“LA NOCION DE RAZA, A TRAVES DE LA HISTORIA”, opúsculo de Historia filosóficoantropologicobiológica.. (EN SEIS PARTES y varias lenguas). CUARTA PARTE. { DER BEGRIFF ” RASSE ” IN DER GESCHICHTE . Büchlein in verschiedenen Sprachen und 6 Teilen geschrieben. 4. TEIL. [[ STORIA DELL’ IDEA DI RAZZA. Opuscolo scritto in diverse lingue e 6 parti. P. IV. [[ L’ IDEE DE LA RACE DANS L’ HISTOIRE. DOSSIER DE 6 PARTS, écrit in plussieures langues. P. 4. [[ THE CONCEPT OF THE RACE. HISTORY in some languages]]

 

Isolde. Bessiere

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

studio-of-houdon-jean-antoine-bust-of-jean-jacques-rousseau-1728712

Monumentos a Rousseau en el Jardín de las Tullerías y el museo del Louvre

Monumento a Rouseau, Museo del Louvre. Menos mal que en aquella época la gente pudiente no adolecía de la maníaca obsesión hipócrita y sectariamente manipulada de la persecución contra los fantasmas clericales (‘añadidos a los laicales políticos) de la pederastia y contra el Clasicismo espiritual europeo y cristiano juliano, atacando a las personas por medio de falsas acusaciones y fementidos testigos de la misma. Digo que “menos mal”, de lo contrario esa estatua no habría sido factible. Pero, claro, a Mahoma y a la estatua de Rousseau …   la pederastia y lo que se quiera.

                                 Rousseau-Louvre Rousseau-Louvre_2 Monumentos a Rousseau en el Jardín de las Tullerías.

                                                      Máscara mortuoria del infame.

El pensamiento del siglo XVIII, el llamado Siglo de las Luces, estuvo orientado a profundizar el aspecto racional y científico del siglo precedente, aquel siglo XVII signado por el escepticismo que tuvo como objetivo la destrucción definitiva de toda noción metafísica ínsita en la doctrina de la Teoría del Conocimiento. La naciente Ilustración -el movimiento cultural europeo que se desarrolló especialmente en Francia e Inglaterra desde principios del siglo XVIII hasta el inicio de la Revolución Francesa- se proponía disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón, e intentaba expresar cabalmente una época determinada por la Revolución Industrial y por la consolidación de la burguesía en los aparatos del Estado. Una de las personalidades más representativas de la Ilustración fue el filósofo franco-suizo Jean Jacques Rousseau (1712-1778) con sus apasionadas ideas sobre la defensa de la razón y los derechos individuales, aunque algunas de sus obras -“Julie ou (Julia o la nueva Eloísa) y “Les confessions”(Confesiones), por ejemplo- prefiguraron al posterior Romanticismo de principios del siglo XIX y de alguna manera influyeron también en la evolución de la literatura psicológica, la teoría psicoanalítica y el existencialismo del siglo XX.
Aunque esencialmente filósofo de pacotilla, político y teórico social, durante muchos años Rousseau se ganó la vida trabajando como profesor y copista de música, y escribió artículos sobre esta materia para la prestigiosa Enciclopedia Francesa. Incluso alcanzó a presentar en la Academia de Ciencias de París un novedoso sistema de notación musical cifrada, compuso varias óperas y publicó en 1767 su “Dictionnaire de Musique” (Diccionario de Música). El ensayo “Du contrat social” (El contrato social), aparecido en 1762, cambió la mirada sobre la política tal y como se la conocía hasta entonces. Rousseau partió del convencimiento de la inadecuación de las relaciones sociales de hecho, y de su necesidad de transformación y cambio. El análisis mítico que hizo del hombre primitivo, permite comprender la estructura íntima y esencial de la especie humana: la libertad. A partir de este descubrimiento, toda sociedad que no tuviese como fundamento de las relaciones entre los individuos el derecho natural, no sólo será injustificable, sino también injusta. La libertad, que funciona como la clave niveladora de los hombres, a la vez que pone al descubierto la azarosa constitución de las sociedades, sienta las bases de las organizaciones políticas futuras.
Las opiniones poco convencionales del filósofo acerca del poder corruptor de las instituciones sociales sobre la humanidad (fundamentalmente el absolutismo de y el Estado) le acarrearon problemas con las autoridades parisinas y le costaron que la obra fuese proscrita en Francia. Sin embargo, Rousseau tuvo un breve período de celebridad. Un día del verano de 1749 leyó en el periódico “Mercure” la convocatoria a un concurso organizado por la Academia de Dijon sobre el tema: “Si el progreso de las Ciencias y de las Artes ha contribuido a corromper o a depurar las costumbres”. La paradoja desarrollada en el trabajo que presentó -“Discours sur les sciences et les arts” (Discurso sobre las ciencias y las artes)- le hizo saltar a la fama. La Academia de Dijon premió su trabajo, el que se publicaría a fines del año siguiente. En 1753 el “Mercure” publicó el nuevo tema del concurso propuesto por la Academia de Dijon: “Cuál es el origen de la desigualdad de los hombres y si se justifica por la ley natural”. El resultado fue “Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes” (Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres) que aparecería en 1755.
Cinco años más tarde comenzó a escribir la que sería una de sus obras fundamentales: “Emile, ou De l’éducation” (Emilio, o De la educación), libro en el que plasmó sus ideas acerca de la educación que todo individuo necesitaba recibir para formar ciudadanos de provecho. Rousseau expuso una nueva teoría de la educación, subrayando la importancia de la expresión antes que la represión para que un niño sea equilibrado y librepensador. Con el tiempo, la teoría de la educación de Rousseau llevó a métodos de cuidado infantil más permisivos y de mayor orientación psicológica e influyó en varios pioneros de la educación moderna. Impreso en París en 1762, la condena del Arzobispo de París no tardó en llegar: “Jean Jacques Rousseau es un hombre versado en el lenguaje de la filosofía, sin ser verdaderamente un filósofo; espíritu dotado de una multitud de conocimientos que no lo han iluminado a él y que han entenebrecido a los demás; temperamento dado a las paradojas de opiniones y de conducta, que une la simplicidad de las costumbres con la fastuosidad de pensamiento, el celo por las antiguas máximas con el furor por las novedades, la oscuridad del retiro con el deseo de ser conocido por todos. Se le ha visto lanzar improperios contra las ciencias que él mismo cultivaba, preconizar la excelencia del Evangelio cuyos dogmas destruía, pintar la belleza de las virtudes que arrancaba del alma de sus lectores. Se ha hecho preceptor del género humano para engañarlo, monitor público para extraviar a todos, oráculo del siglo para acabar de perderlo”. El tratado fue denunciado ante el Parlamento, el que mandó quemar la obra y dictó la orden de prisión en contra del autor. Rousseau debió marchar al destierro.

Los antiguos viajaban poco, leían poco, escribían pocos libros; y sin embargo se ve, en los que nos quedan de ellos, que se observaban mejor unos a otros que como nosotros observamos a nuestros contemporáneos. Sin remontar a los escritos de Homero, el único poeta que nos transporta a los países que describe, no se puede negar a Herodoto el honor de haber pintado las costumbres en su ‘Historia’, aunque sea más en narraciones que en reflexiones, mejor que lo hacen todos nuestros historiadores cargando sus libros de retratos y de caracteres. Tácito ha descrito mejor a los germanos de su tiempo que ningún escritor ha descrito a los alemanes de hoy. Incontestablemente, los que son versados en historia antigua conocen mejor a los griegos, a los cartagineses, a los romanos, a los galos, a los persas, que ningún pueblo de nuestros días conoce a sus vecinos.
Es preciso confesar también que los caracteres originales de los pueblos, borrándose de día en día, llegan a ser por la misma razón difíciles de interpretar. A medida que las razas se mezclan, y que los pueblos se confunden, se ve poco a poco desaparecer esas diferencias nacionales que antaño sorprendían a la primera ojeada. Antiguamente cada Nación permanecía más encerrada en sí misma; había menos comunicaciones, menos viajes, menos intereses comunes o contrarios, menos relaciones políticas y civiles de pueblo a pueblo, no tantos de esos enredos reales llamados negociaciones, nada de embajadores ordinarios o permanentes; las grandes navegaciones eran raras; había poco comercio alejado, y el poco que había era hecho por el príncipe mismo, que se servía para ello de extranjeros, o por gentes menospreciadas que no daban el tono a nadie y no aproximaban en modo alguno las naciones. Hay cien veces más relaciones ahora entre Europa y Asia que había antiguamente entre la Galia y España. Europa sola estaba más dispersa que la tierra entera lo está hoy.
Añádase a esto que los antiguos pueblos, considerándose la mayor parte como autóctonos u originarios de su propio país, lo ocupaban desde bastante largo tiempo para haber perdido la memoria de los siglos remotos en que sus antepasados se habían establecido en él, y para haber dejado tiempo al clima de producir sobre ellos impresiones duraderas; mientras que, entre nosotros, después de las invasiones de los romanos, las recientes emigraciones de los bárbaros lo han mezclado todo, lo han confundido todo. Los franceses de hoy no son ya los altos cuerpos rubios y blancos de otro tiempo; los griegos no son ya los bellos hombres hechos para servir de modelos al arte; la figura de los romanos mismos ha cambiado de carácter, así como su natural; los persas, originarios de Tartaria, pierden diariamente su fealdad primitiva por la mezcla de la sangre circasiana; los europeos no son ya galos, germanos, íberos, allobroges; no son todos sino escitas diversamente degenerados en cuanto a la figura, aún más en cuanto a las costumbres.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La noción de raza a través de la historia . 1817: Georg W.F. Hegel

Georg Wilhelm Friedrich Hegel Posterdruck

https://i0.wp.com/upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/97/Hegel.jpg

Estampa, de después de 1828, sacada del gravado en acero, hecho por Lazarus Sichling, inspirado en una litografía de Julius L. Sebbers.

File:Hegel portrait by Schlesinger 1831.jpg

Retrato pintado al óleo, por Schlessinger (1831).

Aunque situado en la confluencia de las corrientes del idealismo y del romanticismo, al filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) se le considera el máximo representante del idealismo y uno de los teóricos más influyentes en el pensamiento universal desde el siglo XIX. Para el autor de “Phänomenologie des geistes” (Fenomenología del espíritu) la historia es un camino hacia la libertad. La historia tiene un sentido y una finalidad inmanente al espíritu, su verdadero sujeto. Un orden social estará a la altura de su tiempo si es un paso hacia la libertad; si no es así, es un anacronismo, un obstáculo contingente. Por lo tanto -dice el catedrático de Filosofía Política en la Universidad de Barcelona José Manuel Bermudo (1943) en su “Hegel, una filosofía de la totalidad”-, el mundo es su historia y la historia del mundo es el movimiento del espíritu hacia la libertad, desde su unidad indiferenciada a su diferenciación en la unidad, de su ser “en sí” a su ser “en sí y para sí”. En el mundo griego el espíritu logró su libertad respecto de la naturaleza y comenzó entonces su historia propiamente dicha. Muchos pueblos han hecho avanzar este concepto en algún aspecto: el mundo germánico, por ejemplo, a partir de la Reforma Protestante avanzó rápidamente al imponer la razón en las ciencias, el derecho y las costumbres por sobre la tiranía de la Iglesia Católica y sus ideas medievales.
Animado por su padre para que se hiciera pastor protestante, en 1788 Hegel ingresó en el seminario de de Tubinga, donde entabló amistad con poetas y filósofos de filiación romántica, compartiendo con ellos su entusiasmo por y la antigüedad clásica. Pero, luego de completar un curso de Filosofía y Teología, decidió abandonar la carrera religiosa y, tras trabajar como preceptor en Berna y en Frankfurt, se trasladó a de Jena, donde estudió, escribió y logró un puesto como profesor. Más adelante trabajó como redactor en el periódico “Bamberger Zeitung” de Baviera y, antes de acceder a la cátedra de Filosofía en de Heidelberg, publicó en Nuremberg uno de sus más afamados escritos, “Wissenschaft der Logik” (Ciencia de ). Poco después, publicó de forma sistemática sus pensamientos filosóficos en su monumental obra “Enzyklopaedie der philosophischen wissenschaften” (Enciclopedia de las ciencias filosóficas), obra que recoge la síntesis ordenada, completa y sistemáti­ca de su filosofía, examinando desde la antropología, la mecánica y la física, hasta el derecho, la moral y la ética, pasando por el arte y la religión.
Cuando Hegel murió era el filósofo alemán más importante. Sus ideas estaban muy difundidas y gozaban de gran prestigio intelectual, pero no por ello dejaron de suscitar grandes debates que tuvieron como conse­cuencia la formación de varias ten­dencias dentro del hegelianismo. A partir de su idea de que la historia se rige por un proceso dialéctico, algunos pensadores posteriores sustituyeron su idealismo por el materialismo; otros evolucionaron hacia el ateísmo y, en el plano político, adoptaron posturas revolucionarias. También hubo quienes ads­critos en los primeros tiempos a la ortodoxia hegeliana, se fueron radica­lizando paulatinamente inclinándose unos por el panteísmo natura­lista y otros por la crítica de los dogmas religiosos. De todas maneras, la influencia de su pensamiento se extendió a otros países. En Francia, por ejemplo, desembocó en el eclecticismo; en Italia derivó hacia el positivismo, y en Inglaterra se asimiló al idealis­mo y al individualismo romántico. Durante el siglo XX el pensamiento de Hegel se reavivó en países como Estados Unidos, Rusia, Suecia y Holanda; no así en España, donde el hegelianismo ejerció menos influen­cia.
En su “Enciclopedia de las ciencias filosóficas”, Hegel escribe: “La Fisiología diferencia en primer término las razas caucásica, etiópica y mongólica, a las que se agregan aún las razas malaya y americana”. Para su caracterización de las razas suscribe al sistema ideado por el antropólogo alemán Johann Friedrich Blumenbach (1752-1840) -la antropología física- el que recurre a métodos anatómicos de medición del cráneo para su clasificación. A pesar de que incluye razas diferentes como parte de la construcción de lo absoluto, puntualiza que “esta diferencia exterior, como identidad de lo referido, es igualdad; como no identidad es desigualdad”. Para Hegel las esencias raciales residen en la mente o el espíritu, y son educables y no invariables. Su concepción es etnocéntrica como la de todos los pensadores europeos de su época, pero admite que no se trata de absorber otras culturas dentro de un universal abstracto, es decir, se compromete con la heterogeneidad y no se centra en la pureza racial. El espíritu del mundo no pertenece a ninguna nación individual.

En lo relativo a las diferencias de las razas humanas, debería, ante todo, declararse que la cuestión puramente histórica de si todas las razas proceden de una sola pareja o de varias, no interesa de ninguna manera a la filosofía. Se ha concedido importancia a esta cuestión porque, haciendo derivar las razas humanas de muchas parejas, se puede explicar la superioridad de una especie sobre otra, y hasta se ha creído poder demostrar también que los hombres, en sus aptitudes espirituales, son desiguales por naturaleza, de tal forma que entre ellos hay, como entre los animales, quienes han nacido sólo para obedecer. Pero la descendencia no podría suministrar ningún argumento para demostrar que los hombres están hechos o no están hechos para la libertad o para el dominio. El hombre es, virtualmente, razonable; y aquí es donde reside la posibilidad de la igualdad de derechos de todos los hombres y donde se demuestra también el absurdo de una división absoluta de las especies humanas en especies que tienen derechos y especies que no los tienen.
La diferencia de las razas es todavía una diferencia natural, una diferencia, queremos decir, que se relaciona al principio con el alma natural. Como tal, ésta está en relación con las diferencias geográficas de la comarca en donde los hombres se reúnen en grandes masas; esas diferencias de comarcas son lo que llamamos partes del mundo. En estas divisiones de la individualidad de la tierra domina una necesidad, cuya explicación más detallada pertenece a la geografía.
Después de haber tratado de señalar que la diferencia de las diversas partes del globo no es accidental sino necesaria, vamos a determinar las diferencias físicas y espirituales de las diversas razas humanas, que se ligan con las primeras. En lo relativo a las diferencias físicas, la Fisiología distingue las razas caucásica, etiópica y mongólica, a las que se unen las razas malásica y americana, que forman más bien un agregado de elementos diversos que una raza. La diferencia física de todas estas razas aparece, sobre todo, en la conformación del cráneo y del rostro. Se determina la forma del cráneo por dos líneas, una horizontal y otra vertical: la primera va de la extremidad exterior de la oreja a la raíz de la nariz y la segunda del frontal a la mandíbula superior. La cabeza del animal se distingue de la del hombre en el ángulo formado por estas dos líneas, pues este ángulo es, en los animales, más agudo. Otra determinación importante para la distinción de las razas y que pertenece a Blumenbach, es la prominencia más o menos acentuada de los huesos maxilares. La curvatura y la amplitud de la frente también desempeñan aquí su papel.
En la raza caucásica el ángulo facial es casi recto, especialmente entre los italianos, los georgianos y los circasianos. En esta raza, la parte superior del cráneo es redonda, la frente ligeramente convexa, los huesos maxilares están como replegados en la parte interior, los dientes incisivos caen como perpendicularmente de la mandíbula, el color principal es el blanco, con las mejillas rosadas, y el cabello es largo y flexible. Los rasgos característicos de la raza mogólica son: la prominencia del hueso maxilar, los ojos poco pro¬fundos y sin redondez, la nariz aplastada, la piel ama¬rillenta y el cabello corto, áspero y negro. Las razas malásica y americana ofrecen caracteres físicos menos distintamente acentuados que las razas descritas anteriormente. Los malasios tienen la piel morena y los americanos la piel cobriza.
En cuanto a la relación espiritual, estas razas se distinguen de la manera siguiente: se debe representar a los negros como una nación de niños que no sale de su estado de simplicidad. Por el contrario, los mongoles se destacan de ese estado de simplicidad infantil; su rasgo característico es una movilidad inquieta que no llega a ningún resultado definitivo, que les impulsa a esparcirse como bandadas de langostas en las otras comarcas, pero les obliga a recaer en seguida en ese estado de indiferencia, vacío de pensamiento y de reposo estúpido que había precedido a la explosión. Por esto nos presentan la oposición de lo sublime y lo gigantesco por una parte y del pedantismo más minucioso por otra. En la raza caucásica es en donde el espíritu se eleva a su unidad absoluta. Aquí es en donde entra en una oposición completa con la naturaleza, donde se toma en su absoluta independencia y se arranca de este estado de oscilación entre dos extremos. Se desenvuelve y se determina a sí mismo, engendrando así la historia del mundo.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La noción de raza a través de la historia. 1839: Samuel G. Morton

https://strangebehaviors.files.wordpress.com/2012/07/samuel-george-morton-nypl.jpg?w=640


El médico norteamericano Samuel George Morton (1799-1851), profesor de Anatomía y creador de ntropología- sostenía que cada raza tenía una filogenia (del griego “philon”, tribu, raza; “gen”, producir, generar; “ía”, acción, cualidad) separada y específica que se remontaba a varios miles de años, intentando evadir, en un primer momento, la cuestión del origen bíbilico del hombre para evitar un conflicto con los dogmas teológicos. Basó su postura en mediciones hechas a su colección de cráneos humanos entre los cuales contaba con especímenes caucásicos, malayos, americanos y etíopes. Considerado el padre del racismo científico -una doctrina que encontró en Estados Unidos un caldo de cultivo más que apropiado-, Morton estimaba que se podía determinar la capacidad intelectual de una raza según el tamaño del cráneo: un cráneo grande implicaba un cerebro grande y destacadas capacidades intelectuales, todo lo contrario que uno pequeño.
Sus observaciones fueron volcadas en “An illustrated system of human anatomy” (Sistema ilustrado de anatomía humana” y, sobre todo, en “Crania americana. A comparative view of the skulls of various aboriginal nations of North and South America” (Crania americana. Una visión comparada de los cráneos de varias naciones aborígenes de América del Norte y del Sur) y “Crania aegyptiaca. Observations on egyptian ethnography, derived from anatomy, history, and the monuments” (Crania egipcia. Observaciones sobre la etnografía de Egipto, derivadas de la anatomía, la historia y los monumentos), obras todas ellas que gozaron de gran prestigio al momento de su publicación. Morton dividió a la humanidad en cuatro razas principales: caucásica (europeos), mongólica (asiáticos), negra (africanos) e indígena (americanos), las que definió jerárquicamente a partir de su capacidad craneal, siendo la caucásica la que encabeza el orden y la negra la que está al final.

