La imagen oficialista de Yanguas Sanz, individuo que ocupa la sede episcopal de la Diócesis de Cuenca. Versión del XVII-XVIII – VII – MMXIX, Fiesta del Alzamiento Nacional. Última versión, 1-11-2019, Fiesta de Omnium Sanctorum. Con novedad sobre Honesta Sustentación, el 2 del mismo mes, Fiesta de todos los Difuntos. Nuevamente corregido de graves erratas y aumentado el 18 del mismo mes.

URUS, BOS PRIMIGENIUS PRIMIGENIUS.

 

LA CONJURA DE LA JUDEIZANTE CAMARILLA ANTICATÓLICA INFILTRADA EN LA CÚPULA VATICANA, CONTRA EL CLERO CATOLICO DE INCARDINACION ORIGINARIA CONQUENSE EL CUAL, EN SU LOGICA OBJETIVA Y CIVILIZATORIA, ES ADEMÁS CLASICISTA Y CULTIVADOR DE LA DIVINA LITURGIA EN RITO ROMANO TRIDENTINO. LOS SIERVOS DE LA CAMARILLA, CONSPIRADORES Y EJECUTORES DEL PLAN DE DESTRUCCIÓN Y RUINA DE ESE CLERO CATOLICO CONQUENSE: Los “monseñores” antiguerristas del Hoyo y YANGUAS, y EL CISMA QUE HAN CONSUMADO CABE LA IGLESIA CATOLICA.

Había de llegar el clamoroso instante en que la intriga y la barbarie exterminadoras anticatólicas de los sujetos aludidos en el título de este capítulo, algunos de los cuáles, los de más poder y actuantes desde el Vaticano, no he mencionado con sus nombres propios, saliese a la luz pública en España y en el mundo. El instante es éste.

Desde el fallecimiento del insigne, bondadosísimo, tolerante, libérrimo, patriota y sapientísimo Obispo de Cuenca, Su Excelencia Reverendísima Monseñor Doctor Don José Guerra y Campos, poco después de serle aceptada la dimisión que le prescribía el nuevo CIC, y uso los términos generalmente admitidos, empezó a realizarse lo ya antes siniestramente proyectado por los conjurados, y que yo, desde hacía años proféticamente intuía existía. Tenían planeado destruir cuanto de inequívocamente católico, TRIDENTINISTA, antidemocratista (antidemoliberal en fidelidad al “Syllabus” y “De pascendi” con “Le Sillon”, de SS. Venerable Pío IX y San Pío X, respectivamente), hubiese en la Diócesis de Cuenca, debido a la autorización y labor sacramental de Ordenaciones Sacerdotales llevadas a efecto por el gran Obispo Católico Dr. Guerra.

Del Hoyo comenzó retirando autorizaciones a piadosas y fecundas asociaciones católicas clasicistas, de modo que en la Diócesis Conquense no pudiesen seguir existiendo como entidades canónicas o de Derecho Eclesiástico Diocesano. Una, ya secularizada en Cuenca por aquel anticristo, hubo de trasladar su sede a Cataluña, una gran biblioteca, y su personal. Me lo dijo su Superior de la sección Conquense de esa asociación, el cuál me informó de los pormenores del óbito repentino del prócer episcopal, acaecido en un piso de Madrid, a donde habíase ido a vivir con su bondadosa, amable y servicial hermana. Continuó aquel Hoyo hostigando a los Sacerdotes Católicos afectos al Rito Tridentino , entre ellos a mí. Mucho hube de padecer de aquel enemigo de Dios y nuestro. Removió de sendos cargos de párrocos a mis camaradas Sacerdotes católicos destacados, dejándolos sin oficio eclesiástico alguno, y me tendía lazos de imposición de cargos inadecuados, a uno de los cuáles presenté mi renuncia, y a otro no pude contestar, por no conocerlo, ni poder conocerlo, ni hacerme posible conocerlo el Hoyo. En audiencia  que le pedí y tuvo lugar en Cuenca me prometió un cargo en Diócesis y en breve, y hablar conmigo de él cuando lo supiera y me lo propusiera, pero me hizo aguardar un año o poco más la concesión de un cargo, tras mi regreso a Sevilla, desde Roma, de un viaje de que hablo a continuación. Y, método que usaba mezquina ente contra mis camaradas sacerdotales vulnerados por el Hoyo, durante ese tiempo no me dió ni un céntimo, ni para comer, mientras que del Erario público cobraba el dinero proporcional al número de Sacerdotes presuntamente activos registrados como tales en la Curia y frente al Estado Español. Ello me obligó a acudir a ROMA, a la Congregación para la Disciplina del Clero, ante la que por propia  iniciativa mía comparecí, entregando cartas de queja al subsecretario, o quizá un oficial, no recuerdo qué cargo de los mencionados tenía, hombre joven que me recibió a cajas desempleadas, colombiano maleducado e irrespetuoso.                                   Una escabechina de penas, recursos penales, lucha inhumana desató aquel nacido de hembra y cuál, contra nosotros, desató un escándalo hondo y universal en sus víctimas, los católicos de Cuenca, especialmente los de la ciudad de tan católico y eucarístico blasón. Siendo la Diócesis y su capital, como son, muy pequeñas, y muy poco pobladas salvo en Estío, el mal de infamia de del Hoyo fue hondo y abarcó fácil y rápidamente a todo el pueblo católico practicante Conquense. Los leales a los Párrocos y luego simples Presbíteros, perseguidos y “machacados”, llenos de indignación, habían sido convertidos en enemigos viscerales de del Hoyo y su curia. Gente no perteneciente a grupo, o facción algunos, me expresaba con enfado y perplejidad su profundo desconcierto, descontento y escándalo por lo que estaba padeciendo de ese pésimo pastor, o más bien lobo con piel de oveja. El cisma se estaba gestando en medio de la persecución hoyista y sus numerosos desmanes contra el Clero firmemente católico y, consecuentemente, contra el pueblo leal a éste.

El famoso Padre Alfaro, con una mano delante y otra detrás, por aquel mal padre, que daba piedra, cuando el hijo le pedía pan, se instaló en Salamanca, donde estuvo algunos años, hasta venirse a un pueblo de la provincia de Sevilla, cerca de esta Urbe.  l’ Abbé Francois Scrive, de Lille, se había ido  antes de la quema, y consiguió la incardinación en una Diócesis francesa, fuera del alcance maligno del sucesor del Dr. Guerra. Monsieur L’ Abbé Scrive se convirtió en Juez Eclesiástico, y actuó muchos años (prosigue) de Promotor de Justicia, defendiendo a Sacerdotes ante la Congregación para la Doctrina de la Fe, de cuyos inmorales e ilegales procedimientos ha hablado peste, como todos los abogados defensores en dichos casos, y ante ese dicasterio, durante la tiranía del Cardenal Müller. Las peleas de del Hoyo contra los Sacerdotes franceses que quedaron bajo su jurisdicción fue anímicamente muy violenta, y trascendió contínuamente al público. Hoyo, gravísimamente contra los Sacris Cánones y a sabiendas de ello, retiró dolosa ente todo subsidio pecuniario a Presbíteros modélico españoles católicos profundos, y a los Sacerdotes extranjeros católicos integrales e incardinados en Cuenca; creo que premeditada y fríamente perpetró ese crimen canónico  de abuso del cargo, y quizá no sea demasiado creer, para que aquellos Sacerdotes católicos perecieran de hambre, o se viesen forzados a mendigar, como yo.

Yanguas, iracundo, profundamente apuritanado y cerril, agravó notablemente la persecución y devastación impía, usando métodos desde el punto de vista canónico criminales en extremo. Utilizó sistemáticamente, con mayor drasticidad, el sacrilegio y las profanaciones de personas Sagradas, e hizo esto reiteradamente, con plan de continuidad y exhaustividad, en grado sumo.

Entiendo y mi caso es la prueba, que sin anticristos mayores, e inductores o camaradas de conspiración, dentro del Vaticano, tal debacle no hubiera sido ni posible ni tan constante y gravísima, como jamás se ha conocido en la Historia de la Iglesia.

Los Presbíteros Muy Rvdos. Padres Don Jesús Alfaro y Rivero, Don Raniro Rivas, y Don Emilio de la Fuente, Sacerdotes instruidos y de reconocida elocuencia y fidelidad a la Fe Católica y al Syllabus, fueron dimitido arteramente del Estado Clerical según normativa moderna. Yanguas intentó con toda su saña hacer lo mismo conmigo, y contó en su apoyo con nada menos que el Cardenal Müller, Mons. Mar y la Sala IV de la Congregación para la Doctrina de la Fe, pero la Omnipotencia de Dios colapsó el conato de ejecución de esa maldita pena contra mí Sacerdocio, mi Estado Clerical y mi persona. Pudiendo dicho dicasterio  liquidar mi Clerecía, y estando en su potestad hacerlo, no lo hizo, y Yanguas inició el previo proceder penal farsa contra mí, en connivencia con un familiar mío que pretendía sacarme  bienes materiales, que habían sido de mi Madre, q. e. p. d., y me daba a entender que me denunciaría por vía eclesiástica, si no cedía yo a sus pretensiones. Yanguas me condenó en primera instancia, sin previa acusación y sin enseñarme siquiera la denuncia que en vano exigí ver y leer, como en vano pedí abogado o promotor de justicia, que no pudo estar presente en los interrogatorios contra mí y a mis espaldas, sin conocimiento ni previo ni simultáneo míos, y no tuve acceso ni a un solo papel del expediente, pues Yanguas y su fiscal me denegaron verlo. Al final de la macabra farsa sacrílega, los conjurados vaticanos no tivieron los reaños para ejecutarme pena alguna. ¿Porqué y para qué? Porque, para honra del Romano Pontífice quisieron ahorrarle asumir la pecaminosa y espiritualmente mortal responsabilidad moral de aquellas descomunales felonías, y ya, porque empecé a escribir y publicar desde Octubre (?) de 2013, se temían que, en lugar de contra ellos, arremetiese yo contra su Papa y Jefe inmediato. Se inhibieron de ejecutar el castigo, para poner a salvo al Pontífice así retenido por ellos. No quisieron implicarlo en la nefanda responsabilidad moral del atentado criminal y el consiguiente escándalo que se hacía previsible de quien se estaba manifestando terrorífico polemista. Cualquier ser humano, o no, que se atreviese a mancillar mi honor, trucidar mi honra, atacar la capacidad práctica concreta general de mi Sacerdocio, aniquilar (lo entendería yo inválido, nulo) mi Consagración Sacerdotal a Cristo, recibida dentro del rito sacramentario de Ordenación, es decir, mi carácter sacro sobrenatural y mi canónico o jurídico Estado Clerical, resultaría blanco de las mayores invectivas que contra quien fuese se habrían oído nunca, las cuáles a continuación declamo con verbo de espada de fuego. Y “el Papa Francisco”, su persona, no ha querido contaminarse en tan sumo grado, en mi caso, ni provocar quejas tremendas contra su hacer. No ha decidido ejecutar pena contra mí, o ha decidido no ejecutarla, y no empecatarse tan grave y escandalosamente, por lo cuál es de bien nacido agradecerle sincera y vivamente no haber optado por pecado horrendo y haberse mantenido inhibido, cosa que basta a no podérsele atribuir ni una sola de las atrocidades sobre las que se basan condena y pena decretadas por otros, ésta última no aplicada ni por éstos, ni por “el Papa”, que tampoco decretó malvadamente, ni condenó personalmente, ni dijo, al menos con notificación a mí, cosa alguna en mi contra. Le escribí una carta pidiéndole encarecidamente no ratificase tanta atrocidad y no ejecutase pena tan descabellada e injusta. O ha accedido a mi solicitud, o no la ha rechazado. Esa, sin palabras, ha sido la única actitud que de “Su Ssntidad” me consta.                No es materialmente justo, ni noble por descortés, ocuparme de lo que de él se publica, no he estudiado sus documentos, Encíclica, no he escudriñado sus actos, ni creído a nadie, ni a obispos, cuando han dicho que todo el mal infausto que acaece, o todo el rigor [diabólico] que se emplea en casos como el mío, acontece por expresa voluntad y resolución oral del Pontífice. A dignidades dentro de la Unidad disciplinar eclesiástica moderna, y a cismáticos orientales y afines, no les niego títulos de tratamiento, y hágolo de modo muy mío, sabiendo que esto es excepción a la Tradición que venero católica, más exceptúo sólo en su práxis, y es que por un lado el levantamiento de excomuniónes a cismáticos, y hasta levantamientos nulos a favor de heresiarcas muertos como el diabólico Lutero, me dan pié a, en circunstancias tan novedosas e insólitas, usar de la más respetuosa y exquisita cortesía hacia las personas con carácter sacramental Sacerdotal, a quienes, a pesar de sus errores, haya yo de presumir buena fe, y en los que aprecie bondad natural y no me conste demostrada o evidente hostilidad grave e integral contra la Iglesia. Mi sentido del honor y respeto por la honra de los heterodoxos de actitud benevolente natural, o cismáticos católicos pacíficos, me impide la diatriba contra ellos y negarles todo tratamiento honroso, máxime si sean camaradas de CRUZADA o “de trinchera”, donde incluso ateos amigos o camaradas, son “Waffenbrüder”.

