Carta del Padre Ricardo de Perea y González al eminente Señor Don Rafael Gambra y Ciudad, de 17 de Julio del año 2000, sobre la Decadencia moderna. Alguna correspondencia más entre ambos. Nueva edición, considerablemente enriquecida el 20 de Enero de 2020. Retocada el 26.

OBSERVACION

Pues me ha aparecido una fotocopia de la primera página que incluye una palabra añadida a mano, pero fotocopiados los trazos manuscritos, es probable que fuese de la redacción definitiva. La palabra es “estiman“. Su frase queda: “ni estiman nuestro arrojo … “.

En la segunda página añadí otro vocablo, pero esta vez, tras enviar la misiva  Está en la cuarta línea, y pongo: “Poder despótico”, en vez de simplemente “Poder”.

En la tercera página taché la palabra “mortalmente“, sólo dobre la fotocopia que conservé para mí.

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Ver carta de respuesta del Ilustrísimo Señor Don Rafael Gambra y Ciudad, de 28 de Julio del 2000 en :

https://ideariojerarquicistainfo.data.blog/2020/01/26/carta-de-su-excelencia-don-rafael-gambra-y-ciudad-secretario-politico-de-su-majestad-don-xisto-i-rey-de-las-espanas-al-padre-ricardo-de-perea-y-gonzalez-en-respuesta-de-una-misiva-de-este-al-ilust/

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Con Don Rafael había tenido conversaciones telefónicas, muy amables. También le escribí invitándole a mi prevista Ordenación Presbiteral en Roma, y me respondió lamentando no poder asistir., según la siguiente misiva, de 16 de Mayo de 1982,del famoso pensador Carlista :

https://ekerylar.wordpress.com/2020/01/26/carta-de-16-de-mayo-de-1982de-su-excelencia-don-rafael-gambra-y-ciudad-secretario-de-su-majestad-don-xisto-i-reu-de-las-espanas-al-padre-ricardo-de-perea-y-gonzalez/