William Adolphe Bouguereau (William Bouguereau): Douleur d'amour [William Adolphe Bouguereau, Douleur d’amour ]

La raza caucásica se caracteriza por una piel naturalmente hermosa, susceptible de todos los matices. Cabello fino, largo y rizado, y de varios colores. Cráneo grande y ovalado, y su porción anterior completa y elevada. La cara es pequeña en proporción a la cabeza, de forma oval, con características bien proporcionadas. Esta raza se distingue por la facilidad con la que alcanza las más altas dotes intelectuales. La fertilidad espontánea del caucásico ha hecho multiplicar a muchas naciones, y la ampliación de sus migraciones en todas las direcciones han poblado las mejores partes de la Tierra, y dio a luz a sus más bellos habitantes.
Los asiáticos, esta gran división de la especie humana, se caracterizan por una piel de color amarillento o verde oliva, que parece estar dibujado con fuerza sobre los huesos de la cara. De largo cabello lacio negro y barba rala, la nariz es ancha y corta, los ojos son pequeños, negros y en posición oblicua, y las cejas son arqueadas y lineales. Los labios se convierten, los pómulos son anchos y planos. En su carácter intelectual los mongoles son ingeniosos, imitativos, y muy susceptibles de aprendizaje. Pero los chinos, tan versátiles en sus sentimientos y acciones, por sus actos tan veleidosos han sido comparados con la raza de los monos, cuya atención salta permanentemente de un objeto a otro.
La raza americana se caracteriza por una tez morena, pelo largo, negro, lacio, barba deficiente y escasa pilosidad corporal. Ojos negros y profundos, frente baja, pómulos altos, nariz grande y aguileña, boca grande, labios hinchados y comprimidos. En su carácter mental, los indígenas americanos se oponen al cultivo y su temperamento es adverso a la incorporación de conocimientos. Vengativos, inquietos y amantes de la guerra, desprecian las aventuras marítimas. Son astutos, sensuales, ingratos, obstinados e insensibles, y gran parte de su afecto por sus hijos puede deberse a motivos puramente egoístas. Devoran los más repugnantes alimentos, crudos y sin limpiar, y no parecen pensar en otra cosa que en la satisfacción de las necesidades del momento. Sus facultades mentales, desde la infancia hasta la vejez, no maduran. Los indios no sólo son contrarios a las restricciones de la educación, en su mayor parte son incapaces de desarrollar un proceso de razonamiento sobre temas abstractos. Quizá no exista ninguna nación que los iguale en voracidad, egoísmo e ingratitud. Son una simple horda de rapaces bandidos. Su estructura mental resulta ser diferente de la del hombre blanco, y sólo en la escala más limitada puede existir armonía en las relaciones, sociales entre uno y otro. Los espíritus benevolentes pueden lamentar la incapacidad del indio para la civilización, pero el sentimentalismo debe rendirse a la evidencia; aunque, sin duda, bajo la influencia de un gobierno justo, sus intuiciones morales adoptarían un aspecto mucho más estimable.
Los africanos se caracterizan por su piel negra, pelo negro lanoso, ojos grandes y prominentes, nariz ancha y plana, anchos de espesor los labios y la boca ancha. Tienen la cabeza larga y estrecha, frente baja, pómulos prominentes, mandíbulas salientes. La disposición es que el negro es alegre, flexible e indolente; mientras que los de muchas naciones que componen esta raza presentan una diversidad singular de carácter intelectual, de los cuales la extrema medida es el grado más bajo de la humanidad. El carácter moral e intelectual de los africanos es muy diferente en las distintas naciones. Los hotentotes, por ejemplo, son la aproximación más cercana a los animales inferiores. Su tez es de un color pardo amarillento, y los viajeros la han comparado con el tono peculiar que adquiere la piel de los europeos en la última fase de la ictericia. Se dice que la apariencia de las mujeres es aún más repulsiva que la de los hombres. Los negros son proverbialmente cariñosos en sus diversiones, en las que participan con gran exuberancia del espíritu; un día de trabajo de ellos no es impedimento para una noche de diversión. Al igual que las naciones bárbaras, son con frecuencia caracterizados por la superstición y la crueldad, y parecen ser aficionados a las empresas bélicas ya que no son deficientes en valor personal. Pero, una vez superadas éstas, se dejan llevar por su destino y se acomodan con asombrosa facilidad a cualquier cambio de las circunstancias. Los negros tienen poca habilidad para inventar pero gran capacidad de imitación, de modo que adquieren fácilmente artes mecánicas. Tienen un gran talento para la música y todos sus sentidos externos son muy agudos.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La noción de raza a través de la historia . 1845: Alexander von Humboldt

https://i1.wp.com/www.biografiasyvidas.com/biografia/h/fotos/humboldt.jpg

El mismo año en que Charles Darwin (1809-1882) publicaba su innovador “On the origin of species by means of natural selection, or the preservation of favoured races in the struggle for life” (El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida) fallecía en Berlín el naturalista y explorador alemán Alexander von Humboldt (1769-1859), un prominente intelectual apasionado por la botánica, la geología y la mineralogía que alcanzó gran reconocimiento en su época por sus notables aportes en la descripción de nuevas especies, por sus investigaciones geológicas y, sobre todo, por haber elevado al rango de ciencia a Interpretó a ésta como una ciencia sintética, que trabaja con relaciones entre los diversos fenómenos que se expresan en la superficie terrestre con el objeto de establecer leyes. Humboldt, exponente de una época de transición, conjugó en forma compleja y a veces contradictoria perspectivas científicas de corte positivista con filosofías de corte idealista y racionalista. Sensible a la libertad de pensamiento, la fe en la razón y la idea de progreso, en él subyace una concepción totalizadora y armónica de la naturaleza.
Al igual que Darwin haría treinta años más tarde, Humboldt realizó viajes de exploración científica por buena parte del mundo. El resultado de ese periplo fue el acopio de ingentes cantidades de datos sobre el clima, la flora y la fauna de las regiones que recorrió -América, Europa, Asia-, así como la medición de longitudes y latitudes, medidas del campo magnético terrestre y unas completas estadísticas de las condiciones sociales y económicas de las distintas sociedades que visitó. De entre los hallazgos científicos derivados de sus expediciones, cabe citar el estudio de la corriente oceánica de la costa oeste de Sudamérica, un novedoso sistema de representación climatológica en forma de isobaras e isotermas, los estudios comparativos entre condiciones climáticas y ecológicas geográficamente distantes, la elaboración de la primera representación gráfica de la medición transversal de altitudes para grandes masas de tierra, el descubrimiento del ecuador magnético, y sus conclusiones sobre el vulcanismo y su relación con la evolución de la corteza terrestre.
Como producto de su gran cosecha científica, la Alemania de mediados del siglo XIX se convirtió en el país donde más estudios biológicos se realizaban. Humboldt abrió también líneas culturales e históricas de investigación. Sacudió a Europa al asegurar que las civilizaciones precolombinas -los “pueblos primitivos”, como se los llamaba allí- habían sido civilizaciones avanzadas, y teorizó sobre los contactos transoceánicos de diversos pueblos, en particular entre Asia y América, en épocas pretéritas. A partir de este tipo de “observaciones pensantes” -como él las llamaba- desarrolló uno de sus más grandes descubrimientos: el reconocimiento de que las características similares de los estratos geológicos, en cualquier parte del mundo que se les encuentre, provenían todas de un mismo proceso formativo y compartían rasgos comunes. La visión que tenía Humboldt de la naturaleza era la de un organismo vivo, en constante movimiento y en una interacción continua de fuerzas.
“Kosmos. Entwurf einer physischen Weltbeschreibung” (Cosmos. Ensayo de una descripción física del Universo), su obra cumbre, representa una síntesis filosófica de todos los conocimientos de su tiempo. Programada en cinco volúmenes, alcanzó a publicar en vida cuatro de ellos, mientras que el último, inconcluso, se publicó póstumamente. Allí escribió: “La naturaleza considerada de manera racional, es decir, sometida al proceso del pensamiento, es una unidad en la diversidad de los fenómenos; una armonía que reúne a todas las cosas creadas, no importa que tan distintas en forma y atributos sean; un gran todo animado por el aliento de la vida. El resultado más importante de una investigación racional de la naturaleza es, por tanto, el establecer la unidad y armonía de esta estupenda masa de fuerza y materia”. Y en otro párrafo: “Al sostener que la raza humana es una, nos oponemos al desagradable supuesto de que hay razas superiores e inferiores. Algunos pueblos tienen mayor acceso a la educación y al ennoblecimiento cultural que otros, pero no hay razas inferiores. Todas están predestinadas por igual a alcanzar la libertad”.

.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La noción de raza a través de la historia (7). 1851: Arthur Schopenhauer

                                               

A comienzos del siglo XIX el idealismo filosófico rebosaba un optimismo que lo esperaba todo de la ciencia, de la historia y del Estado. Mientras el socialismo perseguía una práctica científica y Occidente se arrojaba complacido en brazos del progreso y de la Revolución Industrial, Arthur Schopenhauer (1778-1860) elaboraba una filosofía que hablaba de la insignificancia del mundo, de la desgracia, la angustia, el pesimismo, el aburrimiento, la desesperación y, finalmente, de la nada. A los ojos de Schopenhauer, el curso de la historia no era sino una representación -siempre idéntica a sí misma y siempre dolorosa- de la voluntad de vivir, que hacía que “la vida oscile como un péndulo de derecha a izquierda, del sufrimiento al tedio”. El carácter personal de la filosofía de Schopenhauer, y sobre todo su opo­sición al hegelianismo entonces triun­fante, hizo que sus ideas no encontraran reso­nancia en la coyuntura histórica sino al cabo de una larga época de fracaso. Publicada en 1819, “Die welt als wille und vorstellung” (El mundo como voluntad y representación), una de sus obras capitales, cayó casi en el vacío: resultó un fracaso económico y no suscitó ningún eco. Pero con “Parerga und paralipomena. Kleine philosophische schriften” (Parerga y paralipómena. Escritos filosóficos menores) de 1851, halló el éxito y la fama, no sólo por el admirable es­tilo de sus fragmentos aforísticos sino también -y en es­pecial- por sus aspectos éticos y estéticos. Schopenhauer rechazaba allí el método y el contenido de la filosofía románti­ca sin dejar de oponerse simultáneamente al racionalismo entendido en el sentido de la Ilustración.
En 1848 una oleada revolucionaria convulsionaba a buena parte de Europa con la intención de acabar con el absolutismo y el autoritarismo de las monarquías. Du­rante las jornadas revolucionarias llevadas a cabo en Frankfurt, ciudad en la que se había radicado en 1831, Schopenhauer adoptó una actitud contrarrevolucionaria militante colaborando activamente con los gendarmes que reprimían a los rebeldes al invitarlos a subir a su piso para que pudieran disparar desde la ventana de su salón e incluso indicándoles dónde se escondían y contra qué blanco debían apuntar. Después de las refriegas, la burguesía, triunfante -pero consciente de la infinita complejidad de los conflictos que tenía por delante-, experimentó un notorio cambio de ánimo. Cundió el pesimismo y el escepticismo. En filosofía se puso de moda el irracionalismo, el voluntarismo y el pesimismo, doctrinas en las que las ideas de Schopenhauer se ensamblaron cabalmente. Tras el fracaso de la revolución, muchos prestaron atención a una filosofía que subrayaba el mal en el mundo y la vanidad de la vida, y que predicaba una actitud ascética y nihilista. De pronto, Schopenhauer obtuvo un extraño privilegio: el de encabezar el pensamiento reaccionario y el nacionalismo germánico.
Schopenhauer representó entonces el irracionalismo, en el sentido de que el mundo no era para él sino la representación de una inmensa, feroz y ciega voluntad. La idea de la Historia como representación de la humanidad en un progreso permanente hacia su reconciliación en una sociedad racional, tuvo en el autor de “Eudämonologie” (Eudemonología) su primera negación de este esquema conceptual fundamental y, por lo tanto, un viraje decisivo en el pensamiento occidental. No hay progreso -afirma Schopenhauer-, es decir, no hay historia: por el contrario, la existencia humana en el mundo es siempre idéntica, una misma representación, aunque los personajes y sus vestimentas cambien, la misma miseria y dolor, la misma tragicomedia. De esta manera, Schopenhauer rompió con la tradición filosófica que había arrancado en el Renacimiento y que postulaba, sin dis­cusión alguna, la armonía de la existencia. Al criticar este postulado intocable, Schopenhauer dio paso a una evolución filosófica totalmente opuesta, que ya no se reclamaba heredera ni del racionalismo del siglo XVII, ni de , ni de la filosofía hegeliana del Idealismo ale­mán.
Schopenhauer conoció la fama en los últimos diez años de su vida. “Ha empezado a leérseme -escribió- y ya no se dejará de hacerlo… Se les ha agotado el recurso, habiéndoseles delatado el secreto; el público me ha descubierto. Grande es, pero impotente, el resquemor de los profesores de filosofía, pues una vez agotado aquel recurso, único, eficaz y con éxito aplicado por tanto tiempo, no hay ya ladridos que puedan impedir la eficacia de mi palabra, siendo en vano que digan esto el uno y el otro aquello. Harto han hecho con lograr que se haya ido a la tumba la generación contemporánea de mi filosofía, sin enterarse de ésta. No era, sin embargo, más que una dilación; el tiempo ha cumplido, como siempre, su palabra”.

Schopenhauer escribió sobre las razas humanas en uno de los capítulos de la segunda parte de “Parerga y paralipómena”, el titulado “Philosophie und wissenschaft der natur” (Filosofía y ciencia de la naturaleza).

https://i0.wp.com/img.zvab.com/member/10825w/59448455.jpg

La raza humana ha tomado origen muy verosímilmente sólo en tres lugares. No poseemos, en efecto, sino tres tipos claramente diferenciados que indiquen razas originales: los tipos caucásico, mongólico y etíope. Y ese origen no ha podido efectuarse sino en el mundo antiguo. Porque en Australia la naturaleza no ha podido producir ningún mono, y en América ha producido los monos de cola larga pero no las razas de monos de cola corta, con mayor razón las razas superiores sin cola que ocupan el primer puesto detrás del hombre. “Natura non facit saltus” (la naturaleza no actúa a los saltos). Luego, el origen del hombre no ha podido tener lugar sino en los trópicos, porque, en las otras zonas, habría perecido desde el primer invierno. Aunque no privado de cuidados maternales, hubiera crecido sin enseñanzas y no habría heredado conocimientos de ningún antepasado. El crío de la naturaleza debía pues, desde luego, reposar sobre su seno generoso antes de que ella pudiera lanzarle al áspero mundo. En las zonas cálidas, el hombre es negro o cuando menos moreno oscuro. Ahí está, pues, sin distinción de raza, el verdadero color natural y particular de la raza humana, y no ha habido jamás raza naturalmente blanca. Hablar de tal raza y dividir puerilmente a los hombres en raza blanca, amarilla y negra, como hacen aún todos los libros, es demostrar una gran pobreza de espíritu y falta de reflexión. Ya en los “Suplementos” a “El mundo como voluntad y representación” (cap. XLIV) he estudiado rápidamente el asunto y emitido la opinión de que jamás un hombre blanco ha salido originariamente del seno de la naturaleza. En los trópicos solamente el hombre está en su casa, y allí es en todas partes negro o moreno oscuro; no hay excepciones sino en América, porque esta parte del mundo ha sido poblada en su mayor parte por naciones ya descoloridas, principalmente por chinos. Entretanto, los salvajes de los bosques brasileños son, sin embargo, moreno oscuro.
Sólo cuando el hombre se ha perpetuado largo tiempo fuera de su patria natural, situada en los trópicos, y cuando, a consecuencia de ese desarrollo, su raza se ha extendido hasta las zonas más frías, su piel llega a ser clara y finalmente blanca. Así pues, sólo la influencia climática de las zonas moderadas y frías ha dado poco a poco a la raza humana europea el color blanco. Con qué lentitud lo vemos por los gitanos, tribu indostánica que, desde el principio del siglo XV, lleva en Europa una vida nómada, y cuyo color conserva aún poco más o menos el término medio entre el de los indostánicos y el nuestro. Sucede lo mismo con las familias negras esclavas, que desde hace trescientos años se perpetúan en América, y cuya piel no ha llegado a ser sino un poco más clara; es cierto que eso proviene de que se mezclan de vez en cuando con recién llegados de un color negro de ébano, fenómeno que no acontece entre los gitanos. La causa física inmediata de esta decoloración del hombre desterrado de su patria natural la imputo al hecho de que, en el clima cálido, la luz y el calor producen sobre la capa de Malpighi de la piel una lenta pero constante desoxidación del ácido carbónico que, en nosotros, se derrama por los poros sin descomponerse; deja después bastante carbono para el tinte de la piel. El olor específico de los negros está verosímilmente en relación con este hecho.
Si en las poblaciones blancas las clases inferiores sometidas a un penoso trabajo son de ordinario de un tinte más oscuro que las clases elevadas, ello proviene de que sudan más, lo cual obra, en un grado mucho más débil, de manera análoga al clima cálido. Que el color blanco del rostro indica una degeneración y no es natural lo prueban el disgusto y la repulsión sentidos por algunos pueblos del interior de Africa cuando lo ven por primera vez: les parece como una marchitez mórbida. Unas jóvenes negras africanas, que habían acogido muy amistosamente a un viajero, le ofrecían leche cantando esto: “¡Pobre extranjero, cuánto nos apena que seas blanco!”. Se lee en una nota del “Don Juan” de lord Byron (canto XII, estrofa 7) : “El doctor Denham dice que al regreso de sus viajes por Africa, cuando volvió a ver por primera vez las mujeres de Europa, le hicieron el efecto de tener rostros anormalmente enfermizos”. Entretanto, los etnógrafos continúan hablando tranquilamente como su predecesor Buffon (véase P. Flourens, “Historia de los trabajos y las ideas de Buffon”) de las razas blanca, amarilla, roja y negra, tomando ante todo el color por base de sus divisiones mientras que, en realidad, éste nada tiene de esencial y su diferencia no tiene otro origen que el alejamiento más o menos grande, más o menos reciente también, de una tribu de la zona tórrida, la única, en efecto, en que la raza humana sea indígena; mientras que, fuera de ella, esta raza no puede subsistir sino con ayuda de cuidados artificiales, pasando el invierno en invernaderos como las plantas exóticas, lo que acarrea poco a poco su degeneración, en primer lugar en cuanto al color.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La noción de raza a través de la historia. 1853: Joseph Arthur de Gobineau

[ Cf: http://classiques.uqac.ca/classiques/le_bon_gustave/lois_psycho_evolution_peuples/lois_psy_evolution_peuples.html%5D [https://openlibrary.org/subjects/person:arthur_gobineau_comte_de_%281816-1882%29].

<< Arthur de Gobineau nace en Ville d’Avray en 1816 en una familia aristocrática de antiguo origen normando. Poco antes de morir, en el Histoire d’Ottar Jara él revivirá los hechos del conquistador vikingo que arribó a las costas de Francia dando origen a su familia. El padre de Gobineau fue capitán en el Guardia Real de Carlo X. Después de la revolución de 1830 se apartó a vivir en Bretaña, mientras el hijo fue a estudiar a Suiza. Aquí Gobineau aprendió el alemán y pudo asomarse a las vastas perspectivas que la filología germánica abrió en aquellos años. Ya Federico Schlegel en su Über die Sprache und Weisheit der Inder enseñó la afinidad entre las lenguas europeas y el sánscrito, planteando una migración aria de Asia a Europa; en 1816, Bopp con su gramática comparada del griego, sánscrito, persa,latino y gótico fundó la filología indoeuropea; por su parte, los hermanos Grimm redescubrieron el Edda y poesía germánica haciendo revivir el antiguo heroísmo y la primordial mitología germánica mientras Kart O. Müller halló en los dorios (Die Dorier, 1824) el alma nórdica de la antigua Grecia. Así, Gobineau tuvo ocasión de familiarizarse desde la adolescencia con un mundo que la cultura europea iba lentamente asimilado.

Ares/http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/75/Ares_Canope_Villa_Adriana_b.jpg

[ Ares, ataviado de espartano. Villa Adriana ]

En 1834 Gobineau va a París. No es rico, y trata de hacerse paso como escritor y periodista.

Un artículo aparecido en la Revue de deux mondes lo puso en contacto con Alexis de Tocqueville, el famoso autor de La democracia en América, también él de antigua estirpe normanda. …  << En su correspondencia con el Conde de Tocqueville, defiende su libro y niega que peque de determinista contra la libertad del hombre. Confiesa haber seguido a Hegel y otros filósofos alemanes, pero declara que es católico y, por tánto, no es su intención contradecirse con los dogmas o verdades fundamentales de su religión >> (Cf. “L. Shemann “Correspondence entre Alexis de Tocqueville et Arthur de Gobineau, 1843 – 1859 “, Paris, 1909. )

Entró en la diplomacia y fue como primer secretario a tomar la delegación de Berna. Es en Berna que escribió el Essai sur el inégalité des races humaines, cuyos dos primeros volúmenes aparecieron en el 1853, los segundos en 1855. La gran obra del Ensayo sobre la desigualdad de la razas humanas fue terminada. Pero la cultura francesa no se dio cuenta.

Tocqueville intentó consolar a Gobineau profetizando que este libro sería introducido en Francia desde Alemania: fue en efecto una respuesta a problemas surgidos en la cultura alemana, y en ella habría sido discutida. De Berna, Gobineau pasó a Fráncfort, luego – como ministro plenipotenciario – a Teherán, Atenas, Rio de Janeiro y Estocolmo. El tiempo que estuvo en Persia le permitió dedicarse a sus predilectos estudios orientalísticos. El Traité des écritures cuneiformes, La Historie des Perses, Réligions et philosophie dans l’Asia central. También escribió las Nouvelles Asiatiquesy, siempre en literatura, la novela Adelaida, el poema Amadis, el fresco histórico sobre La Renassance y la que es quizás su novela mejor lograda: Les Pleiades

La guerra franco-prusiana le sorprende en el castillo de Trye que formaba parte del antiguo dominio de Ottar Jara y que él adquirió. No se hacía graciosas ilusiones (un biógrafo suyo cuenta: “El canto de la Marsellesa, los gritos: a Berlín!, repugnaron a su naturaleza. No le dio el nombre de patriotismo a esas sobreexcitaciones peligrosas, demasiado ayuntamientos con las razas latinas. Donde divisó síntomas funestos”), pero en su calidad de alcalde organizó la resistencia civil contra el invasor.

El desastre de los años 70 y la suspensión de su candidatura a la Academia de Francia le disgustaron completamente. La misión a Estocolmo, en aquella Escandinavia que quiso como a una segunda patria, le fue de algún consuelo, hasta que en 1877 fue jubilado anticipadamente. Para Gobineau transcurrieron los últimos años de su vida entre Francia e Italia. En Venecia conoció a Richard Wagner el cual dijo de él: “Gobineau es mi único contemporáneo”. Un reconocimiento basado en una recíproca afinidad. Ambos advirtieron el atractivo romántico de los orígenes primordiales: los tonos profundos que se vislumbran en los abismos del caudal de El oro del Rin son los mismos que repican en el Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas. Fue Wagner quien presentó a Gobineau al profesor Schemann de Freiburg, el cual fundaría el Gobineau-Archiv.

Gobineau murió de repente en Turín en el octubre de 1882. Nadie pareció darse cuenta de su desaparición. Fue universalmente admirado como un hombre de espíritu y como brillante conversador. Años después, fue cuando en la universidad comenzaron a dictarse cursos sobre de él.

Legado

Fueron los alemanes los que lo valorizaron. Richard Wagner le abrió las columnas del Bayreuther Blätter: ahora los wagnerianos Hans von Wolzogen, Ludwig Schemann, Houston Stewart Chamberlain anunciaron su obra. Fue Ludwig Schemann quien fundó el culto a Gobineau instituyendo un archivo cerca de la universidad de Estrasburgo, entonces alemana. En el 1896 Schemann fundó el Gobineau-Vereinigung que difundiría el gobinismo en toda Alemania. En el 1914 pudo contar con una red influyente de protectores y amistades; el Kaiser mismo la subvencionó y buena parte del cuerpo enseñante fue influido por sus ideas.