El cisma originado por Yanguas malopusdeista, cisma desde la persona ocupante de la Sede Episcopal Conquense, cisma de secesión constante, premeditada, obstinada, manifiesta, militante y propagandística contra la comunión disciplinar con la Ley de la Iglesia y contra lo sagrado personal de Sacerdotes católicos íntegros, ha tenido su previsible resultado. Los tres Sacerdotes aludidos, más un cuarto honradísimo conquense dimitido a sus 80 y tantos años, del Estado Clerical, han conformado, unidos, una falange espiritualnente militar contra el yangüismo y la tesis oficial que afirma la legitimidad canónica de la ostentación del cargo de Obispo Diocesano por parte de yanguas, y la legitimidad o autenticidad de los últimos llamados Romanos Pontífices o Papas, desde la muerte del para mí hereje por ser abiertamente demoliberal desde 1945, Eugenio Pacelli.

Se ha consumado el cisma, que irrumpe en la Historia de la Iglesia como el cisma latino de Yanguas. Se ha fundado en 2007 por el cinco veces Grande de España, Su Excelencia Ilustrísima y Reverendísima el Obispo Duque Imperial de Neuburg, Marqués Conde Palatino del mismo título del Sacro Imperio Romano Germánico, y luego Pontificio, Conde Palatino de Rojas, Monseñor Doctor Don Pablo de Rojas, cuya vida guardará Dios con salud muchos años, y ante cuya Grandeza Yanguas ni se ve en el suelo, la Pía Unión de San Pablo Apóstol, y la guerra, tras las abominaciones que inducen a batalla a dichos Sacerdotes católicos honrados, TODOS HIJOS SACRAMENTALES SACERDOTALES PRESBITERALES DEL INSIGNE OBISPO DOCTOR GUERRA, está en marcha, las lanzas en ristre, las espadas desencaknadas, las lenguas flamantes incendiado cuál dragones fabulosos alados, y desde hace pocos años los frentes bélicos han quedado constituidos y condolidados.

ALEA JACTA EST!

 

Ahora la GUERRA, en nombre del gran Guerra, se expande fuerte y con mesnadas de Clérigos y laicos en Alzamiento con sabio sereno plan bélico espiritual por tiempo absolutamente indefinido, y con esperanzas ciertas de aumentar su ejército, se extiende y avanza, desde el Bilbao Católico y Tradicionalista, por todos los Campos de España, parte de Hispania americana , y con aliados de GUERRA en los CAMPOS de Inglaterra, con posible alianza con germanos católicos antirrevolucionarios, que agrandarían y reforzarían notablemente el frente.

Por mí parte siento mucho que “el Papa Francisco” , que gusta de ser así llamado, sufra estos reveses, pero en su mano está la reconducción de la Iglesia. Hago dos cosas, a saber: No pido a Dios el cese de Yanguas, no sea que su sucesor sea peor. Y trato de Su Santidad al Papa Francisco, cuando hablo de él en mis escritos divulgados, y cuando lo menciono ante clérigos comunes, y cuando me dirijo a él, al mismo tiempo que no repruebo directamente a su persona, al criticar actos real o aparentemente eclesiásticos. No es de bien nacido tratar proscriptiva ni despreciativamente a alguien que se sienta en el trono pontificio romano de San Pedro, y no me ejecuta pena alguna, ni asume la responsabilidad moral de las atrocidades yangüistas, maritistas y müllerianas, ni las “válida” expresamente, ni aprueba la actitud y posición de sus actores, antes bien destituye fulminantemente a Müller, al que no confiere ningún otro cargo, y a Mar, al que arroja a Méjico, de donde vino.

[Continuará, “si sigo vivo”] °

 

Preámbulo:

Reporto este artículo de Infovaticana. Refutaría yo, de buen grado uno por uno los asertos valorativos que en materia de Fe y Moral dicho artículo hace sobre Yanguas Sanz, mas, antes de reunir los medios necesarios para ello,  oid agora, osados lectores, los volcánicoeruptivos  candentes embites que un espíritu Sacerdotal con propia alma de Toro y jabalí acomete contra enemigos de Dios, inadvertidamente de sí mismos, premeditada y alevosamente de mí que con mano indómita y rujiendo cual gran moloso guerrero de Alejando el Magno, en plena batalla, combate a un infiltrado “Enemigo Interno de la iglesia” (tecnicismo de San Pío X), cuya protervia, que contiene como su más esencial nota la obstinación diabólica, por un lado escupe sacrilegios, por otro, ataca, también sacrílegamente, a persona sagrada, y muerde oculto y sigiloso, cual carroñero nocturno, hiena obscura. ¿Se ha dicho hiena, carroñero? ¡Oh, perdonadme,  cuadrúpedos cariñosos, de bellas, temibles fauces y ojos centelleantes, o endrinos como el azabache de la Virgen Negra que es lo primero, mas no lo segundo!. Sierpe mejor símil, de ponzoñoso diente de cánula viperino, agazapada,, escondida en la maleza, me asaltó vívora dócil  a su instinto”, y punza entre la pinza del hocico mi cuerpo con cuyo espíritu carece de hombría, reaños e inteligencia para pugnar mano a mano; tampoco cuerpo a cuerpo, no tiene espíritu marcial, hácelo espíritu (cobarde, torpe, necio,  diabólico) a cuerpo, éste carne famélica y macerada del imperio de su Paternidad Episcopal “que a aquélla tiene como no la tiene”. Huye de Marte quien prefiere a Tiresias, del que goza escarneciéndolo. Opta por la bajeza, el estilo del ladrón: desde la prepotencia que le posibilita su cargo de poder, del cuál abusa constante, arruina la hacienda y despensa vital del Sacerdote al que debía dar de comer, vestir y decoro externo presbiteral de Sacerdote y Clérigo de nuestro Dios y Señor Jesucristo.

Es éste tu postrer modo de socabar bajuno lo al alcance de cualquier mísero delincuente, a saber: cuerpo, cerebro, lengua y mano míos; así socavas  la Santa Noble Tradición que, desde mis primeras luces patrióticas, en mi adolescencia de XVI años de edad, aprecio y ensalzo, joya de espíritus por Dios selectos y gratuitamente provilegiados con divinos dones, que no merecen sus receptores tan divinamente dotados.

Tú, malopusdeísta, como pretexto anticatólico y anticanónico para el ladino estrangulamiento pecuniario de la inocente víctima cristiana, Sacerdotal, linajista y clasicista, emprendiste, y en ello te mantienes, las más cobardes y abyectas vilezas sacrílegas, arrostrando hacerlo principalmente contra la Persona Sagrada de tu víctima, no obstante súbdito tuyo filialmente leal, incapaz de resistirse empero, a ser terrible oráculo del Más Allá.

Es, la mía, no desahogo contra quien me sea o fuese antipático, no asalto  por caprichosa o injuriosa iniciativa mia y espontáneamente contra enemigo héchome él el suyo. No, mi flameante verbo es acusación y queja, que tengo natural derecho a divulgar, pues deshonra por herida grave págase y arréglase, en lo posible, con justa deshonra del entuerto de  quien hiere a tuerto, sea mendigo, obispo o rey. Tu honra es mi deshonra, y tu deshonra mi honra; ea pues, pierde, magüer yo pierda, que ambos perdemos para yo ganar en desdicha y reparación inmaterial, sumido en mundanales fuentes de cuitas , a las que me has arrojado, sin que mi honor se resigne al hundimiento, altivez honorable que a mí me hunde, para mi gloria intangible, no venal ni corpórea, moradora ahora perpetua en el reino de la muerte a que ese honor me acerca implacable y resuelto.          Abajo lo bajuno, patas arriba, para que ascienda lo alto que has abajado para tu mal, ¡Que uno sólo tengo por Maestro: Cristo Rey! .                         Ladino el  asalto miserable de miserables iniquidades y modos maléficos contra la sacralidad del Sacerdocio de Jesucristo en hijo suyo a Él y por Él ( el Rey Absoluto) consagrado. Ni mi pudenda intimidad respetó tu fétido álito áspídico. Descubrió tu veneno el Mar [Mons. Mar, refrendado por Müller] cenagoso que vilipendíó al noble saludo romano, al Fascio redentor y al III Reich. ¿Más que tú, oh Molino (“Müller, Card. alemán, Prefecto entonces), defiendo y encomio tu Sangre y tu patria germanas, de cuyo Siglo de Oro condensado en una década, abominas? ¿Mayor que el tuyo hacia tu patria es mi amor cuya locura no sométese a los férreos límites de cordura, la de enanos que de poseerla se jactan, más no es suya, sino mía, en que me huelgo allende mi inmediata estirpe, y sin mesura, inmolado en el altruismo suicida de mi pequeñez cual de semilla de Mosraza, para triunfar como el grano de Yrigo sepulto? ¡A mí héroes muertos alemanes, a mí condecorados con la Cruz de Caballero, a mí cuantos en esa Cruz al cuello, y en las de hierro, llevásteis esvástica y año de inicio de la expansión de nuestra Cruzada Europea iniciada en España! ¡Vuestra derrota en guerra heróica queda acuende los Cielos, que vuestros desvelos, sobreviviendo el espíritu a la muerte de vuestra bendita carne individual, os han alzado al Cielo y filas guerreras del formidable Ejército de Valfaðir, militares inmortales pues ya habéis muerto, viviis y jamás volveréis a morir! Entre luceros, luceros vosotros, aguardais firmes, en formación militar, el Ragnaröckr ¡Oh  hueste invicta, mesnada invencible. Derrota acuende, allende gloria y espera, nuestra será la Victoria que en este doloroso valle se os hizo esquiva, triturada por el por Nuestra Santa Liturgia Tridentina declarado, en oración sagrada de la Iglesia de Dios y Señor nuestro Jesucristo, y en la Semana Mayor de su Pasión Redentora : “Pérfido pueblo judío”. Matasteis muchos, demasiado pocos, vivos quedaron aquí los peores, nacieron luego vástagos zizaña, carne de cañón y  garrote vil, atacando inauditamente, sin dar la cara.

