qué medida.

Ser Carlista no es “simpliciter” set miembro del Partido Carlista o Comunión Tradicionalista de entonces, partido político  No es concluyente el razonamiento de que, si hubiese sido Carlista, el Marqués se hubiese hecho de aquél partido. Es mi caso, soy Carlista, pero no pertenezco ni al Partido Carlista, ni a ninguna Comunión Tradicionalista partido político, por motivos independientes a que, como clérigo que soy, el Derecho Común canónico me prohíbe ser miembro de partido político alguno. No postulo pertenecer a una Comunión  Tradicionalista que entiendo se hace incapaz, (programáticamente y por la pusilanimidad de sus miembros modernizados; contemporizadores con el sionismo pervertido, su pseudodemocratismo e infección para no judíos antirracista y antieugenista; y una cobarde desvergonzada ausencia de lealtad y camaradería parciales con los fascistas) de la necesaria radical coherencia que imponen los principios de nuestro Siglo de Oro y Carlistas, y las deplorables circunstancias en que se halla la Patria. Además ninguna sociedad organizada o asociación partido político de ideas carlistas (mezcladas con otras antitéticas, es lo que hay) aceptaría como miembro suyo a un racista arianista  (aunque éste piense y obre sin propugnación de odio ni menoscabo del Derecho Natural de los exógenos), el cuál, como hizo Vázquez de Mella, elogia a personajes, algunos no católicos, y a su política y guerra, entre ellos el Keiser Guillermo II de Prusia (cuyo pepr error deshonesto, fatal para el Mundo y para el propio Reich, fue la protecciön de Lenin y su introducción en Rusia zarista). Fallecido Vázquez de Mella, en la misma línea y más intensamente, si bien con crítica, los grandes Carlistas de El Síglo Futuro y La Unión,  como el Episcopado Alemán de su época, elogiamos al Canciller, del Reich alemán y luego germanoaustríaco, Adolfo Hitler, alguien demasiado bonachón con el Generalísimo Franco, y más indulgente en la política racial estatal, que lo es un Carlista Integrista, partidario de la Santa Inquisición (a penas sea viable) y los estatutos hispánicos multiseculares de “Limpieza de Sangre”. Dos motivos movieron al Marqués a no querer ser miembro del entonces partido del Carlosmo: la convicción de su insuficiencia, como partido, para resolver los más graves y urgentes problemas de todavía Las Españas (con Cuba y Filipinas), pues los Carlistas no propugnaban la Dictadura inmediata política, para atajar dichos males; y, segundo motivo, el método de lucha política, a favor de la Tradición, elegido por el aristócrata, método semejante, sólo semejante, al de Su Rvcia. el Doctor Balmes, ambos políticos acabando frustrados y desengañados con el fracaso de su modo conciliador y de finalidad de ” conversión” de los liberales que, no obstante las claras condenas papales del Liberalismo, se declaraban católicos, siendo algunos benefactores parciales de la Iglesia, y opuestos a los exaltados o Liberales anticlericales y enemigos declarados y extremos de la Iglesia, que lo eran también de la Patria y de la Humanidad, empezando por serlo principalmente de Dios mísmo y su Orden Natural.                                        El procedimiento político del Marqués no era todavía combatir al Liberalismo desde fuera del partido político de esa ideología, sino desde dentro. Intentó despojarlo del parlamentarismo, parte de El Mal, el pensador apelaba a la parte racionalista del fenómeno liberal y de sus adeptos, la parte”ilustrada”, que debía entender contrario a la razón el parlamentarismo y su basante  sufragio universal, con el apriori rousseauniano de la soberanía popular igualitarista. La Ilustración genuina no era rousseauniana, fundó coherentemente su sistema político propio que es el “Despotismo Ilustrado”, orden al que se le podía exigir se ajustase al Derecho Natural y al respeto de las libertades individuales concretas, especialmente de los católicos que constituyen la Iglesia, por ser éstos histórica y realmente los principales depositarios, cultivadores intelectuales y defensores del Derecho Nstural., y por la índole beneficiosa para la Patria y el Estado, de la Iglesia católica, tanto como Institución canónica de primer rango, cuanto como sociedad de individuos de moral católica inclusiva de la Ética Natural y cualesquiera filosofías morales compatibles con el Dogma católico. Una Monarquía despótica no es la ideal para el Tradicionalismo político católico español, en sus distintas escuelas, pero sí es una posición al menos no evidentemente antirracional , una ideología que apela a la Razón para fundar regímenes políticos, siendo así que a la Razón repugna el igualitarismo, su sufragio universal y su parlamentarismo resultante, tres conceptos, que como a tres gigantes verdaderos, no tres molinos de viento quijotescos, había planeado, con plan metódico concreto, combatir y combatía el católico Marqués, desde dentro de un partido, con cuyo ideario de monarquía constitucional ya empezaba disimuladamente a dislocarse, defendiendo una Dictadura urgente y provisional, que se sabía, tendría en su arbitrio y capacidad inmediata y real el Poder material político fáctico de subvertir el entero régimen monárquico constitucionalista y de conjurar el predominio del Liberalismo, pudiendo incluso erradicarlo de la vida política y social  española, condenándolo penalmente y ejecutando como a grandes criminales, que así se los debía calificar, según una ética racional, a los cabecillas y agitadores políticos Liberales. En mi opinión, el temor a la probabilidad, e incluso la mera posibilidad, de tales consecuencias, y la debilidad congénita del Liberalismo Moderado, disuadió a los mandamases del correspondiente partido, a contribuir a la creación de dicha Dictadura. Les podría salir un César, un Napoleón, o, como sucedió espléndidamente menos de un siglo más tarde, un Hitler. Los recalcitrantes en el demoliberalismo podían acabar ejecutados, o, como en el benigno, indulgente y paciente III Reich, en un campo de concentración como el de Dachau, ciudad en que he sido Provisor Parroquial substituto, con todas las prerrogativas canónicas de un Párroco, historia que se podrá ocultar, o soslayar, pero jamás cancelar., “Quid factum factum est”.  Proterva, demasiado suspicaz y activa, la masonería ya imperante entonces, y suficientemente fuerte su instinto de conservación, como para permitirse holgadamente ser unen absoluto con una Ilustración ya superada en malignidad, la diabólica secta y sus sionistas actuantes desde lo oculto podía y quería firmemente no dejarse convencer y vencer por la propuesta y exigencia política, de “Realpolitik”, del Marqués. Les iba la vida en ello, y la de su “nueva sinagoga”, no así a los Carlistas, que hubieran, de ser asaz sagaces, debido aceptar la legitimidad de una tal Dictadura depuradora, además necesaria como lo era y hoy día lo sigue siendo, el estado de excepción para España. Lo demuestran dos admirables Dictaduras católicas y de Gobernantes católicos: la de los Excelentísimos Señores Generales Primo de Rivera y Franco. Sobre ello bien escribió el Carlista asesinado por los rojos Víctor Pradera en su libro, de título muy expresivo, “Al Servicio de la Patria. Las Ocasiones Perdidas de la dictadura”.

