Las raíces judías del bolchevismo. + Jews and the bolshevik Revolution by Þorsteinn Scheving Thorsteinsson (from Island).

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Las raíces judías del Bolchevismo

(Autor anónimo.

El artículo es reproducido aquí como texto de historia, con criterios de apologética cristiana de la Iglesia y de la Humanidad, incluida, en ésta, la de cuantos seres humanos rechacen el mal de la secta judía, es decir, también aquellos que los judíos consideran judíos, pero no lo sean por no compartir las abominaciones del fariseismo y de un judaismo secularizado y perverso.)

“Conviene que, en la medida de lo posible, nos ocupemos del proletariado y lo sometamos a aquellos que manejan el dinero. Con este medio levantaremos a las masas. Las empujaremos a las agitaciones, a las revoluciones, y cada una de estas catástrofes significará un gran paso para nuestras finalidades.

(Palabras del Rabí Caleb en la tumba de Simeon ben Jehuda, en Praga)

El texto que presentamos aquí es, más que una revelación, una acusación que sólo pocos tienen el valor de aceptar. Las culpas de los períodos más oscuros y siniestros de la historia humana nunca llegan a encontrar los miles de iluminados rostros que se ven pomposamente en los episodios más victoriosos y esperanzadores… El horror, lo abominable, lo irrepetible no tiene rostro, es anónimo; obra del Diablo perdido en la más inalcanzable lejanía del infierno.

“Jesús y Marx fueron judíos y lo que hace Marx es modernizar el espíritu mesiánico del judaísmo, prometiendo la salvación en este mundo. La profecía de su ‘Manifiesto Comunista’ es la salvación secular del pueblo elegido (la clase trabajadora) que ha de ser liberado de su cautiverio en Babilonia ( la explotación capitalista) por la ira de Jehová (la revolución) para instaurar aquí el reino de los cielos (la dictadura del proletariado). El redentor es el revolucionario; Satanás, el capitalismo; su pueblo elegido, el proletariado; y su Iglesia Católica, apostólica y romana es el Partido Comunista, apostólico y moscovita. Es como traer a Dios a la Tierra, con juicio final y apocalipsis incluídos” .

Estas palabras no pertenencen a un rabioso nazista, ni siquiera a un antisemita… Corresponden al sociólogo chileno Pablo Huneeus en su libro “En Aquel Tiempo”, de 1985.

Berdiaeff, por su parte, había escrito décadas antes:

“El mismo afán de una bienaventuranza terrenal, propia del pueblo hebreo, lo hallamos en el socialismo de Marx (…) Pero la idea mesiánica de antaño en la que el pueblo hebreo era el pueblo de Dios se conserva siempre, con la diferencia que ahora su peso cae sobre una clase determinada: sobre el proletariado.”

El Comunismo es intrínsecamente judío. Uno más de los Caballos de Troya, como tantos otros que usa este grupo racial. Para nadie es sorpresa ya el que Marx era un judío, descendiente de una familia con larga tradición de talmudistas, miembro permanente de organizaciones sionistas, devoto de rabinos y más encima autor libro “La Cuestión Judía”, desconocido incluso entre muchos de sus siguidores, donde puede advertirse claramente su filiación absolutamente sionista y mesiánica. En los últimos años se ha inventado la falsedad de que Marx era “hijo de cristianos”, de judíos conversos al catolicismo, intentando crear con ello alguna distancia entre su evidente relación con el mundo judío. En otros casos, se exageran algunas de las expresiones de Marx contra la propia idiosincrasia monetaria judía, intentando presentarlas como pruebas de un supuesto “antisemitismo”.

También lo era su colega Friedrich Engels y por supuesto Karl Kaus, alias Karl Kautski. De hecho, el verdadero nombre del ideólogo del movimiento “proletario” era Raim Mardochai Kissel, aunque adoptara el pseudónimo de Karl Marx para la posteridad desatando esa costumbre enfermiza de los izquierdistas por ocultar sus identidades tras extraños apodos o nombres artísticos. Dicha costumbre se extendería no sólo entre los políticos marxistas, sino que además entre artistas, escritores y todo tipo de simpatizantes.

Alejandro II de Rusia pasó a la historia como uno de los zares más benevolentes y piadosos con la comunidad judía de Rusia. No sólo escuchó todos sus alegatos, sinó que cometió el mismo error que los caldeos, persas, griegos y romanos: creer que les serían leales consintiéndolos en sus solicitudes. El complaciente Alejandro murió así, en 1881, cuando sus agradecidos huéspedes lo asesinaron en un atentado perpetrado por un comando marxista, liderado por el judío Vera Fignez. La judería rusa se había trazado ya un plan siniestro para Rusia, y no había favor alguno que les hiciera cambiar de idea. Fue así, el primer soberano víctima del marxismo judeo-sionista.