Tu, padre mío, pisoteaste escondidamente toda Ley, el decoro más elemental de la Iglesia, del Clero Católico y  honra del Episcopado y Presbiterado nobles cristianos.                       No es mi voz grito de irracional arrebato, no asalto común, a enemigo común, al que lógico atacar por serlo;  no escribo en espontáneo alzamiento, sino álzome contra quienes ME AFRENTARON Y AFRENTAN, contra rastreros que no respetaron mi luto por mi Madre, revuélvome adverso hacia quien vino a cazarme mientras lloraba yo, aún, todos y cada uno de mis días, dos años enteros, en otro “mar”, el de mis lágrimas por la muerte y cadáver de mi bellísima Madre. Eso y la obscenidad y suma gravedad de lo que me atribuísteis dejándome en enorme indefensión, como la de un cerdo conducido al matadero, son agravios en cotas abisales, con la mayor desvergúenza imaginable.      No os las habeis con un simple Clérigo, ni sencillo Presbítero, sino con mitad entero Sacerdote, y mitad entero militar. Os soporté mientras no aferrásteis suciamente, mi Sacerdocio y Clerecía, cuando ya no estaban en su lugar telúrico de mi valimiento : ni mi ímclito Obispo Propio y Padre sacramentario Guerra y Campos, ni mi Madre y Señora Doña Armonía o Josefina: José y Josefa respectivamente.   ¿Osas seguir llevando altivo los Santos nombres de José y María como tuyos de Pila bautismal, tú que maceras la mano sagrada con que bautizo?. Mancillando al Sacerdote, diste la alerta de Guerra y guerra a mi mitad militar, juntásteis, ellos y tú, fatalmente ambas mitades, Serpientes del Cadúceo hermético, cerrásteis su círculo, se os lanzan revnidas, todas a una. Juntásteis pués el ocaso y el oriente,  y juntos el oriente y el ocaso, la luz y sombra fría, sereis, sin duda, síncopa del día. Todo os aguanté discreto, mientras no traspasásteis todo límite; pero ya no, oh malvados. Al cínico asalto y guerra que, réprobo necio, creíste de una batalla o tal vez, a lo sumo, de serie corta y breve de decretos, recurridos no más de dos, revuélvese la “fiera sagrada”, levanta sus labios de gran lobo, o dogo enojadísimo, o tigre blanco carnicera bestia  fuera de sí, descubriendo así sus colmillos albos, muerden caninos puntiagudos, gruñe, ruje, lanza alaridos  saetas encendidas, aullidos agudos cual puntas de flecha,  reacciona a escuetas condenas emanadas del espíritu pútrido de los pérfidos, alevosos, bandidos, taimados, hipócritas, disfrazdos de apariencia de rectitud legal, “lobos malditos tapados con piel de oveja y luego bajo disfraz de pastor bueno de hecho “, para hollar, con sorpresivo aniquilaniento radical y total, el Honor del prójimo (e hijo miembro de derecho, hecho y “número” del Presbiterio Conquense), item más para liquidar veloz furtivamente el patrimonio de la persona física del “depredado”, con lo que oféndese no sólo gravísimamente a Dios Legislador, Soberano Universal y Civilizador, Nuestro Señor Jesucristo, su/nuestro Cuerpo Místico, sino también a nuestra Sangre y gloriosa Patria española y europea, herida reiterada y gravísimamente por estos impíos, opuestos, sin reconocerlo, a los Santos y demás próceres españoles genuinos de espíritu y cuerpo, especialmente los de nuestro Siglo de Oro, monárquico, regio, imperial, clasicista, en  oposición colocados a una cutre caterva que se proclama “la mejor y más avanzada Iglesia” que haya habido jamás, una bazofia transida, con la mayor ignominia, de máximos desmanes yangüeros,  que, en su inmunda lucha prepotente y represiva, vejatoria, impía, también arremete, escondida e inconfesamente, tanto contra sociedades de abolengo por tener Ideario igualmente tradicional  y estima de su probadamente preciosa sangre concretamente salvada de la putrefacción judaizanze, cuanto contra Ordenes y falanjes de bravos, y primogénitos, como yo, de familia hispánica, a quien EL PADRE*

[*no tu Escríva, al que así, “El Padre”, llamaban sus embobados con las “charlas” o sermones istriónicos, afortunadamente filmados para su derisión]

quiere legar mayorazgo espiritual y transmitir el deber de conservarlo con honestidad y orgullo. MI PADRE, tenor dramático de Opera clásica, con formidables sobreagudos, Artista, Pintor de Arte ario, clásico, armónico, antijudío, de hermoso colorido, y excelente dibujante de desnudos masculinos y femeninos, esplendor del Hacedor Fuente Infinita de Estética y beldad; Don Ricardo de Perea y López, q.e.p.d, progenitor mío en la Sangre, Miliciano de la 5a Bandera de Falange Española Tradicionalista de Sevilla, católico guerrero “stricto sensu” en varios frentes de guerra, me encomendó siempre, con profundos convencimiento y anhelo, defender honor y honra de mi apellido “de Perea” que ahora pelea contra el tuyo que has escrito y puesto desvergonzadísimamente en un decreto nulo penal, fruto putrefacto de tu podrido espíritu pseudoincoante y “titiritero” de Molino y Mar judaizantes, para montar la farsa que no tuviste la decencia de enervar con un simple decretillo que mandase proceso canónico y cuál, documento que me hubiese sido intimado.  Haré, de tu afrenta, brebaje; venenoso tú lo hiciste. Hagotelo tragar, bebe tu plnzlña, pues por tí elaborada, inyectada en mí y por mí devuelta, pues  para tí es, hecho tú acreedor della. Desta guisa, a fe mía notorio te haré en todo  el orbe.         .                                    Embiste furioso mi Uro bermejo al banderillero chapucero metídose a torero que sin galanura, ni pericia ni amor al toro, lidióme en patética farsa, mientras mis lágrimas regaban de contínuo mis pastizales luctuosos maternos, sabana de tristeza inconmensurable. Cobarde tú en persona, y tus serviles ” nuevos cuervos negros de Locky” . Tan malo era el lidiador, que clavóme banderillas en el pecho, no en el lomo. Infectóme el tórax, con herpes zóster (real, no figurado), brotádome en el costado izquierdo, el del corazón, desde el mismo día en que me sorprendió el nefandídimo papel de tu pseudodecreto, que leí con suma cuita e indignación inefable, por mucho que mi pluma se desgasta en expresarla y describirla en tantas y pesadas letras. Herpes, culebrina sutil dolorosísima, áspid cruel que circuía mi tórax desde el nido de buitre prometéico que en mi pecho excogió y plantó indeleble, justo sobre mi corazón, aquel nefasto día, iluminada mañana, en que dos siervuchos vestidos de negro, cual dos cuervos, no de la morada olímpica de Wotan, y a los que ví por detrás cuando alejábanse luego de mi casa, me echaron tu pseudodecreto condenatoria diabólico por debajo de la puerta. El mismo Diablo te sabrá pagar tan gran merced al Príncipe de este Mundo. Su Alteza Infernal va a mi flanco a recompensarte con lo que él mejor que yo sepa y pueda, autorizado por la Divina Justicia, de pararte. San Miguel Arcángel Patrón de Alemania, a mi derecha, Su Alteza avérnicaa mi izquierda: juntos  el Oriente y el Ocaso, la luz y sombra hiriente. A poquísimos consiente Diós tan raro eclipse, al que se va, senda segura, por vía singularísima, la de ofender dolosa y oecaminosamente a Sacerdote al Supremo consagrado, y  en la misma víctima, al. militar, de suyo confirmado con la más peculiar de las místicoascésis. La sscralidad natural del guerrero requiere el servicio del Diablo, que, como siervo de Dios, al que odia, y de cuyo servicio como tal forzado, no puede sustraerse, no obstante parcialmente acepta de buen grado la materia de su servio, no la utilidad del mismo orientada al buen del buen militar. Este es hombre de pelea, armas, heridas, muerte, violencia, fuerza destructiva, duelo, matanza,… agradables acciones, gratas palabras para el Diós de los Ejércitos, los celestiales con San Miguel, y los terrenales Cruzados, “Deus Ssbaoht” insoportable a ñoños, y para todos los diablos, enemigos de la Corte Celeste, pero también ellos, ángeles infernales, milicia.

Vive muerto y vivo, vivo y muerto, Ygdrasil, cuya copa alcanza los Cielos, sus raíces úndense en el Infierno.

Cuando hiendes tu daga en el Sacerdote guerrero, azdstas golpe de acha al trinco de Ygdfaskl, y júntanse a la defensa las raíces del Hades, con la copa que abraza al Walhall. El Obispo está bajo la signatura planetaria de Júliter, el Presbítero bajo la Estrella Polar, y hállase el militar en la casa de Marte. Junta y a esa Estrella (Venus) con Marte, y se ayuntarán. ¿O nada te enseñan las Fábulas?.

Creía el siniestro, no “el diestro”, que así llámase al torero de pro, que mataríanme después de una estocada, y luego pensó que de segunda, y finalmente que de tercera, pues la suya y primera, de populacho bajo mitra, no bastó; no fue como quiso y quiere, con todas sus malditas ganas de “parricida” diabólico. Y ahora el Uro, o toro bravo herido, rojo de indignación, revuélvese contra su siniestro agresor y cornéale la entraña en pleno ruedo, ante el gentío de Internet, “tendido mundial”. Ni mis orejas, ni mi rabo en tus manos llevas, ni trofeo cortado a un cadáver alzas sonriente, cara al público. Estas orejas que oyeron tu voz cascada, tus tonos de odio, siguen asidas a su testud, y el rabo, si se te acerca está en su lugar, te arrastre por el albero, sirva de soga con que estrangular al reptil, y de látigo flajelador de tu apuritanamiento y malas artes.

 

Aquél fue el único escrito que recibí de tí en años de correspondencia mía a tí dirigida a título de “Obispo Diocesano mío Propio”. ¿No has vergüenza, ni hombría para responder a tus Sacerdotes que te escribían cartas oficiales con respeto y altos tratamientos sobre los más vitales asuntos, como Comendaticias a tenor del canon 903, las cuáles estabas Y ESTÁS con las debidas cautelas, gravemente obligado a darme* (*Cf.https://ricardodeperea.wordpress.com/2014/04/02/de-litteris-commendatitiis-ad-sanctam-missam-celebrandam/)

y la Honesta Sustentación (CIC. c. 384) que me negaste latrocinalmente durante años, y que vuelves a negarme de hecho, con la más mezquina desvergüeza, ausencia de Caridad, gravísimo pecado y crímen canónico de injusticia y abuso del cargo eclesiástico de “padre de mi diócesis propia”, desde mediados de 2015? . ¿Acaso no es verdad? ¿Eso dirás a espaldas mías, al ingénuo que te pregunte? Si firme aseverases eso, llévame ante magistrados, huélgome, ante ellos reiteraré, con más ahínco y lujo, aquello de lo que aquí te acuso y me lamento. Vosotros, lectores, o ávidos de certezas: Lo que os asevere ese subrrepticio servidor del Mal, requerid se os ponga por escrito que firme y rubrique, y dadme, por favor,  albricias de cuanto recibais en respuesta de tal modo escrita y silenciada o no. En cuanto tenga copia y fehaciencia de su tenor, embestiré de nuevo, y mis afiladas astas trucidarán el burladero, alcanzarán al detrás parapetado y os mostrarán de nuevo y más la horrorosa verdad, sin parapeto de  fragil burladero, sin que algo os burle u y de la gente se burle, que de vosotros, no de mí (porque no puede) hace burla el embozado. “El viejo desvergonzado, hace, al niño, mal hablado”, decía mi encantadora y Señora Madre, un refrán de su tierra natal onubense, dominio antaño, del gran Duque de Medina Sidonia, amigo yo de la revoltosa Duquesa, más macho que hembra.