¡Los Liberales contumaces y masones habrían sido proscritos, perseguidos y, al menos casi todos, ejecutados como el traidor General y masón Rafael Riego, metido finalmente en un serón y llevado así al garrote; PERO NO LOS CARLISTAS !. No éstos, como no lo fueron durante la egregia Dictadura de Su Excelencia el segundo Marqués de Estella. En mis escritos les respeto los títulos, otorgados por reyes parlamentarias, sólo a los que entiendo dignos de aristocracia nominal, aunque sean enemigos, porque también entre.los adversarios hay hombres ora de grandes méritos, ora de grandes cualidades y hazañas. Víctor pradera y José Antonio con su  Falange Española (que mejor nunca se hubiese unido a las J.O.N.S. del mentecato Ledesma, no obstante honroso camarada de guerra), Tradicionalistas, hicieron apología de aquél régimen y Dictador concretos, de los que el Caudillo afirmaba haber sido los mejores. Durante el Caudillaje el Carlismo se suponía integrado en la FET, y se toleró mucho a la Comunión Tradicionalista, que, como todos los partidos estaba oficialmente prohibida. Fal Conde fue condenado a pena de muerte, pero le fue conmutada por arresto domiciliario, y Don Sixto pudo pertenecer a la Legión y jurar bandera, tras lo cuál se acabó la vista gorda. Con Carlos Hugo, su deriva heterodoxa demuestra que le era justa venía bien la proscripción. De Franco podía decirse como de su General Dictador y predecesor en el Gobierno de la Nación, que tuvo preciosas ocasiones, lamentablemente perdidas, y la elección de Juán Carlos era el suicidio lento  del régimen, como meter el huevo de una avispa parásita en una bella araña, o una hermosa oruga, de lo cuál, terrible (con genocidio en marcha asesino de ya centenares de miles de españoles inocentes concebidos pero no nacidos) fue prevenido por el sabio consejo de probos y perspicaces Tradicionalistas monárquicos como Goicoechea, y falangistas como el General más laureado de la Historia de España y Comandante en Jefe de la División Azul . Parece que cuando quiso inhabilitar al ambicioso  enemigo interno, dechado de doblez, la enfermedad del Cofundador de La Legión,  y la camarilla de El Pardo se lo impidieron, removido previamente el “Ogro”, el Almirante vilmente asesinado.