Tras la muerte de Alejandro III, en 1894, quien se comportó obviamente como un antijudío ante la traición de la que había sido objeto su padre, subió al trono Nicolás II, más tolerante hacia la comunidad judía rusa. Era el tiempo de los “progroms”, nombre que se dio a los cruentos movimientos populares contra los judíos, producto de la crueldad y el abuso del que el pueblo ruso había sido objeto por los judíos en sus días de plenas libertades.

Pero Theodor Herzl, fundador del Sionismo Político, ya había establecido con anterioridad en “El Estado Judío” el propósito de arrastrar a Rusia a una revolución:

“Somos una nación, un pueblo… Cuando los judíos nos hundamos, seremos revolucionarios, seremos los suboficiales de los partidos revolucionarios. Al elevarnos nosotros subirá también el inmarcesible poder del dinero judío…”

El marxismo como tal y la asonada en Rusia ya se venía gestando detalladamente por aquel entonces.

El historiador judío Simón Dubnow dijo que, exactamente el mismo año en que se fundó en Basilea la Organización Sionista (en 1897, cuando fueron redactados Los Protocolos de los Sabios de Sión), se creó en Wilno una asociación socialista secreta denominada “Bund”, que desarrolló una propaganda revolucionaria entre las masas judías en su lengua, conocida como “yidisch”. Del “Bund” nacieron partidos mixtos, formados por sionistas y socialistas: los Polae Sión y los Socialistas Sionistas . Estos partidos habrían iniciado abiertamente la lucha en contra contra del gobierno ruso, consiguiendo como primer logro la Revolución de 1905.

La fórmula usada a través del “Bund” se intentó repetir setenta años después en Chile a principios del ’70, cuando llega al gobierno el masón judío Salvador Allende Gossens y los partidos de izquierda agrupados en la UP, la “Unidad Popular”. Hoy se sabe que, tanto los partidos marxistas de la UP, como sus máximos dirigentes judíos ocupando puestos públicos y los directores de otras agrupaciones “fachadas” de la judería que simpatizaba con la UP, estaban concentrados alrededor de una organización semi-secreta que actuaba en las sombras de la izquierda y la masonería del Gobierno, una versión chilena del “Bund” de Rusia: la “FIS”, Frente de Izquierda Sionista.

Dubnow agrega que “los revolucionarios judíos participaron en los partidos socialistas rusos, en las manifestaciones estudiantiles, en las huelgas obreras y en los actos terroristas contra los gobernantes…” Fue a partir de este movimiento sionista-socialista que, tras divisiones por diferencias internas, surgieron los bolscheviks (los bolcheviques, del programa máximo) y los menscheviks (los mencheviques, del programa mínimo). Aquí surgió la figura del judío Vladimir Ilitch, alias Lenin, como líder de los bolcheviques.

La represión oficial y los intentos de acabar con el movimiento frenaron muchos agitadores judíos que se movían entre los trabajadores disfrazados de líderes sindicales, pero no logró alterar la estructura secreta que gestaba la revolución, pues el judaísmo es ingenioso al mantenerse operando en las sombras a través de pantallas y chivos expiatorios, como el bolchevismo. En 1904, el zar Nicolás II suavizó su política hacia los judíos y los bolcheviques, quienes reforzaron más aún su actividad revolucionaria en 1905, con motines y revueltas. Entonces el zar se alarmó e hizo nuevas concesiones al conglomerado judío, cuya fuerza política era ya un hecho innegable.

En 1908, luego de tres años de dura agitación, los judíos Appelbaum Zinovief, Rosenfeld Kamenef y Lenin se reunieron en París para planear una nueva etapa de agitación. “No es un azar que hayan ingresado a las huestes revolucionarias rusas tantos judíos” -dice Pierre Charles en “La Vida de Lenin”.