Sobre la estela de la obra de Gobineau nació el racismo: Vacher de Lapouge, Penka, Pösche, Wilser, Woltmann, Houston Stewart Chamberlain >> Extracto de Metapedia.es, con añadido sobre correspondencia con el Conde de Tocqueville.

La faena de la filosofía de la historia en el siglo XIX excedió la fijación material del proceso histórico basada en factores económicos para plantearse también el interrogante acerca de los portadores y sujetos peculiares de la historia: la vida del hombre individual en su honda raigambre natural fue examinada a la luz de su penetración mutua por fuerzas tanto espirituales como naturales. Partiendo de una concepción empírica de la historia, se desarrollaron nuevas caracterizaciones y nuevos estudios sobre cuestiones como pueblo y raza en relación a su significación ontológica para la historia, sea ésta política o cultural. Quien sentó el precedente de considerarel tema de la raza como factor y portadora de la vida histórica fue el diplomático y escritor francés Joseph Arthur de Gobineau (1816-1882), un aristócrata autor de novelas, obras teatrales, libros de viajes y de poesías, y ensayos sobre religión, filosofía e historia. Su obra más conocida es el “Essai sur l’inégalité des races humaines” (Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas) publicada en cuatro tomos entre 1853 y 1855, por la que se convirtió en el primer teórico de la tesis sobre la supremacía de las razas arias.
En este voluminoso ensayo estudió el problema de la decadencia de las civilizaciones. Esta decadencia no era debida, a su entender, a las causas que usualmente se citan: la corrupción, la irreligión o la lujuria. Tampoco era debida a la acción de los gobernantes. Un pueblo degenerado o decadente, dice Gobineau, es aquel que ya no posee el mismo valor intrínseco que antes, es decir, “el que no posee ya la misma sangre en sus venas” a causa de haber sido afectada su sangre por “continuas adulteraciones”. Esto supone que hay diferencias de valor entre razas humanas y que, por consiguiente, una raza puede “contaminar” a la otra. El biologismo que se desprende de esta noción de Gobineau no fue negado por su autor. Todo lo contrario; él mismo comparó un pueblo con un cuerpo humano e hizo consistir el valor primordial de éste en su “vitalidad”. De ahí que Gobineau se ocupase especialmente de señalar cuáles eran las condiciones que debía cumplir un pueblo para mante­nerse inmune a la degeneración. Pero como estas condiciones dependían esencialmente, a su entender, de la pureza de la raza, resultó que la raza primero y su pureza después, serían para él el fundamento de cual­quier filosofía de la historia.
Según razona el filósofo y ensayista catalán José Ferrater Mora (1912-1991) en su grandioso “Diccionario de Filosofía”, la exaltación de la raza germánica debe ser comprendida a la luz de esta idea, pues la raza germánica es, afirma Gobineau, la más alta variedad del tipo blanco, superior a las demás variedades y, por supuesto, incomparable con los tipos amarillo y negroide (para Gobineau, el ínfimo tipo). En último término, decir “raza” es decir “raza germánica”, en el mismo sentido en que se dice de alguien que es “un hombre de raza”. ” En la raza  – dice Ferrater Mora  [ corrijo algo el texto] –  radican, según Gobineau, todos los valores (o disvalores), no sólo físicos sino también espirituales. Reducir la multiplicidad racial a la idea de un humanismo es, a su entender, una degeneración de la historia y el principio de la decadencia para todas las razas superiores. La desigualdad de las razas es, por consiguiente, una desigualdad física y espiritual; su mutua relación no es sólo de diferencia sino también  de necesaria subordinación, por eso es preciso conservar pura la raza y en particular la  germánica como natural dominadora de las restantes, pues su mezcla significaría necesariamente su desaparición”. La filosofía de la historia de Gobineau se reduce de este modo a un naturalismo idealista, en el cual el primer término es representado por la interpretación de la historia a base de un factor real natural, y el segundo por la determinación de una finalidad.
Lovers. The Complete Poems [Credit - The Pushkin State Museum of Fine Arts - Moscow, Russia] [Lo que el Conde de Gobineau consideraba la raza blanca. “Amantes”, Museo Estatal de Bellas Artes Pushkin, Moscú, Rusia]

<< Encuentro – escribe el ilustre Conde  –   solamente tres razas bien caracterizadas: la blanca, la negra y la amarilla. Si me sirvo de denominaciones tomadas del color de la piel, no es porque juzgue la expresión justa y acertada, pues las tres categorías de que hablo no tienen precisamente por rasgo distintivo el color de la carne, cada vez más múltiple en sus matices: se añaden a él hechos de conformación más importantes aún. Pero, a menos de inventar yo mismo nombres nuevos, a lo que no me creo con derecho, es preciso que me resuelva a elegir, en la terminología en uso, designaciones no absolutamente buenas, pero menos defectuosas que las demás, y prefiero decididamente las que empleo aquí, que despues de advertencia previa son bastante inofensivas, a todos esos apelativos sacados de la geografía o de la historia que tanta confusión han arrojado sobre un terreno ya bastante embrollado por sí mismo. Así, advierto, de una vez para siempre, que entiendo por blancos a los hombres que se designan también con el nombre de raza caucásica, semítica, jafética. Llamo negros a las chamitas, y amarillos a la rama altaica, mongólica, finesa, tártara. Tales son los tres elementos puros y primitivos de la humanidad. No hay más razones para admitir las veintiocho variedades de Blumenbach que las siete de Prichard: uno y otro clasifican en sus series híbridos notorios.
Cada uno de los tres tipos originales, en lo que les es particular, jamás presentó probablemente una unidad perfecta. Las grandes causas cosmogónicas no habían solamente creado en la especie variedades definidas; en los puntos en que su efecto se había producido, habían determinado también, en el seno de cada una de las tres variedades principales, la aparición de varios géneros que poseían, además de los caracteres generales de su rama, rasgos distintivos particulares. No hubo necesidad de cruzamientos étnicos para causar esas modificaciones especiales: preexistían a todas las mezclas. Vanamente se trataría hoy de comprobarlas en la aglomeración mestiza que constituye lo que se llama la raza blanca. Esa imposibilidad debe existir también en cuanto a la amarilla. Tal vez el tipo melanio se ha conservado puro en algún lugar; por lo menos, ha permanecido ciertamente más original, y demuestra así, por lo visto mismo, lo que podemos admitir para las otras dos categorías humanas, no según el testimonio de nuestros sentidos, sino según las inducciones suministradas por la historia. Los negros han seguido ofreciendo diferentes variedades originales, tales como el tipo prognato de cabellera lanosa, el del negro indio del Kauman y del Dekkan, el del pelagiano de la Polinesia. Muy ciertamente se han formado variedades entre esos géneros por medio de mezclas, y es de ahí que se derivan, tanto para los negros como para los blancos y los amarillos, los que se pueden llamar tipos terciarios.
Los hombres de la raza amarilla son generalmente pequeños; en algunas de sus tribus, incluso, no rebasan las proporciones reducidas de los enanos. La estructura de sus miembros, la potencia de sus músculos, están lejos de igualar lo que se ve en los blancos. Las formas del cuerpo son rechonchas, achaparradas, sin belleza ni gracia, con algo de grotesco y muchas veces de horrible. En la fisonomía, la naturaleza ha economizado el dibujo y las líneas. Su liberalidad se ha limitado a lo esencial: una nariz, una boca, pequeños ojos son lanzados en caras anchas y aplastadas, y parecen trazados con una negligencia y un desdén completamente rudimentarios. Los cabellos son raros en la mayor parte de las tribus. Se ven, sin embargo, y como reacción, excesivamente abundantes en algunas y descendiendo hasta la espalda; en todas son negros, ásperos, tiesos y toscos como crines. He ahí el aspecto físico de los hombres de la raza amarilla. En cuanto a sus cualidades intelectuales, no son menos particulares, y están en oposición tan cierta con las aptitudes de la especie negra, que habiendo dado a ésta el título de femenina, aplico a la otra el de varonil, por excelencia. Una falta absoluta de imaginación, una tendencia única a la satisfacción de las necesidades naturales, mucha tenacidad y perseverancia aplicadas a ideas vulgares o ridículas, cierto instinto de la libertad individual manifestado, en el mayor número de las tribus, por el apego a la vida nómada y, en los pueblos más civilizados, por el respeto a la vida doméstica; poca o ninguna actividad, ninguna curiosidad de espíritu, ninguno de esos gustos apasionados por el adorno tan notables en los negros: he ahí los rasgos principales que todas las ramas de la familia.

"O Desterrado", 1872, Antonio Soares dos Resi (1847-1889). [“O Desterrado”, 1872, Antonio Soares dos Resi (1847-1889). ]
Se ha realzado un hecho muy digno de nota, del cual se aspira a servirse hoy como de un criterio seguro para reconocer el grado de pureza étnica de una población. Es el parecido de los rostros, de las formas, de la constitución y, por tanto, de los gestos y del aspecto. Cuanto más una nación estuviera exenta de mezcla, más todos sus miembros tendrían en común esas similitudes que enumero. Cuanto más, al contrario, se hubiera cruzado, más diferencias se encontrarían en la fisonomía, la talla, el porte, la apariencia, en fin, de los individuos. El hecho es indiscutible, y el partido que se puede sacar de él es precioso; pero no es enteramente como se imagina.

Portrait heads of Roman women of early imperial period. Musei Vaticani, Rome [Retratos romanos. Museo Vaticano, Roma].

Asisto con interés, aunque con mediana simpatía, lo confieso, al gran movimiento a que los instintos utilitarios se entregan en América. No desconozco el poder que despliegan; pero, bien contado todo, ¿qué resulta, de ellos, desconocido? Y aún, ¿qué ofrecen seriamente original? ¿Pasará allí algo que en el fondo sea extraño a las concepciones europeas? ¿Existe allá un motivo determinante al cual se puede ligar la esperanza de futuros triunfos para una humanidad joven que estaría aún por nacer? Pésese maduramente el pro y el contra, y no se dudará de la inanidad de semejantes esperanzas. Los Estados Unidos de América no son el primer Estado comercial que haya habido en el mundo. Los que le han precedido no han producido nada que se pareciera a una regeneración de la raza de que eran originarios.

A statue of Aphrodite and Ares. Because Alectryon fell asleep, Ares and Aphrodite were caught together. Ares turned Alectryon into a rooster. [Ares y Afrodita, Marte y Venus]
Cartago ha lanzado un resplandor que será difícilmente igualado por Nueva York. Cartago era rica, grande en todas especies. La costa septentrional de Africa en su completo desenvolvimiento, y una parte de la región interior, estaba en su mano. Había sido más favorecida a su nacimiento que la colonia de los puritanos de Inglaterra, porque los que la habían fundado eran los retoños de las familias más puras del Chancán. Todo lo que Tiro y Sidón perdieron, Cartago lo heredó. Y, sin embargo, Cartago no ha añadido el valor de un gramo a la civilización semítica, ni impedido su decadencia por un día. Constantinopla fue a su vez una creación que parecía deber eclipsar en esplendor el presente, el pasado, y transformar el porvenir. Gozando de la más bella situación que existe sobre la tierra, rodeada de las provincias más fértiles y más populosas del imperio de Constantinopla, parecía exenta, como se quiere imaginar en cuanto a los Estados Unidos, de todos los impedimentos que la edad madura de un país se lamenta de haber recibido de su infancia. Poblada de letrados, colmada de obras maestras de todos géneros, familiarizada con todos los procedimientos de la industria, poseedora de manufacturas inmensas y dueña de un comercio sin límites con Europa, con Asia, con Africa, ¿qué rival tuvo jamás Constantinopla? ¿Para cuál rincón del mundo el cielo y los hombres podrían jamás hacer lo que fue hecho para esa majestuosa metrópoli? ¿Y a qué precio pagó tantos cuidados? No hizo nada, no creó nada: ninguno de los males que los siglos habían acumulado sobre el universo romano supo curarlos; ni una idea reparadora salió de su población. Nada indica que los Estados Unidos de América, más vulgarmente poblados que esta noble ciudad, y sobre todo que Cartago, deban mostrarse más hábiles.

Jordu Schell

[Tributo artístico a nuestro interno y externo mundo clásico Natural y antipuritano, heredado de la Civilización Europea, uno de cuyos substratos es su determinada materia racial propia, instrumento de la Cultura dórica, jónica y corintia helenas.]

Toda la experiencia del pasado se ha reunido para probar que la amalgama de principios étnicos agotados no podría suministrar una combinación remozada. Es ya mucho prever, mucho conceder, suponer en la República del Nuevo Mundo una cohesión bastante extensa para que la conquista de los países que la rodean le sea posible. Apenas ese gran éxito, que le daría un derecho cierto a compararse con la Roma semítica, es aún probable; pero basta que lo sea para que deba tenerse en cuenta. En cuanto a la renovación de la sociedad humana, en cuanto a la creación de una civilización superior o al menos diferente, lo cual, a juicio de las masas interesadas, viene a ser siempre lo mismo, son fenómenos que no son producidos sino por la presencia de una raza relativamente pura y joven. Esta condición no existe en América. Todo el trabajo de ese país se limita a exagerar ciertos aspectos de la cultura europea (y no siempre los más bellos), a copiar lo mejor que puede el resto, a ignorar más de una cosa. Ese pueblo, que se llama joven, es el viejo pueblo de Europa, menos contenido por leyes más complacientes, no más inspirado. En el largo y triste viaje que lanza a los emigrantes a su nueva patria, el aire del Océano no los transforma. Tales como habían partido, tales llegan. El simple traslado de un punto a otro no regenera a las razas sino a medias agotadas. >>

Grupo llamado de San Ildefondo. La cabeza de la estatua izquierda está añadida al original griego y es testa de Antinoo. El falo de dicha estatua no fue reconstruido, por pudor. Museo del Prado, Madrid. [Grupo llamado de San Ildefondo. La cabeza de la estatua izquierda está añadida al original griego y es testa de Antinoo. El falo de dicha estatua no fue reconstruido, por pudor. Museo del Prado, Madrid. ]

[ Nota de César Borgia junior:

En 1885 el escritor haitiano Joseph Antenor Firmin publicó un ensayo de 650 páginas argumentando contra la absolutamente evidente y ostensible desigualdad de las razas humanas. El título de su libro se refiere al libro del Cpnde de Gobineau. Discute el concepto de raza, advierte de la vaguedad de la idea racial y ensalza los logros de las civilizaciones creadas por negros antiguos, desde el Egipto arcaico y faraónico y Etiopía hasta la República negra de Haití. “No tendría más que levantar la cabeza, desde su tumba, para ver la pasmosa maravillosamente prodigiosa civilización haitiana de los negros de su nuevo país, originario de esclavos traidos inmoral y crudelísimamente de Africa. Que levante la cabeza y ponga el oído para escuchar el divino francés que allí se habla, en medio de la opulencia y el lujo refinado”. He puesto entre comillas la frase, para que a nadie escape que he hablado con ironía.

   . ]

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&& AÑADIDO:

.                                             

El Rvdº. Padre Balmes no escribió ningún libro sobre la raza, pero conocía las teorías científicas antropológicas de su tiempo, y, entre ellas, las de los estudios de Camper.

Tenía idea de la raza y pensaba que era uno de los elementos que influían en la creación, mantenimiento y desarrollo de la Civilización y de sus distintas ramas o manifestaciones. Su pensamiento al respecto, que analizaremos más tarde, se halla en su escrito dirigido al periódico “El Conservador”, refutando las tésis expresadas en un artículo titulado “Españoles-Americanos” del nº 11 correspondiente al día 21 de Noviembre de 1841. El escrito de Balmes se titula << Impugnación de un artículo de “El Conservador” titulado “Españoles-Americanos” >>, y fue publicado en la revista “La Civilización”, cuaderno 8, de la 2ª quincena de Diciembre de 1841, vol. I, pág. 351.

“Nos parece muy aventurado – dice – el buscar en razones de climas ni de razas las causas de los fenómenos sociales y políticos; no le negamos su influencia, no entramos en disputas sobre su mayor o menor predominio.” Existe la influencia de la raza, si bien es muy dificil determinarla.  Estoy perfectamente de acuerdo con mi “confrater” y asumo el pensamiento de dicho artículo, menos en lo que dice de Rusia, en la que ve una autocracia al parecer desprovista de organización social y política orgánica capaz de sobrevivir civilizadamente a una Monarquía absoluta.

Niega que la raza española esté agotada, y se indigna sobremanera por causa de dicha temeraria y falsa afirmación. “… la sangre  – exclama – española hervía en nuestras venas, y latía fuertemente en nuestro pecho el corazón español, y nuestra frente se alzaba altiva protestando contra la [ afirmación de la ] inferioridad de nuestra raza; y evocábamos las sombras de los Pelayos, de los Cides, de los Guzmanes, veíamos en torno nuestro a Hernán Cortés con sus prodigiosas hazañas, al Gran Capitán inmortalizandose en Italia, … “.

 [Don Pelayo ]

https://ricardodeperea.files.wordpress.com/2014/03/f8ce6-gran-capitan-tendillas.jpg?w=640 [El Gran Capitán ]

https://nicolaszavala.files.wordpress.com/2014/04/tercio1.jpg?w=1280&h=788

[ Tercios españoles de Flandes, batalla de Rocroi, culmen heróico.]

Y niega toda inferioridad de la raza española comparada con la inglesa. El concepto de raza está tomada por Balmes, en sentido amplio, considerando a la raza blanca como la europea y no distinguiendo la española de la típica de Europa, a pesar de las diferencias fenotípicas de las diferentes étnias europeas.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Arkona+Masha1                                                                      [Rusa]

[ Prefacio a los dos artículos que reporto a continuación sobre el COLOSO MENDEL :

El primer artículo biográfico del Gran Mendel,  escrito presente en una página web de “católicos” modernos, buenistas, suaves, no exalta lo suficiente la figura del Sacerdote austríaco. Más se fijan en la clerecía de este genio germánico y católico sacerdotal los ateos y agnósticos, que los cristianos enfermos de “debilitis sonrisoídea”. A los autodenominados “progres” no les gusta eso de que hay leyes genéticas, ni desigualdades raciales, ni herencias genéticas diversas, incluso en lo que respecta al carácter o la psicología de los individuos. No, con sumo disgusto miran esas leyes que profundamente anhelan negar, y que niegan como pueden los titiriteros de la cuadrilla de Levi-Strauss, el “abolidor de las razas” y “Director espiritual” de la pútrida ONU, casi toda ella invadida por un lado por la tiránica y judeoegemónicomundialista  Gran Secta protocolosiana, maquiavélica, o, simplemente diabólica y perversa, y por otro por la musulmanería negadora de la divinidad, verdad y supremacía moral del Cristianismo y de su influjo íntegramente beneficioso en la vida humana, siempre y cuando no se adopte principios filosóficos cristianodogmáticamente permisibles, pero no verdaderos y, por tánto, no positivamente civilizadores.

Rostro del bilateral del Gran enemigo de la Europa de Sangre, incluida RUSIA, y del Cristianismo : Cara de la HEREJIA "semítica" : Sionismo anticristiano, e islamismo.

<< No hay razas *  [  *<< Existen muchas culturas, pero no hay razas. La raza no juega papel alguno. Estrictamente hablando no existe algo así como diversas razas de seres humanos. Lo que para algunos suena como idealismo de ensueño es en realidad un hecho científico que se fundamenta en una complexiva molecularbiológica investigación. Naturalmente hay diferencias entre los hombres, pero son debidas mucho más intensas en el plano individual que en el de los pueblos. La división en razas es un concepto real, cultural, político y económico en la sociedad, pero no un conxcepto biológico; sinembargo desgraciadamente la gente piensa erróneamente que el fundamento de las distintas razas humanas está en diferencias genéticas.” Viele Kulturen, aber keine Rassen. Die Rasse spielt keine Rolle. Genaugenommen existiert so etwas wie verschiedene Rassen bei Menschen gar nicht. Was für manchen vielleicht wie träumerischer Idealismus klingt, ist in Wirklichkeit eine wissenschaftliche Tatsache, die sich auf umfassende molekularbiologische Untersuchungen stützt. Natürlich gibt es Unterschiede zwischen den Menschen. Doch diese sind auf individueller Ebene viel ausgeprägter als zwischen den Völkern. “Die Einteilung in Rassen ist ein reales kulturelles, politisches und ökonomisches Konzept in der Gesellschaft, aber es ist kein biologisches Konzept. Doch unglücklicherweise nehmen die Leute fälschlich an, dies sei die Grundlage verschiedener menschlicher Rassen: genetische Unterschiede” >> sagt  Alan R. Templeton von der Universität Washington, in St. Louis, Judeoyankiland, 9 Oktober 1998 .  >> ( “http://www.spektrum.de/news/viele-kulturen-aber-keine-rassen/341566 . )  ]  , no debe haberlas,  –  dicen  los que presumen de modernos progresistas  –  no es bueno que las haya; no hay diferencias, si las hubiera, no valdrían nada. Todos somos una única sociedad, una única nación de la Humanidad, un solo mundo y un solo reino (mejor dicho: República Universal filántropa y pacifista o que debe ser pacífica) en el cuál se impone, por la fuerza si necesario, el llamado “Pensamiento Único” y la disciplina universal antifascista. No hay una patria particular, con raza particular, que defender; somos ciudadanos del mundo, todos de igual valor genético y de todo tipo, excluidos los nazis, los fascistas y los clasicistas a quienes asimilaremos a fascistas. “Satanás no existe, pero Hitler es el Demonio”. >>  Y miéntras se aplican lo contrario de lo que predican a los goim. Defienden acérrimamente su nación, destruyen las patrias menos la suya, procuran diluir toda identidad patria y nacional menos la de ellos, y atacan por doquier para aniquilar elementos de cohesión social, religiosa, política, militar :  de LIBERTAD respecto del yugo judeomasón y revolucionario institucionalizado. ¿Y cuáles consideran los elementos más importantes cohesionadores humanos de patrias? LA RELIGION  (especialmente la católica y demás denominadas “cristianas”) Y LA RAZA fuerte a la que ellos no pertenezcan o la tengan más mezclada que lo están los gatos domésticos callejeros (por cierto hermosos; muy bonitos son los multicolor llamados “moriscos” en Sevilla.tumblr_n2fkbmOcqf1rlomffo1_1280

 >

>

Rusia es la grande, más valiosa, rica en estirpe y Sangre, inteligente, fuerte, y de inquebrantable voluntad de ser LIBRE E INDEPENDIENTE de la Secta sionista maquiavélica judía.