Aviso a navegantes: Cuando veas las barbas de tu vecino o delegado cortar, echa las tuyas a remojar.
Cánon 384
El Obispo diocesano atienda con peculiar solicitud a los presbíteros, a quienes debe oír como a sus cooperadores y consejeros, defienda sus derechos y cuide de que cumplan debidamente las obligaciones propias de su estado, y de que dispongan de aquellos medios e instituciones que necesitan para el incremento de su vida espiritual e intelectual; y procure también que se provea, conforme a la norma del derecho, a su honesta sustentación y asistencia social.

Medita con las luces que te queden: Si me vistes con camisa, y dejas sin calzón el pudiendo resto ¿Cumples, Padre?. Si no matas dubitáneamente de inanición, pero le haces pasar hambre años y en su vejez, …  Si no lo dejas absolutamente sin comer, a tu hijo débil y enfermo, pero le haces padecer el mismo habré a la mitad rebajada, más constante, eficiente, debilitante, mortal a la corta o a la larga, si bien segura en su procurafuría de morbo y funesto desenlace ¿Cumples, Padre? ¿Cómo? ¿Dejándome desfallecer malalimentándome, continuando el atormentador gusano del hambre que, por ingerir tus migajas, se prolonga indefinidamente? ¿Qué ley fuera esa que así cumpliese? ¿La de Cristo cuando ordenó dar de comer al hambriento? ¡Quiso decir: “Dad de comer BIEN al quien pasa hambre porque no coma o no esté bien, suficientemente bien alimentado”!, Mas ¿Cómo entender bien ese bien quien bien no tiene y es bien  malo?   Entenderá cual bien el mal, el mediomal, y al bien cual mal.     Una mitad iluminada no ilumina la mitad tenebrosa. Ni la luz del Arcángel luce a Satanás. O se extiende la luz, de la primera a la segunda, y obtendrás recompensa, o en el hemisferio postergado reinará siempre la obscuridad, por la que se te pedirá cuenta, si no yo, Aquél que me ha envías o para esto darte. Agradecería, si bien lo lo parezca a los de dura cerviz, la mitad de bien que la buena y en mal personalmente soprepujada mital me hiciere, y mucho más aún, si cumplidamente vumoliere el grabísimo precepto moral que en mucho.maligna y mezquina ente ha vinculado durante años, y sigue sin cumplirse cabalmente.  Agradezco unhasta un cuarto de beneficio sin oficio, ¿Cómo empero, agradecer, sin ofender a la divina Justicia, los tres cuartos de mal corrosivo y escandaloso? ¿Qué seguirá pensando y diciendo – en tu justa deshonra y del Episcopado de tu “iglesia moderna” y opusdeísta – el pueblo llano, cuando entre mendigos y delincuentes me vea hambriento aparecer poniéndome a la cola de la sopa boba, y liarme a puñetazos con negros y motos de mal vivir, si, comiendo ellos de la iglesia caritativa, vilipendien, como lo han hecho delante mía, la Iglesia de Cristo y nuestra anta Fe? ¿Quién pierde más? ¿Yo, o …?. Así pues, mitad agrsdecido, os hago la merced de hablar verdad que mueva al bien tu conciencia. Ni es codicia lo que me mueve a declamar furiosos versos, ni Conciencia, Oráculo de Dios, permíteme cerrar la boca y no exigir, para Sacerdocio y Clerecía católicos, cuanto de íntegramente necesitan y no tienen como y en el grado que es menester, que paea þú justificación completa necesitas siendo necesario proveas en Nombre y Representación de Nuestro Dios y Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Recuerda verdad con beldad declamada fuerte, que’ “Dar a un desdichado vida, es dar a un dichoso muerte.” y desta suerte vehemente, desgraciadamente aún se justifica la presencia de la presente, porque a crear la dicha y decoro necesarios no basta la vida, es menester  restituya Su Excekencia Reverendísima, y no simplemente tú, el bien que el Obispo como tal debió siempre, con perfecta adhesión de tu persona humana, dar, no migajas, sino hogaza, a su súbdito Sacerdote y Clérigo inocente que nunca hubo de ser tan inaudita y sumamente ultrajado, de tan artera manera inválidamente  penado. El Obispo Propio de su víctima debe “sub gravi” dispensarle todo el  bien que le  impides todavía, no obstante tan necesario para dicha y decoro indispensables del Sacerdote católico y Clérigo de nuestro Dios y Señor Jusucristo, que esto te dice, y en consecuencia te manda. Enhiestas permanecen pués, todavía, lamentablemente para entrambos, por fuerza de la irrenunciable e íntegral justicia, en lo espiritual y en lo material, la tremenda católica sentencia : “Agradéceme a mí, que yo no cobre de tí, pues eres tú mi deudor”. Usque tandem, Yanguas, patientia nostra abutere vís? Usque tandem, Yanguas, “Opus Dei” contra vera Opera Dei miles et gravia delicta patrans, gravissimum munus tuum INTEGRUM, vel salten sufficiens inservatum videre debemus?. ” Hl. Michael und der Teufel zusammen bereit sind gegen dich zu stürmen. Si warten noch, aber nicht lange, auf deine Bekehrung und vollständige Wiedergutmachung. Bald, wenn du sie unterschächetzst, werben sie zu dir vorwärts gehen!.” Puede esto decirse en muchas lenguas, pero, si no se entiende la del Espíriti, inútiles son, y cuanto la lengua de carne pronuncie, o la mano escriba.

Honestidad,, ¿No quieres saber lo que es, mas sabes qué es, que tu víctima es? . “Honesta Sustentación”  es lo que quiere la Santa Iglesia para su Sacerdote y Clérigo, cuyo estado canónico de Consagración especial a Diós resísteste a reconocer, venerar y respetar. No sólo sustentación, sino también honesta, hacerla honesta, para honestidad del Sacerdote Clérigo, y de toda la Iglesia. Extiende pués, Excelencia Reverendísima, que subyaces, la generosa, dadivosa;×sacia al hambriento, y quien te reprochaba perdonará ese delito, que mayores sin castigar ha soportado; te ensalzará ante todos como reparador de males: el ajeno y el propio; que aún pareces no saber que mi mal es mucho más el tuyo que el mío, el mal que a tuerto me haces. Más desdichado es el criminal, que su víctima inocente, en peor estado se pone la persona que delinque, que aquél en que pone a su víctima, sentenciaba sabiamente Sócrates, maestro pagano, a cuya bondad no te acercas. Trabaja para tu perdón, reparación y honra, y no para avaricia tuya, u hostilidad militante hacia tus hijos de Gracia.

 

Descubriré cómo los elogios de infovaticana, tanto los expresos, cuanto los tácitamente presupuestos, a favor de Yanguas, no le corresponden con la autenticidad y entereza  con que ese antiguo alumno del Seminario de Sevilla y siervo del moderno Vaticano se los atribuye como dignamente llevados por ese escandalizador, y revelaré los contrastes que con toda evidencia me conste, a través de la revelación de mi experiencia, ella sola canto wagneriano de excarnio emanante de la realidad del Yanguas, cipayo oficial de la enemiga de Europa: la judeosionista perversa “UE“, con cuyo “fomes” pestífero para la Iglesia y la Patria que ofende, agrede al inocente, se choca contra la Clerecía que pretendió aniquilar con odio, para destruir la honrada que él desmerece, participada en el Sacerdote súbdito suyo, por serlo primero del Vicario de Cristo, al mismo tiempo que el altanero prelado se vanagloría  en la misma clerecía, como si fuera nada mía, sino suya, para afrentar deste modo al Dios al que “predica con los labios, mas no con el corazón” ;  a anonadarme y depotenciar mi verbo teológico, filosófico, político, historiador, y de Ministro Público de la Iglesia, Predicador  de la Evangelización de que es mortal enemiga  la mal llamada “nueva evangelización” (a que este infame dedica su palabra, crueldad, doblez y vida); ¿Evangelización? No ¿Nueva? Sí, pero treta, no Evangelización pues no puede serlo, ca la auténtica no es nueva, sino la misma desde su divina institución bimileianaria, y fue, es y será la mesma siempre.

Protegido tras sus pedisecuos serviles, fiscal y escrivano de intriga, urdió y decretó con absoluta nulidad y en vano, aniquilar la y mi Clerecía, a que  –  aun siendo la misma dél la que odia en mí a quien odiaba y odia, desde su almenar judío –   ama soberbio en su estado y oficio deshonrados al usar contra ella ardides antieclesiásticos, perpetrados contra Cristo, Dios y Padre nuestro, e Iglesia Católica, ya que con felonía contradijo de imfamucho hecho la doctrina del Divino Maestro, la cuál, en mi persona y víctima deste desaprensivo peón de la judía UE, despreciaba, haciendo  burla, encubierta y cínica, de la  católica disciplina y Sagrados Cánones, perpetrándo así íntimo agravio a mis padres, mi ser, hijo dellos, mi Sacerdocio católico y dicho estado Clerical que como se ve,  mantiene, el suyo, hipócritamente orgulloso  el ofensor que combate al ofendido, Sacerdote de Jesucristo que álzase contra tirano despreciador y pretendido anonadador de mi condición de súbdito personal del Obispo Diocesano de Cuenca, cuya persona pasajera  mal-opusdeísta de tan venerable cargo histórico, hácese ariete impío contra el Derecho, mi dignidad natural éticamente irreductible, mi honor y mi honra como ser humano, cristiano, Sacerdote, Clérigo de la Santa Iglesia de nuestro Dios y Señor Jesucristo, y  súbdito eclesiástico honorable de Su Santidad el Pastor Supremo de cuanto de Cuerpo Místico del Redentor habita viador la Tierra.

 

Ricardo de Perea y González, Sacerdote de Jesucristo Cabeza de su Una y Única Iglesia, Santa e Inmaculada; Presbítero de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, súbdito prioritariamente de Su Santidad el Papa, o sea, por encima de cuantos le están por debajo; Clérigo conquense, por incardinación en la Diócesis de Cuenca, desde la recepción del Diaconado “brevi manu” de Su Excia. Rvma. Mons. Dr. Don José Guerra y Campos, el 20 de Marzo de 1982. consagrado Sacerdote Presbitero desde la imposición de episcopales manos e intención sacramentaria eficaz, por dimisorias de las Sagradas manos de Su verdadera Excelencia Reverendìsima el Doctísimo y valerosísimo Obispo Conquense, Doctor en Sagrada Teología por la Pontificia Universidad Pontificia Gregoriana de la Urbe, Monseñor y gran Señor, Don José Guerra y Campos, exCombatiente de nuestra Cruzada Europea en la Española, antiguo Diputado en Cortes del Movimiento Nacional, elocuente Predicador, eninente escritor, sagaz Clérigo, agudo pensador, de cuyos agravios infligídoles por gente como Yanguas véngome santa y cumplidamente. “Mía es la Venganza” dice el Hacedor, y Yo, “Alter Christus” para esto, quédome en que Él la haga, yo por Él premovido.

“mas ya informado estoy de quien soy, y sé que soy un compuesto de hombre y fiera”.

“…en desdichas tan graves,

              la política he estudiado,

              de los brutos aprendido,

              advertido de las aves,

              y de los astros süaves

              los círculos he medido. …

soy un hombre de las fieras y una fiera de los hombres  …

entre mis membrudos brazos

te he de hacer pedazos …          donde miserable vivo,               siendo un esqueleto vivo,        siendo un animado muerto” …, pues ” a rabia me provocas    cuando la luz del desengaño tocas”. Brote en tu pesadilla la pregunta turbadora : “¿A quién he despertado, a qué insólita criatura mi inicua hazaña? “¿Qué incógnito fenómeno es éste, que no hay muro, ni cadena, ni ley, que lo contenga de alcanzarme con invencible furia?”. Respóndente el Cielo y el infierno, pero no querrás oirlos, sólo la memez de tenerme  por demente te será alivio tribial y efímero. Demasiado grandes aquellos a que agravian tus sacrilegios, gigantescos los que, sin desearlo tú, impulsaste a que me impelan, como para que dicho alivio de necio te hiciera liviano soportarme y se hiciese bastante.