Fue el escritor judío Josef Kanstein, en su “Historia y Destino de los Judíos”, quien admitió que la Revolucion Rusa fue propiciada por las fuerzas del judaísmo internacional cuando miles y miles de judíos norteamericanos que pretendían emigrar a Rusia -la que ya había acumulado gran número de judíos pobres provenientes de todo el mundo y posteriormente repatriados a Israel – fueron rechazados, a lo que se respondió con una fuerte presión diplomática de parte de su comunidad, para reactivar un viejo y olvidado tratado comercial entre Estados Unidos y la Rusia zarista que, a esta última, ya le resultaba muy perjudicial. Con la crisis generada a partir de este tratado, que culmina con la muerte del zar Nicolás II, el judaísmo provoca el estallido revolucionario de 1917, de un modo muy parecido al que emplearon los masones enciclopedistas para agitar los ánimos de las masas durante la Revolución Francesa. Era, simplemente, la repetición de una vieja receta. La prueba está en que estos judíos se fueron para allá tan pronto se instaló el Soviet Supremo.

Hay fotografía casi imposible de conseguir hoy día, pues todas sus copias han sido destruidas en favor de la mentira. Al igual que Los Protocolos de Sión, la posesión de ella en los años ’30 era motivo de ejecución en Rusia. Corresponde a la primera sesión del gobierno comunista, en donde se observa que todas las autoridades soviéticas son altos representantes del judaísmo. Sentados, de izquierda a derecha en la mesa, se ve a Urisky, luego Trotsky, a Swerdlow, a Sinawjew, a Fayerman, y de pie al extremo derecho, a Michail. jew COMMISSARS HIJACKING of... RUSSIAN, Tsarist Chrstian empire... VT JD jan 2014

 

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El método con los que los judíos trataron de ponerse a cubierto de la represión antirrevolucionaria, fue sencillo y astuto: en grupos más o menos numerosos se trasladaban a Estados Unidos, se nacionalizaban allá, regresaban a Rusia y hacían valer su nueva ciudadanía como hijos de una nación poderosa. En esto eran ayudados por la numerosa colonia judía radicada en Estados Unidos, que en aquel entonces ya llegaba a unos tres millones y que influía en los círculos financieros y políticos del mismo modo que hoy. Se sabe con certeza, además, que gran parte de los dineros que carburaron estos procesos revolucionarios pertenecían al siniestro clan judío de los Rothschild, dueños de la Bolsa de Londres y fundadores de Comisión Trilateral, junto con los judíos americanos Rockefeller, organismo que ha resultado fundamental en la expansión del imperialismo norteamericano. Sus nombres aparecen y reaparecen también en los episodios más escalofriantes de la historia del siglo XX, como en la Guerra de Boers de Sudáfrica, en donde participaron notablemente en favor de entregarle la nación a los judíos ingleses y a sus fieles servidores, los negros.

En Suiza se encontraba Lenin desterrado, junto con otros jefes judíos del movimiento marxista. Desde allí dirigían la agitación en la retaguardia del ejército ruso que combatía con Alemania durante la Primera Guerra Mundial. Junto con Zinovief y Kamenef, Lenin alentaba desde el destierro a los revolucionarios para que contribuyeran a la derrota de Rusia en la guerra que sostenía contra Alemania y Austria.

En su periódico “Social Demócrata” del 27 de julio de 1915 daba la siguiente consigna:

” los revolucionarios rusos deben contribuir prácticamente a la derrota de Rusia” .

Proclamaba que esto abriría el camino a la revolución. Lenin apoyaba la derrota de Rusia de manera que los alemanes le permitieron pasar por Berlín para que se internara en Rusia e incluso le ayudaron económicamente, ya que su labor debilitaba al ejército ruso.

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Así fué como Lenin pudo llegar a San Petesburgo, donde un número de 30.000 revolucionarios, acaudillados por el judío Trostky, habían organizado el cuartel general del movimiento marxista revolucionario. Poco después se les unieron más judíos, como Stalin y Ouritsky.

Finalmente, la revolución judía de Rusia estalló el 7 de noviembre 1917, auxiliada por numerosos banqueros estadounidenses judíos como Jacob Schiff, Felix Warburg y Olef Asxhberg. Unos la buscaban con el instrumento que el judío Marx les había heredado en el Manifiesto Comunista de 1848 y otros la procuraban con el instrumento del oro y las finanzas. El zar fue detenido y entre las primeras rectificaciones políticas figuró la abolición de las restricciones jurídicas impuestas a los judíos. Toda tendencia política perjudicial al judaísmo fue declarada fuera de la ley por decreto de julio de 1918. El Zar y su familia fueron asesinados ritualmente el día 3 de julio de 1918 por comisarios judíos, acribillados en una pieza llena de inscripciones hebreas y símbolos cabalísticos que fueron documentados por los testigos del crimen.