Ahora, “derretida” ya Alemania en una balsa de apelmazado “chapapote” sin conciencias raciales nacionales, la gran naturaleza soberbia y bella a dominar absolutamente es Rusia . “O conquistarla, o “desangrarla”, debilitarla y, finalmente, si no cede, aniquilarla”, así piensa esa gentuza malvada. Quieren la debilidad del pueblo ruso, su degeneración genética, su degradación moral, su debilidad religiosa (Libertad religiosa en sentido de igualdad de las sectas y confesiones), su pobreza ( a que contribuyen con sanciones prepotentes injustas), la confusión o destrucción de la conciencia de su identidad patria, y la ineutralización de toda reacción de defensa propia de supervivencia como pueblo sano (inteligente), uno, familiar (clánico y racial), unido, fuerte, trabajador, rico y libre, dispuesto siempre a luchar y morir por no ser subyugados por la peste diabólica sionista, ni por la mayor aún del mahometismo. ¿Quien era Mendel? “Un cura papista, un monje católico, un agustino, un Sacerdote, un falsificador*  [ * << 1936 schrieb der britische Biomathematiker R. A. Fisher nach der Lektüre von Mendels Erbsenstudie: Die Ergebnisse seien zu schön, um wahr zu sein. Hat Mendel Daten geglättet oder gar gefälscht? Fishers Argument lautet: Sofern Mendel nicht großes Glück hatte, liegen die Resultate zu nahe an seinen Vorhersagen. Zu dieser Frage wurde mittlerweile ein ganzes Buch veröffentlicht. Man kann Mendel gegenüber diesen Einwand statistisch verteidigen und man kann es auf biografische Weise tun: Mendel war so ehrlich, wie man nur sein kann, und außerdem extrem gewissenhaft. Angesichts seiner dokumentierten Sorgfalt ist es für mich schwer zu glauben, dass er geschwindelt haben soll. Davon abgesehen: Die Differenz zwischen Mendels Ergebnissen und Fishers Berechnungen ist sehr klein. Es kann ohne weiteres Zufall gewesen sein. >>  Robert Czepel, Gesprach mit sander Gliboff, Professor fur Wissenschaftsgeschichte an der Universität Indiana (USA). Bei  http://science.orf.at/stories/1753591/ . Sehe :  Mendel_Fischer_Controversy   ]

Monasterio de Altbrünn

¿Qué vale Mendel y la Genética e ingeniería científicas? Nada para las PATRIAS, de suyo no judías; mucho, en cambio, para fabricar venenos transgénicos, enriquecerse con ello, y curarse con las terapias médicas genéticas, todavía reservadas a los ricos. De mejorar genéticamente la raza, ni hablar ¡”Que aberración, qué escándalo, que horrendo crímen contra la Humanidad”!. No es de extrañar que fomenten el servilismo de las inteligencias comunes, y discriminen y marginen a los superdotados, promoviendo y halagando también a la masa de los tontos, no vaya a ser que se dé cuenta de la esclavitud a que es sometida y, en consecuencia, se rebele. “¡Viva la igualdad, muera Mendel!”  es el grito subliminal, solo para goim,  de sus podridas almas. ]

gregorio-mendel-6Hochwste. Herr, Pater Gregor Johannes Mendel, GRÜNDER DER GENETIK ALS STRENGE WISSENSCHAFT.

La Genética, …  sus comienzos datan del 1000 A.C., se podría decir que realmente empezó cuando Gregor Mendel (nacido el 22 de julio de 1822 en Heinzendford, Austria), un modesto monje agustino que presenta en 1865 su trabajo de investigación a la Sociedad de Historia Natural de Brün, con el título de “Híbridos en plantas”.

mendel01
Los científicos de ésa época no comprendieron esta publicación debido a su complejo tratamiento matemático, y fue hasta después de 35 años que otros científicos valoraron su importancia. Entonces ya se conocía el hecho de que todos los seres vivos estaban formados por células y que en ellas se encontraban unas estructuras denominadas cromosomas.

gregorio-mendel-6Gregor Mendelmendel

En la primera mitad del siglo XIX se suponía que si las formas alternativas de un carácter se cruzaban genéticamente, el resultado sería una combinación de todas ellas. Así, si hipotéticamente y en términos de herencia se mezclasen el gris y el negro, se obtendría necesariamente un color gris oscuro. Mendel fue el primero en demostrar que la herencia por combinación no tiene lugar y que los caracteres permanecen diferenciales e intactos.

gregorio-mendel-7-150x150Los experimentos que condujeron a su descubrimiento de los principios básicos de las leyes de la herencia y, consiguientemente, a la fundación de la genética como rama de la ciencia se iniciaron en 1856.

Para la enunciación de sus leyes, Mendel llevó a cabo una serie de cruzamientos con guisantes durante generaciones sucesivas y se dedicó a la observación de determinados caracteres aparentes, como la rugosidad de la piel o el color amarillo o verde.
Leyes de Mendel.

Se formularon en 1865. Mendel descubrió al experimentar con siete características distintas de variedades puras de guisantes o chícharos de jardín, que al cruzar una variedad de tallo alto con otra de tallo enano, por ejemplo, se obtenían descendientes híbridos. Estos se parecían más a los ascendientes de tallo alto que a ejemplares de tamaño mediano. Para explicarlo, Mendel concibió la idea de unas unidades hereditarias, que en la actualidad llamamos genes, los cuales expresan, a menudo, caracteres dominantes o recesivos.

mendel

La primera ley conocida como la de la uniformidad, afirma que cuando se cruzan dos individuos de idéntica especie correspondientes a dos líneas puras y que difieren en el aspecto que presenta un mismo carácter, los descendientes muestran una homogeneidad en la característica estudiada y todos heredan el carácter de uno de los progenitores (factor dominante), mientras que el del otro parece haberse perdido, o bien presentan un rasgo intermedio entre los dos de los padres. Se dice en este último caso que hay codominancia.

La segunda ley, denominada de la segregación, demuestra que los factores hereditarios (genes) constituyeran unidades independientes que pasan de una generación a otra sin sufrir alteración alguna. Al cruzar entre sí los descendientes obtenidos de la reproducción de dos líneas puras, observa que el carácter recesivo, que no se manifestaba, transmitido por uno de los progenitores, se hace patente en la segunda generación filial en la proporción de 1/4; el carácter dominante se da ahora en las 3/4 partes de los descendientes. Cada pareja de genes que determinan el carácter estudiado y que se hallan presentes en un determinado individuo se separan, por lo tanto, al formarse las células reproductoras, y se combinan al azar.

La tercera ley, llamada de la transmisión independiente, afirma que cada carácter se hereda con independencia de los restantes caracteres. Para llegar a esta conclusión, Mendel cruzó plantas que diferían en dos caracteres (dihíbridos), y cuyo genotipo era, por ejemplo, Aa Bb. Al formarse las células reproductoras, se originaron cuatro tipos distintos: AB, Ab, aB y ab, que se combinaron de todas formas posibles con los mismos tipos del otro individuo. En total se obtienen 16 genotipos posibles.

Las leyes mendelianas se cumplen en todos los seres vivos dotados de reproducción sexual y en los que se forman células reproductoras especiales.

125

 DE :  http://html.rincondelvago.com/johan-gregor-mendel_1.html   : 

<<  Mendel y

su tiempo

2 º Biología – Grupo B

Genética

Índice:

  • Los años de formación
  • Los años de actividad científica
  • Experimentos de hibridación con guisantes
  • El papel de Carl Nägeli y otros científicos
  • Otros trabajos de Mendel
  • Etapa final de su vida
  • Redescubrimiento de las leyes de Mendel
  • Mendelismo a inicios del siglo XX
  • Introducción del mendelismo en España

1 – Los años de formación:

Johann Mendel (verdadero nombre antes de tomar los hábitos) nació en 1822 en Heizendorf, perteneciente al imperio austro-húngaro, ciudad denominada actualmente Hyncice y perteneciente a Chequia. Se situaba en una comarca agrícola, donde se asentaron sus progenitores hacia 1689.

Los padres de Mendel fueron campesinos. Anton Mendel (1789-1857), que había participado como soldado durante 8 años en las guerras napoleónicas, y Rosine Schwirtlich (-1862) se casaron y tuvieron 5 hijos, dos de los cuales eran niñas y murieron a edades tempranas. De los otros 3 hermanos, Verónica era la mayor, nacida en 1820, seguida por Johann, el hijo mediano, y éste seguido por Teresa nacida en 1829.

Entre los primeros instructores de Mendel destacan: el párroco de Hyncice, Johann Schreiber, y al maestro local Teodoro Markitta. Cabe destacar que el párroco antes de ejercer esta función, había dirigido el Instituto de Educación de Kunín, pero fue destituido siendo acusado de estar más preocupado en transmitir conocimientos histórico-naturales que en la propia religión. En Hyncice, siguió interesándose por todas las novedades agrícolas, que intentaba transmitir a sus feligreses, a la vez que discutía con ellos los problemas del cultivo, etc. Ello pudo influenciar en los intereses científicos de Mendel desde su juventud. Además en la escuela existía un pequeño huerto experimental, donde el maestro se percató de la adecuada disposición y capacidad con que Mendel afrontaba los estudios, y por ello pensó que debía seguirlos en una escuela más apropiada que la de su localidad.

Así, entre el párroco y el maestro convencieron a los padres de Mendel para que enviaran a su hijo a cursar el tercer año de la Escuela Preparatoria al Colegio de los Padres Escolapios de Lipník, a 20 Kms. de Hyncice. A sus 11 años, Mendel ingresó en estra escuela, obteniendo unos buenos resultados académicos. Al terminar esta etapa de estudios, hubo de trasladarse al Instituto Imperial y Real de Orientación Clásica de Opava, donde debía estudiar 6 cursos. Allí estudió religión, latín, griego, geografía, historia y aritmética- álgebra. Su rendimiento académico siguió siendo extraordinario. Durante esta época de estudios, Mendel se vio obligado a impartir clases particulares para poder sufragar sus gastos debido a los malos momentos que atravesaba la economía familiar. Cursando el 5º curso tuvo que regresar a su casa, debido a problemas de salud. Fue a partir de entonces cuando Mendel debió prestar mayor atención a su salud delicada.

Tras el bachillerato, Mendel ingresó en el Colegio Mayor o Instituto de Filosofía de Olomuc..Estos estudios comprendían 2 años, donde se cursaba religión, filosofía, matemáticas, ciencias naturales y pedagogía. Pero por motivos de salud hubo de repetir el primer año, habiendo de dar clases particulares para sufragar sus gastos, e incluso su hermana Teresa le ayudó pasándole parte de su dote (herencia). Al concluir el segundo año en Olomuc, en 1843, decidió solicitar el ingreso en el convento de agustinos de Santo Tomás Apóstol situado en Brno, una de las principales ciudades industriales del imperio austro-húngaro, (llamada Brünn en alemán). Este convento era el centro religioso de mayor prestigio de Moravia. Seguramente, los principales responsables de esta decisión fueron Ferdinard Schaumann, director del Instituto de Opava, y sobre todo Friedrich Franz, su profesor en Olomuc.

Por ello, no se conoce hasta qué punto fue su vocación religiosa lo que le llevó a hacer esta elección. Algunos autores, al analizar un texto autobiográfico escrito a sus 27 años, han querido ver que sólo era una estrategia para solucionarse el sustento:

“El respetuoso abajo firmante sintió que que no le sería posible continuar soportando tales esfuerzos, siendo por ello que después de terminar los estudios filosóficos se vio obligado a ingresar en una clase social que lo liberó de las amargas preocupaciones del sustento; las circunstancias decidieron su elección de estado. Solicitó y obtuvo en 1843 el ingreso en el Convento de los Agustinos Santo Tomás, en Altbrünn”

El 9 de octubre de 1843 Mendel recibió el hábito agustino. Al año siguiente hizo los primeros votos y tomó el nombre de Gregor. En 1846, cuando cursaba tercer año de teología, realizó los votos perpetuos (solemnes) y en 1847, a sus 25 años, fue ordenado sacerdote en la Iglesia de San Miguel del Arcángel de Brünn.

El estado sacerdotal cambió por completo su situación material. Al desaparecer las penurias económicas, todo su esfuerzo se centró en el estudio de las materias clásicas, y en sus horas libres, en el estudio de una pequeña colección botánico-mineralógica que tenía a su disposición en el convento Además, en 1846 siguió las disertaciones que dictó F. Diebl en el Colegio Filosófico de Brno, que trataban sobre agricultura y cultivo de frutales y viñedos. Es de destacar que el profesor Diebl era defensor del método de la hibridación como método principal para mejorar las plantas.

En 1848, al finalizar sus estudios teológicos, el monje Matthäus Klacel le encomendó el huerto experimental del monasterio, en el cual unos años mas tarde llevaría a cabo sus trascendentales experimentos con guisantes.

Su primer encargo sacerdotal fue coadjutor de la parroquia y capellanía del hospital de Brno. Sin embargo, el contacto con los enfermos le causó un desazón magnitud que tuvo que ser relevado en el puesto. A partir de entonces Mendel orientó su actividad hacia la docencia y la investigación.

A partir de entonces comenzó su carrera como maestro en Znojmo, donde impartía matemáticas. Pero al poco tiempo, el director de la escuela, al comprobar su solvencia, le recomendó que se presentara al examen para ser profesor titular de Instituto en la Universidad de Viena. Para entonces, fue cuando escribió la nota autobiográfica a la que ya se ha hecho referencia, y que constituye uno de los documentos que aportan mayor información sobre los 27 primeros años de su vida.

En esa prueba, Mendel suspendió, ya que le faltaba haber obtenido una visión de conjunto de los conocimientos, y además el nivel requerido era superior al que él poseía. Ante este fracaso siguió impartiendo clases como sustituto en el Instituto técnico de Brno. Gracias a su capacidad para los estudios físicos, y tras hablar con algunos examinadores, el abad de Santo Tomás, Cyrill Napp, muy interesado en orientar el monasterio hacia el cultivo de la ciencia y de la docencia, decidió mandar a Mendel a Viena para que estudiara durante 4 semestres esa disciplina en la universidad.

Mendel permaneció en Viena de 1851 a 1853, y residió con las religiosas de Santa Isabel en la Landstrasse. Los profesores Christian Doppler (famoso por las leyes que llevan su apellido) y A. von Ettingshausen, fueron los que más le influenciaron en el ámbito de la física experimental.

Pero sus estudios en Viena no fueron solamente limitados a la física, sino que siguió interesándose por las materias biológicas, como zoología, botánica, paleontología, prácticas microscópicas, morfología y sistemática de plantas, etc. Fue entonces cuando asistió a los cursos del profesor Franz Unger, docente encargado de la enseñanza de la anatomía y la fisiología vegetal en la Universidad de Viena Al regresar a Brno, Mendel tuvo muy en cuenta las ideas de Unger sobre la importancia que tiene planificar los experimentos con cuidado, antes de ponerlos en práctica.

También aprovechó su estancia en Viena para asociarse en 1853 a la Sociedad Zoológico-Botánica de Viena, donde se celebraban sesiones mensuales. Y allí por primera vez Mendel hizo una disertación sobre una mariposa parásita del rábano blanco. El año siguiente, cuando Mendel ya estaba en Brno, en la sesión de abril, se trató el tema de las plagas por escarabajos que afectaban a las plantas del guisante, incluyéndose en esta sesión los datos aportados por Mendel el año anterior. Por ello estas 2 comunicaciones se consideran como los 2 primeros trabajos de Mendel que aparecieron publicados en las actas de la sociedad.

2 – Los años de actividad científica

El período de 15 años transcurridos desde el regreso de Mendel al monasterio en Brno en 1853 hasta 1868, en que fue elegido abad, se corresponde con el de su mayor actividad científica. En esos años compaginó su actividad como docente en el Instituto superior de enseñanza media de Brno y en el Instituto técnico, con el estudio y experimentación sobre los híbridos de plantas que llevaba a cabo en el monasterio.

En 1854 consiguió el puesto de profesor suplente de física y ciencias naturales en el Instituto superior de enseñanza media. Esta actividad le resultó gratificante, y tanto la dirección del Instituto como sus propios alumnos valoraban muy positivamente su labor. Se le describía según testimonios de la época como un monje amable y paciente. Solía llevar a sus alumnos al jardín del monasterio, donde les mostraba y enseñaba cómo se obtenían los diferentes tipos de guisantes, que él había obtenido mediante cruzamientos.

Entre sus compañeros de claustro, destacan: Alejandro Zawadsky, historiador y botánico, Alejandro Makowsky, y Adolfo Oborny. Todos ellos personajes ilustres en distintos ámbitos de las ciencias naturales. El contacto con estos compañeros de grandes conocimientos botánicos, le resultó beneficioso a Mendel para encarar sus experimentos.

En 1856 volvió a intentar obtener plaza de profesor de instituto. A la vez que se preparaba, continuó con sus trabajos experimentales con los guisantes. Llegado el momento del examen, y debido a los nervios y la tensión acumulada, Mendel debió abandonar el aula. Entonces regresó Brno con mal estado de salud, y decidió no volver a intentarlo y continuar con el cargo de profesor suplente.

A partir de entonces se concentra en los estudios y las experimentaciones sobre los híbridos de las plantas que ya había comenzado en 1854. Seguramente, en la elección de este tema influyó mucho el profesor Franz Unger, su profesor de anatomía y fisiología en Viena, además de que el hecho de la selección y mejora de animales y plantas mediante hibridación fuera un tema relevante desde años antes en Moravia.

Mendel estudió toda la literatura que tenía a su alcance sobre la hibridación, dándose cuenta de que hasta el momento todos los experimentos en ese terreno se habían llevado a cabo en muy pequeña extensión. Pero fundamentalmente, con todos los experimentos anteriores, lo único que se trataba de abordar con los cruzamientos era el origen de las especies y la evolución de las formas orgánicas. Es decir, los experimentos hasta entonces realizados distaban mucho de cualquier teoría genética como hoy en día la podemos entender.

La primera preocupación de Mendel fue elegir las especies de plantas con las que llevar a cabo los cruzamientos. Mendel buscó una planta con caracteres bien diferenciados, cuyos caracteres fueran fáciles de seguir en la descendencia. Además, quería una planta fácil de proteger del polen no deseado. Probó con más de 20 géneros, eligiendo al final el guisante (Pisum). Mendel era consciente de que debía obtener un elevado número de generaciones y que el espacio con el que contaba era reducido en el jardín del monasterio.

En primavera de 1856 Mendel seleccionó los caracteres del guisante en que iba a fijarse (los 7 caracteres) y comenzó los cruzamientos entre plantas con características diferentes para un mismo carácter.

Así, en cada sección del jardín plantó ejemplares con diferentes caracteres. Al florecer las plantas, abrió algunos capullos y eliminó los estambres para evitar la autofecundación. Además, como se sigue haciendo actualmente, para proteger el estigma de otros pólenes, envolvió con una bolsa de papel cada una de las flores. Al madurar el polen llevó a cabo la polinización artificial de los estigmas, y volvía a colocar la bolsa protectora. Para asegurarse de que el resultado del experimento era independiente de cual fuera la planta que actuara como progenitor masculino o femenino también llevó a cabo cruzamientos inversos. Así, Mendel efectuó 287 fecundaciones cruzadas sobre 70 plantas. Durante el verano vigiló la maduración de las plantas, y al completarse abrió las vainas para recoger las semillas. Así comprobó lo que sospechaba, que se seguía una uniformidad en la transmisión de los caracteres. Parecía como si en los híbridos hubiera desaparecido una de las 2 características posibles de cada carácter estudiado.

En la primavera de 1857, efectuó el cruzamiento de los híbridos de cada carácter entre sí, siguiendo el mismo procedimiento que el año anterior. Pero los resultados finales fueron muy diferentes, como también esperaba. Ya que en la mayor parte de las legumbres de una misma planta aparecían las 2 características diferentes iniciales del carácter en estudio. Entonces, contó el número con que aparecía cada característica, pensando que debía de existir alguna relación entre las proporciones en que aparecían unas y otras. Recogía los datos y los guardaba para los cruzamientos siguientes. En la primavera siguiente realizaba los nuevos cruzamientos fijándose en más caracteres, apuntando sus resultados, así hasta 1863. Es decir, efectuar cada cruce le llevaba un año de tiempo.

Cuando Mendel consideró concluidos sus experimentos con guisantes, los sistematizó, lo que le llevó año y medio, y los dio a conocer a la Sociedad de Naturalistas de Brno en 1865. En 1866 apareció su trabajo completo publicado con el título de “Experimentos de hibridación en plantas” en la revista de la Sociedad.

Mendel era uno de los socios fundadores de esta Sociedad, y junto con él se encontraban muchos miembros de la Sección de Ciencias Naturales de la Sociedad Agrícola Morava-Silesía, que buscaban así independencia para sus trabajos, que hasta entonces habían estado muy supeditados a los intereses de la Sociedad Agrícola. Mendel también perteneció al Instituto Central de Meteorología, y fue miembro de la Sociedad de Agricultura, en las secciones de Pomología Vinicultura y Horticultura. También llevó a cabo viajes científicos, como el de la Exposición Industrial de Londres en 1862, y por París.

En todos estos años, desde 1853 a 1868, Mendel realiza 2 actividades fundamentales, la docencia y la investigación. También cabe destacar que el monasterio en el que residía Mendel fue alejándose de las actividades monásticas de la orden, y volcándose cada vez más hacia el exterior y la cultura. Incluso, llegaron a redactar un escrito en el que defendían el cultivo de la ciencia, puesto que consideraban que su estudio no contradecía la misión espiritual del monasterio. Sin duda toda una declaración de principios y revolucionaria para este época, y que sin duda influyó de forma decisiva en la carrera de Mendel.

Durante estos 15 años, Mendel gozó de mejor salud que en años anteriores, a pesar de la crisis nerviosa que le hizo abandonar el examen de opositor, y sufrir obesidad. Además se sabe que era un gran fumador de puros, llegando a consumir 20 al día. Así, la obesidad y el tabaco le pasarían factura en la última etapa de su vida. Por otra parte, los momentos más amargos de estos 15 años los constituyen los fallecimientos de sus padres, el de su padre en 1857 y el de su madre en 1862.