Gracias a Dios, porque la Ordenación, repentina y sorpresivamente para mí, no tuvo lugar el 6 de Junio de 1982 en la Basílica de San Pedro “in Vaticano”, pues, según me dijo el Prefecto de Ceremonias, Mons. Magee (hoy día Cardenal Arzobispo Vaticano) , que hacía su labor, minutos antes de la celebración un periodista le aseguraba que yo carecía de Comendaticias de mi Obispo Propio Monseñor Guerra Campos. Informado el a la sazón Substituto de la Secretaría de Estado vaticana, según éste me contó, al día siguiente de la ceremonia, por la mañana (en que también me recibió Mons.Magee [que lo primero que me dijo, en italiano, fue: “Ero sicuro che Lei sarebbe venuto oggi stesso”], ambos en el Palacio Vaticano), dicho Secretario de Estado Substituto (hallándose ausente el Cardenal Secretario de Estado, presente en la Ceremonia en cuestión) me dijo que había intentado, dedes el mismo momento que tuvo inmediatamente noticia de la manifestación del denominado periodista, hablar con mi Obispo Propio conquense, por teléfono, pero no lo logró, y, tras preguntar enseguida a mi Rector, que le dijo no saber nada de que mi Obispo estaba de acuerdo en que se me ordenase Presbítero entonces, dicho Rector Rvd°. Padre Checconi, religioso comboniano, fue interrogado por el prelado vaticano sobre si el anciano Sacerdote daba su aquiescencia a que se me ordenase, respondiendo éste que no, ante lo cuál la Secretaría de Estado,  el Substituto, decidió dar órden de mi retirada, que acaeció segundos antes del acto ritual de postración bocaabajo extendido sobre el suelo el cuerpo del Clérigo a ordenar Presbítero. Cuando los diáconos estábamos aún depié en filas horizontales, con corredores de separación entre ellas, paralelas frente al Altar Mayor y Bardaquino de Bernini, un ceremoniero vino por detrás mía, me tocó con una mano el hombro izquierdo y me dijo literalmente, en voz baja, pero no susurrando, bronca natural: “Scusi, ma Lei non può essere ordinato”. Inmediatamente giré a mi izquierda, salí de la fila y me puse a flanco del ceremoniero, un Sacerdote italiano de unos 50 años de edad, recio, ancho, de media estatura, de cabello moreno y amplia y ruda faz. Caminamos paralelamente, al mismo paso, normal, ni lento, ni rápido hasta donde me condujo: una pequeña sacristía,  o una estancia, donde se hallaba mi anciano Rector, Sacerdote comboniano, vestido como siempre: con su sotana y fajín negros. Le expliqué lo que había determinado mi Obispo Propio, y le supliqué vehementemente me consintiera regresar, para ser ordenado. Respondió que no. Se lo rogué de nuevo, esta vez arrodillado ante él, pero me contestó, con firmeza y enérgicamente, con movimiento resolutivo de cabeza: “¡No, no e no!” . Entendí entonces inútil insistir. Alguien, supongo que médico, me administró un ampolla de un líquido que el sujeto, de paisano, me dijo ser un calmante. No sé si el fármaco sirvió, ya me había resignado y serenado espiritualmente, pues comprendía la situación, y tenía tranquila mi conciencia. Salimos entonces él y yo pacíficamente; ni le reproché ni me reprochó cosa alguna. Anduvimos calmada y cordialmente a coger el trambía en la plaza del Risorgimento, nos montamos y fuimos hasta el Colegio. Es asombroso y ejemplar que aquel incidente no mermó un ápice nuestra recíproca amistad y trato afectuoso entrambos. Sabíamos que ni él ni yo teníamos culpa ni dolo algunos, la responsabilidad era de otros y más altos que nosotros. El Rector actuó con racional cautela, al hallarse ante un hecho extraño e insólito, e de no haber sido informado previamente, de la decisión de presentarme a aquella Ordenación. Inmediatamente telefoneé al Cardenal Oddi, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Disciplina del Clero y a Monseñor Hnilica; ambos, muy amigos míos, habían aceptado mi invitación a un banquete de acción de gracias, en un restaurante cercano a mi Colegio. Les hube de decir, como a los demás invitados, que el baquete quedaba cancelado, por un contratiempo, sin especificar cuál. Al restaurante comuniqué el percance, cuyo revés para los dueños, lamentaron, porque tenían las comidas listas para ser ultimadas y servidas, y era un desperdicio. El señor que me atendió, vestido de camarero, de unos 30 y tantos años, no me pidió resarcimiento, ni aceptó mi ofrecimiento de indemnizarlo.

La Secretaría de Estado tenía el documento original de petición o beneplácito de mi Obispo Residencial, firmada y sellada con la firma autógrafa y el sello magno de Mons. Guerra Campos ¿Por qué al Substituto no le bastó para dejarme ser ordenado Presbítero en aquel pontifical “papal”? Porque mi Obispo había determinado no notificar, al Rector de mi Colegio, que el prelado había decidido que pudiese ser yo ordenado entonces, ni que hubo enviado directamente a la Secretaría de Estado el documento necesario para la legitimidad de mi derecho a ser ordenado Presbítero en aquella ocasión, y, según me aclaró, al día siguiente, el Substituto, éste pensó entonces que, cuando no se había informado previanente a mi Rector, es que algo raro podía haber de por medio, o podía estar pretendiéndose ocultar algún óbice a mi ordenación presbiteral. Y es que el Padre Checconi, mi rector del Pontificio Colegio Leoniano, tenía la convicción de que el Obispo conquense le debía haber notificado con antelación su decisión, en cuyo caso el Rector podía haberle participado su juicio de idoneidad, de mi persona, ya diácono, al Presbiterado, idoneidad de la cuál mi rector me dió siempre a entender que estaba convencido. Pero a Mons. Guerra no le gustaban las imposiciones desde abajo, tenía a gala la jerarquía y su libertad, y se fiaba más de mí que del bondadosísimo y mansísimo, honesto y pío, por no decir santo, padre Rector. No le dijo ni pío, ni a mí que yo dijera algo, al rector, de lo que el propio Mons. Guerra había decidido por propia iniciativa, desdeñando que fuesen emitidos nuevos informes, muy seguro de lo que hacía. Por teléfono me dijo, semanas antes, que así lo haría, es decir, sin noticia al Padre Checconi, daría notificación sólo a mí e inmediatamente a la Sacretaría de Estado vaticana, que era la que gestionaba el evento. Una decisión personal episcopal firme que no acierto a juzgar. La única explicación que mi Obispo me dió fue que no tenía por qué decirle él al Rector nada del asunto.