Lenin inició de inmediato la cruel persecución de la Iglesia Ortodoxa Rusa, misma proscripción que se mantuvo por Stalin y sus sucesores durante casi toda las existencia de la Unión Soviética, sin que se tocaran jamás las sinagogas de sus jefes rabínicos y oscuros, lo que nos hace sospechar la veracidad de aquella teoría que propone que el marxismo habría sido creado, inicialmente, para destruir las religiones no judías, pues para el judío, sólo una fe tiene cabida: la fe judía… Y sólo una raza puede acceder a esta fe: la raza judía.

Se cumplía así la fatal sentencia de Marx, el creador de ese monstruo que ahora corría suelto por Europa: “El Judaísmo es la muerte del Cristianismo”.

A la muerte de Lenin las cosas empeorarían. Si bien es cierto que el judío Leiba Davidovich Bronstein, alias León Trotsky, era el representante más fiel de la línea marxista judía desarrollada por Lenin para la realidad rusa, sólo una política de Estado tan tiránica como la del judío Josef Stalin, asesorado por el clan judío de los Kaganovic, pudo permitirle al comunismo asegurar su existencia íntegra para los años venideros, incrustándose en Rusia como una sanguijuela. Cuando los comunistas de hoy reniegan de Stalin, simplemente reniegan de sí mismos, pues aunque hayan trasladado a Cuba su horizonte, como ocurre hoy, sólo con Stalin se pudo afirmar en Rusia el tumor marxista judío, para extenderlo por el resto de los países del terrible Pacto de Varsovia y por el mundo entero. El comunismo es un sistema demasiado innatural y forzado como para existir sin que caiga por su propio peso a través de la ideología trotskista. Stalin, apoyado por el militarismo y por las prácticas crueles, pudo hacer funcionar por la fuerza los bajos ideales del comunismo, hasta la médula de la sociedad rusa. Prueba de ello es la fuerte crisis rusa venida después de su muerte, cuando los jerarcas judíos intentaron hacerle algunas leves variaciones al modelo staliniano.

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Hay fotos con dos humildes campesinos de Leningrado vendiendo como alimento trozos de cadáveres, entre los que destacan el cuerpo de un niño y la cabeza de un difunto. Estos eran los episodios de hambruna generados por el reajuste del agro forzado por los jerarcas del comunismo, todos ellos judíos viviendo en palacios del “gobierno del proletariado”. Era la forma real y efectiva en que el marxismo judío trataba al trabajador y al mismo hombre modesto que colma de promesas. En Nüremberg hubiese bastado sólo una fotografía como ésta para condenar a muerte al gobernador de una comarca o a culaquier líder local. Pocos eran los que tenían real conciencia de que escenas muy parecidas a ésta o a las que se ven en la Cuba de Castro pudieron tener espacio en Chile, de no ser por la intervención militar en el Golpe de 1973.

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El costo de la acción asesina de Stalin está descrito, hoy día, en más de una fuente. Los cálculos hablan incluso de unos 200 millones de personas asesinadas bajo los 70 años de tiranía marxista-judía de los países soviéticos, ejecutadas -por supuesto- con las mejores armas de lo servidores de Jehová: el terror y el hambre.

Henry Ford, en “El Judío Internacional”, escribió que “el Soviet no es una institución rusa, sino judía” . Agrega que al triunfar la Revolución Bolchevique, el nuevo régimen fue integrado preponderantemente por judíos.

Coincidiendo con todo lo anterior, el periódico ruso “Hacia Moscú”, de septiembre de 1919, declaraba:

“..No debe olvidarse que el pueblo judío, reprimido durante siglos por reyes y señores, representa genuinamente al proletariado, la internacional propiamente dicha, lo que no tiene patria…”.

Y el cronista judío Cohan escribía en “El Comunista” de abril de 1919:

“Puede decirse sin exageración que la gran revuelta social rusa fue realizada sólo por manos judías… El símbolo del judaísmo, que durante siglos luchó contra el capitalismo, se ha convertido también en el símbolo del proletariado ruso, como resulta de la aceptación de la estrella roja de cinco puntas que como es sabido fue antiguamente el símbolo del Sionismo y del Judaísmo en general…”

El mecanismo de los movimientos sociales que llegan a erigirse en creencias místicas o seudomísticas está representado en el Marxismo y su naturaleza judía. Algo de esto señala Max Eastman al afirmar:

“..El comunismo es una doctrina que no puede ser científica, pues es exactamente lo contrario: religión” .