“Si el verte muerte me da, el no verte ¿Qué me diera? Fuera más que muerte, fuera ira, rabia y dolor fuerte, fuera vida”: la fantasía de verme Clérigo sin cadenas de la pena, sin acusador episcopal en tu abuso de juez sin juicio pero sí condena abyecta tiranica y calumniosa, la que pena vanal y vanamente, pues ni tú ni nadie ha logrado destruir lo que ansiaste ver aniquilado. Pequeño hombre de episcopado, con misérrimo rango de devenida árida diócesis, en vano decretaste anular mi Clerecía.  ¿He de agradecerte la vida que me consientes? No, padre uránico, no, pues ” dar la vida a un desdichado, es dar a un dichoso muerte”… “que vida infame no es vida” … ” mas yo, con el fuego de mi espada, dejaré mi honor tan limpio, que pueda mi vida luego, atropellando peligros, parecer dádiva tuya”. El temerario “tema el acero bruñido…” de mi lengua gladial, y mordientes sospechas, armadas de incisivos y caninos, dientes albos cancerbéricos, entorchados de invencible Razón, en clásicos criterios menochianos “De praesumptionibus”, ungidos, a mi doloroso pesar, con tósigo de hiel que has hecho hervir en mi pecho, hiel negra como la noche, espumante cual de fauces de perro rabioso.                                     Jure Dios por Sí, pues díceme que no puedo, venganza. Cóbresela con su Divina Mano, mas dígnese clemente usar la mía guantelete suyo, con que golpee al  sacrílego inhumano que vanagloríase del título pretencioso de “Opus Dei” (“Obra de Dios”), cuando de Dios la Obra sólo es la de Él, no la tuya impúdica y macabra que vinculas a tu Escríva. Cubra guante de hierro la Mano Soberana, “en ella jure su venganza, que adopto mía, aunque fuese contra el enemigo más poderoso, a quien sirves y te asistiere”. ¿Por venrura juzgas leal a tu señor Satanás? Enemigo del género humano al que perteneces, y aunque no sea déste último, amigo mío es mi enemigo, si, más que de mí , enemigo se torna de mi enemigo en inmediata lid, en que la típica diabólica gratitud aferra a quien ya le ha prestado el mayor servicio. A vos, pues, Príncipe del averno, en la parte que ni leal seais a vuestros siervos, ni amigo del género de mi ofensor que no obstante cumple vuestras consignas, póneos Diós a mi lado, con Dios de mi parte, ángel mortífero, gran Enemigo de mi enemigo en lucha abierta, lanzaos con vuestro Fenris al adversario mío y pecio vuestro. Sed consecuente con vuestro mundano y ardiente principado y devorad a vuestros fieles, como él devora vivos a sus hijos, tras haberles hecho impía impudicia.                                    Por ende, Vos, Arcángel glorioso que sosteneis fuerte la cadena del can del Diablo o Locki, Fenris, ese perro, amigo mío, que aliméntase sólo con la sangre de los cobardes, aflojad Vuestra diestra, soltad la cadena hasta que ese hermoso gorgón, inofensivo al valiente, alcance el cuello de quien sirvió al angélico Pr(ncipe enemigo, al que sirve fiel, y contumaz a lo peor que hizo. De tal guisa pagarán siempre los monstruos a sus serviles humanos.                          “Mi honor es el agraviado, poderoso el enemigo, … descubra el cielo el camino, …” ¿”Cómo a tu Patria le has hecho tal traición, que me ocultaste a mí, pues que me negaste, contra razón  y derecho este estado [clerical]?”  … “Traidor fuiste con la ley, lisongero con el rey, y cruel conmigo fuiste”, … “¡Y vive Dios! Si os poneis delante vos [tú, calumniador] , que os eche por la ventana”. ¿Sedúcente quizás los estériles e impotentes genitales de niños y niñas, y no te atreves a hundir en tu corazón el puñal ladino con que alegremente has atravesado el mío?

¿No habría sospechado de tí mi Camarada y Correligionario, al que detestas, Usía el Docto Doctor Vallejo Nágera, con sólo examinar tu exacerbación de ensañarte contra quien cogiste débil, en luto por su amada Madre, aparente inofensivo, a quien resueltamente molesta la presencia infantil? ¿Responderás tú? No ¡Contestará el orbe en que siembro lanzas que te puncen y picas que te traspasen !.

“¿Y quién os mete conmigo a vos?” El régimen y “tu Papa” , que no ha satisfecho vuestro diabólico anhelo. De  “vos” os trato por fuerza de la letra calderoniana de un gran Sacerdote español que cito; pues sólo a Su Excia. Rvma. Mons. Guerra, de feliz memoria, y a los como él, doy tal tratamiento, no a tí, primer encadenador alcáide desta prisión que con las seducciones del Diablo y tu odio levantaste en torno a mí. Sutiles muros para mí los gruesos que construiste, de mi paladar emerge el llameante gladio que los carboniza y derrumba por la parte de donde salgo a alcanzarte “que el más fuerte a su natural responde”. “Un padre que  conmigo tanto rigor sabe usar, que con condición ingrata, de su lado me desvía, como una fiera me cría y como a un monstruo me trata, y mi muerte solicita, de poca importancia fue que los brazos no me dé, cuando el ser de hombre me quita.” ¿Creíste que sin brazos de abogados que pedí y no proveiste, indiferente a mis petición frustrada y ulterior cortés queja, y sin los brazos del reo que  ser no me dejaste, me puedes? ¡Oh diminuto humano metido en dignidad episcopal que ningún hombre merece, ca no por merecimiento natural otorgóse a humanos Sobrenaturaleza!. No me eres rival de talla, ni inocente tú, que no lo eres, ni hundido en tu horrendo “canónico” crímen : sumo horror del ultraje que consumaste contra la Divina Eucaristía, el Sacerdocio de Cristo y un Clérigo de Dios. Tú, obstinado, con escandaloso silencio mantienes, sin demandar perdones, la atrocidad que gritando divulgo al universo mundo, la defiendes contra el Cielo y contra mí. Tu natural, que justamente menosprecio, no te basta a serme campeón adverso, ni peón útil de Beelzebú, que ya lo fuiste en la sima a que te condujo, y sube ahora hacia la cima en que pagar con desprecio al que le hizo caso en el punto crucial. Tú, diminuto en ánfora de oro luminoso (Episcopalidad), la cuál, en vez de iluminarte, encandílate y ciega, para hacer contrariamente a aquello por lo que se te regaló los tìtulos que con tu conducta inauditamente ofensiva contra mí en cuanto de más y sagrado conllevo, denigras.

Acaso supones ver aquí cumplida la cúspide desta reprobación y postre de los agudos filos desta espada? No, no, “aun no estoy vengado del modo injusto con que me has criado”.   https://ricardodepereablog.wordpress.com/2019/06/22/%d1%81%d1%82%d1%80%d0%b0%d0%bd%d1%8b-%d0%b7%d0%b0%d0%bf%d0%b0%d0%b4%d0%bd%d0%be%d0%b9-%d0%b5%d0%b2%d1%80%d0%be%d0%bf%d1%8b-%d0%b4%d0%be%d0%bb%d0%b6%d0%bd%d1%8b-%d0%be%d0%b1%d1%8a%d0%b5%d0%b4%d0%b8/

Guerra me ordenó, a aprender Guerra dedicóseme en la Real Academia General del Ejército del Aire, guerra hicísteme y hácesme, guerra tienes, guerra te doy,

<<Guerra clamó ante el Altar

el Sacerdote con ira;

¡Guerra! repitió la lira

con indómito cantar;

¡Guerra! gritó al despertar

el pueblo que al mundo aterra.

Y cuando en hispana tierra

pasos extraños* se oyeron,

hasta las tumbas se abrieron

gritando ¡Venganza y Guerra!.**

( * del sinistro de la extrangera UE)
[ ** Verso de Don Bernardo López y García, al 2 de Mayo de 1808, una de las “décimas dignas de esculpirse en bronces y tallarse en mármoles, para que las aprendan de memoria todos los que sientan correr por sus venas sangre española”, MRP. Don Gabino Márquez, S.J., extremeño, Catedrático de Etica de la Universidad de Granada, “DEBERES PATRIÓTICOS explicados a los niños de primera y segunda enseñanza “, Madrid, 1940, pág. 53).

¡Ábrete tumba de mi bendita Madre, de quien habló y de mí un Mar de maldad de nombre judío, sobre el que navegó el siniestro buque sectario de “Coudengove-Calergi“!

Exurge

   Exurge, 

   Exurge

    Funus”! 

de la tumba obscura, materna, 

volad gaseoso sutil silencioso, surcad selvas, sierras, tierras arrasadas de noche muda, alcanzad esa alcoba, aposénte, aposéntate, aposéntate en ella. No haya conjuro ni sorgilegio que os emule, ni exorcismo que os pueda, pues Cielo te suelta e Infierno te aprueba. Yo, espíritu en carne viva de carne muerta, os evoco, “Ek Efylar” , trazo runas en hierro, húndolas bocabajo en negro cieno. Cobrád, tiniebla invisible astuta, tanto divina venganza por sacrilegos, cuanto presa para el tormento deleite del Demonio.  No se os vea, no se os crea,  créaseos inexistente, guardáos escondido en todas partes y obrad como si no lo hiciéseis, que insospechada vuestra existencia, desapercibida vuestra presencia, no habrá nada de afrontar cuando lentamente sofoqueis en misteriosa angustia, en sombras impalpable e implacables. 

Exurge

   Exurge, 

   Exurge

    Fune”

Ex tumba et sepulcro Matris mortae meae !. 

¡A mi mente, oh huesos muertos, de mis vivos huesos, sed otro arma de Sansón, y mi clava de Hérkules,  Héroe Señor mío; séame espada “Memoire du Sang“, fiel de la balanza que la fabulosa “diosa” “Justicia” de vendados ojos sostiene en su diestra. Cáiga su tizona puntiaguda do ha de clavarse, si la Divina Providencia me otorga cortar el hilo de Damocles, cuando éste pone otro hilo más sutil del que pende otra su espada, día y noche.

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FONS: http://infovaticana.com/2013/09/23/quien-esjose-maria-yanguas-sanz/

Obispo de Cuenca. Miembro del Opus Dei.

Nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. En 1971 terminó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Calahorra.

Fue ordenado sacerdote el 19 de junio de 1971 para la diócesis de Calahorra.

Comenzó su ministerio sacerdotal como colaborador en varias parroquias de Logroño, entre 1971 y 1972. Desde ese último año y hasta 1989 se dedicó a la docencia en la Universidad de Navarra, por la que es doctor en Teología (1978) y en Filosofía y Letras (1991).

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Fue profesor de Teología para los universitarios de las Facultades Civiles, de 1972 a 1976; profesor adjunto de Teología Dogmática, de 1976 a 1981; profesor adjunto de Teología Moral, de 1981 a 1989; y miembro de la “Dirección de Investigación” de la Facultad de Teología, de 1988 a 1989.

En su estancia como profesor de la Universidad de Navarra escribió varios libros, como:

  • Pneumatología de San Basilio : La Divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo
  • La intención fundamental: el pensamiento de Dietrich von Hildebrand, contribución al estudio de un concepto moral clave
  • La conciencia : norma subjetiva suprema de la actividad moral (traducción y presentación);
  • Ética: cuestiones fundamentales (versión española y prólogo)
  • La fe como camino: contribución al “ethos” cristiano en el momento actual (Cardenal Joseph Ratzinger; traducción de José María Yanguas).