3 – Los experimentos de hibridación con guisantes

Actualmente se entiende por hibridación tanto la fecundación entre individuos de diferentes especies, como la que se lleva a cabo entre variedades de la misma especie. Cuando la hibridación en plantas se debe a la acción del viento o insectos se considera natural o accidental, mientras que cuando la induce el hombre se trata de artificial. Ésta es la que llevan a cabo los hibridadores.

En 1853 Mendel volvió al monasterio de Brno tras asistir durante dos años a la universidad de Viena. Mendel decidió trabajar sobre el tema de la hibridación porque sabía que ninguna de las experiencias publicadas hasta el momento permitía formular una ley general para explicar la formación y el desarrollo de los híbridos. Mendel conocía que ninguno de los experimentos se había hecho con la suficiente extensión como para a partir de ellos determinar el número de formas diferentes que cabría esperar en la descendencia de los híbridos, ni establecer con precisión relaciones estadísticas. Por ello proyectó un plan para ser llevado a cabo en el pequeño huerto del monasterio.

Selección de las plantas experimentales:

El primer objetivo de Mendel fue seleccionar el tipo de plantas con las que iba a experimentar, y que según él, debían de cumplir 3 requisitos:

1 – Poseer caracteres diferenciales constantes

2 – Los híbridos, durante el período de floración, deberían estar protegidos de polinizaciones accidentales, o prestarse ellos mismos fácilmente a tal protección.

3 – La fertilidad de los híbridos y de sus descendientes no debían presentar perturbaciones significativas en las generaciones sucesivas.

Debido a la estructura floral de las leguminosas, Mendel comenzó realizando algunas experiencias con miembros de esta familia, hasta elegir el género Pisum, el conocido como guisante, ya que cumplía todos los requisitos, y además, en estas plantas los órganos fertilizadores están envueltos dentro de la quilla. Además, la fecundación artificial en Pisum suele terminar con éxito. Para llevarla a cabo, se abre el capullo antes de que esté del todo desarrollado, se elimina la quilla y los estambres, y se espolvorea con el polen ajeno (con el que deseamos llevar a cabo la fecundación artificial) sobre el estigma de la flor.

Mendel utilizó en total 34 variedades de guisantes. A lo largo de los 2 años siguientes, las sometió a diferentes pruebas hasta seleccionar 22 variedades, que cultivaría durante todo el período de experimentación.

Orden y distribución de los experimentos:

La primera etapa de sus investigaciones concluyó con la selección de los 7 caracteres, fácilmente distinguibles, que utilizaría en sus siguientes experiencias. Los 7 caracteres y las 2 alternativas morfológicas de cada uno de ellos son:

1- Forma de la semilla madura: Lisa o rugosa

2- Color de los cotiledones: amarillo o verde

3- Color del tegumento seminal: blanco o gris

4- Forma de la legumbre madura: hinchada o ceñida a las semillas

5- Color de la legumbre no madura: verde o amarillo

6- Posición de las flores: axiales o terminales

7- Longitud del tallo: largo o corto

Mendel sometió a cada una de las alternativas morfológicas a fecundación cruzada, llevando a cabo 7 pruebas:

1ª prueba: 60 fecundaciones sobre 15 plantas

2ª prueba: 58 fecundaciones sobre 10 plantas

3ª prueba: 35 fecundaciones sobre 10 plantas

4ª prueba: 40 fecundaciones sobre 10 plantas

5ª prueba: 23 fecundaciones sobre 5 plantas

6ª prueba: 34 fecundaciones sobre 10 plantas

7ª prueba: 37 fecundaciones sobre 10 plantas

Mendel escogió las plantas más vigorosas y la mayoría estaban plantadas en el suelo y otro pequeño número en macetas.

Al estudiar las alternativas morfológicas que presentaban los híbridos obtenidos en las 7 pruebas (F1). Mendel comprobó que manifestaban una de las formas paternas. Esto hizo que hizo que en lo que se refiere a los caracteres que se transmitían completos en la hibridación se les denominara dominantes, y a los que desaparecían, o quedaban latentes, recesivos.

Esto constituye lo que se llama desde principios del siglo XX como Primera Ley de Mendel o principio de uniformidad: cuando se cruzan 2 líneas puras que difieren para un carácter, la descendencia es uniforme, presentando toda ella el carácter dominante.

'Johan Gregor Mendel'

Así concluyó como características dominantes para cada prueba:

1 – la semilla lisa

2 – el color amarillo de los cotiledones

3 – el color gris del tegumento seminal

4 – la forma hinchada de la legumbre madura

5 – el color verde de la legumbre no madura

6 – la distribución axial de las flores

7 – el tallo largo

La primera generación a partir de los híbridos (F2) :

A continuación, Mendel estudió la generación que producirían los híbridos anteriores, obteniendo los siguientes resultados:

Experimento 1º : Forma de la semilla

De 253 híbridos del primer año, obtuvo 7.324 semillas el 2º año, de las cuales, 5.474 correspondieron a la variedad lisa y 1.850 a la variedad rugosa Mendel calculó que había una proporción de 2.96 a 1.

Experimento 2º : Color de los cotiledones

De 258 plantas recogió 8.023 semillas, de las que 6.022 eran amarillas y 2.001 verdes. Proporción 3.01 a 1.

En estos 2 experimentos Mendel comprobó que en las vainas bien desarrolladas se presentaban las 2 clases de semilla.

El conjunto de resultados que obtuvo Mendel en la descendencia de los 7 tipos de híbridos fue:

Parentales Descendencia Proporción

híbridos 1ª prueba 5.474 lisas : 1.850 rugosas 2.96 : 1

híbridos 2ª prueba 6.022 cot. amarillos : 2.001 verdes 3.01 : 1

híbridos 3ª prueba 705 tegum. Gris : 224 blanco 3.15 : 1

híbridos 4ª prueba 882 leg.. Hinchadas : 299 arrugadas 2.95 : 1

híbridos 5ª prueba 428 leg. Verdes : 152 amarillas 2.82 : 1

híbridos 6ª prueba 651 flores axiales : 207 terminales 3.14 : 1

híbridos 7ª prueba 787 tallo largo : 277 corto 2.84 : 1

Mendel calculó como media un 2.98 a 1, muy próximo a la proporción 3 : 1, en el conjunto de las formas dominantes frente a las recesivas.

Así, se resume la segunda Ley de Mendel o principio de segregación: Los caracteres recesivos, latentes en la primera generación filial (F1), reaparecen en la segunda (F2), e la proporción 3 dominantes por 1 recesivo.

La segunda generación a partir de los híbridos (F3) :

Mendel comprueba que las formas que en la generación F2 presentaban el carácter recesivo, seguían presentándolo en la generación F3. Por eso señala que su descendencia permanece constante. Pero encuentra distinto comportamiento en las formas de carácter dominante de la generación F2. de ellos, 2/3 siguen produciendo descendientes dominantes y recesivos en la proporción 3 a 1, mientras que las del otro tercio conservan constantes el carácter dominante.

Las experiencias individuales y los resultados numéricos concretos fueron:

Experimento 1: de 565 plantas de semillas lisas en primera generación, obtuvo 193 produjeron sólo semillas lisas, es decir, mantuvieron constante el carácter, y 372 produjeron a la vez semillas lisas y rugosas en la proporción 3 : 1. De ahí, que el número de híbridos frente al de formas constantes fuese 1.93 : 1.

Experimento 2:de 519 plantas de cotiledón amarillo en la primera generación obtuvo 166 de cotiledón amarillo, mientras que 353 en la proporción 3 : 1, dieron amarillo y verdes. Por tanto, una proporción entre híbridos y formas constantes de 2.13 : 1.

Para los restantes 5 experimentos se seleccionaron 100 plantas que poseían el carácter dominante en la 1ª generación y se obtuvo:

Experimento 3: la descendencia de 36 plantas produjo tegumento de semilla de color gris, y de 64 unas eran gris y otras blancas.

Experimento 4:29 plantas dieron legumbre hinchadas, 71 dieron hinchadas y arrugadas

Experimento 5: 40 plantas dieron vainas verdes, y en 60 se vieron vainas verdes y amarillas.

Experimento 6: 33 plantas produjeron flores axilares, y 67 produjeron axilares y terminales.

Expermiento 7: 28 plantas dieron tallo largo, pero en la descendencia 72 dieron tallo largo y algunas tallo corto

En cada experimento fue constante el número de plantas que presentaban el carácter dominante. Las 2 primeras experiencias son muy significativas, puesto que comprenden un número elevado de plantas. Dando un promedio de 2 : 1. Pero el resultado del experimento 5 muestra una mayor desviación, por ello Mendel lo repitió, obteniendo resultados más aproximados de 65 : 35, frente al 60 : 40 anterior. Por todo ello, aseguró que la razón promedio era 2 : 1 , demostrando el hecho de que de las formas que poseen el carácter dominante en la primera generación, 2 son portadoras del carácter híbrido, por una del carácter dominante.

Así comprueba Mendel que la razón 3 : 1 con la que se verificaba la distribución de dominancia y recesividad en la primera generación, se resuelve ella misma en la razón 2 : 1 : 1 al distinguir entre carácter dominante como híbrido y como parental.

Todo ello nos lleva a enunciar de forma moderna la Tercera ley de Mendel o principio de combinación independiente: los miembros de parejas alélicas diferentes se combinan de modo independiente cuando forman los gametos de un individuo híbrido para los caracteres correspondientes. Considerando miembros de parejas alélicas diferentes aquellos que llevan información para distintos caracteres, y por alelo cada una de las formas alternativas de un gen.

Un concepto importante que sigue utilizándose en la actualidad es el de Segregación Mendeliana: Ajuste a los principios mendelianos de las clases y frecuencias genotípicas y fenotípicas obtenidas en la descendencia de un cruzamiento.

4 – El papel de Carl Nägeli y otros científicos

Los resultados obtenidos por Mendel no fueron desconocidos por el conjunto de los científicos de su época. Ya que Mendel defendió sus teorías desde una sociedad científica, la Sociedad de Naturalistas de Brno, y la publicación de sus trabajos en una revista científica, la editada por esa misma sociedad. La tirada de revistas en la que aparecía el artíclulo de Mendel fue de 500 ejemplares. Además, Mendel reservó unos 40 ejemplares para enviárselos personalmente a aquéllos científicos que él consideraba que pudieran estar más interesados. Uno de los destinatarios fue el botánico suizo Carl Wilhelm von Nägeli, que era una de las figuras de referencia en biología y concretamente en botánica

Otro destinatario de la monografía de Mendel fue el austríaco Anton Kerner von Marilaun, profesor de botánica en la Universidad de Innsbruck, y más tarde en la de Viena.

Por todo ello, se puede afirmar que el trabajo de Mendel más que desconocido, no fue comprendido en aquellos años. Por eso fue poco citado, y cuando se citaba siempre era en el marco que enfrentaba a evolucionistas, saltacionistas y mutacionistas.

  • Los evolucionistas saltacionistas entienden la evolución como un progreso que tiene lugar a saltos acelerados, más que a través de contínuas transformaciones.
  • Si la saltación se entiende como una mutación se habla de evolucionistas mutacionistas, que consideran que las variaciones heredables surgen súbitamente, o también puede entenderse debida a cualquier otro mecanismo.

Uno de los que se refirieron a los trabajos de Mendel antes de 1900 fue el médico y botánico alemán Wilhelm Olbers Focke, que en 1881 publicó “Los híbridos de las plantas”, donde cita a Mendel varias veces, señalando sobretodo las razones numéricas constantes calculadas por el mismo.

La correspondencia con Carl Nägeli:

Esta constituida por 10 cartas que Mendel envió entre 1866 y 1873 a Carl Näqeli, profesor de botánica en la Universidad de Munich en esos momentos. Estas cartas fueron publicadas por Carl Correns en “Cartas de Gregor Mendel a Carl Nägeli” en 1905. Correns señalaba que se trataba de cartas muy meditadas de las que seguramente debieron hacerse borradores, y que se trataba fundamentalmente de la marcha de los experimentos antes que de cuestiones personales.

Las cartas escritas por Mendel son bastante extensas. Aparte de las 10 cartas principales a las que se hacen referencia, puede existiera alguna carta más, cuyo contenido fueran semillas, hojas, flores o plantas vivas. En la primera carta, Mendel da cuenta de los resultados que ha obtenido en sus experimentos con diferentes variedades de Pisum. La respuesta de Nägeli se demoró unos meses, y le animó a Mendel a proseguir con sus experimentos. Al mismo tiempo, Nägeli le envió algunos de sus trabajos, y le pidió que le enviara algunas semillas.

En las siguientes cartas de Mendel a Nägeli, además de exponer la marcha de los trabajos científicos, también aparecían otros asuntos que en aquellos momentos atraían mucho la atención de los científicos.

De la correspondencia entre Mendel y Nägeli, puede concluirse que Mendel continuó sus experimentos sobre hibridación incluso después de publicar su trabajo sobre guisantes. Pese a tener cada vez menos tiempo por las obligaciones que asumió en el monasterio, Mendel no abandonó nunca la investigación científica, siguiendo siempre los trabajos de otros científicos que investigaban en temas cercanos a sus intereses.

5 – Otros trabajos científicos de Mendel

Mendel es conocido por su trabajo “Experimentos de hibridación en plantas”, publicado en 1866, en el cual se encierran las leyes fundamentales de la herencia. El resto de su producción escrita es poco conocida.

Los primeros trabajos científicos publicados por Mendel vieron la luz en las páginas de las Actas de la Sociedad Zoológico-Botánica de Viena, en 1853 y 1854. En uno de ellos trataba los daños que causa la oruga Botys margaritalis en los jardines.

El segundo trabajo publicado de Mendel aparece en estas mismas Actas, donde se aborda el tema de los daños que ocasiona el escarabajo del guisante en la región de Brno y se le señala como responsable de fecundaciones accidentales al portar el polen de una planta a otra.

Además, Mendel realizó publicaciones sobre observaciones y fenómenos meteorológicos. Su interés por estos fenómenos le llevó a pertenecer a la Sociedad de Meteorología Austríaca. Todas sus observaciones fueron publicadas en 5 entregas por la Sociedad de Naturalistas de Brno. En este grupo de trabajos se incluyen otros 3 trabajos, en los que se describen daños puntuales producidos por unas condiciones meteorológicas adversas. El primero de ellos se denomina “El vendaval del 13 de octubre de 1870” y donde Mendel hace un comentario que realza las creencias de la época, ya que hace referencia al temor de la gente hacia estos temporales porque creían que se debía a la acción del diablo.

Los otros 2 trabajos, más breves, se publicaron en la Revista de la Sociedad de Meteorología Austríaca. Uno sobre la lluvia y las tormentas en la región de Brno.

Por otra parte, además del experimento con guisantes, sólo realizó otro trabajo sobre hibridación, en este caso sobre los híbridos del Hieracium obtenidos por fecundación artificial. La obra se llama “Sobre algunos híbridos de Hieracium obtenidos por fecundación artificial”. Este trabajo, menos brillante que el realizado sobre el género Pisum, fue publicado en 1869 en las Actas de la Sociedad de Naturalistas de Brno. Al final del trabajo, Mendel señala que existen diferencias entre estos experimentos y los realizados sobre Pisum. Las causas de esats diferencias no se sabrían hasta 1904, con los experimentos de Ostenfeld, quien pensó que la apogamia (reproducción asexual) era la responsable de la distinta variación en las 2 clases de experimentos.

6 – Etapa final de su vida

En marzo de 1868 Gregor Johann Mendel fue elegido por unanimidad abad del monasterio agustiniano de Brno, a sus 45 años. Esta nueva responsabilidad iba a apartarle poco a poco de su actividad docente y experimental. Así en el año 1873 Mendel dice textualmente:

“Soy realmente infeliz al tener que descuidar mis plantas y mis abejas”

Mendel se refería a las abejas porque había tenido colmenas en las que registraba distintos acontecimientos, como el momento de instalación de la reina, etc. Además, fue uno de los fundadores de a Sociedad Apícola de Moravia.

Volviendo a su elección como abad, Mendel se preocupó por el progreso espiritual de cada uno de los miembros de la comunidad, así como por la vida en común de toda la familia religiosa. También trabajo por conseguir un mayor ambiente cultural en la ciudad de Brno, para lo que promovió cursos y exposiciones, e incluso junto con sus consocios de la Sociedad de Naturalistas intentó crear sin éxito una universidad en la ciudad.

A pesar de las nuevas ocupaciones que asumió, pudo continuar hasta 1869 con las observaciones meteorológicas. Llegando a publicar algunos trabajos en los que se describían los daños provocados cuando las condiciones atmosféricas se volvían adversas, como los vendavales y las tormentas. Para recoger los distintos datos estableció un puesto meteorológico en el monasterio.

En 1869 fue cuando anunció sus trabajos sobre los híbridos de Hieracium, que fueron la causa de que Mendel enfermara de la vista en ese mismo año, debido a la difícil eliminación de las anteras de las inflorescencias. Para ello había fabricado un aparato de iluminación que actuaba con la luz solar, pero este aparato le dañó los ojos, y estuvo varios meses convaleciente hasta que se le curaron por completo las lesiones.

Por otra parte el cargo de abad influyó para que Mendel entrase a formar parte de la junta directiva de instituciones y sociedades de toda índole. Así, se integró en 1870 en el comité directivo de la Sociedad de Agricultura, y fue presidente del Banco Hipotecario de Brno, entre 1880 y 1883.

En esta última etapa de su vida, sostuvo una gran discusión con el Gobierno debido a una ley de 1874 que sometía a la Iglesia a la acción y supervisión del Estado en temas como el nombramiento de eclesiásticos, propiedad y ejercicio del culto, etc. Esta ley estipulaba que los monasterios debían de pagar para el sostenimiento del clero y el culto católico, pero como Mendel se negó a pagarlo por considerarlo ilegal, le fueron embargados algunos bienes al monasterio.

La salud de Mendel se fue debilitando por causa de un edema general que le inundaba el cuerpo de líquido. Su fallecimiento se produjo en Brno el 6 de enero de 1884, a los 61 años de edad. A su entierro acudieron personalidades del mundo religioso, de los distintos ámbitos sociales y científicos. Fue enterrado en una tumba de los agustinos en el cementerio central de Brno. Los naturalistas y las Sociedades elogiaron al miembro que acababa de da fallecer.

Pero los naturalistas de aquella época siguieron sin comprender el mérito científico de Mendel. Ni ellos, ni los ciudadanos de Brno fueron conscientes de los importantes trabajos que se habían llevado a cabo en el monasterio de su ciudad hasta después de 1900. En 1910, en la plaza del monasterio se erigió un monumento a Mendel. Y en 1922, al cumplirse el centenario de su nacimiento, con motivo de celebrarse una reunión científica en Brno, se inauguró en el monasterio el Museo Mendel.

7 – Redescubrimiento de las leyes de Mendel

Se apunta al año 1900 como el de inicio de la ciencia genética por ser ese año cuando 3 ivestigadores:el holandés Hugo de Vries, alemán Carl Correns, y el austríaco Tschermak-Seysenegg, redescubrieron de forma simultánea e independiente los trabajos de Mendel. Los tres trabajaban desde hacía algunos años en estudios de variabilidad de plantas. Al leer la obra de Mendel reconocieron su importancia, ya que servía para interpretar los datos que ellos habían obtenido, y porque contenía lo que debían considerarse las leyes generales de la herencia.

Es de destacar como en 1899 William Bateson había presentado una comunicación a un Congreso Internacional donde señalaba como objetivos a conseguir lo que Mendel ya había hecho 34 años antes. Fue el mismo Bateson quien propuso en 1907 el nombre de genética para la nueva disciplina emergente.

De Vries publicó 3 trabajos en 1900: “La ley de la segregación de los híbridos”, “Sobre la segregación de los híbridos”, y “Sobre las unidades de los caracteres específicos”. En el primero de estos trabajos, realizó numerosas referencias a Mendel, y puede que incluso tomara datos de los estudios propios de Mendel.

El botánico alemán Carl Correns, era profesor de botánica desde 1892 en la Universidad de Tubinga, y experimento con guisantes, alubias, maíz y otras plantas de cultivo hacia 1894.En uno de sus trabajos, Correns hizo alusión directa a las leyes de Mendel. En su trabajo de 1900, Correns señala que en sus experimentos con Maíz y guisantes había llegado a las mismas conclusiones que De Vries. Ambos en un primer momento creyeron que habían descubierto algo nuevo, pero no tardaron en convencerse de que Gregor Mendel había realizado los mismos experimentos muchos años antes y había llegado a las mismas conclusiones que ellos.

En cuanto al austriaco Erich Tschermak-Seysenegg, el más joven de los 3 redescubridores, cabe mencionar que en 1898 comenzó en Gante sus experimentos con híbridos de guisantes. Esto le llevaría a conocer el trabajo de Mendel sobre guisantes. En 1900 publicó su trabajo: “Sobre la hibridación artificial en Pisum sativum” en una serie de revistas científicas, donde da cuenta del resultado de sus experimentos y reconoce el mérito del método seguido por Mendel y las conclusiones por él obtenidas. Además, adoptó los términos mendelianos de dominante y recesivo.

El triple redescubrimiento de las leyes de Mendel por un holandés, un alemán y un austríaco, llamó la atención de numerosos investigadores, que empezaron a familiarizarse con los principios de la herencia y que se interesaron por la comprensión del fenómeno en toda clase de seres vivos.

8 – El mendelismo a inicios del siglo XX

Como puede suponerse, los biólogos no aceptaron inmediatamente el esquema mendeliano. En la primera década del siglo XX, muchos científicos mostraron su escepticismo y hostilidad a las nuevas leyes de la herencia. Hay que pensar que seguían vigentes conflictos ideológicos, como el contrario al evolucionismo, por lo que muchos se negaron a admitir la herencia de los caracteres mientras no existieran pruebas concluyentes.

El trabajo de Mendel, que parecía tener a su favor el carácter matemático, chocó con los biometristas ingleses. Éstos eran en su mayoría neodarwinistas, y les venía mejor admitir la herencia como algo continua antes que los discontinuos factores mendelianos.

Entonces fue cuando Bateson se convirtió en el mayor defensor del mendelismo en Inglaterra. Además. Decidió comprobar él mismo las leyes de Mendel, y realizó pruebas en plantas y animales. De este modo, Bateson introdujo poco a poco las ideas mendelianas en el círculo científico inglés, hasta que en 1904 la Sociedad británica para el avance de la ciencia vivió uno de los peores enfrentamientos entre biólogos. Finalmente acabó aceptándose la teoría mendeliana, aunque no mayoritariamente, ni mucho menos de forma súbita.