Y algo muy semejante señala Gustavo Le Bon en “Ayer y Mañana”:

“..Las creencias de forma religiosa, como el socialismo, son inconmovibles porque los argumentos no hacen mella en una convicción mística… Todos los dogmas, los políticos sobre todo, se imponen generalmente sobre las esperanzas que hacen nacer y no los razonamientos que invocan… La razón no ejerce influencia alguna sobre las fuerzas místicas..”

Muchos autores, siguiendo el amén del materialismo marxista y las sentencias de Marx y Lenin de que la religión es “el opio del pueblo” , consideran parte del ateísmo totalitario su actitud de destrucción de las religiones locales a los países donde el cáncer comunista ha encontrado alojo a lo largo de la historia. Su guerra no es sólo contra el cristianismo, como muchos creen: lña invasión sacrílega de China al Tíbet, por ejemplo, ha tenido connotaciones religiosas desde el principio, especialmente en la persecución del lamaísmo, que dicho sea de paso, lleva ya 1.000.000 de tibetanos muertos.

Nosotros nos preguntamos, sin embargo, ¿es en realidad el ateísmo el que motiva la intención del marxismo de aniquilar las demás religiones?. Salvo por los encontronazos de Stalin con algunos grupos judíos durante su tiranía, la religión permitida implícitamente, y a veces hasta protegida del marxismo ha sido la judía. Las demás han encontrado históricamente no menos que tormentos y persecución despiadada en los períodos de dictadura comunista. A pesar de que la revolución “rusa” debía interpretar el sentido del pueblo ruso, cristiano ortodoxo por generaciones, uno de los primeros actos de la revolución fue destruir las imágenes sagradas de la fachada del Ayuntamiento de Moscú colocando en su lugar la maldita frase “La religión es el opio del pueblo” . ¿Podría ser esto obra de los propios rusos, que llevaban casi mil años de conversos al cristianismo, yendo contra sí mismos, o definitivamente hay una “mano” interviniendo desde otro lado, desde otro “credo”?.

El teniente coronel Carlos Berzunza escribió lo siguiente:

“Numerosas iglesias fueron convertidas en teatros. La revolución inició luego la lucha contra todas las religiones, por todos los medios… Se prohibió la enseñanza religiosa a menores de 18 años. La Iglesia protestó. De 900 conventos fueron arrasados 722”.

Las llamadas posteriomente llamadas “purgas” de los bolcheviques contra la resistencia cristiana eliminaron por la fuerza los brotes de religiosidad rebelde de los primeros años de la revolución: 29 obispos y 1.219 sacerdotes cayeron en esta represión selectiva, mientras las sinagogas permanecían intocadas.

Hasta el día 7 de noviembre de 1923, en las “purgas” habían asido asesinados 6.000 profesores, 9.000 médicos, 54.000 oficiales, 260,.000 soldados, 70.000 policías, 12.000 propietarios, 355.000 intelectuales y escritores, 193.290 obreros y 815.950 campesinos, en mayor o menor grado culpables de oposición. Esta carnicería anticristiana era plublicitada alegremente por los comunistas alegando su derecho a deshacerse de los “enemigos del Estado” (de los judíos del Estado, debiese ser).

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He aquí un holocausto real, que nadie llora y por el cual los judíos sionistas del Bund o de las filas bolcheviques nunca pagaron indeminzaciones millonarias para fundar un Estado nuevo, ni inauguraron monumentos, ni prendieron candelabros con velitas emocionadas…

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Jews and the bolshevik Revolution

by Þorsteinn Scheving Thorsteinsson

Þorsteinn Scheving Thorsteinsson margmiðlunarfræðingur og meðlimur í félagi áhugamanna um bóluefni.

Þorsteinn Scheving Thorsteinsson margmiðlunarfræðingur og meðlimur í félagi áhugamanna um bóluefni.