Ha publicado además numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988.

obispo-cuenca-4Esta labor docente la compaginó con la colaboración pastoral en la parroquia S. Nicolás en Pamplona durante el año académico y en varias parroquias de Logroño durante las vacaciones de verano.

D. Santiago Cañardo, actual párroco de San Nicolás, que coincidió en diversas ocasiones con Mons. Yanguas en Navarra, comenta de él que “tenía gran cariño por los sacerdotes, en especial por los mayores, y se preocupaba por ellos en lo humano y en lo espiritual. También lo traté en Roma en mis dos últimos años de estudio. Es un hombre muy cariñoso, afectivo y de gran calidad espiritual”.

Desde el año 1989 Mons. Yanguas Sanz estuvo al servicio de la Santa Sede primero como agregado y luego, desde 2001, como jefe de oficina de la Congregación para los Obispos.cuenca-papa-francisco-evangelizadora-latinoamerica_tinima20130314_0819_5

El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad y Jefe de Oficina de la Congregación para los Obispos, en donde permaneció hasta 2006.

El Papa Benedicto XVI lo nombró obispo de Cuenca el 23 de Diciembre de 2005, en sustitución deRamón del Hoyo.

“Durante sus años en Roma también mantuvo una intensa y constante actividad pastoral, caracterizada por una especial dedicación por la gente joven y los sacerdotes“, comentó al conocer la noticia de su nombramiento episcopal César Izquierdo, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Seis años después resumía su experiencia como obispo con estas palabras: “entrega, trabajo, ilusión y esperanza.”

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[¿Te gistan, verdad? “Cree, el ladrón, que todos son de su condición””] 

Para Yanguas, el momento más feliz de cada año son las ordenaciones sacerdotales, aunque el seminario sólo cuenta con 8 candidatos al sacerdocio, y es algo que alerta a don José:

La relación entre población y número de sacerdotes nos permiten contemplar el futuro inmediato sin angustia pero sí con una cierta preocupación. Quien más sufrirá la disminución de sacerdotes serán las parroquias que cuentan apenas unas pocas decenas de habitantes. Hasta ahora, se ha podido celebrar durante el fin de semana la Santa Misa en todas las parroquias de la diócesis.”

Defensor de una concepción del ecumenismo, no dudó en ceder una iglesia de la diócesis para que los ortodoxos de Tarancón, la comunidad más numerosa, celebrara su sagrada liturgia.

visita-obispo-cuenca-rEn la CEE es miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (desde 2005) y de la de Seminarios y Universidades desde 2008.

Se refería al aborto con estas palabras: “La Iglesia está a favor de la vida y al lado de las personas que sufren. Su juicio de sobre el aborto es de sobra conocido. El Concilio Vaticano II califica dicho acto como” crimen abominable”, y nadie puede esperar que el juicio de la Iglesia cambie, ya que es la misma ley de Dios la que está en juego: ¡No matarás! De ahí que se entienda bien que los cristianos y cualquier persona que entienda el valor absoluto de la vida de un ser inocente deban empeñarse con todas sus fuerzas en eliminar toda ley que trata al prójimo, también al no nacido, con gravísima injusticia. Si aquí y ahora no puede eliminarla, tratará al menos de limitar su alcance, dejando claro que considera todo aborto directo y voluntario una injusticia y una gravísima ofensa a Dios . Ningún hombre o mujer es dueño de la vida de un inocente.”

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También se ha pronunciado abiertamente sobre la educación para la ciudadanía, y la conveniencia de su eliminación:

“Formar a los niños, adolescentes y jóvenes para ser buenos ciudadanos es tarea ineludible de una buena educación. Dicho esto, pienso que la eliminación de la actual asignatura de Educación para la Ciudadanía, tal como está pensada y tal como se contempla en no pocos libros de texto, era algo debido. Por sus carencias y por algunos graves errores en la concepción del hombre y de la sociedad que contribuyen a deformar las conciencias de los más jóvenes.”

No quiere irse de Cuenca porque, dice, aun le quedan muchos frentes abiertos:  “En el campo de la educación, en la promoción de las vocaciones, en el desarrollo de la pastoral juvenil, en la atención a la familia y en el cuidado de la preparación al matrimonio, en la pastoral de la cultura y del mundo universitario, en la instrumentación de espacios de diálogo fe-cultura, en una mejor formación del laicado, en la creación de una casa diocesana de espiritualidad…”

En una entrevista para Zenit consideraba que los pilares de la formación espiritual en el seminario deben ser las virtudes, humanas y cristianas, comunes a todo discípulo de Jesús.

“Un candidato al sacerdocio debe procurar adquirir virtudes como la sinceridad y la sencillez, con un rechazo instintivo a la doble vida, de todo lo que es falso, inauténtico, postizo; el espíritu de trabajo; el sentido de la amistad, sincera y abierta, sacrificada y generosa, fundamental para vivir el sacerdocio dentro de un presbiterio y en el seno de una comunidad; el espíritu de servicio, necesario para quien ha de darse incansablemente a todos; la reciedumbre de ánimo y la capacidad de sufrimiento, el “aguante”, podríamos decir, para no doblarse ante las dificultades y los obstáculos, para saber trabajar a largo plazo sin esperar fáciles éxitos inmediatos y no desanimarme ante posibles fracasos.

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Además, es claro que el candidato al sacerdocio debe tener la necesaria formación teológica y moral, canónica, litúrgica y pastoral; poseer experiencia viva del Dios que se nos revela en Cristo y que se cultiva en el diálogo vital de la oración personal, pública o privada; sentido sobrenatural que lleve a enjuiciarlo todo a la luz de Dios; afabilidad y sentido de paternidad que moverá a tratar a todos con sincera y madura cordialidad; optimismo sobrenatural que infunda en los fieles alegría y confianza.

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También, sentido de responsabilidad, creatividad y espíritu de leadership de quien se empeña, de mil maneras, en servir la Palabra de Dios a sus hermanos, en acercarles a las fuentes de la gracia que son los sacramento, en guiarlos por los caminos de una vida auténticamente cristiana.” [ ¿Cómo se puede ser tan hipócrita? ¿Frentes abiertos? El mío los preside.]

Para Yanguas el director espiritual debe procurar encaminar al candidato hacia una vida afectiva madura, y una vida afectiva madura exige una visión del hombre que responda a su verdad sin reduccionismos, dualismos o visiones parciales. Requiere el conocimiento del verdadero ordo amoris, de la escala de bienes que merecen ser amados. Pero pide también fuerza, voluntad, capacidad para poder seguir y vivir ese ordo.

Fue uno de los primeros obispos de España que celebró la Eucaristía según la forma extraordinaria, lo que le valió alguna crítica.

Yanguas Sanz, celebrando lo que parece ser una Misa, junto a las tablas que pertenecen al Rito Tridentino y al juanventritesino en que, por la apariencia citada y la de la alzada de la casulla, habida cuenta del oficialismo externo que profesa dicho Yanguas, estaría oficiando éste durante la foto. Enemigo interno profundo del clasicismo tridentino y del espíritu del Concilio de Trento y del respeto esencial y escrupuloso del Derecho Natural como lo concibe la Iglesia Tradicional Católica, el Derecho Constante de la Iglesia Católica, el Derecho Clásico de la Misma, el Derecho Común eclesiástico y el Derecho Canónico especial, sobre todo el del Motu Proprio "Sacramentorum Sanctitatis tutela", dudo que en esa ceremonia tuviese verdadera y gozosa intención de consagrar. En espíritu y carne propia, como representante del clasicismo católico y apologeta practicante del Rito Tridentino, he sufrido de Yanguas los más descomunales e inimaginables ataques y abandonos de deliberada gravísima incuria eclesiástica que haya yo recibido en toda mi vida como Sacerdote de Jesucristo y su Iglesia. Antes de subir las gradas del Altar y celebrar el más santo de los Sacrificios hay que ponerse en paz con el hermano al que has vejado, y, si aún lo embistes con furia y tremendos actos, con protervia, o bien con empecinamiento en esa guerra, más te vale abstenerte de celebrar. Ya atacar gravemente a un Sacerdote y Clérigo católico como lo he sido y lo soy, es sacrilegio. Acercarse, con éste mantenido consciente y libremente, a celebrar el Santísimo Sacramento de la Cruz es añadir otro sacrilegio al que fundamenta el segundo.

Yanguas Sanz, celebrando lo que parece ser una Misa, junto a las tablas que pertenecen al Rito Tridentino y al juanventritesino en que, por la apariencia citada y la de la alzada de la casulla, habida cuenta del oficialismo externo que profesa dicho Yanguas, estaría oficiando éste durante la foto. Enemigo interno profundo del clasicismo tridentino y del espíritu del Concilio de Trento y del respeto esencial y escrupuloso del Derecho Natural como lo concibe la Iglesia Tradicional Católica, el Derecho Constante de la Iglesia Católica, el Derecho Clásico de la Misma, el Derecho Común eclesiástico y el Derecho Canónico especial, sobre todo el del Motu Proprio “Sacramentorum Sanctitatis tutela”, dudo que en esa ceremonia tuviese verdadera y gozosa intención de consagrar. En espíritu y carne propia, como representante del clasicismo católico y apologeta practicante del Rito Tridentino, he sufrido de Yanguas los más descomunales e inimaginables ataques y abandonos de deliberada gravísima incuria dolosa eclesiástica que haya yo recibido en toda mi vida como Sacerdote de Jesucristo y su Iglesia.
Antes de subir las gradas del Altar y celebrar el más santo de los Sacrificios hay que ponerse en paz con el hermano al que has vejado, y, si aún lo embistes con furia y tremendos actos, con protervia, o bien con empecinamiento en esa guerra, más te vale abstenerte de celebrar. Ya atacar atrozmente a un Sacerdote y Clérigo católico como lo he sido y lo soy, es sacrilegio. Acercarse, con éste mantenido consciente y libremente, a celebrar el Santísimo Sacramento de la Cruz es añadir otro más al que fundamenta este segundo.

 

Soy libre, ¡LIBRE! Vivo, y muerto, contento y triste, hostigado y tranquilo, saciado y hambriento, con dinero y sin él, rico (me gustaría serlo) e indigente en la situación anticatólica, canónicocriminal y miserable escandalosa en que el calumniador opusdeista Yanguas Sanz, ocupante de la Sede Episcopal Diocesana Conquense, y elemento de la judeorevolucionaria UE me ha puesto para perpétuo escarnio suyo, sin él querer, no obstante, otra cosa que el mío.*

Serás famoso por mí no por ser un mediocre prelado de la diócesis devenida la más árida, desierta e inapetecible de España, Diócesis favorita para mí cual Presbítero sin ambición ni esperanza episcopales, pero cargo aborrecido por ambiciosos de altas prelaturas y para arribistas episcopales en jerarquía de honor y rango para obispos. Ni serás famoso por tu mediocre enseñanza de mediocre maestro, ni por tus andanzas en la enemiga de Europa : la UE, a que perteneces como funcionario, sino por mí, por lo que has hecho y haces contra el Sacerdocio de Jesucristo, contra el Tradicionalismo Católico,  y ello en mis carnes y persona sagrada que profanas sin arrepentimiento ni rubor manifiestos. No por tus  bondades y méritos, sino por tu magno crimen eclesiástico múltiple y nefando, iniciado con el aprobechamiento de una cumplida extorsión antifraternal en disputas de herencia materna, y seguido de tu oportunista farsa, ordenada por truanes hasta hace pocos años funcionarios vaticanos, que eran  antitradicionalistas, antifascistas, antinacionalsocialistas, antirracistas y projudíos, secundados por tí, su “tovarish”. LA FARSA TOTAL de un inexistente proceso administrativo penal canónico, al típico estilo favorito judeomasónico, …
por todo eso, de que aún me queda mucho que revelar y explicar para mi honra,  serás conocido para siempre en el mundo entero.
Por sus obras los conoceréis” y “por mí te conocerán”

 

 

Prosapia soy del linaje apodado “los javatos” en Bollullos Par fel Condado de Niebla, del Ducado de Medinasidonia, de la más grande Grandeza de España. Mi abuelo materno era “Javato”. Los habitantes de ese pueblo llaman javatos a los javalíes adultos. ¿Sabes qué hace esa bestia pacífica, cuando lo hieres para cazarlo, pero no lo logras matar? Corre, desaparece de tu vista, y, cuando vas de regreso, te sigue procurando no te percates de su lance; una vez advierte la ocasión y lugar propicios, se embosca, y, al pasar tú por delante, arrójase sobre tí e hiende con furia sus colmillos en tu carne, resuelto, desde que lo heriste, a matarte, y, si puede, lo hará, exalarás tu último suspiro, a cáusa de la venganza de un cerdo salvaje, que era pacífico antes de herirlo, mas hase tornado feroz tras tu letal intención y disparo impreciso contra el animal que no te ofendía.
Adonis javalí

Si a la fiera no contuvo la belleza de Adonis ¿Te imaginas que podrá hacer frente a esos colmillos y su furia tu mediocre fealdad? (Y con el epíteto”mediocre” te agasajo, ya ves cuán generoso soy, suque de mis incisivos y caninos del javato ahora crecidó no te libras.