Un día antes le había contado a un amigo mío, profesor de la Gregoriana, residente en mi mismo Colegio, que sería ordenado al día siguiente, sin que el Rector lo supiera. Era yo entonces muy joven, 22 años, y el hecho me producía ni más ni mi menos que hilaridad. A mi edad actual ni siquiera me hace sonreír. Otro amigo y compañero de Colegio, un Sacerdote secular de Trieste, también lo supo de mí, con antelación, aunque creo que días antes del 6 de Junio. Lo más probable es que alguno de ellos lo contase a la Secretaría de Estado o a una tercera persona que diese a esa institución noticia del hecho. Quien lo hubiese hecho tenía tiempo para realizarlo al menos horas antes de la Ceremonia, y desde luego, había de limitarse a referir el hecho, no tenía derecho a mentir.

El que, según Mons. Magee, era un periodista acreditado ante el Vaticano, dió mi nombre a éste y le mintió, o le dijo una falsedad, sabiendo que lo más normal es que se pudiese preguntar a mi Rector, que vivía en Roma, y éste diría lo que dijo, despertando sospechas que generarían la cautela de impedir mi inminente acceso a la Ordenación. Repito que me parece inverosimil que el individuo no pudiese hacer eso días u horas, o una hora antes de la ceremonia. Es posible que la Secretaría de Estado lo supiera todo días u horas antes del pontifical, y me hiciese aquel ardid para deliberadamente retirarme, con estupor externo del público presente, y con sumo fastidio para mí, pensando, el autor de la treta, que me mi retirada en plena ceremonia papal avanzada, me crearía problemas con mis superiores, y daría lugar a murmuraciones; dificultades que no me facilitarían mi ulterior acceso al Presbiterado. Hasta es posible que no bubiera periodista, sino confidente directo a la Secretaría de Estado. Pero se trata de conjeturas, “in dubio pro reo”. El caso cierto es que alguien mintió muy gravemente contra mí, y, si lo hizo minutos antes de la celebración, al Maestro de Ceremonias, pretendía, con su falsedad, que se me denegara, o, al menos se me dificultara acceder al Presbiterado en aquel pontifical.