“The Bolshevik Revolution of 1917 has led to the genocide of about 100 million Christian Russians. Many don’t know that the Bolshevik Revolution was in fact a Jewish revolution. The National Geography Magazine’s May 1907 edition stated that “Revolutionary leaders nearly all belong to the Jewish race and the most effective revolutionary agency is the Jewish Bund …”
Nobel prizewinner Russian historian Aleksandr Solzhenitsyn blamed the Jews for the Russian revolution and genocide in his two books “The Gulag Archipelago” and “Two Hundred Years Together”.
Winston Churchill called the Bolshevik Revolution a Jewish movement in his article “Bolshevism versus Zionism” in the “Illustrated Sunday Herald” on February 8th, 1920. He described communism as a “sinister confederacy on International Jews, who have gripped the Russian people by the hair of their heads and have become practically the undisputed masters of that enormous empire.”
In his book “Les Derniers Jours des Romanofs” (The Last Days of the Romanovs) Robert Wilton; the renowned foreign correspondent for “The Times of London”, reported that out of the 384 Russian commissars there were 300 Jews, 264 of them came from the US since the downfall of the Imperial Government, and he listed the names of all the Jewish leaders of the revolution.
Reports by Captain Schuyler, an American army intelligence officer in Russia during the Russian Revolution, are kept in the US National Archives in Washington. In his March 1919 report he stated that “… the Bolshevik movement is and has been since its beginning guided and controlled by Russian Jews of the greasiest type.”
“The American Hebrew Magazine” in New York stated in its September 10th, 1920 edition that “The Bolshevik Revolution in Russia was the work of Jewish planning and Jewish dissatisfaction. Our plan is to have a New World Order. What worked so wonderfully in Russia is going to become reality for the whole world.”
Encyclopedia Judaica boosts that the Bolshevik Revolution was so Jewish that Jewish leaders were instructed to change their names in order to hide the Jewish domination. The founder of the Red Army Leon Trotsky (real name Lev Bronstein) and Soviet Minister of Foreign Affairs Maxim Litvinov are listed as Jews in “Who’s Who in World Jewry”. Karl Marx is listed in the “Inside Judaica” as a Jew from a long line of Talmudic scholars and had learned communism from Zionist Moses Hess. Lenin (real name Vladimir Ulyanov) was partly Jewish, married to a Jew, and defended Jewish superiority.
According to Rabbi Marvin Andelman’s book “To Eliminate the Opiate” Jacob Shiff, the Jewish American capitalist from banking firm Kuhn and Leob, had financed the Jewish communist revolutionaries with $24 millions, and received as an investment return 100 million Russian Rubles.
In December 1917 Lenin established an intelligence body known as Cheka (later was known as GPU, NKVD and then KGB) allegedly to combat counter-revolutionaries and saboteurs. Cheka was headed by Jew Genrikh Yagoda (Yahuda), who was responsible for the death of about 66 million Russians; politicians, educators, industrialists, Christian priests and others; victims of forced collectivization policy, hunger, large purges, expulsions, banishments, executions and mass deaths in the Gulag concentration prison camps. He had expropriated the properties of rich middle class and large Church properties. Churches and Mosques were his target of demolition while Jewish synagogues and properties were kept intact. Yagoda (Yahuda) was responsible for the execution of millions of Russians and the imprisonment of other millions in the Gulag prisons, where he and other Jewish commanders; such as Lazar Kogan, Yakov Rappaport, Naftaly Frenkel, Aaron Solts and Matvei Berman, administered 11 out of 12 Gulag death concentration prisons between the years of 1930 – 1938. Yagoda (Yahuda) is considered the greatest Jewish genocidal murderer of the 20th century, yet very few people are aware of this fact while Hitler’s alleged and still contested Holocaust with less than 0.1% victims in comparison is very well known around the globe.
Lazar Kaganovich was another Jewish genocidal murderer in Russia. With his sister (Rosa) as married to Stalin and his son (Mihail) married to Stalin’s only daughter (Svetlana) Lazar Kaganovich was assured highest political positions after Stalin himself. He implemented Stalin’s industrialization and collectivization policies in the most cruel ways that he was responsible for the deaths of at least 20 million people including the 1932/33 Ukrainian Holodomor (hunger Holocaust) where 8 million Ukrainians died of starvation. He personally oversaw the grain confiscation in Ukraine causing the Holodomor. The Soviet Archives in Moscow state that “Famine in Ukraine was brought on to decrease the numbers of Ukrainians, replace the dead with people from other parts of the USSR, and thereby to kill the slightest thought of any Ukrainian independence.”
Kaganovich had personally signed the execution orders for at least 36,000 people. His policies had also inflicted enormous suffering on other Russian regions such as Kazakhstan, the Kuban region, the Lower Volga region, northern Caucasus, Siberia, and Kulaks. In 1957 Nikita Khrushchev accused him of having murdered 20 million Russians, which he did not deny but answered that Khrushchev himself has as much blood on his hands.
For further in depth research refer to “Behind Communism” by Frank Britton, “Stalin’s willing Executioners” by Yuri Slezkine, “The Rulers of Russia” by Rev. Denis Fahey, and “The Secret Behind Communism” by David Duke.
While the Jews had burdened the Western World with the guilt for their alleged 6 million Holocaust and, still up to date, demand millions of Dollars in reparations, they themselves have not acknowledge their own direct guilt in the Armenian, the Russian and the many other mass genocides they perpetrated against many nations throughout history. The Jews give themselves the right to accuse others of genocides but do not allow the others to utter a word about Jewish genocidal crimes or even to investigate the validity of their Holocaust. They use this latest Holocaust story of 6 million Jews (there had been several stories of 6 million Jewish Holocaust in the past) to manipulate and to dictate the foreign policies of European countries and of the US http://www.thepeoplesvoice.org/TPV3/Voices.php/2014/02/12/jewish-greatest-genocidal-criminals-part
Þorsteinn Sch Thorsteinsson (IP-tala skráð) 18.10.2015 kl. 23:32