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Toma el mordisco que los hados divinos providenciales te deparan, que no se injuria con tales voces a quien de Adonis la beldad ni merece, ni tiene.

“Javato” soy, oh cazador de tus propios hijos,  segundo “Urano”. Recuerda que ese dios de las fábulas consiguió devorar los cuerpos de sus propios hijos aún vivos, pero nada se dice de que pudiera hacer eso con javalíes que conservasen su vida y su fuerza. Al primer bocado te  atraganté, y ahora es la hora de la emboscada y mis dentelladas, por la memoria de mis padres, por la honra de mi Madre, por el honor de mi Clerecía que heriste queriendo cazarla y aniquilarla; por la fama enérgica del Sacerdote Católico y Carlista.

 

Te ladro y ladraré, por mi Hobor. Mis ladridos resonarán como Truenos en Cielo, Tierra e Infierno. “Por sus obras los conoceréis” y “por mí te conocerán”.

 

Escudo del Movimiento Rex, fundado por S.E. el General de las Waggen SS Señor Don León Degrell, Coronel del Ejército español, nativo belga walón, monárquico católico, y miembro número 1 de Falange Española Extrangera … .

.

 

 

” Mi Padre eres y mi Rey,

luego toda esta grandeza

me da Sobrenaturaleza

por Derecho de su Ley.

Luego, pues estoy en tal estado,

obligado no te quedo,

y pedirte cuentas puedo

del tiempo que me has quitado:

libertad, vida y honor.

Y así, agradéceme a mí

que yo no cobre de tí,

pues eres tú mi deudor. ”

Ábrase el infierno y vomite su fuego abrasador. Rómpase la cadena del furioso y formidable Satán. Irrúmpa en tus plácidos sueños, conviértalos en íncubos. Habite tu lecho y te abracen sus garras agijoneantes. Revuélvase contra tí aquél una vez Luzbel, a quien, tras su traición, excogiste libremente cual inspirador y señor.

Cuando profanas con tus ardides nefastos a una persona sagrada, ofendes a todo lo sagrado de toda persona a Dios consagrada. Cuando desprecias y vejas el Sacetdocio y sacralidad de un Clérigo, profanas a todo el Sacerdocio de todos y cada uno de cuantos hay Sacerdotes de Jesucristo, pues Uno es el Sacerdocio del Redentor, sea en El, sea en nos. Si anticristo eres con uno,  éreslo con todos y cada uno.

Me acusaste sin acusación tuya, me condenaste sin mostrarme ni una letra de la denuncia calumniosa y fratricida privada de un durante años ostentoso concubinario de mi sangre, corrompida fuera de mis venas, procurador de otro concubinario más, que paséase ostentoso de su estado estable fornicatorio, por los aledaños de la Magna hispalense. Decretaste máxima pena contra mi Clerecía, sin darme la oportunidad de defenderme, actuando tú como un bandolero que ataca a su víctima, procurándola inerme e indefensa. Te obstinaste en tu “maleficio”, desoyendo mi clamor por que al menos me dieses y respetases la condición infame de reo a que tenía yo Derecho Natural y Divino. Me atribuiste sin rubor crímenes de pederastia, sin mencionar qué víctimas todas, ni cómo, ni cuándo, ni dónde, y, cuando el pestífero Mons. Mar, de sospechoso apellido, afirmaba que perseguía yo a menores “para realizar el acto sexual” (“sic”), la monta y cópula – disparatada asquerosa ultrajantísima fantasía criminal de Mar-ea negra – ¡Oh pérfido entre los malvados según la Santa Ley que predicas a veces! – persististe en tu proterva condena. ¿Por ventura creíste que el poder del Diablo y tus escandalosos manejos alcanzarían al Solio Pontificio, para ejecutar la pena que impusiste, de modo que se hiciera real? Hasta el antaño Santo Oficio llegó el aliento de Beelzebú, más no dió Dios a Su Eminencia Reverendísima y a los suyos de la Sala IV el último impulso que habíais menester para ver cumplida la pena en mi espíritu y vida. No se atrevieron a lo que canónicamente podían: procesarme y ejecutar la pena que hubiesen sentenciado, tan sólo la decretó, sin osar ejecutarla, el “Molino triturador del trigo beneficioso” (“Müller”). Los de la IV decretaron una que no ejecutaron, pues remitiéronla a la persona física de Su Santidad. ¡Bellísimo Luzbel, veo tu imagen prístina, canon de toda belleza criatural, la más perfecta, … la perfecta! Mas, trocado en Diablo, tu fuerza no arrostra al Vicario de Cristo! Y, mientras esto válidamente  acaezca, héteme íntegro Clérigo de Su Santidad, Ministro Público de la Santa Iglesia de Nuestro Dios y Señor Jesucristo, que su rostro te vuelva, su mirada te retire el Último Día.

¡Protervos! ¡Oid de mí lo que sabeis y os estorba!: No podeis cancelar, ni destruir mi Carácter ontológico Sacerdotal, ni mi Potestas Ordinis Sacramentaria, ni aún cuando hubiéreis alcanzado la jurídica. Cada vez que quiera puedo consagrar hasta el más humilde trozo de pan, y el vino de menor precio; puedo y podré siempre, mientras viva piense y quiera, hacer de ellos el mismísimo Rey del Universo, transubstanciar en Dios Hombre al común elixir de la vid, y al humilde triunfo del trigo, nacido en bellas espigas doradas, rubias como el cabello de los Arios Nórdicos. Sean esos vegetales vástagos lanzas, sus remates alabardas, su Apoteósis sobrenatural el Arma más ínclita con que os combata, hasta lograr vuestra conversión, o vuestra derrota eterna.

Y tú Mar de mal. topónimo que judío, con tu estilo, señalan la imbatida sospecha,

calumniaste al Sacerdote consagrado a tu Criador que mantiene tu fétido exalar y tu lengua viperina.

“Que el mar océano,

Con su inmensidad

Evoque la sádica maldad,

Acuse en postrer Vista

Judicial

Fascista

Tus actos

del Fascio Aguila imperial

denuncie tus fastos,

Marcial

Los declare nefastos.

Vénzate de Kristo mi Cruz,

Y de la eswástica cegadora Luz.”

Ni uno solo de tus malvados asertos, condenas funestas, escandalosos ultrajes sobre mi vida en lances de robo, zoofilia, graves sospechas de parricidio contra mi ínclita piadosísima Madre en sus misericordiosas postreimerías fue creido por la Sagrada Púrpura y osada mente de tu jefe teutón renegado, que a tanta perfidia como arrojabas por tu apestoso “hocico” no atrevióse a dar crédito; no dió vigor de ley a más de setenta acusaciones infamantes tuyas, sospresivas cual de bandido emboscado, las de máxima vellaquería, maculando solemnes actos del más Alto Dicasterio Romano, deshonrando al Papado y  Su Santidad, de cuya largueza en darte elevado oficio abusaste para dañar persona del linaje espiritual del Hombre Hijo del Hombre y Dios, pues desde tu cargo pontificio atacas te, sin empacho, Sacerdocio,  sacracralidades, honra, verdad y vida del Canín. Y Tú, Molino pulverizador  –  si quería, pues podía –  de carne sacra (“Müller’, cesado de Prefecto del ya no pero otrora Santo Oficio), oye:

             “¡Ay mísero de mí, y ay infelice!
              Apurar, cielos, pretendo,
              ya que me tratáis así,
              qué delito cometí
             …
              Aunque si nací, ya entiendo
              qué delito he cometido;
              bastante causa ha tenido
              vuestra justicia y rigor,
              pues el delito mayor
              del hombre es haber nacido.
              Sólo quisiera saber
              para apurar mis desvelos
              -dejando a una parte, cielos,
              el delito del nacer-,
              ¿qué más os pude ofender,
              para castigarme más?
              ¿No nacieron los demás?
              Pues si los demás nacieron,
              ¿qué privilegios tuvieron
              que no yo gocé jamás?
              Nace el ave, y con las galas
              que le dan belleza suma,
              apenas es flor de pluma,
              o ramillete con alas,
              cuando las etéreas salas
              corta con velocidad,
              negándose a la piedad
              del nido que dejan en calma;
              ¿y teniendo yo más alma,
              tengo menos libertad?
              Nace el bruto, y con la piel
              que dibujan manchas bellas,
              apenas signo es de estrellas
              -gracias al docto pincel-,
              cuando, atrevido y cruel,
              la humana necesidad
              le enseña a tener crueldad,
              monstruo de su laberinto;
              ¿y yo, con mejor instinto,
              tengo menos libertad?
              Nace el pez, que no respira,
              aborto de ovas y lamas,
              y apenas bajel de escamas
              sobre las ondas se mira,
              cuando a todas partes gira,
              midiendo la inmensidad
              de tanta capacidad
              como le da el centro frío;
              ¿y yo, con  más albedrío,
              tengo menos libertad?
              Nace el arroyo, culebra
              que entre flores se desata,
              y apenas sierpe de plata,
              entre las flores se quiebra,
              cuando músico celebra
              de las flores la piedad
              que le dan la majestad
              del campo abierto a su huída;
              ¿y teniendo yo más vida,
              tengo menos libertad?
              En llegando a esta pasión,
              un volcán, un Etna hecho,
              quisiera sacar del pecho
              pedazos del corazón.
              ¿Qué ley, justicia o razón
              negar a los hombres sabe
              privilegios tan süave
              excepción tan principal,
              que Dios le ha dado a un cristal,
              a un pez, a un bruto y a un ave?”

“Ut sitis irreprehensi … filii Dei, inculpati in medio nationis pravae et perversae, in quibus splendetis sicut luminaria in mundo”. (Cf. Philip., II, 15)

Yo, el pequeño can de antorchadas fauces.

Postdata:

              entre mis membrudos brazos
              te tengo de hacer pedazos …
              donde miserable vivo,
              siendo un esqueleto vivo,
              siendo un animado muerto.