Lo que me resulta indignante es que el (¿Judío?) Mons. Mar me acusase en 2014, de ser yo el responsable de aquel desaguisado, provocado, según vetsión vaticana, por un periodista, del que jamás se me reveló dato identificativo alguno. Mons. Magee me dijo lo del periodista una vez, mientras me revestía de los ornamentos litúrgicos, en plena Basílica de San Pedro, unos veinte minutos antes de comenzar la Ceremonia; le contesté que tal afirmación de aquel sujeto era falsa, que tal cosa resultaba imposible que fuera verdad y, no obstante, yo estuviese allí, facultado y con un billete oficial vaticano de diacono a ordenar por SS en aquella Basílica y ceremonia. El mismo Maestro de Ceremonias repitió minutos antes de comenzar el pontifical, la acción, y obtuvo de mí la misma respuesta. Obviamente  fui víctima de una treta, en modo alguno tesponsable moral, ni de ella, ni de sus injustas consecuencias. Por algo hablaba solemne y litúrgicamente la Iglesia en su Semana Mayor, de la “perfidia judeorum”, especialistas en considerar víctimas a los criminales, y criminales a las víctimas. Ahora estoy muy contento de no haber sido ordenado por aquel ejemplo de”communicatio in sacris” y mantenedor de una sociedad externamente eclesiástica dividida y encarnizadamente enfrentados uno y otro bando, a los que daba “una de cal y otra de arena”. Era alguien que, salvo en algunos casos, siguió manteniendo en la mayoría de los cargos episcopales y de gobierno eclesiástico externo, a protestantizados, postergadores, perseguidores, opresores y hostigadores de los verdaderos católicos o católicos dogmática y disciplinarmente cabales. La divina Providencia me salvó de Woityla, por medio de aquellos hombres que todos, menos el malvado periodista, o quien fuese, hicieron lo que en conciencia juzgaron más prudente y seguro, de ser verdad la versión de los Monseñores vaticanos; he de presumir que éstos fueron sinceros y prudentes. “In dubio, pro reo”. Hablé con ellos, con recíproca afabilidad llevándome con aquellos superiores estupendamente. Sabían que mis credenciales y beneplácito escrito de Mons. Dr. Guerra eran auténticos. No hubo reproches ni por mi parte, ni por la de ellos, ni contra mí, ni contra ellos, aunque sí denuncié por escrito la canallada supuestamente cometida por un periodista, o quien fuese, cuya identidad, repito, ni la pedí, ni me fue revelada.

Gracias a Dios Don Rafael Gambra declinó la invitación por hallarse en Navarra, con no recuerdo qué ocupaciones mencionadas en su carta de respuesta a mi invitación, de que me dió cordialmente las gracias*.

*Si hubiera asistido lo habría hecho a un acto frustrado, un hecho frustrante y que nos dejó perplejos a mi Madre allí presente, mis dos hermanos y amigos personales venidos desde España, entre ellos el Señor Vives Suriá, Secretario del Tribunal Tutelar de Menores de la ciudad condal, y su encantadora esposa, ambos padres de un condiscípulo mío del Seminario Conciliar Metropolitano toledano, Carlistas profundos, como todos sus bondadosos hijos e hijas. A pesar del revés disfrutamos muchísimo en visita turística a la Urbe, haciendo yo mismo de Cicerone. Mi Madre estuvo en Roma, en mi Universidad, su cláustro, aulas, jardín. Visitó las Basìlicas mayores, la iglesia del Jesús, la de San Carlos Borromeo, los museos capitolinos y los vaticanos, subió hasta el pináculo de la cúpula de San Pedro. Fueron felices mis invitados, pero yo, por dentro, larvaba una tristeza profunda, por la que no me dejé dominar. 
Gracias a las palabras instructivísimas del Señor Vives Suriá, de verbo español elocuentísimo, me hice Carlista desde años antes. Siempre que iba yo de paso por Barcelona el amabilísimo matrimonio me invitaba a comer en su casa, hablában sus familiares conmigo, sobre todo el Señor Vives, que entreteníase generosa y gustosamente en instruirme reiterada, largamente, con una belleza literaria y cultura profunda que me embelesaban.  Poseía una soberbia biblioteca sobre Carlismo y nuestra Cruzada del 36 al 39.
Sus argumentos perfectos Carlistas no pudieron menos de convencerme.