The Prop-Masters
Perpetrators of the holocaust against Christian Russia transform themselves into “survivors” of “the Holocaust”.
aleksandr-ilyich-ulyanov1 dmitry-grigoriyevich-bogrov1 evno-azef grigory-andreyevich-gershuni grigoryc2a0nikulin the-jewish-cheka1 yakov-grigoryevich-blumkin vera-figner

Jewish Bolsheviks Murdered 66 Million In Russia – http://www.rense.com/general77/bols.htm

Jewish Killers Massacre 66 Million in Soviet Gulag http://www.texemarrs.com/062004/soviet_gulag.htm

Sixty-Six Million Christians Murdered By Jewish Bolsheviks … https://mysteryworshipers.wordpress.com/2013/02/16/sixty-six-million-christians-murdered-by-jewish-bolsheviks/

The GENOCIDE of 65 million Russians :

: YouTube https://www.youtube.com/watch?v=v0tGrozx_XI
Bolshevists, jews, 66 Million Dead Christians in Russia, & http://www.fathersmanifesto.net/bolshevists.htm

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Acerca de ricardodeperea

Nacido en Sevilla, en el segundo piso de la casa nº 8 (después 18) de calle Redes de Sevilla, el 21 de Septiembre de 1957. Primogénito de D. Ricardo, tenor dramático de ópera (que estuvo a punto de hacer la carrera en Milán), y pintor artístico; y de Dñª. Josefina, modista y sastre ( para hombre y mujer), mas principalmente pintora artística de entusiata vocación. Desafortunadamente dedicóse tan abnegadamente a su familia y hogar, que poco pudo pintar, pero el Arte, el retrato, dibujo y pintura fueron su pasión hasta la muerte, que la sorprendió delante de un óleo de San Antonio de Escuela barroca sevillana, y al lado de una copia, hecha por mi padre, de la Piedad de Crespi, en tiempo litúrgico de San José. Seminarista en Roma, de la Archidiócesis de Sevilla desde 1977-1982, por credenciales canónicas de Su Eminencia Revmª. Mons. Dr. Don José María Bueno y Monreal. Alumno de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma, 1977-1982, 1984, por encomienda del mismo Cardenal Arzobispo de Sevilla. Bachiller en Sagrada Teología por dicha Universidad (Magna cum Laude), donde hizo todos los cursos de Licenciatura y Doctorado en Filosofía (S.cum Laude), y parte del ciclo de licenciatura en Derecho Canónico (incluido Derecho Penal Eclesiástico). Ordenado de Menores por el Obispo de Siena, con dimisorias del Obispo Diocesano Conquense, Su Exciª.Rvmª. Mons. Dr. en Sagrada Teología, D. José Guerra y Campos. Incardinado en la Diócesis de Cuenca (España) en cuanto ordenado "in sacris", Diácono, por Su Exciª.Rvmª. Mons. Dr. en Sagrada Teología, D. José Guerra y Campos, el 20 de Marzo de 1982. Delegado de S.E.R. Mons. Pavol Hnilica,S.J., en España. Ordenado Presbítero, por dimisorias del mismo sapientísimo, piadoso e insigne católico Doctor y Obispo Diocesano conquense, el 8 de Enero de 1984 en la Catedral de Jerez de la Frontera (Cádiz), por Su Exciª. Rvmª. Mons. D. Rafael Bellido y Caro. Capellán Castrense del Ejército del Aire, asimilado a Teniente, y nº 1 de su promoción, en 1985. Fue alumno militarizado en todo, en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia), destinado al Ala nº 35 de Getafe, y después a la 37 de Villanubla (Valladolid); luego de causar baja, como también el nº 2 de la promoción, a causa de encubiertas intrigas políticas pesoistas [ocupó pués, así, la primera plaza el nº 3, primo del entonces presidente de la Junta de Andalucía, un Rodríguez de la Borbolla] en connivencia con el pesoista Vicario Gral. Castrense, Mons. Estepa. Fue luego adscrito al Mando Aéreo de Combate de Torrejón de Ardoz. Párroco personal de la Misión