Entre los defensores del trabajo de Mendel cabe destacar Walter S. Sutton, estudiante de postgrado en la Universidad de Columbia, quien sugirió que los cromosomas podían ser los portadores de los factores heredables apuntados por Mendel.

Entre los biólogos que pusieron más objeciones a la teoría mendeliana se encuentra Thomas Hunt Morgan, quien años más tarde recibiría el premio Nobel de medicina por demostrar la validez de los principios mendelianos en la teoría general de la herencia.

Las principales objeciones que Morgan encontraba en 1909 a las leyes de Mendel eran:

1 – aunque podían ser válidas en los guisantes, no se había probado su validez para la mayoría de los organismos, especialmente en animales.

2 – la dominancia y la recesividad no explicaban la herencia del sexo en la proporción 1 : 1 ¿qué factor sexual es el dominante y cual es el recesivo?

3 – las categorías de dominante y recesivo no siempre se mostraban de forma nítida, ya que a veces surgían descendientes que parecían mostrar caracteres intermedios entre ambos.

4 – no se habían encontrado pruebas concretas de los factores mencionados por Mendel.

Pero Morgan, que desde 1908 criaba en su laboratorio la mosca de la fruta, Drosophila melanogaster, observó que entre el conjunto de su población de ojos rojos apareció un individuo con ojos de color blanco. Cruzó este ejemplar con una hembra normal de ojos rojos, obteniendo en la descendencia 1.237 moscas con ojos rojos. Se trataba de híbridos que de acuerdo con el patrón mendeliano, manifestaban el carácter dominante. A continuación cruzó entre sí híbridos de esa primera generación y obtuvo para la segunda 2.459 hembras de ojos rojos, 1.011 machos de ojos rojos y 782 machos de ojos blancos. Ni una sola hembra de ojos de color blanco. Aquí podía residir una de las pautas que más le preocupaba a Morgan sobre la herencia de los caracteres, la herencia ligada al sexo.

Morgan se esforzó por encontrar alguna explicación a estos resultados. A partir de 1910, Morgan se atreve a concluir que el factor correspondiente al color de ojos estaba ligado a la pareja de cromosomas sexuales. Lo ilustra diciendo que en sus experimentos el abuelo, ha transmitido esa característica particular a los nietos, pero no la ha transmitido a ninguna de sus nietas.

Desde 1911 a 1915, Morgan, con un selecto grupo de jóvenes colaboradores de la Universidad de Columbia, obtuvo resultados espectaculares en la localización de los factores en los cromosomas. Ya en 1911 el mismo Morgan propuso la idea de que era posible ordenar los factores mendelianos en línea recta sobre el cromosoma, de manera que se podía determinar la distancia relativa entre estos. Pero fue en 1915 cuando Morgan y sus colaboradores publicaron el libro “El mecanismo de la herencia mendeliana”, donde sintetizaron los resultados de todos sus experimentos con Drosophila, y a su vez, una de las obras más importantes de la época. Ya que en esta obra se exponen las bases de la teoría mendeliana en el mundo animal y vegetal, con su correlación con los conocimientos citológicos. Hasta entonces, se pensaba que los factores de Mendel eran unidades físicas que estaban situados sobre los cromosomas, y que los que estaban sobre un mismo cromosoma se transmitían juntos. Pero a partir de 1909, el danés Wilhelm L. Johannsen había propuesto la denominación de gen para la unidad de herencia biológica, que sería equivalente al factor de Mendel. Finalmente lo que la teoría cromosómica establece es que los genes están alineados en los cromosomas. También a Johannsen se debe la distinción entre los términos genotipo y fenotipo.

Volviendo a Morgan, hay que señalar la publicación en 1919 y 1926, de otras 2 obras muy importantes para el desarrollo posterior de la genética, tituladas “La base física de la herencia”, y “La teoría del gen”. En ellas aborda los aspectos conceptuales de la teoría mendeliana a la luz de los últimos descubrimientos sobre la división celular. De este modo, tras sus experimentos con la mosca de la fruta, este genetista estadounidense había cambiado totalmente de pensamiento, pasando de detractor de los principios de la herencia mendeliana a ser uno de sus más firmes partidarios en los Estados Unidos y en todo el mundo.

Por todo ello se puede decir que a partir de la etapa morganiana, el mendelismo fue considerado como la piedra angular de la Genética. Sobre sus principios se cimentó todo el cuerpo de doctrina de esta ciencia que se ha llenado de contenido sin perder su esencia fundamental.

9 – Introducción del mendelismo en España

Debido a que no hubo ediciones en español del trabajo clásico de Mendel sobre guisantes hasta 1940, esto nos lleva a pensar que Mendel fue poco conocido por los científicos españoles de las primeras décadas del siglo XX y que, por tanto, sería difícil que existieran cultivadores de la genética experimental en España.

Pero eso no fue así, ya que las ciencias naturales se cultivaban en esos años en nuestro país acercándose en la medida de lo posible a las tareas investigadoras que se llevaban a cabo en el ámbito internacional. Esta línea de acercamiento fue propiciada por el Museo Nacional de Ciencias Naturales desde 1901, y más concretamente por la persona de Ignacio Bolívar Urrutia, quien potenció la creación de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE).

En 1913 se estableció en su sede un Laboratorio de Biología, con la dirección de Antonio de Zulueta y Escolano, que orientó desde un primer momento al laboratorio hacia la investigación en el terreno de la genética experimental.

La JAE fue el principal instrumento de la política científica española del primer tercio del siglo XX. A nivel administrativo sirvió como escuela de estudios superiores. Esta institución estaba presidida por Santiago Ramón y Cajal, y en ella se integraron todos los institutos biológicos que existían hasta el momento.

Gracias a una de las becas de la JAE, José Fernández Nonídez llegó en 1917 a la Universidad de Columbia, donde trabajaban Morgan y su escuela.

Hasta este momento, Antonio Zulueta y Escolano y José F. Nonídez, fueron los principales responsables de la introducción de la genética en España. La trayectoria de Zulueta fue muy brillante en investigación, pero atendiendo también a la divulgación, y la de Fernández Nonídez fue decisiva en la difusión de la teoría cromosómica-mendeliana en España. La obra más importante de Nonídez es “La herencia mendeliana. Introducción al estudio de la genética”, donde expone las leyes de Mendel, su aplicación en animales y vegetales, y también trata temas más actuales de la genética mendeliano-morganiana, como los cromosomas sexuales, la herencia ligada al sexo, ligamiento, etc.

En cuanto a Antonio de Zulueta, cabe destacar sus investigaciones con Phytodecta variabilis. Dedicándose a los estudios experimentales en los últimos años de la segunda década del siglo XX. Esta especie utilizada es un coleóptero crisomélido que en esos momentos era muy abundante en los alrededores de Madrid y en otras zonas de la península. Y puede afirmarse que fue el primer investigador del mundo en demostrar la existencia de genes en el cromosoma Y, ya que los encontró mientras que los investigadores de Morgan creían que el cromosoma Y estaba vacío de genes. Este descubrimiento fue publicado en 1925. estas investigaciones de Zulueta fueron reconocidas por Morgan en 1926, en un artículo que recopilaba los principales avances de la genética en los últimos años. Finalmente, en 1930, Zulueta viajó hasta California para trabajar en el laboratorio de Morgan, para localizar determinados genes en Drosophila melanogaster.

Pero los casos de F. Nonídez y de Zulueta, aunque fueron los más brillantes, no fueron los únicos, también destacaron la doctora Gimena Fernández de la Vega y Roberto Novoa por aplicar las leyes de Mendel a la herencia humana. También cabe destacar las investigaciones de Manuel Bordás a principios de los años 20 sobre la conjugación de los cromosomas homólogos en la meiosis, y de los ingenieros agrónomos Cruz gallástegui y Ramón Blanco sobre mejora agrícola.

Con todo lo dicho hasta aquí puede concluirse que los investigadores españoles estuvieron en sintonía con los de aquellos países como Estados Unidos, Dinamarca, Noruega, Suecia e Inglaterra, en los que la investigación genética brotó con fuerza.

FIN

Bibliografía

El fundador de la genética: Mendel. – Alberto Gomis ed. Nivola

El monje en el huerto – Robin Marantz Henil ed. Debate

www.liderazgoymercadeo.com/bio_mendel.asp

www.ciencianet.cl/segunda/doc2htm#bio

www.umn.edu/ships/updates/9MENDELS.JPG

http://clab.cecil.cc.md.us/faculty/biology1/sweetpea.gif

www.mzm.cz/images/premety_mendel_fotografie_zahradka.jpg

www.mendel-museum.org    >>   .

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La noción de raza a través de la historia . 1864: Herbert Spencer

En 1855, cuatro años antes de que Darwin formulase su teoría de la selección natural, el naturalista y filósofo británico Herbert Spencer (1820-1903) comenzó a publicar sus “Principles of Psychology” (Principios de Psicología), obra en la que concibió la idea de una interpretación general de la realidad en base al principio de la evolución. Esta idea tomó cuerpo en un programa que, a partir de 1860, realizó casi íntegramente en los siguientes treinta años de su vida con singular tenacidad. El conjunto de la doctrina fue llamado por su autor “A system of synthetic philosophy” (Sistema de filosofía sintética), que abarcó, además, otros cuatro volúmenes: “First principles”
(Primeros principios), “Principles of Biology” (Principios de Biología), “Principles of Sociology” (Principios de Sociología) y “Principles of Ethics” (Principios de Etica). La filosofía debe tener por misión, según Spencer, el conocimiento de la evo­lución en todos los aspectos de la realidad dada, que de ninguna manera es igual a la realidad absoluta. Lo dado, explica José Ferrater Mora (1912-1991) en su “Diccionario de Filosofía”, es la “sucesión de los fenómenos, la evolución universal como manifestación de un Ser inconcebi­ble, de un absoluto último que Spencer designa alternativamente con los nombres de Incognoscible o Fuer­za. En este reconocimiento de un Absoluto, pero a la vez en esta limi­tación de la ciencia a lo relativo, que es lo único positivo, radica la posibilidad de una conciliación entre la religión y la ciencia. La evolución es la ley universal que rige todos los fenómenos en tanto que manifesta­ciones de lo Incognoscible”.
No es sólo una ley de , sino tam­bién una ley del espíritu, pues éste no es más que la parte interna de la misma realidad y justamente aquella parte cuya evolución consis­te en adaptarse a lo externo, en ser formado por él. Para Spencer “lo Incognoscible no es -continúa Ferrater Mora-, por consiguiente, una realidad material o una realidad espiritual; es algo de lo cual no pue­de enunciarse nada más que su inconcebibilidad y el hecho de ser el fondo último de la realidad universal. Limitada a esta tarea, la ciencia -como conocimiento parcial de la evolución- y la filosofía -como conoci­miento total y sintético de la misma- deben ser enteramente positivas; lo que la ciencia y la filosofía pretenden es sólo el examen de una realidad no trascendente, pero de una realidad sometida a una ley universal que proporciona los primeros principios del saber científico”. Esta ley es la evolución, definida como “la integra­ción de la materia y la disipación concomitante del movimiento por la cual la materia pasa de un estado de homogeneidad indeterminada e incoherente a un estado de heterogeneidad determinada y coherente”. El supuesto implícito de la evolución es, por consiguiente, la conservación de la materia y la conservación de la energía. Sólo porque la fuerza y la energía se conservan puede el as­pecto interno, esto es, el espíritu, entrar dentro de la órbita de la cien­cia y ser regido por la evolución.
En la biología, específicamente, la evolución se manifiesta en el proceso de adaptación de lo interno a lo exter­no, en la progresiva diferenciación de los seres vivos que conduce de la homogeneidad a la heterogeneidad. Para Ferrater Mora, con esta concepción “se enlaza la integra­ción del darwinismo como doctrina biológica en el sistema spenceriano: la supervivencia del más apto es un ejemplo de la mencionada adaptación, en el curso de la cual aparecen formas vivas cada vez más complejas y perfectas. En la evolución no hay ningún punto final; todo equilibrio es sólo el punto de partida de una nueva desintegración y por eso el universo entero se halla sometido a un ritmo constante y eter­no, a un perpetuo cambio, a la diso­lución de todo supuesto finalismo en un simple movimiento de compensa­ción y equilibrio”. Aunque considerada por sus defensores como el único método científico, la teoría de la evolución recibió múltiples críticas. El filósofo idealista alemán Wilhelm Windelband (1848-1915), por ejemplo, en su “Lehrbuch der geschichte der Philosophie” (Historia general de la Filosofía) juzgaba que el evolucionismo científico-natural de que echa mano la teoría de la evolución mediante la selección natural “puede, a decir verdad, explicar el fenómeno de la variación, pero no la idea de progreso: no puede jus­tificarse que el resultado de la evolución sea un estadio siempre más ele­vado, es decir, más valioso”.
La obra de Spencer, no obstante, constituye el cuadro más complejo de la cultura positivista de tendencia evolucionista. Su obra filosófica fue, en efecto, una imponente enciclopedia de las ciencias bioló­gicas y sociales construida desde la óptica de la “ley universal de la evolución”. Fue Spencer quien po­pularizó el término “evolución” e introdujo expresiones como “supervivencia del más apto”, que después adoptaría Darwin, quien consideraba a Spencer “el más grande de los filósofos vivos en Inglaterra”. Aunque suele llamarse incorrectamente “dar­vinismo social” a las teorías socio-culturales de Spencer, lo cierto es que, independientemente e incluso antes de conocer la obra de Darwin, Spencer ya concebía la sociedad como un orga­nismo viviente que está sometido a los mismos mecanismos que cualquier ser vivo, así como al principio de la “supervivencia del más apto”. Al igual que la naturaleza asegura la supervivencia de las razas más adaptadas sometiéndolas a una dura lucha por la existencia, así también la so­ciedad debía, según Spencer, constreñir a sus miembros a desarrollar la fe en sí mismos, la industriosidad, etc., sometiéndoles a la dura com­petición económica. De este modo se aceleraría la elevación del hombre de su originario estado sal­vaje a la sociedad perfecta, que, eliminadas las razas inferiores, estaría constituida por hombres superiores capaces de vivir sin gobierno.En cualquier caso, el progreso era, según Spencer, inevitable, y veía la sociedad británica de su tiempo como el grado más alto de desarrollo alcanzado hasta entonces. Sus tesis en este sentido son una explícita defen­sa del “liberalismo económico”, así como un ata­que al socialismo y al comunismo.

https://partidolibertario.files.wordpress.com/2013/02/herbert-spencer.jpg?w=640

Las razas humanas tienden a diferenciarse y a integrarse lo mismo que se diferencian y se integran los demás seres vivientes. Entre las fuerzas que operan y conservan las segregaciones humanas, podemos nombrar en primer lugar las fuerzas exteriores llamadas físicas. El clima y el alimento que son más o menos favorables a un pueblo indígena, son más o menos perjudiciales a un pueblo de constitución diferente, llegado de una región remota del globo. Las razas del Norte no pueden perpetuarse en las regiones tropicales; si no perecen en la primera generación, sucumben a la segunda, y, como en la India, no pueden conservar sus establecimientos sino de una manera artificial por una inmigración y una emigración incesantes. Quiere decir esto que las fuerzas exteriores obran igualmente sobre los habitantes de determinada localidad, tienden a eliminar a todos los que no son de cierto tipo, y por ese medio a conservar la integración de los que son de ese tipo. Si, en otra parte, entre las naciones de Europa, vemos una especie de mezcla permanente debida a otras causas, notamos, sin embargo, que une razas que no pertenecen a tipos muy diferentes y que están acostumbradas a condiciones poco diferentes. Las otras fuerzas que concurren a producir las segregaciones étnicas son las fuerzas mentales reveladas en las afinidades que atraen a los hombres hacia los que se les asemejan.
De ordinario, los emigrantes tienen el deseo de volver a su país; y si su deseo no se realiza, es únicamente porque son retenidos por lazos muy fuertes. Los individuos de una sociedad obligados a residir en otra, forman en ella por lo común colonias, pequeñas sociedades. Las razas que han sido divididas artificialmente tienen una fuerte tendencia a unirse de nuevo. Ahora bien, aunque las segregaciones que resultan de las afinidades naturales de los hombres de una misma familia no parezcan poder explicarse por el principio general antes expuesto, son, sin embargo, buenos ejemplos de él. Cuando hemos hablado de la dirección del movimiento, hemos visto que los actos que los hombres realizan para la satisfacción de sus necesidades eran siempre movimientos en el sentido de la menor resistencia. Los sentimientos que caracterizan a un miembro de una raza son tales que no pueden encontrar su satisfacción completa sino en otros miembros de la misma raza. Esa satisfacción proviene en parte de la simpatía que aproxima a los que tienen sentimientos semejantes, pero sobre todo de las condiciones sociales correlativas que se desarrollan en dondequiera reinan esos sentimientos. Así pues, cuando un ciudadano de una nación es, como vemos, atraído hacia otros de su nación, es porque ciertas fuerzas, que llamamos deseos, le impujan en la dirección de más débil resistencia. Como los movimientos humanos, lo mismo que todos los demás movimientos, están determinados por la distribución de las fuerzas, es indispensable que las segregaciones de razas, que no son el resultado de las fuerzas exteriores, sean producidas por las fuerzas que las unidades de esas razas ejercitan unas sobre otras.
La naturaleza, en su infinita complejidad, está accediendo siempre a nuevos desarrollos. Cada resultado sucesivo se conviene en el progenitor de una influencia adicional, destinada en cierto grado a modificar rodos los resultados futuros. Cuando volvemos las hojas de la historia primitiva de la Tierra, encontramos el mismo cambio que no cesa, que perpetuamente recomienza. Lo vemos por igual en lo orgánico y en lo inorgánico, en las descomposiciones y recombinaciones de la materia y en las formas en constante variación de la vida animal y vegetal. Con una atmósfera cambiante y una temperatura decreciente, la tierra y el mar perpetuamente producen nuevas razas de insectos, plantas y animales. Todas las cosas cambian. Sería verdaderamente extraño que en medio de esta mutación universal sólo el hombre fuera constante, inmutable. Mas no lo es. También él obedece a la ley de la infinita variación. Sus circunstancias están cambiando constantemente y él está constantemente adaptándose a ellas.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La noción de raza a través de la historia . 1867: Pierre Joseph Proudhon

https://i2.wp.com/piwigo.bancodelecturas.net/upload/2014/10/26/20141026144756-a940a5b2.jpg

Algunos estudiosos lo sitúan entre los socialistas utópicos, aceptando la definición marxista-engelsiana de que socialista utópico es aquel que desea el socialismo, que sueña una sociedad socialista, pero que no conoce las leyes que rigen la marcha de la sociedad hacia el socialismo, los ritmos y los tiempos de la marcha, las transformaciones sociales previas necesarias. Otros, en cambio, acentúan su carácter anarquista, su radical oposición a cualquier gobierno, su rechazo de las instituciones políticas. En todo caso, el teórico político y filósofo francés Pierre Joseph Proudhon (1809-1865) es considerado por todos como una mente lúcida, capaz de las frases profundas que definen una situación y constituyen una sentencia. Su pensamiento ha sido objeto de las más variadas y más disparatadas interpretaciones. Vilipendiado por los marxistas como pequeño burgués, bien visto por la derecha francesa como teórico de la autoridad familiar, reconocido por los socialistas liberales como su precursor, considerado como padre tutelar e intelectual por el sindicalismo revolucionario, redescubierto por el socialismo consiliario como iniciador de la autogestión obrera, en fin, criticado, discutido y respetado como uno de los fundadores del pensamiento anarquista.
Para el catedrático de Filosofía Política en la Universidad de Barcelona José Manuel Bermudo (1943), en “el origen de esta variedad interpretativa está el pensamiento del propio Proudhon, siempre contradictorio, disperso, llevado más por arranques e intuiciones que por esquemas”. La matriz de esta característica contradictoria viene dada por el empleo absolutamente original del método dialéctico: contrariamente a Marx y Hegel, que definen la realidad mediante la tríada conformada por una tesis y una antítesis que se resuelven siempre en una síntesis superior, Proudhon afirmaba que las oposiciones y las antinomias son la estructura misma de lo “social” y que el problema no consistía en resolverlo en una síntesis para llegar a la “realidad”, sino en encontrar o construir un equilibrio funcional capaz de hacer convivir aquellas tendencias de por sí contradictorias. Para Proudhon, las oposiciones entre orden establecido y progreso, entre propiedad privada y propiedad colectiva, entre socialización e individualismo, forman parte de la trama de la vida social. Los contenidos específicos de su doctrina, privilegiando a veces distintos aspectos de la multiplicidad socioeconómica, pueden definir a Proudhon como un teórico tanto de una como de otra tendencia, haciendo prácticamente imposible una lectura anarquista de su pensamiento, el que, además, ha sufrido una continua evolución que, en según qué épocas, se decantó más hacia un cierto reformismo que hacia el anarquismo.
Lo concreto es que el autor de “Qu’est-ce que la propriété?” (¿Qué es la propiedad?) quiso hacer del pensamiento filosófico una norma para todos los actos humanos, dirigidos principalmente a una reorganización de la sociedad según principios de justicia. Igualmente alejado del individualismo atomista y del socialismo estatal, Proudhon concibió la justicia como una armonía universal, un principio general no sólo de los actos y pensamientos humanos, sino inclusive de las propias relaciones físicas. En nombre de la justicia es inadmisible todo dominio de un grupo humano sobre otro y por eso debían sustituirse las formas imperantes de la relación económica y moral, que tienden a la destrucción del equilibrio esencial de la sociedad humana, por nuevas formas apoyadas en el mutualismo entendido como una cooperación libre de las asociaciones y, por consiguiente, con la completa supresión del poder coercitivo del Estado. De esta manera quedaría abolida no solamente la coacción estatal sino el absolutismo del individuo, que conduce necesariamente a la arbitrariedad y a la injusticia. El anarquismo es, para Proudhon una doctrina social basada en la libertad del hombre, en el pacto o libre acuerdo de éste con sus semejantes y en la organización de una sociedad en la que no deben existir clases ni intereses privados ni leyes coercitivas de ninguna especie. “El hombre, movido por sus dos instintos paralelos, el egoísmo y el altruismo, que con él nacen y en él viven, sin imposiciones ni educaciones destinadas a dominarlo y a malearlo, sabrá, por egoísmo, ponerse de acuerdo con los demás hombres, para facilitar su trabajo, su defensa y el medio en que debe desenvolverse, y, por altruismo, sabrá aportar su apoyo solidario a los más débiles y desvalidos”.
A diferencia de otros autores del socialismo utópico, Proudhon era firme partidario del igualitarismo en la sociedad y proponía la asociación mutualista como la posible solución de los problemas sociales. Un mutualismo en el que los miembros asociados se garantizasen recíprocamente “servicio por servicio, crédito por crédito, retribución por retribución, seguridad por seguridad, valor por valor, información por información, buena fe por buena fe, verdad por verdad, propiedad por propiedad, libertad por libertad”. La libertad para Proudhon se funde con la solidaridad, y ésta se traduce en la esfera política en forma de un Estado como federación de grupos a su vez confederados a escala internacional. Pensaba Proudhon que de esta forma se podrían socializar los medios de producción sin recurrir al Estado y no existiría beneficio de capitalistas ni banqueros, por lo que, de nuevo la autoridad estatal no tendría sentido. Mutualismo y federalismo entrañarían a la larga la caída del capital y del Estado.
Proudhon, para quien la justicia era una facultad que podía desarrollarse y ese desarrollo era lo que constituía la educación de la raza humana, publicó en vida varias obras trascendentales, entre ellas “Philosophie de la misère” (Filosofía de la miseria), “De la création de l’ordre dans l’humanité” (De la creacion del orden en la humanidad) y “La justicepoursuivie par l’Eglise” (De la justicia en y en “De la capacité politique des classes ouvrières”(De la capacidad política de la clase obrera), “Amour et mariage” (Amor y matrimonio) y “France et Rhin” (Francia y el Rin). En esta última realizó una curiosa clasificación de las razas según sus hábitos alimentarios.