 

R. de Perea y Glez., Pbro..

 

 

Acerca de ricardodeperea

Nacido en la Urbe hispalense, en el segundo piso de la casa nº 8 (después 18) de calle Redes, el 21 de Septiembre de 1957. Primogénito del Señor Don Ricardo María de la Salud, José Antonio, Isidoro del Sagrado Corazón de Jesús y de la Santísima Trinidad, de Perea y López, Iglesias, Rodríguez, Roldán, Gómez, Carrasco, de Montes, tenor dramático de ópera (que estuvo a punto de hacer la carrera en Milán. Se la pagaba Giacomo Lauri Volpi, pero tras tantos años en la guerra y el larguísimo servicio militar tras ella, en el Servicio de Transmisiones del Ejército del Aire en Barcelona, su Madre, mi Abuela, amantidima, no resistía tenerlo más tiempo ausente. Era el menor de tres: con hermano y hermana, ambos solteros), y pintor artístico; e hijo primogénito de la Señora Doña Josefina, también de nombre Armonía, de apellidos González y Valdayo, Pinto, Carrasco, modista y sastre ( para hombre y mujer) completado el aprendizaje del oficio, siendo aún niña, mas principalmente pintora artística de muy temprana (desde su primera adolescencia o a antes) y entusiata vocación. La infortunada mujer dedicóse tan abnegadamente a su familia y hogar, que poco pudo pintar, pero el Arte, el retrato de seres humanos, el dibujo y pintura artísticos realistas y clásicos fueron su ardiente pasión hasta la muerte, que la sorprendió delante de un óleo de su Santo favorito, San Antonio de Padua, pintura de Escuela barroca sevillana, y al lado de una copia, hecha por mi amado padre, de la Piedad de Crespi. Habiéndose encomendado diariamente a nuestro Dios y Señor Jesucristo durante meses, con su creada jaculatoria de "¡Ay mi Cristo, no me abandones", y con un Crucifijo al alcance de su vista, colocado, por su voluntad, constantemenre delante de su lecho, fué recogido su espíritu por Nuestro Dios y Señor, en el tiempo litúrgico de San José, su Patrón, al que veneraba muy especialmente. Sabía bailar sevillanas muy bien, de voz potente y sonora, verbo elocuente, simpatía arrebatadora y enérgico temperamento, muy contrario a las bromas. De modista sólo aceptó hacer trajes para la Nobleza. Su amadísimo y amantísimo primogénito, a quien ha dejado en un mar de lágrimas, fue seminarista en Roma, de la Archidiócesis de Sevilla desde 1977-1982, por credenciales canónicas de Su Eminencia Rvmª. Mons. Dr. Don José María Bueno y Monreal, a la sazón Cardenal, Obispo Residencial Arzobispo Hispalense, de porte señorial, pero favorecedor de herejes. Conmigo hizo excepción varios 5 años. Alumno de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma, 1977-1982, 1984, por encomienda del mismo Cardenal Arzobispo. Bachiller en Sagrada Teología por dicha Universidad (Magna cum Laude), donde hizo todos los cursos de Licenciatura y Doctorado en Filosofía (Summa cum Laude), y parte del ciclo de licenciatura en Derecho Canónico (incluido Derecho Penal Eclesiástico) (S. cum laude). Ordenado de Menores por el Obispo Diocesano de Siena, con dimisorias del Obispo Diocesano Conquense, Su Exciª.Rvmª. Mons. Dr. en Sagrada Teología, Don José Guerra y Campos. Incardinado en la Diócesis de Cuenca (España) en cuanto ordenado "in sacris", Diácono, por este verdaderamente excelentísimo y reverendísimo Prelado, de feliz Memoria, el 20 de Marzo de 1982. Delegado para España, de S.E.R. Mons. Pavol Hnilica,S.J., como Superior General de la Obra Pía "Pro Fratribus". Ordenado Presbítero, por dimisorias del mismo sapientísimo, piadoso e insigne Doctor y Obispo católico Diocesano conquense, el 8 de Enero de 1984 en la Catedral de Jerez de la Frontera (Cádiz), por Su Exciª. Rvmª. Mons. D. Rafael Bellido y Caro, hombre rústico y autoritario. Capellán