2) ) Una urgente Dictadura excepcional ¿Era idea contraria al ideario Carlista? No, en cuanto el “Código Penal” Carlista, toda la tradición política española y europea, contemplaba el “Estado de Excepción”, con militarización del Estado, si administración pública y la población súbdita civil, en caso de guerra y otros semejantes, de emergencia nacional. Por cuanto no era Donoso Cortés quien, para ser Carlista hortodoxo,  debía renunciar a su idea de Dictadura, sino los carlistas de su partido, con el Rey legitimista a la cabeza quienes habían de darse cuenta de la necesidad inmedoata del “estado de excepción” y Dictadura, y adherirse a la tesis del Marqués.No estaba la heterodoxia teórica ni de un lado, ni de otro, pero sí la heteropráxis del lado no del Carlismo, sino de los entonces Carlistas. Es curioso que la Comunión Tradicionalista Carlista hodierna, no lefevbriana, sostenga en su Programa Político de partido, que, si llega a gobernar en España, instaurará un período provisional de tolerancia de la existencia de los Partidos Políticos del actual régimen demoliberal, y simultáneamente no se percate de que con ello incurre en heterodoxia anticarlista, y considere que esa medida, que entiendo tan antitética al Carlismo, no es anticarlista, sino hortodoxa del Carlismo. ¿,Es carlista esa monstruosidad y no lo es la Dictadura urgente, provisiona cuanto sea menester,, al servicio del Bien Común, y con su objetivo de organizar una sociedad española según los principios fundamentales y vitales del Tradicionalismo y los, al menos principales, del Carlismo?

SECCION SEGUNDA: EXPLICACION DE EN QUÉ CONSISTE LA ESENCIA DE UN IDEARIO POLITICO, Y LA POSIBILIDAD DE PARTICIPACION EN LA MISMA. IDENTIDAD POLITICA, HORTODOXIA PARCIAL (la formal  / la material). CAMARADERIA TRADICIONALISTA DE ALIADOS PARA LA PAZ O PARA LA GUERRA.

SECCION TERCERA: LOS DOS METODOS POSIBLES Y FRECUENTES DE LUCHA CONTRA EL ENEMIGO (1°= ostensiblemente, desde fuera de su entidad social; 2°= ocultamente desde dentro de su cuerpo social; 3° = en función mediadora entre las partes enfrentadas; 1.- mediación manifiesta; 2.- de raíz intencional equívoca, incógnita, u oculta: “espionaje doble”.

… 

Para leer esas partes y continuación de este opúsculo las restricciones técnicas de la amplitud de los artículos permitidos en este tipo de blog wordpress imponen continuar en un nuevo espacio que llaman “Nueva Entrada”. Será añadida en cuanto se pueda.