Católica Española en Suiza, de Frauenfeld, Pfin, Weinfelden, Schafhausen, ... , y substituto permanente en Stein am Rhein (Alemania) . Provisor Parroquial de Flims y Trin (cantón Grisones), en 1989-90; Provisor Parroquial (substituto temporal del titular) en Dachau Mittendorf y Günding (Baviera), etc.. Diplomado en alemán por el Goethe Institut de Madrid y el de Bonn (mientras se hospedaba en la Volkshochschule Kreuzberg de esa ciudad renana) . Escolástico e investigador privado en Humanidades, defensor del Magisterio Solemne Tradicional de la Iglesia Católica y fundamentalmente tomista, escribe con libertad de pensamiento e indagación, aficionado a la dialéctica, mayéutica de la Ciencia. Su lema literario es el de San Agustín: "In fide unitas, in dubiis libertas et in omnibus Charitas". Ora en Ontología, ora en Filosofía del Derecho y en Derecho Político admira principalmente a los siguientes Grandes: Alejandro Magno (más que un libro: un modelo para Tratados) discípulo de "El Filósofo", Aristóteles, Platón, San Isidoro de Sevilla, Santo Tomás de Aquino, los RRPP Santiago Ramírez, Cornelio Fabro, Juán de Santo Tomás, Domingo Báñez, el Cardenal Cayetano, el Ferrariense, Domingo de Soto, Goudin, los Cardenales Zigliara y González, Norberto del Prado; Friedrich Nietsche, Martin Heidegger ; Fray Magín Ferrer, Ramón Nocedal y Romea, Juán Vázquez de Mella, Enrique Gil Robles, Donoso Cortés, Los Condes De Maistre y De Gobineau, el R.P. Taparelli D'Azeglio; S.E. el General León Degrelle, Coronel de las SS Wallonien, Fundador del Movimiento católico "Rex", el Almirante y Excmº. Sr. Don Luis Carrero Blanco (notable pensador antimasónico, "mártir" de la conspiración de clérigos modernistas, y afines, suvbersivos, y de la judeleninista ETA), S.E. el Sr. Secretario Político de S.M. Don Sixto (Don Rafael Grambra Ciudad), los Catedráticos Don Elías de Tejada y Spínola y Don Miguel Ayuso, entre otros grandes pensadores del "Clasicismo Natural" y "Tradicionalismo Católico"; Paracelso, el Barón de Evola, etc. . En Derecho Canónico admira especialmente a Manuel González Téllez y Fray Juán Escobar del Corro; Por supuesto que no se trata de ser pedisecuo de todos y cada uno de ellos, no unánimes en un solo pensamiento ("...in dubiis libertas"). Se distancia intelectual, voluntaria, sentimental y anímicamente de todo aquel demagogo, se presente hipócriamente como "antipopulista" siendo "polulista", o lo haga como antifascista, "centrista", moderado, equilibrado, progresista, moderno, creador y garante de prosperidad, o como lo que quiera, el cuál, sometiéndose a la mentira sectaria, propagandística y tiránica, inspirada en cualquiera de las "Revoluciones" de espíritu judío (: la puritana cronwelliana (1648,) la judeomasónica washingtoniana (1775), la judeomasónica perpetrada en y contra Francia en 1789, y las enjudiadas leninista y anarquista), ataque sectariamente o vilipendie a Tradicionalistas, franquistas, Falangistas, Fascistas, Nacionalsocialistas, Rexistas, etc., o se posicione nuclearmente, a menudo con la mayor vileza inmisericorde, y a veces sacrílega, contra mis Camaradas clasicistas ora supervivientes a la Gran Guerra Mundial (1914-1945), ora Caídos en combate o a resultas; se considera y siente parte de la camaradería histórica y básica común con los tradicionalismos europeistas vanguardistas de inspiración cristiana (al menos parcial), y con sus sujetos, aliados de armas contra la Revolución (jacobina, socialista, comunista, anarquista).
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