Castrense del Ejército del Aire, por Oposición ganada, asimilado a Teniente, y nº 1 de su promoción, en 1985. Fue alumno militarizado en todo, en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia), de la XVIII° Promoción de Oficiales de Ejército del Aire. Destinado al Ala nº 35 de Getafe, y después a la 37 de Villanubla (Valladolid). Luego de un año le fue impuesta la baja del Cuerpo, pero no del Ejército del Aire, como también recibió la misma baja el nº 3 de la promoción, el Rvd°. Padre Don Teófilo, Fraile, baja a causa de nepotismo político y encubiertas intrigas políticas pesoistas [ocupó pués, así, la primera plaza el nº 2, hijo de un General farmacéutico del Ejército de Tierra, y primo del entonces presidente de la Junta de Andalucía, un Rodríguez de la Borbolla] en connivencia con el pesoista Vicario Gral. Castrense, Mons. Estepa Llaurens, hijo de un expresidiario marxista, muerto a tiros, en plena calle, por un falangista, delante de dicho hijo, según contaba el finalmente Coronel del Cuerpo Castrense del Ejército de Tierra, Rvdo.Padre Lic. Blanco Yenes, penado una vez y así postergado por dicho obispo, futuro cardenal con residencia en Roma, muerto a los 93 años de edad, hombre malvado y mezquino, Prefecto, durante un tiempo, de la Congregación para el Clero. Al Padre Blanco, según contó al Padre de Perea, Estepa lo penó achacándole un romance carnal con la esposa del Capitán General de la Segunda Región Militar de España. El Presbítero que esto redacta fue luego adscrito al Mando Aéreo de Combate de Torrejón de Ardoz. Párroco Personal de la Misión Católica Española en Suiza, de Frauenfeld, Pfin, Weinfelden, Schafhausen, ... , y substituto permanente en Stein am Rhein (Alemania) . Provisor Parroquial de Flims y Trin (cantón Grisones), en 1989-90; Provisor Parroquial, con todas las facultades y jurisdicción de Párroco (substituto temporal del titular, Pfarrer Magobeko) en Dachau Mittendorf y Günding (Baviera), etc.. Diplomado en alemán por el Goethe Institut de Madrid y el de Bonn (mientras se hospedaba en la Volkshochschule Kreuzberg de esa ciudad renana, natal del insuperable Beethoven, cuya casa visitó con profundo deleite) . Escolástico e investigador privado en Humanidades, defensor crítico del Magisterio Solemne Tradicional de la Iglesia Católica y fundamentalmente tomista, escribe con libertad de pensamiento e indagación, cultivador ardiente de la dialéctica, mayéutica de la Ciencia. Su lema científico y religioso es el de San Agustín: "In fide unitas, in dubiis libertas et in omnibus Charitas". Ora en Ontología, ora en Filosofía del Derecho y en Derecho Político admira principalmente a los siguientes Grandes: Alejandro Magno (más que un libro: un modelo para Tratados) discípulo de Aristóteles que es el primer filósofo absoluto y a la vez el más grande científico universal habido en la Humanidad, es el mayor Maestro del Sacerdote en cuestión; Aristóteles, denominado por los Escolásticos, justamente: "El Filósofo", que lo es por antonomasia; siguen Platón, San Isidoro de Sevilla, Santo Tomás de Aquino (O.P.), San Juán de Santo Tomás, Billuart, más sún los Supremos colosalísimos Teólogos Carmelitas conocidos como "Los Salmanticenses", los dominicos Fray Domingo Báñez, el Ferrariense, Fray Domingo de Soto, Goudin, Vitoria, muy especialmente Fray Norberto del Prado y el inconmensurable Fray Santiago Ramírez, O.P. , los Eminentísimos, sapientísimos y Reverendísimos Cardenales dominicos Tommaso De Vio (de sobrenombre "Cayetano"), Zigliara, y González (Arzobispo de Toledo, Primado de España, y luego Arzobispo de la, entonces más extensa, Archidiócesis hispalense) ; además su profundamente admirado Fray Cornelio