Acerca de ricardodeperea

Nacido en Sevilla, en el segundo piso de la casa nº 8 (después 18) de calle Redes de Sevilla, el 21 de Septiembre de 1957. Primogénito del Señor Don Ricardo de Perea y López, tenor dramático de ópera (que estuvo a punto de hacer la carrera en Milán), y pintor artístico; y de la Señora Doña Armonía y Josefina González y Valdayo, modista y sastre ( para hombre y mujer), mas principalmente pintora artística de muy temprana (desde niña) y entusiata vocación. Desafortunadamente la infortunada mujer dedicóse tan abnegadamente a su familia y hogar, que poco pudo pintar, pero el Arte, el retrato de seres humanos, el dibujo y pintura artísticos realistas y clásicos fueron su ardiente pasión hasta la muerte, que la sorprendió delante de un óleo de su Santo favorito, San Antonio de Padua, pintura de Escuela barroca sevillana, y al lado de una copia, hecha por mi amado padre, de la Piedad de Crespi. Habiéndose encomendado diariamente a nuestro Dios y Señor Jesucristo durante mrses, con su creada jaculatoria de "¡Ay mi Cristo, no me abandones", y con un Cricifijo al slcance de su vista, colocado, oor su voluntad, constantenenre delante de su lecho, fué recogido su espíritu por Nuestro Dios y Señor, en litúrgico de San José, su patrón, al que veneraba muy especialmente. Su amadísimo y amantísimo primogénito, a quien ha dejado en un mar de lágrimas, fue seminarista en Roma, de la Archidiócesis de Sevilla desde 1977-1982, por credenciales canónicas de Su Eminencia Rvmª. Mons. Dr. Don José María Bueno y Monreal, a la sazón Cardenal, Obispo Residencial Arzobispo Hispalense. Alumno de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma, 1977-1982, 1984, por encomienda del mismo Cardenal Arzobispo. Bachiller en Sagrada Teología por dicha Universidad (Magna cum Laude), donde hizo todos los cursos de Licenciatura y Doctorado en Filosofía (S.cum Laude), y parte del ciclo de licenciatura en Derecho Canónico (incluido Derecho Penal Eclesiástico)(S. cum laude). Ordenado de Menores por el Obispo Diocesano de Siena, con dimisorias del Obispo Diocesano Conquense, Su Exciª.Rvmª. Mons. Dr. en Sagrada Teología, Don José Guerra y Campos. Incardinado en la Diócesis de Cuenca (España) en cuanto ordenado "in sacris", Diácono, por este verdaderamente excelentísimo y reverendísimo Prelado, de feliz Memoria, el 20 de Marzo de 1982. Delegado para España, de S.E.R. Mons. Pavol Hnilica,S.J., como Superior General de la Obra Pía "Pro Fratribus". Ordenado Presbítero, por dimisorias del mismo sapientísimo, piadoso e insigne Doctor y Obispo católico Diocesano conquense, el 8 de Enero de 1984 en la Catedral de Jerez de la Frontera (Cádiz), por Su Exciª. Rvmª. Mons. D. Rafael Bellido y Caro. Capellán Castrense del Ejército del Aire, por Oposición ganada, asimilado a Teniente, y nº 1 de su promoción, en 1985. Fue alumno militarizado en todo, en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia), de la XVIII° Promoción de Oficiales de Ejército del Aire. Destinado al Ala nº 35 de Getafe, y después a la 37 de Villanubla (Valladolid). Luego de un año le fue impuesta la baja del Cuerpo, pero no del Ejército del Aire, como también recibió la misma baja el nº 2 de la promoción, el Rvd°. Padre Teófilo, a causa de encubiertas intrigas políticas pesoistas [ocupó pués, así, la primera plaza el nº 3, primo del entonces presidente de la Junta de Andalucía, un Rodríguez de la Borbolla] en connivencia con el pesoista Vicario Gral. Castrense, Mons. Estepa Llaurens, hijo de un expresidiario marxista, muerto a tiros, en plena calle, por un falangista, delante de dicho hijo, según contaba el finalmente Coronel del Cuerpo Castrense del Ejército de Tierra, Rvdo.Padre Lic. Blanco Yenes, penado una vez y así postergado por dicho obispo, futuro cardenal con residencia en Roma, Prefecto, durante un tiempo, de la Congregación para el Clero. Al Padre Blanco, según contó al Padre de Perea, Estepa lo penó achacándole un romance carnal con la esposa del Capitán General de la Segunda Región Militar de España. El Presbítero que esto redacta fue luego adscrito al Mando Aéreo de Combate de Torrejón de Ardoz. Párroco Personal de la Misión Católica Española en Suiza, de Frauenfeld, Pfin, Weinfelden, Schafhausen, ... , y substituto permanente en Stein am Rhein (Alemania) . Provisor Parroquial de Flims y Trin (cantón Grisones), en 1989-90; Provisor Parroquial (substituto temporal del titular) en Dachau Mittendorf y Günding (Baviera), etc.. Diplomado en alemán por el Goethe Institut de Madrid y el de Bonn (mientras se hospedaba en la Volkshochschule Kreuzberg de esa ciudad renana, natal del insuperable Beethoven, cuya casa visitó con profundo deleite) . Escolástico e investigador privado en