Acerca de ricardodeperea

Nacido en la Urbe hispalense, en el segundo piso de la casa nº 8 (después 18) de calle Redes, el 21 de Septiembre de 1957. Primogénito del Señor Don Ricardo María de la Salud, José Antonio, Isidoro del Sagrado Corazón de Jesús y de la Santísima Trinidad, de Perea y López, Iglesias, Rodríguez, Roldán, Gómez, Carrasco, de Montes, tenor dramático de ópera (que estuvo a punto de hacer la carrera en Milán. Se la pagaba Giacomo Lauri Volpi, pero tras tantos años en la guerra y el larguísimo servicio militar tras ella, en el Servicio de Transmisiones del Ejército del Aire en Barcelona, su Madre, mi Abuela, amantidima, no resistía tenerlo más tiempo ausente. Era el menor de tres: con hermano y hermana, ambos solteros), y pintor artístico; e hijo primogénito de la Señora Doña Josefina, también de nombre Armonía, de apellidos González y Valdayo, Pinto, Carrasco, modista y sastre ( para hombre y mujer) completado el aprendizaje del oficio, siendo aún niña, mas principalmente pintora artística de muy temprana (desde su primera adolescencia o a antes) y entusiata vocación. La infortunada mujer dedicóse tan abnegadamente a su familia y hogar, que poco pudo pintar, pero el Arte, el retrato de seres humanos, el dibujo y pintura artísticos realistas y clásicos fueron su ardiente pasión hasta la muerte, que la sorprendió delante de un óleo de su Santo favorito, San Antonio de Padua, pintura de Escuela barroca sevillana, y al lado de una copia, hecha por mi amado padre, de la Piedad de Crespi. Habiéndose encomendado diariamente a nuestro Dios y Señor Jesucristo durante meses, con su creada jaculatoria de "¡Ay mi Cristo, no me abandones", y con un Crucifijo al alcance de su vista, colocado, por su voluntad, constantemenre delante de su lecho, fué recogido su espíritu por Nuestro Dios y Señor, en el tiempo litúrgico de San José, su Patrón, al que veneraba muy especialmente. Sabía bailar sevillanas muy bien, de voz potente y sonora, verbo elocuente, simpatía arrebatadora y enérgico temperamento, muy contrario a las bromas. De modista sólo aceptó hacer trajes para la Nobleza. Su amadísimo y amantísimo primogénito, a quien ha dejado en un mar de lágrimas, fue seminarista en Roma, de la Archidiócesis de Sevilla desde 1977-1982, por credenciales canónicas de Su Eminencia Rvmª. Mons. Dr. Don José María Bueno y Monreal, a la sazón Cardenal, Obispo Residencial Arzobispo Hispalense, de porte señorial, pero favorecedor de herejes. Conmigo hizo excepción varios 5 años. Alumno de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma, 1977-1982, 1984, por encomienda del mismo Cardenal Arzobispo. Bachiller en Sagrada Teología por dicha Universidad (Magna cum Laude), donde hizo todos los cursos de Licenciatura y Doctorado en Filosofía (Summa cum Laude), y parte del ciclo de licenciatura en Derecho Canónico (incluido Derecho Penal Eclesiástico) (S. cum laude). Ordenado de Menores por el Obispo Diocesano de Siena, con dimisorias del Obispo Diocesano Conquense, Su Exciª.Rvmª. Mons. Dr. en Sagrada Teología, Don José Guerra y Campos. Incardinado en la Diócesis de Cuenca (España) en cuanto ordenado "in sacris", Diácono, por este verdaderamente excelentísimo y reverendísimo Prelado, de feliz Memoria, el 20 de Marzo de 1982. Delegado para España, de S.E.R. Mons. Pavol Hnilica,S.J., como Superior General de la Obra Pía "Pro Fratribus". Ordenado Presbítero, por dimisorias del mismo sapientísimo, piadoso e insigne Doctor y Obispo católico Diocesano conquense, el 8 de Enero de 1984 en la Catedral de Jerez de la Frontera (Cádiz), por Su Exciª. Rvmª. Mons. D. Rafael Bellido y Caro, hombre rústico y autoritario. Capellán Castrense del Ejército del Aire, por Oposición ganada, asimilado a Teniente, y nº 1 de su promoción, en 1985. Fue alumno militarizado en todo, en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia), de la XVIII° Promoción de Oficiales de Ejército del Aire. Destinado al Ala nº 35 de Getafe, y después a la 37 de Villanubla (Valladolid). Luego de un año le fue impuesta la baja del Cuerpo, pero no del Ejército del Aire, como también recibió la misma baja el nº 3 de la promoción, el Rvd°. Padre Don Teófilo, Fraile, baja a causa de nepotismo político y encubiertas intrigas políticas pesoistas [ocupó pués, así, la primera plaza el nº 2, hijo de un General farmacéutico del Ejército de Tierra, y primo del entonces presidente de la Junta de Andalucía, un Rodríguez de la Borbolla] en connivencia con el pesoista Vicario Gral. Castrense, Mons. Estepa Llaurens, hijo de un expresidiario marxista, muerto a tiros, en plena calle, por un falangista, delante de dicho hijo, según contaba el finalmente Coronel del Cuerpo Castrense del Ejército de Tierra, Rvdo.Padre Lic. Blanco Yenes, penado una vez y así postergado por dicho obispo, futuro cardenal con residencia en Roma, muerto a los 93 años de edad, hombre malvado y mezquino, Prefecto, durante un tiempo, de la Congregación para el Clero. Al Padre Blanco, según contó al Padre de Perea, Estepa lo penó achacándole un romance carnal con la esposa del Capitán General de la Segunda Región Militar de España. El Presbítero que esto redacta fue luego adscrito al Mando Aéreo de Combate de Torrejón de Ardoz. Párroco Personal de la Misión Católica Española en Suiza, de Frauenfeld, Pfin, Weinfelden, Schafhausen, ... , y substituto permanente en Stein am Rhein (Alemania) . Provisor Parroquial de Flims y Trin (cantón Grisones), en 1989-90; Provisor Parroquial, con todas las facultades y jurisdicción de Párroco (substituto temporal del titular, Pfarrer Magobeko) en Dachau Mittendorf y Günding (Baviera), etc.. Diplomado en alemán por el Goethe Institut de Madrid y el de Bonn (mientras se hospedaba en la Volkshochschule Kreuzberg de esa ciudad renana, natal del insuperable Beethoven, cuya casa visitó con profundo deleite) . Escolástico e investigador privado en Humanidades, defensor crítico del Magisterio Solemne Tradicional de la Iglesia Católica y fundamentalmente tomista, escribe con libertad de pensamiento e indagación, cultivador ardiente de la dialéctica, mayéutica de la Ciencia. Su lema científico y religioso es el de San Agustín: "In fide unitas, in dubiis libertas et in omnibus Charitas". Ora en Ontología, ora en Filosofía del Derecho y en Derecho Político admira principalmente a los siguientes Grandes: Alejandro Magno (más que un libro: un modelo para Tratados) discípulo de Aristóteles que es el primer filósofo absoluto y a la vez el más grande científico universal habido en la Humanidad, es el mayor Maestro del Sacerdote en cuestión; Aristóteles, denominado por los Escolásticos, justamente: "El Filósofo", que lo es por antonomasia; siguen Platón, San Isidoro de Sevilla, Santo Tomás de Aquino (O.P.), San Juán de Santo Tomás, Billuart, más sún los Supremos colosalísimos Teólogos Carmelitas conocidos como "Los Salmanticenses", los dominicos Fray Domingo Báñez, el Ferrariense, Fray Domingo de Soto, Goudin, Vitoria, muy especialmente Fray Norberto del Prado y el inconmensurable Fray Santiago Ramírez, O.P. , los Eminentísimos, sapientísimos y Reverendísimos Cardenales dominicos Tommaso De Vio (de sobrenombre "Cayetano"), Zigliara, y González (Arzobispo de Toledo, Primado de España, y luego Arzobispo de la, entonces más extensa, Archidiócesis hispalense) ; además su profundamente admirado Fray Cornelio Fabro, el M.Rvd°. Padre Doctor Don Jaime Balmes y Urpiá; Fray Magín Ferrer, los Ilustrísimos y distinguidísimos Señores Don Ramón Nocedal y Romea, Don Juán Vázquez de Mella, Don Enrique Gil Robles, Victor Pradera, Aparisi y Guijarro, el Excelentísimo Señor Marqués de Valdegamas Donoso Cortés, Los Condes De Maistre y De Gobineau, el R.P. Taparelli D'Azeglio, S.J.; S.E. el General León Degrelle, Coronel de las Waffen SS Wallonien, Fundador del Movimiento católico "Rex", el Waffen SS de la Div. Charlemagne Catedrático Jacques de Mahieu, el Excm°. Señor Catedrático Don Julio Martínez de Santa-Olalla, el Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Catedrático y Académico de numero de la Real Cademia Nacional de Medicina Dr. D. Antonio José Vallejo Nágera y Lobón, los Dres. López Ibor, Sarró y Bañuelos, etc.. También discípulo del Almirante y Excmº. Sr. Don Luis Carrero Blanco, Capitán General de la Real Armada (notable pensador antimasónico, "mártir" de la conspiración de clérigos modernistas, y afines, subversivos, de la judeoleninista ETA, y de la CIA del judío sionista perverso Henri Kissinger); S.E. el Sr. Secretario Político de S.M. Don Sixto (Don Rafael Grambra y Ciudad, autor de, entre otros libros: "Qué es el Carlismo", y "Curso de Filosofía Elemental", libro de texto para el 6° Curso de Bachillerato, durante el Caudillaje), los Catedráticos Don Elías de Tejada y Spínola (con reservas) y el Doctor Usía Don Miguel Ayuso, entre otros grandes pensadores del "Clasicismo Natural" y "Tradicionalismo Católico"; Paracelso, el Barón de Evola, Hans F.K. Günther, Gottfried Feder, Walter Gross, el grandioso y maravillosa fabulosa fuente de grandes y geniales inspiraciones Friedrich Nietsche, entre otros formidables pensadores; etc. . En Derecho Canónico admira especialmente al Consejero de la Suprema de la Santa Inquisición española, el M.R.P. Dr. Don Manuel González Téllez, así como al excelso Fray Juán Escobar del Corro, O.P., Inquisidor de Llerena; Por supuesto que no se trata de ser pedisecuo de todos y cada uno de ellos, no unánimes en un solo pensamiento ("...in dubiis libertas"). Se distancia intelectual, voluntaria, sentimental y anímicamente de todo aquel demagogo, se presente hipócriamente como "antipopulista" siendo "populista", o lo haga como antifascista, "centrista", moderado, equilibrado, progresista, moderno, creador y garante de prosperidad, o como lo que le dé la gana, el cuál - sometiéndose a la mentira sectaria, propagandística y tiránica, inspirada en cualquiera de las "Revoluciones" de espíritu judío (: la puritana cronwelliana (1648,) la judeomasónica washingtoniana (1775), la judeomasónica perpetrada en y contra la Iglesia Católica y Francia en 1789, y las enjudiadas leninista y anarquista) - ataque sectariamente o vilipendie a Tradicionalistas, franquistas, Falangistas, Fascistas, Nacionalsocialistas honestos, Rexistas, etc., o se posicione nuclearmente, a menudo con la mayor vileza inmisericorde, y a veces sacrílega, contra mis Camaradas clasicistas, ora supervivientes a la Gran Guerra Mundial y Cruzada Universal (1914-18 [1936-39 en España] y 1939-46), ora Caídos en combate o a resultas. Se sabe y siente parte de la camaradería histórica y básica común con los tradicionalismos europeistas vanguardistas de inspiración cristiana (al menos parcial), y con sus sujetos, aliados de armas contra la Revolución (jacobina, socialista, comunista, anarquista). También acepta el frente común con nietschanos y protestantes tolerantes, del siglo XX y XXI, en cuanto camaradas "de las mismas trincheras de la Gran Guerra", que continuamos sólo con las armas espirituales.
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