Fabro, el M.Rvd°. Padre Doctor Don Jaime Balmes y Urpiá; Fray Magín Ferrer, los Ilustrísimos y distinguidísimos Señores Don Ramón Nocedal y Romea, Don Juán Vázquez de Mella, Don Enrique Gil Robles, Victor Pradera, Aparisi y Guijarro, el Excelentísimo Señor Marqués de Valdegamas Donoso Cortés, Los Condes De Maistre y De Gobineau, el R.P. Taparelli D'Azeglio, S.J.; S.E. el General León Degrelle, Coronel de las Waffen SS Wallonien, Fundador del Movimiento católico "Rex", el Waffen SS de la Div. Charlemagne Catedrático Jacques de Mahieu, el Excm°. Señor Catedrático Don Julio Martínez de Santa-Olalla, el Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Catedrático y Académico de numero de la Real Cademia Nacional de Medicina Dr. D. Antonio José Vallejo Nágera y Lobón, los Dres. López Ibor, Sarró y Bañuelos, etc.. También discípulo del Almirante y Excmº. Sr. Don Luis Carrero Blanco, Capitán General de la Real Armada (notable pensador antimasónico, "mártir" de la conspiración de clérigos modernistas, y afines, subversivos, de la judeoleninista ETA, y de la CIA del judío sionista perverso Henri Kissinger); S.E. el Sr. Secretario Político de S.M. Don Sixto (Don Rafael Grambra y Ciudad, autor de, entre otros libros: "Qué es el Carlismo", y "Curso de Filosofía Elemental", libro de texto para el 6° Curso de Bachillerato, durante el Caudillaje), los Catedráticos Don Elías de Tejada y Spínola (con reservas) y el Doctor Usía Don Miguel Ayuso, entre otros grandes pensadores del "Clasicismo Natural" y "Tradicionalismo Católico"; Paracelso, el Barón de Evola, Hans F.K. Günther, Gottfried Feder, Walter Gross, el grandioso y maravillosa fabulosa fuente de grandes y geniales inspiraciones Friedrich Nietsche, entre otros formidables pensadores; etc. . En Derecho Canónico admira especialmente al Consejero de la Suprema de la Santa Inquisición española, el M.R.P. Dr. Don Manuel González Téllez, así como al excelso Fray Juán Escobar del Corro, O.P., Inquisidor de Llerena; Por supuesto que no se trata de ser pedisecuo de todos y cada uno de ellos, no unánimes en un solo pensamiento ("...in dubiis libertas"). Se distancia intelectual, voluntaria, sentimental y anímicamente de todo aquel demagogo, se presente hipócriamente como "antipopulista" siendo "populista", o lo haga como antifascista, "centrista", moderado, equilibrado, progresista, moderno, creador y garante de prosperidad, o como lo que le dé la gana, el cuál - sometiéndose a la mentira sectaria, propagandística y tiránica, inspirada en cualquiera de las "Revoluciones" de espíritu judío (: la puritana cronwelliana (1648,) la judeomasónica washingtoniana (1775), la judeomasónica perpetrada en y contra la Iglesia Católica y Francia en 1789, y las enjudiadas leninista y anarquista) - ataque sectariamente o vilipendie a Tradicionalistas, franquistas, Falangistas, Fascistas, Nacionalsocialistas honestos, Rexistas, etc., o se posicione nuclearmente, a menudo con la mayor vileza inmisericorde, y a veces sacrílega, contra mis Camaradas clasicistas, ora supervivientes a la Gran Guerra Mundial y Cruzada Universal (1914-18 [1936-39 en España] y 1939-46), ora Caídos en combate o a resultas. Se sabe y siente parte de la camaradería histórica y básica común con los tradicionalismos europeistas vanguardistas de inspiración cristiana (al menos parcial), y con sus sujetos, aliados de armas contra la Revolución (jacobina, socialista, comunista, anarquista). También acepta el frente común con nietschanos y protestantes tolerantes, del siglo XX y XXI, en cuanto camaradas "de las mismas trincheras de la Gran Guerra", que continuamos sólo con las armas espirituales.
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