Humanidades, defensor crítico del Magisterio Solemne Tradicional de la Iglesia Católica y fundamentalmente tomista, escribe con libertad de pensamiento e indagación, cultivador ardiente de la dialéctica, mayéutica de la Ciencia. Su lema literario es el de San Agustín: "In fide unitas, in dubiis libertas et in omnibus Charitas". Ora en Ontología, ora en Filosofía del Derecho y en Derecho Político admira principalmente a los siguientes Grandes: Alejandro Magno (más que un libro: un modelo para Tratados) discípulo de Aristóteles; éste es el primer filósofo absoluto y a la vez científico universal habido en la Humanidad, y es el mayor Maestro del Sacerdote en cuestión; Aristóteles, denominado por los Escolásticos, justamente: "El Filósofo", que lo es por antonomasia; siguen Platón, San Isidoro de Sevilla, Santo Tomás de Aquino (O.P.), San Juán de Ssnto Tomás, Billuart, más sún los Supremos colosalísimos Teólogos Carmelitas conocidos como "Los Salmanticenses", los dominicos Fray Domingo Báñez, el Ferrariense, Fray Domingo de Soto, Goudin, Vitoria, muy especialmente Fray Norberto del Prado y el inconmensurable Fray Santiago Ramírez, O.P. , los Eminentísimos, sapientísimos y Reverendísimos Cardenales dominicos Tommaso De Vio (de sobrenombre "Cayetano"), Zigliara, y González (Arzobispo de Toledo, Primado de España, y luego Arzobispo de la entonces más extensa Archidiócesis hispalense) ; además su profunamente admirado Fray Cornelio Fabro, el M.Rvd°. Padre Doctor Don Jaime Balmes y Urpiá; Fray Magín Ferrer, los Ilustrísimos y distinguidísimos Señores Don Ramón Nocedal y Romea, Don Juán Vázquez de Mella, Don Enrique Gil Robles, Victor Pradera, Aparisi y Guijarro, el Excelentísimo Señor Marqués de Valdegamas Donoso Cortés, Los Condes De Maistre y De Gobineau, el R.P. Taparelli D'Azeglio, S.J.; S.E. el General León Degrelle, Coronel de las Waffen SS Wallonien, Fundador del Movimiento católico "Rex", el Almirante y Excmº. Sr. Don Luis Carrero Blanco (notable pensador antimasónico, "mártir" de la conspiración de clérigos modernistas, y afines, subversivos, de la judeoleninista ETA, y de la CIA del judío sionista perverso Henri Kissinger), S.E. el Sr. Secretario Político de S.M. Don Sixto (Don Rafael Grambra Ciudad, autor de, entre otros libros: "Qué es el Carlismo", y "Curso de Filosofía Elemental", libro de texto para el 6° Curso de Bachillerato, durante el Caudillaje), los Catedráticos Don Elías de Tejada y Spínola (con reservas) y el Doctor Usía Don Miguel Ayuso, entre otros grandes pensadores del "Clasicismo Natural" y "Tradicionalismo Católico"; Paracelso, el Barón de Evola, Hans F.K. Günther, Gottfried Feder, Walter Gross, el grandioso y maravillosa fuente de grandes y geniales inspiraciones Friedrich Nietsche, entre otros formidables pensadores; etc. . En Derecho Canónico admira especialmente al Consejero de la Suprema de la Santa Inquisición española, el M.R.P. Dr. Don Manuel González Téllez, así como al excelso Fray Juán Escobar del Corro, O.P., Inquisidor de Llerena; Por supuesto que no se trata de ser pedisecuo de todos y cada uno de ellos, no unánimes en un solo pensamiento ("...in dubiis libertas"). Se distancia intelectual, voluntaria, sentimental y anímicamente de todo aquel demagogo, se presente hipócriamente como "antipopulista" siendo "populista", o lo haga como antifascista, "centrista", moderado, equilibrado, progresista, moderno, creador y garante de prosperidad, o como lo que le dé la gana, el cuál - sometiéndose a la mentira sectaria, propagandística y tiránica, inspirada en cualquiera de las "Revoluciones" de espíritu judío (: la puritana cronwelliana (1648,) la judeomasónica washingtoniana (1775), la judeomasónica perpetrada en y contra la Iglesia Católica y Francia en 1789, y las enjudiadas leninista y anarquista) - ataque sectariamente o vilipendie a Tradicionalistas, franquistas, Falangistas, Fascistas, Nacionalsocialistas honestos, Rexistas, etc., o se posicione nuclearmente, a menudo con la mayor vileza inmisericorde, y a veces sacrílega, contra mis Camaradas clasicistas, ora supervivientes a la Gran Guerra Mundial y Cruzada Universal (1914-18 [1936-39 en España] y 1939-45), ora Caídos en combate o a resultas. Se sabe y siente parte de la camaradería histórica y básica común con los tradicionalismos europeistas vanguardistas de inspiración cristiana (al menos parcial), y con sus sujetos, aliados de armas contra la Revolución (jacobina, socialista, comunista, anarquista). También acepta el frente común con nietschanos y protestantes tolerantes, del siglo XX y XXI, en cuanto camaradas "de las mismas trincheras de la Gran Guerra", que continuamos sólo con las armas espirituales.
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