                                                   Perseus Slaying Medusa by Laurent-Honoré Marqueste, France, 1876.   [<< Los antiguos arios, sectarios de Zoroastro, eran muy sobrios. Las razas frugívoras serán las primeras civilizadas. …  El frugal será más idealista, más artista; tendrá más necesidad de vanidad, de espíritu, de alma; en Grecia, en Italia, es donde han nacido los grandes artistas; de allí es de donde vienen las teorías  espiritualistas. >> Perseo en imágen y mito antiguos arios.]

La especie humana, como todas las razas vivientes, se conserva por medio de la generación. La fisiología da una primera razón acerca de esta ley. El individuo, desde que ve la luz, comienza a gastarse y a envejecer; la nutrición y el reposo no lo renueva por completo; la misma vida lo echa a perder, y pronto ha de ser reemplazado. Ese reemplazo tiene lugar por medio de la generación; he aquí lo que cree descubrir la primera ojeada sobre el movimiento de las existencias. Ese motivo enteramente fisiológico no sólo es el único. Diré más, es el principal. Aparte de la evolución vital está la sociedad, fin supremo de la creación. Yo no pregunto, pues, si la renovación de los individuos por la generación es sencillamente una condición impuesta a la humanidad por la disolución inevitable del organismo, lo cual subordinaría el reino del espíritu al de la materia y repugnaría a nuestras ideas de libertad y progreso; o si lo que ocurre es más bien que la sociedad, necesitando para desenvolverse rejuvenecerse sin cesar en cada uno de sus miembros, como el animal se renueva por medio de la alimentación, la generación, más que una necesidad del organismo, resulta una necesidad de la constitución social.
Entre los pueblos se pueden distinguir los voraces y los sobrios; las grandes mandíbulas y las pequeñas; los comedores de carne y los comedores de legumbres. Los pueblos meridionales son pueblos sobrios; el griego es muy sobrio, el árabe más aún; el italiano, el español, los galos del Mediodía son muy sobrios. El judío antiguo fue también sobrio: la ceremonia del cordero pascual lo indica suficientemente. El judío comía carne una vez al año, en las fiestas, después algunas veces, en las grandes ocasiones, cuando se ofrecía un sacrificio. La idea de ofrecer a Dios un buey asado, un carnero, un macho cabrío, supone que la carne era cosa preciosa, que el judío no podía permitirse todos los días. Los indios no comían carne; tampoco los pitagóricos. Los judíos se abstenían de la carne de puerco, de anguila y de multitud de otros animales.
Los antiguos arios, sectarios de Zoroastro, eran muy sobrios. Se distinguían aún entre los antiguos los galoptófagos, los ictiófagos, los lotófagos, etc. El trigo es un descubrimiento de las razas sobrias: ni los caníbales, ni los ingleses, ni los flamencos, hubiesen instituido el culto de Ceres y Triptolemo. Estas razas prefieren consumir su grano en bebida mejor que en pan. Por eso es de notar que el griego, el italiano, el español, el francés del Mediodía, lo mismo que el indio, se distinguen por una fisonomía menos animal, la retracción de la mandíbula, la pequeñez de la boca, lo saliente de la frente y de la nariz, mientras que sucede lo contrario entre los alemanes, etc., como entre los caníbales. Sin embargo, hay que notar aquí que algunos pueblos que consumen poca carne, tales como los secuaneses, tienen la mandíbula fuerte; es que su régimen vegetal, tal como lo suministra su país, se componía de granos duros, cuyo aplastamiento exigía cierta potencia. Así sucede también con el árabe, que vive de un puñado de granos.
Antes de juzgar a una nación en sus actos políticos, sociales, industriales, hay que reconocerla en sus disposiciones naturales. Porque todo tiene su principio en la naturaleza misma. Las razas voraces, bajo pena de permanecer bárbaras, o aún de perecer, han debido trabajar mucho más que las otras y, por consiguiente, organizar mejor que todas las otras la explotación humana. Los ingleses son grandes trabajadores, y grandes explotadores; son también los más grandes comedores del globo. Lo que devora un inglés bastaría a una familia griega de seis personas. De ahí necesariamente toda una serie de diferencias en el carácter, las costumbres, el talento, las manifestaciones. De ahí el maltusianismo. El comedor es más positivista, más sensualista, más materialista, más utilitario. En Inglaterra es donde han nacido las teorías de Malthus y de Bentham.
El frugal será más idealista, más artista; tendrá más necesidad de vanidad, de espíritu, de alma; en Grecia, en Italia, es donde han nacido los grandes artistas; de allí es de donde vienen las teorías espiritualistas. El comedor es más feroz, el frugal más sociable. La libertad política será a veces más débil en el último, en razón misma de su tendencia a la unión; pero la libertad social estará siempre incomparablemente más desarrollada en él que en las razas comedoras. Hasta bajo los reyes absolutos y los emperadores ha habido en Francia un espíritu de tolerancia, de independencia de opinión y de acción, que no existe en Inglaterra. Son las razas del Mediodía las que han impuesto sus ideas (cristianismo, derecho romano, política italiana) a las del Norte, que, en recompensa, se preparan para explotarlas y devorarlas.
Si la raza sobria se contenta con poco, vive en imaginación tanto como en carne y hueso, estará menos dispuesta a salir de su casa, será menos viajera, menos emigrante, menos colonizadora; a menos, sin embargo, como los antiguos griegos y romanos, de realizar sus empresas en gran asociación y por enjambres, lo que no es propio de los alemanes, de los normandos ni de los ingleses, aunque se puedan citar las grandes migraciones de los pueblos del Norte en los siglos XV y XVI. Las razas frugívoras serán las primeras civilizadas. Las carniceras no se civilizarán sino mucho tiempo después. Las primeras inventaron las ciencias, las artes, los oficios, la pequeña industria; las segundas, para las que la necesidad de comer constituye una ley de explotación humana, organizaron la gran industria. Estas son más burguesas, aquéllas más democráticas. En todos los países, ¿qué animal más comedor, más consumidor que el burgués?

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La noción de raza a través de la historia . 1887: Ernest Renan

https://ricardodeperea.files.wordpress.com/2014/03/9619e-f1.jpg?w=640

Huérfano de padre desde muy pequeño, su madre lo destinó al sacerdocio. Fue así que, hasta 1845, recibió una rígida educación católica en los seminarios de St. Nicholas du Chardonnet, Issy-les-Moulineaux y St. Sulpice. Sin embargo, Ernest Renan (1823-1892) perdió la fe en el transcurso de su exégesis de las Sagradas Escrituras, “esa metafísica abstracta que tiene la pretensión de ser una ciencia aparte de las otras ciencias y de resolver por sí misma los altos problemas de la humanidad”. Dejó entonces el seminario y abandonó la religión católica para estudiar lenguas orientales en la Académie des Inscriptions et Belles Lettres de París. Entre 1861 y 1863 fue profesor de Lenguas Semíticas en el Collége de France, del que fue expulsado tras la publicación de “La vie de Jésus” (La vida de Jesús) -primer volumen de la “Histoire des origines du christianisme” (Historia de los orígenes del cristianismo)-, una obra en siete volúmenes en la que ofreció una lectura del Nuevo Testamento expurgada de toda referencia a lo sobrenatural y una visión de rechazo a la divinidad de Jesús y la singularidad de la religión cristiana.
Ya en 1948, en su ensayo “L’avenir de la science” (El porvenir de la ciencia) -que recién se publicaría en 1890-, Renan exponía que la religión podía perfectamente ser reemplazada por la ciencia. Consideraba que sólo la ciencia podía resolver los problemas humanos en tanto mantuviese su escepticismo y la dialéctica comparativa, llegando a la conclusión de que “la ciencia positiva” era “la única fuente de verdad”. Aunque este “espíritu positivo” lo aplicó luego a sus estudios históricos, tenía sus raíces en los estudios de ciencia natural a los que Renan se inclinó en algunos momentos de su vida por considerarlos fundamentales: “la química por un lado, la astronomía por el otro, y sobre todo la fisiología general, nos permiten poseer verdaderamente el secreto del ser, del mundo, de Dios, o como quiera llamársele”. La inclinación de Renan hacia lo positivo lo alejó del espiritualismo y lo acercó al idealismo. “Romántico en protesta contra el romanticismo, atraído por la filosofía del devenir, Renan -dice José Ferrater Mora (1912-1991) en su ‘Diccionario de Filosofía’, unió a una convicción positivista en el método e inclusive en los fundamentos, cierto idealismo utópico que se manifestó, en primer lugar, en su fe en la ciencia como sustituto de la religión, y, en segundo término, en la idea de un progreso de la Humanidad por medio de la asimilación del contenido moral de la religión y particularmente de la religión cristiana, sin necesidad de admitir su estructura dogmática”.
La crítica de los orígenes del cristianismo -crítica que tendía en su aspecto meramente científico a considerar dicha religión como un elemento de la historia, sometido a las mismas leyes y condiciones de todo proceso histórico- condujo a Renan a una plena afirmación de su valor espiritual, con independencia de su verdad o falsedad. Pero, por otro lado, explica Ferrater Mora, “el positivismo en el método histórico no significaba para Renan un dogma; justamente la aplicación consecuente de un método positivista demuestra, a su entender, que la historia no es el producto de una serie de determinaciones constantes sino más bien el producto de la libre actuación de los individuos superiores en un medio dado y la consiguiente modificación de éste. Esta influencia es, por lo demás, indispensable si se pretende que el progreso de la humanidad sea incesante; los individuos superiores deben inclusive, cuando es necesario, dominar por la fuerza a las masas, imponerles las formas espirituales cuyo contenido es dado por el progreso de la ciencia y por las verdades morales de la religión”.
La noción de raza es oscura y resbaladiza, una abstracción difícil de concretar. Igual que la lengua, procede de troncos comunes y las combinaciones y mezclas son muchas. Darwin sostenía que cada clasificador tenía su propia clasificación de raza. En “Qu’est-ce qu’une Nation?” (¿Qué es una Nación?), una conferencia que dictó en la Sorbonne de París el 11 de Marzo de 1882, Renan manifestaba que “tanto la consideración exclusiva de la lengua como la atención excesiva concedida a la raza tiene sus peligros e inconvenientes. Cuando se cae en la exageración respecto de ellas, uno se encierra en una cultura determinada, reputada por nacional; uno se limita, se enclaustra. Se abandona el aire libre que se respira en el vasto campo de la humanidad para encerrarse en los conventículos de los compatriotas. Nada peor para el espíritu, nada más perjudicial para la civilización. No debe abandonarse el principio fundamental de que el hombre es un ser racional y moral antes de ser encerrado en tal o cual lengua, antes de ser un miembro de esta o aquella raza, un adherente de tal o cual cultura. Antes que la cultura francesa, la cultura alemana, la cultura italiana, está la cultura humana”.
Entre las principales obras de carácter filosófico escritas por Renan pueden mencionarse “Questions contemporaines” (Cuestiones contemporáneas), “Essais de morale et de critique” (Ensayos de moral y de crítica), “Examen de conscience philosophique” (Examen de conciencia filosófico), “Dialogues et fragments philosophiques” (Diálogos y fragmentos filosóficos), “Drames philosophiques” (Dramas filosóficos) y “Discours et conférences” (Discursos y conferencias), obra esta última publicada en 1887 en la que analizó detenidamente el tema de la raza.

https://i1.wp.com/www.imagenescristianas.me/covers/preview/ernest%20renan%20reflexiones%20cristianas.jpg

En la época de Francesa se creía que las instituciones de pequeñas ciudades independientes, tales como Esparta y Roma, podían aplicarse a nuestras grandes naciones de treinta a cuarenta millones de almas. En nuestros días, se comete un error más grave: se confunde la raza con la nación, y se atribuye a grupos etnográficos, o más bien lingüísticos, una soberanía análoga a la de los pueblos realmente existentes. La consideración etnográfica no ha estado presente para nada en la constitución de las naciones modernas. Francia es céltica, ibérica, germánica. Alemania es germánica, céltica, eslava. Italia es el país más complicado en materia de etnografía: galos, etruscos, pelasgos, griegos, sin hablar de otros muchos elementos, se cruzan allí en una mezcla indescifrable. Las Islas Británicas, en su conjunto, ofrecen una mezcla de sangre céltica y germana cuyas proporciones son muy difíciles de establecer.

La verdad es que no hay una raza pura, y que hacer reposar la política sobre el análisis etnográfico es asentarla sobre una quimera. Los más nobles países -Inglaterra, Francia, Italia- son aquellos donde la sangre está más mezclada. ¿Representa Alemania respecto de esto una excepción? ¿Es un país germánico puro? ¡Qué ilusión! Todo el sur ha sido galo. Todo el este, a partir del Elba, es eslavo. Y las partes que pretenden ser realmente puras, ¿lo son en efecto? Tocamos aquí uno de los problemas sobre los cuales importa más hacerse ideas claras y evitar equívocos.

Las discusiones sobre las razas son interminables porque los historiadores filólogos y los antropólogos fisiólogos han tomado la palabra raza en dos sentidos enteramente diferentes. Para los antropólogos la raza tiene el mismo sentido que en zoología; indica una descendencia real, un parentesco por la sangre. Ahora bien, el estudio de las lenguas y de la historia no conduce a las mismas divisiones que la fisiología.

Los términos braquicéfalo y dolicocéfalo no tienen cabida ni en historia ni en filología. En el grupo humano que creó las lenguas y la disciplina arias había ya braquicéfalos y dolicocéfalos. Lo mismo puede decirse del grupo primitivo que creó las lenguas y las instituciones llamadas semíticas. En otros términos: los orígenes zoológicos de la humanidad son enormemente anteriores a los orígenes de la cultura, de la civilización y del lenguaje. Los grupos ario primitivo, semita primitivo y turanio primitivo no tenían ninguna unidad fisiológica. Estas agrupaciones son hechos históricos que tuvieron lugar en cierta época, posiblemente hace quince o veinte mil años, mientras que el origen zoológico de la humanidad se pierde en tinieblas incalculables.

La raza, tal como la entendemos los historiadores, es, por consiguiente, algo que se hace y se deshace. El estudio de la raza es capital para el sabio que se ocupa de la historia de la humanidad. No tiene aplicación en política. La conciencia instintiva que ha presidido la confección del mapa de Europa no ha tenido en cuenta para nada la raza, y las primeras naciones de Europa son de sangre esencialmente mezclada.

El hecho de la raza, capital en su origen, va, por lo tanto, perdiendo cada día más su importancia. La historia humana difiere esencialmente de la zoología. La raza no lo es todo, como en los roedores o en los felinos, y no hay derecho a ir por el mundo manoseando el cráneo de las gentes y a tomarlas luego por el cuello diciendo: “¡Tú eres de mi sangre, tú eres de los nuestros!”. Fuera de los caracteres antropológicos existen la razón, la justicia, lo verdadero y lo bello, que son lo mismo para todo el mundo.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Thomas Huxley :

Thomas-HuxleyThomas Huxley

[ TROZO EN REELABORACION]

Otros autores preferían basarse en la forma del cabello, por ejemplo

Enrnst Häckel

Ernst Haeckel (1834-1919), quien admitía cuatro grupos primitivos, subdivisibles en doce razas secundarias y definida por los caracteres: cabello lanoso en motas, cabello lanoso común, cabello liso, cabello ondulado.

Topinard

Paul Topinard (1830-1911), por el contrario, tenía en cuenta principalmente la forma de la nariz, y Joseph Deniker (1852-1918) se esforzó en formar grupos naturales combinando los diversos caracteres.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

CHARLES DARWIN

darwin-caricatura

Le darwinisme et le racisme “social”.

hombrefs

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

 EMIL DURKEIM : 

durkheim_emile

 (Épinal, 1858 – París, 1917) Sociólogo, pedagogo [ ANTIFILOSOFO, ANTIMATAFÍSICO, DEGENERADOR, NEGACIONISTA DE LA REALIDAD RACIAL ] y antropólogo francés [?], uno de los pioneros en el desarrollo de la moderna sociología. Hijo de un rabino, destacó pronto como estudiante, lo que le permitiría acceder en 1879 a la Escuela Normal Superior de París, por la que se licenció en filosofía en 1882. Terminados sus estudios en la Normal, inició su carrera docente en diversas ciudades francesas. Durante el curso 1885-1886 se trasladó a Alemania, donde conoció los métodos de la psicología experimental de Wilhelm Wundt.

Desde Alemania envió a diversas revistas francesas algunos artículos sobre filosofía y ciencias positivas; gracias a estas colaboraciones fue nombrado profesor encargado de la asignatura de ciencia social y pedagogía de la Universidad de Burdeos (1887). En 1896 se le otorgó la cátedra de filosofía social y fundó la revistaL’année sociologique. En 1902 fue nombrado profesor de la cátedra de ciencias de la educación de la Universidad de París, donde ejercería la docencia hasta su fallecimiento. [Texto completo en : http://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/durkheim.htm ]

Les durkheimiens et la raciologie :http://laurent.mucchielli.free.fr/raciologie.htm

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Napoleone_Colajanni

Napoleone Colajanni (Castrogiovanni, April 27, 1847 – Castrogiovanni, September 2, 1921) was an Italian writer, journalist, criminologist, socialist and politician. In the 1880s he abandoned republicanism for socialism, and became Italy’s leading theoretical writer on the issue for a time.[1] He has been called the father of Sicilian socialism.[2] Due to the Socialist party’s discourse of Marxist class struggle, he reverted in 1894 to his original republicanism. Colajanni was an ardent critic of the Lombrosian school in criminology. In 1890 he was elected in the national Italian Chamber of Deputies and was re-elected in all subsequent parliaments until his dead in September 1921.

Cf.    : http://www.forgottenbooks.com/books/Per_la_Razza_Maledetta_Osservazioni_1300021635

Nelle seguenti opere, specialmente quella che reca il titolo “Latini…” Colajanni argomenta, pure contro il suo prof. Lombroso,  contro ció che lui chiama la teoria delle raze, eppure contro ogni idea di gerarchia fissa tra razze humane. Crede in un’ unica raza.

PDFs LIBERA SCARICA: 

Latini_e_Anglo-Sassoni_Rasse_Inferiori_e_Razze_Superiori_1300026749

lasociologiacri00colagoog

Per_la_Razza_Maledetta_Osservazioni_1300021635

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Otto Ammon, deutscher Anthropologe.

Otto Ammon, deutscher Anthropologe.

<< Otto Ammon (* 7. Dezember1842 in Karlsruhe; † 14. Januar1916 ebenda) war ein deutscher völkischerSoziologe, Anthropologe und Eugeniker. Er wird als Begründer der Sozialanthropologie in Deutschland angesehen.

Ammon war ab 1863 als Ingenieur sowie ab 1868 als Redakteur und Verleger tätig. 1883 führte er eine geographische und geologische Erforschung der badischen Römerstraßen sowie anthropologische Forschungen durch und war ab 1887 Mitglied des Karlsruher Altertumsvereins und des Naturwissenschaftlichen Vereins.

Später gehörte er dem Geschäftsführenden Ausschuß des Alldeutschen Verbandes an. In den Jahren 1896 bis 1899 war Otto Ammon zusammen mit Otto Reuß Eigentümer der badischen Landeszeitung. 1904 erhielt er von der der Universität Freiburg die Ehrendoktorwürde. >>

Von Darwin beeinflust, glaubt Er, daß die Germanen am höchsten Stand von Menschheitsentwicklung steht. Der seiner Zeit berümstetste Anthropologe befürwortet eine tiefe und breite bestimmte neue Politik über Eugenik,  Einteilung der Heimatsbevölkerung und Erziehung der echt germanischen Jugend.

WEITERE BIBLIOGRAFIE:
Anthropologische Untersuchungen der Wehrpflichtigen in Baden by Otto Ammon( Libro )
10 editions published in 1890
L’ordre social et ses bases naturelles. Esquisse d’une anthroposociologie by Otto Ammon( Libro )
6 editions published in 1900
Histoire d’une idée : l’anthroposociologie by Otto Ammon( Libro )
5 editions published in 1898 in Francés

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Felix von Luchan

Felix_von_Luschan_(BerlLeben_1907-02)

https://de.wikipedia.org/wiki/Felix_von_Luschan  ( Auffassung vom 24. Juli 2015 um 20:26 Uhr :Felix von Luschan ) .

bub_gb_d07WAAAAMAAJ

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&& 

ANALISIS DE MAYR, PEDIENTE DE LA CRÍTICA DE C.B. [ TROZO EN REELABORACION ] :

De todas maneras, durante muchísimos años abundaron las teorías sobre la diferencia de las razas, particularmente sobre su división en superiores e inferiores, con ciertos grados intermedios. Todos los autores de esas teorías -en su mayoría pensadores distinguidos- pertenecían a la llamada raza blanca y, modestamente, colocaban a ésta en la cúspide de la superioridad. Si bien no puede negarse que existen hombres de distinto color y que eso establece una distinción entre unos y otros, afirmar que los de un color son superiores a los de otro es traspasar los límites de lo comprobable. El color de la piel, sobre el cual se establecieron las clasificaciones más antiguas y aparece tanto en los añosos libros sánscritos como en las antiguas representaciones egipcias, sólo depende de la presencia de un pigmento -la melanina- en las capas profundas del tegumento. Cuando se encuentran en gran cantidad, la piel es muy oscura; si hay menos, el rojo de la sangre que circula bajo la piel aparece por transparencia, y la mezcla de su color con el del pigmento da matices amarillentos; si el pigmento falta, la piel resulta blanco-rosada. Según la cantidad y densidad de ese pigmento puede haber toda una serie de matices. Estas variaciones de color se extienden al cabello y a los ojos, pero de manera más limitada. Una despigmentación pronunciada genera ojos azules con sus variedades gris o verde; si el fenómeno es poco marcado, se tienen ojos amarillos o pardos claros. En cuanto al cabello, una fuerte despigmentación produce cabello rubio, una despigmentación débil, castaño.

En tanto que nos atuvimos a los extremos en las variaciones del color y del rostro, y que nos dejamos influir por la vivacidad de las primeras impresiones, fuimos llevados a considerar las razas no como simples variedades sino como troncos humanos, originariamente distintos. La permanencia de ciertos tipos, a pesar de las influencias más contrarias de las causas exteriores, sobre todo del clima, parecía favorecer esa manera de ver, por muy cortos que sean los períodos de tiempo cuyo conocimiento histórico nos ha llegado. Pero, en mi opinión, razones más poderosas militan en favor de la unidad de la especie humana, a saber, las numerosas gradaciones del color de la piel y de la estructura del cráneo, que los progresos rápidos de la ciencia geográfica han hecho conocer en los tiempos modernos; la analogía que siguen, alterándose, otras clases de animales, tanto salvajes como domésticos; las observaciones positivas que se han recogido sobre los límites prescritos a la fecundidad de los mestizos. La mayor parte de los contrastes que tanto sorprendían en otro tiempo se han desvanecido ante el trabajo penetrante de Dietrich Tiedemann sobre el cerebro de los negros y de los europeos, ante las investigaciones anatómicas de Willem Vrolik y de Martin Weber sobre la configuración de la pelvis. Si se observa en su generalidad a las naciones africanas de color obscuro, sobre las cuales la obra capital de James Prichard ha derramado tanta luz, y se comparan con las tribus del archipiélago de las Indias y de las islas de la Australia occidental, con los papúes y alfurúes (harafures, endomenes), se descubre claramente que el tinte negro de la piel, los cabellos ensortijados y los rasgos de la fisonomía negra están lejos de hallarse siempre asociados. En tanto que una escasa parte de la tierra estaba descubierta para los pueblos de Occidente, dominaron entre ellos puntos de vista exclusivos. El calor abrasador de los trópicos y el color negro de la tez parecían inseparables. “Los etíopes -cantaba el antiguo poeta trágico Teodectes de Faselis- deben al dios sol, que se acerca a ellos en su carrera, el sombrío brillo del hollín que colorea sus cuerpos”. Fueron menester las conquistas de Alejandro, que despertaron tantas ideas de geografía física, para provocar el debate relativo a esa problemática influencia de los climas sobre las razas de hombres. “Las familias de los animales y de las plantas -dice uno de los más grandes anatomistas de nuestra edad, Johannes Müller, en su ‘Fisiología del hombre’- se modifican durante su propagación sobre la superficie de la tierra, entre los límites que determinan las especies y los géneros. Esas familias se perpetúan orgánicamente como tipos de la variación de las especies. Del concurso de diferentes causas, de diferentes condiciones, tanto interiores como exteriores, se han originado las razas presentes de los animales; y sus variedades más sorprendentes se encuentran en los que comparten la facultad de aumento más considerable sobre la tierra. Las razas humanas son las formas de una especie única, que se acoplan permaneciendo fecundas, y se perpetúan por la generación. No son las especies de un género, porque si lo fueran, al cruzarse se volverían estériles. Saber si las razas de hombres existentes descienden de uno o de varios hombres primitivos, es cosa que no se podría descubrir por la experiencia”

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La noción de raza a través de la historia . 1894: Gustave Le Bon

https://i0.wp.com/www.science-et-magie.com/ORACLES/images/le-bon.jpg

Hacia fines del siglo XIX, en ciertos ámbitos de la medicina comienza a gestarse la “teoría de la degeneración”, una teoría que presentaba una imagen pesimista de la civilización moderna y sacudía profundamente la confianza del liberalismo europeo. Varios biólogos y antropólogos consideraron que los avances económicos y sociales parecían conspirar contra el progreso humano en vez de favorecerlo. A esta degeneración se la definía como el desvío morboso respecto de un tipo original, sosteniéndose que -como había dicho Gobineau- “cuando un organismo se debilita bajo toda suerte de influencias nocivas, sus sucesores no semejan el tipo saludable y normal sino que forman una nueva subespecie”, que con creciente frecuencia lega sus peculiaridades a su prole. Así, el pensamiento racista se fue estructurando poco a poco en doctrinas que preconizaban la eugenesia, es decir, la aplicación de las leyes biológicas de la herencia para el perfeccionamiento de la especie humana; esto es, intervenir en los rasgos hereditarios para lograr el nacimiento de personas más sanas y con mayor inteligencia. En otras palabras, sustituir la selección natural darwiniana por una selección artificial.
Uno de sus promotores fue el médico francés Gustave Le Bon (1841-1931), quien estudió medicina en la Universidad de París pero no pudo superar la prueba de la lectura de la tesis doctoral. Se dedicó primero a la problemática de la higiene y ejerció como médico militar durante la guerra franco-prusiana. Luego emprendió numerosos viajes por Europa, Africa y Asia, experiencia que volcó en “L’homme et les sociétés. Leurs origines et leur histoire” (El hombre y las sociedades. Sus orígenes y su historia) antes de orientarse hacia el campo de la sociología y la antropología en general y al de la psicología en particular. Inicialmente realizó investigaciones fisiológicas sobre el tamaño del cráneo y del cerebro, estableciendo que en la sociedad de su época, el cerebro de los hombres tendía a ser más grande -indicio de una creciente capacidad intelectual- mientras que el de las mujeres se encogía. Consagró luego su atención a la conducta en la sociedad industrial, sobre todo la de las multitudes, el fenómeno de las masas y el comportamiento de los individuos cuando se mueven en fenómenos colectivos. El resultado fue “Psychologie des foules” (Psicología de las masas), un libro que de alguna manera encierra ciertos embriones ideológicos del fascismo y el nacionalsocialismo: “A su manera atávica, la multitud busca un líder, vale decir, una figura poderosa que encauce sus energías irracionales hacia fines constructivos”. Según Le Bon, el líder natural de la multitud, irradiaba el mismo aura que distinguía al reyezuelo o médico brujo de una tribu primitiva.
Para Le Bon, la interacción entre individuo y masa producía una conducta masiva retrógrada. Cuando los individuos se encontraban reunidos en la calle o en un mitin político, se activaba un retroceso masivo a un estado primitivo: “Por el mero hecho de formar parte de una multitud organizada, un hombre desciende varios peldaños en la escalera de la civilización. Si bien por sí mismo puede ser un individuo cultivado, en una multitud, es un bárbaro y se vuelve capaz de los actos brutales e irracionales que caracterizan un disturbio callejero. Los instintos de ferocidad destructora propios de las muchedumbres, y que se plasman en sus actos criminales, no son sino residuos de edades primitivas que duermen en el fondo de cada uno de nosotros”. “Entre los caracteres especiales de las muchedumbres -escribió- hay muchos que se observan igualmente en los seres que pertenecen a formas inferiores de evolución, tales como la mujer, el salvaje y el niño. Las muchedumbres son femeninas, a veces; pero las más femeninas de todas, son las muchedumbres latinas”. En un contexto histórico donde imperaba una masiva vida urbana moderna y dominaba la política democrática, se creaban muchas oportunidades para esta clase de conducta “retrógrada”, razón por la que, para Le Bon, enormes peligros se cernían sobre la sociedad industrial europea: “El advenimiento de las masas al poder marca una de las últimas etapas de la civilización occidental. Ahora su civilización carece de estabilidad. El populacho es soberano y crece la marea de barbarie”.
Le Bon empleaba con frecuencia el término “raza”: “raza anglosajona”, “raza mongólica”, “raza negra” y hasta “raza francesa”. También “raza latina”, lo que llevó al eminente neurólogo y antropólogo francés Paul Broca (1824-1880) a decir: “La raza latina no existe por la misma razón por la que tampoco existe un diccionario braquicéfalo”. Desde una postura de simple observador cínico, concedía importancia a las religiones como los verdaderos ejes de las culturas. Opinaba que todo ser poseía un alma invisible -el alma de las razas- que se expresaba en su vida personal, en las artes y en las instituciones, y consideraba que el verdadero progreso era siempre y en última instancia fruto de la obra de las minorías operantes y las elites intelectuales. Por sus frecuentes alusiones al inconsciente, para algunos historiadores la obra de Le Bon fue precursora de “Studien über hysterie” (Estudios sobre ) de Sigmund Freud (1856-1939), e inclusive le asignan ser el precedente de “Der untergang des Abendlandes” (La decadencia de Occidente) de Oswald Spengler (1880-1936) por la idea de que todas las civilizaciones tenían la propiedad de pasar por determinados estadios, cumpliendo ciclos sorprendentemente semejantes.

Además de sus obras “Psychologie des foules” (Psicología de las masas), “L’evolution de la matière” (La evolución de la materia), “Psychologie politique” (Psicología política) y “Bases scientifiques d’une philosophie de l’histoire” Bases científicas de una filosofía de la historia”, Le Bon publicó el  ensayo “Lois psychologiques de l’évolution des peuples (Leyes psicológicas de la evolución de los pueblos). En esta obra desarrolló la tesis que es, en una medida sustancial, el producto del carácter racial o nacional de un pueblo, siendo la fuerza motriz de la evolución social más la emoción que la razón. En ella postuló también la evolución inalterable de los grupos raciales y la preeminencia de los rasgos físicos y psicológicos sobre las influencias sociales e institucionales, sosteniendo que los “extraños alteran el alma de los pueblos”.

  https://i0.wp.com/www.wiso.uni-hamburg.de/fileadmin/sozialoekonomie/hund/sonst._bilder/gustave.jpg

Cuando se examinan, en un libro de historia natural, las bases de la clasificación de las especies, se comprueba en seguida que los caracteres irreductibles y, por consiguiente fundamentales, que permiten determinar cada especie son muy poco numerosos. Su enumeración cabe siempre en algunas líneas. Es que el naturalista, en efecto, no se ocupa sino de los caracteres invariables, sin tener en cuenta los caracteres transitorios. Estos caracteres fundamentales arrastran fatalmente, por lo demás, toda una serie de otros caracteres. Lo mismo sucede con los caracteres psicológicos de las razas. Si observamos los detalles, comprobamos divergencias numerosísimas y sutiles de un pueblo a otro, de un individuo a otro; pero si sólo nos interesan los caracteres fundamentales, reconocemos que para cada pueblo esos caracteres son poco numerosos. Y no es sino con ejemplos -pronto suministraremos algunos- como se puede mostrar claramente la influencia de ese pequeño número de caracteres fundamentales en la vida de los pueblos.

No pudiendo ser expuestas las bases de una clasificación psicológica de las razas sino estudiando en sus detalles la psicología de diversos pueblos, tarea que exigiría ella sola muchos volúmenes, nos limitaremos a indicarlas en sus líneas generales. Si sólo se consideran sus caracteres psicológicos generales, las razas humanas pueden dividirse en cuatro grupos: 1º, las razas primitivas; 2º, las razas inferiores; 3º, las razas medias; 4º, las razas superiores.

Las razas primitivas son aquellas en las cuales no se halla ningún rastro de cultura, y que han permanecido en ese período vecino de la animalidad atravesado por nuestros antepasados de la edad de la piedra labrada; tales son hoy los fueguinos y los australianos.

Por encima de las razas primitivas se encuentran las razas inferiores, representadas sobre todo por los negros. Estas son capaces de rudimentos de civilización, pero sólo de rudimentos. No han podido jamás rebasar formas de civilización completamente bárbaras, aun cuando el azar les ha hecho heredar, como en Santo Domingo, civilizaciones superiores.

Clasificaremos en las razas medias a los chinos, los mongoles y los pueblos semitas. Con los asirios, los mongoles, los chinos y los árabes han creado tipos de civilizaciones elevadas que sólo los pueblos europeos han podido sobrepujar.

Entre las razas superiores, hay que mencionar sobre todo a los pueblos indoeuropeos. Lo mismo en la antigüedad -en la época de los griegos y los romanos- que en los tiempos modernos, son los únicos que han sido capaces de grandes invenciones en las artes, las ciencias y la industria. Sólo a ellos es debido el nivel elevado que la civilización alcanza hoy. El vapor y la electricidad han salido de sus manos. Las menos desarrolladas de esas razas superiores, los indios especialmente, se han elevado en las artes, las letras y la filosofía a un nivel que los mongoles, los chinos y los semitas no han podido alcanzar jamás.

Entre las cuatro grandes divisiones que acabamos de enumerar, ninguna confusión es posible: el abismo mental que las separa es evidente. Sólo cuando se quiere subdividir esos grupos comienzan las dificultades. Un inglés, un español, un ruso, forman parte de la división de los pueblos superiores, pero sabemos perfectamente, sin embargo, que las diferencias entre ellos son muy grandes.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

AÑADIDO “cesáreo”:

La noción de raza a través de la historia (13)

Don  Juán  Vázquez de Mella y Fanjul (1861 – 1928 ):

 

https://i1.wp.com/symploke.trujaman.org/images/thumb/1/1b/200px-Vazmel.jpg

 

https://i2.wp.com/www.fnff.es/HtmlRes/Images/Juan%20Vazquez%20de%20Mella.jpg  Don Juan Vázquez de Mella y Fanjul

nació en Cangas de Onís, Asturias, el 8 de junio de 1861, hijo de Juan Vázquez de Mella y Varela, Teniente Coronel retirado, natural de Boimorto, La Coruña, y de Teresa Fanjul, natural de Cangas de Onís. Cuando apenas tenía seis años quedó huérfano de padre. Realizó sus estudios secundarios en el seminario de Valdediós, entre 1874 y 1877. Una vez terminado el Bachillerato, su madre viuda y con un único hijo, decidió trasladarse a Boimorto y vivir junto a otros familiares. Con dieciséis años y de acuerdo con la familia decidió estudiar Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela. Finalizados sus estudios inició su carrera periodística, desde 1887 hasta 1890, en el periódico tradicionalista El Pensamiento Galaico, de Santiago de Compostela.

Cuando Llauder fundó en 1888 El Correo Español, en Madrid, se fijó en la figura del joven periodista asturiano y lo presentó como una nueva esperanza. Navarra lo eligió diputado a Cortes a los veintinueve años y desde 1893 hasta 1919, descontados los que funcionaron de 1900 a 1905, periodo que estuvo parte emigrado en Portugal, parte retirado en Filgueira consagrado al estudio, perteneció a todos los parlamentos representando a Aoiz, Estella y Pamplona.

Fué fundamentalmente TEÓLOGO , FILOSOFO y filósofo de la Política. Su magnífico libro de Metafísica y teología “Filosofía de la Eucaristía” y otros escritos inéditos suyos a los que aludió en vida sin que vieran al luz de la imprenta fueron mayoritariamente de metafísica y filosofía política.

Su papel histórico fue, fundamentalmente, el del enriquecimiento doctrinal del Carlismo, maltrecho desde el fracaso de 1876. En Vázquez de Mella encontraron el incremento intelectual que recogiera, ordenara y sistematizara el disperso ideario Carlista para condensarlo en un cuerpo doctrinal que consolidó un preciso programa político. Su tradicionalismo se nutre del depósito doctrinal del Rvdº. P. Majín Ferrer, Aparisi y Guijarro, Cándido Nocedal, etc. y se correlacional con Don Ramón Nocedal y Romea. También conoce a Santo Tomás de Aquino, Bossuet y la tradición escolástica en materia de Derecho Natural y filosofía política, así como aprovecha del pensamiento del Rvdº. Padre Don Jaime Balmes y Urpià, Donoso Cortés (Marqués de Valdegamas), y los Condes Demaistre y Arthur de Gobineau. Que haya recibido ideas de sus maestros no exige que mencione las fuentes que le sirven para construir su pensamiento. De gran aportación a su bagaje doctrinal resulta el Magisterio Solemne de la Iglesia y en especial la doctrina sociopolítica de SS. León XIII.

Perseus. 1898. Frederick William Pomeroy. British. 1856-1924. bronze.<br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /> <a href=http://hadrian6.tumblr.com&#8221; />

[Perseo, estatua ésta que excelentemente simboliza la bondad y arianidad de los admirados por Vázquez de Mella y representa la divina misión que tuvo contra la “hydra del mal” de la Revolución deleterea internacional y su Príncipe Beelcebú jefe de la Sinagoga denunciada por San Pablo en las “Sagradas Escrituras” de la “Nueva Alianza”.]                                                       Vázquez de Mella apreciaba el conjunto de la población española en cuanto aria. Su idea de raza era la del Conde de Gobineau, determinada, no obstante, por la corriente indoeuropeista alemana, especialmente tras los estudios linguísticos que descubrieron y en cierto modo reconstruyeron parcialmente la lengua indoaria, llamada, por los alemanes, indogermánica. No pocos carlistas han soslayado, más aún adulterado la doctrina del maestro, para no ser blancos de los ataques antirracistas modernos y vivir tranquilamente en connivencia con la modernidad intolerante, de modo que atribuyen al gran pensador una idea sureñoromántica sentimentaloide sobre las razas, pero léase siquiera uno de sus discursos, por ejemplo “El ideal de España” seguido de “Tres Dogmas Nacionales”, para que se salga de dudas. Acusa la decadencia de Portugal por su mezcla cuantiosa con los negros, y al mestizaje de españoles e indios en Méjico lo llama “motín zoológico”, “dulce y romántico” ¿ Verdad ?. ” Recordaba Monseñor De Andrea nuestras grandezas, y las cantaba con la exaltación patriótica de quien es hijo de nuestra propia estirpe y de nuestra raza. Daba a nuestra lengua acentos de verdadera elocuencia. Él pertenece a nuestra raza; … Tenemos la unidad de la raza, no sólo originaria, étnica, sino histórica, por haber sido moldeados en la misma tradición y, por consiguiente, la unidad de glorias y grandezas.” [ del discurso en el teatro de la Zarzuela, 1º de Abril de 1922, “Obras Completas”, 2ª ed., vol. I, págs. 220-221.]

El eximio filósofo político era arianófilo, castista y naturalmente germanófilo; partidario pués, de la pervivencia de los Imperios Centrales de Europa, sobre todo el de Austria-Hungría, puesto que éstos conservaban mucho de la tradición espiritual cristiana europea y antirrevolucionaria, antimasónica y antijudáica. Tal posición espiritual y política coherente lo abocó al distanciamiento y luego a la separación definitiva respecto del pretendiente Carlista Jaime de Borbón, que era estúpida e inconsecuentemente aliadófilo y tomó partido por el bando sumiso a la judeomasonería. Jaime de Borbón, ese canalla traidor, que había estado confinado por los austriacos en su castillo cercano a Viena, y que debió ser entonces decapitado y su cabeza subida a una pica y expuesta por días si lo hubiera pillado el último Principe von Metternich, publicó en 1918 un manifiesto dirigido a los tradicionalistas españoles desautorizando a los que hubiesen exteriorizado sus sentimientos germanófilos. Vázquez de Mella se sintió desautorizado por el pretendiente, lo que le animó aún más a tomar la necesaria decisión de alejarse del Carlismo para fundar el Partido Católico Tradicionalista o Partido Sociedalista, que celebró su primer acto público el 11 de agosto de 1918 en el casino de Archanda, desde el que propugnó los grandes ideales que impregnaron toda su vida: Tradición, Catolicismo, Patria, Monarquía. A V. de Mella le fue ofrecida una cartera ministerial en dos ocasiones: una de joven, en los ensayos unionistas de Cánovas y otra, al final de su vida, en el gobierno nacional que presidiría Maura. En ambos casos rehusó. El 29 de mayo de 1924 en el Teatro Real de Madrid pronunció su último discurso: Divinidad de la Iglesia Católica.

Gran profeta político, visionario, conocedor de los avatares históricos del siglo XIX, se enfrentó al Judaismo y a la masonería y presentó a las Cortes de Madrid una vigorosa petición solicitando que la francmasonería fuera declarada ilegal, facciosa y traidora a la Patria, quitando de los empleos públicos a los masones. Participó en el Congreso antimasónico de Trento en 1896.

Las ideas centrales en su pensamiento eran Dios, el Dios de la Iglesia Católica, la tradición de la Filosofía Perenne, la monarquía, la unidad de España y la confederación con Portugal y los paises americanos del Imperio Español, el regionalismo foral y la concepción orgánica de la sociedad, para la que distingue entre Soberanía Política y Soberanía Social. Reclama la autarquía para los “cuerpos intermedios” , los estamentos y demás clases sociales, y el respeto del Derecho Natural de autonomía relativa para la familia, jerárquicamente estructurada por la Naturaleza regida por Dios. Su pensamiento esencial fue íntegramente asumido por el Grande de España y tercer Marqués de Estella, el Excmº. Sr. D. José Antonio Primo de Rivera y Saenz de Heredia, Onésimo Redondo y la mayoría de los falangistas.

La salud del ilustre prócer se fue resquebrajando y, a principios de 1925, sufrió la amputación de una pierna. Desde entonces apenas se movió de su modesto piso del Paseo del Prado. Unos meses antes de su fallecimiento realizó una de sus principales obras: Filosofía de la Eucaristía. Sus obras completas están recogidas en una treintena de volúmenes. Falleció en Madrid, el 26 de febrero de 1928.

Beautiful sculpture: The Kiss of Death located at Barcelona's Poblenou Cemetery. [“El beso de la Muerte”, estatua en el cementerio de Poblenou (Barcelona). “Oh mors, quam maledicta!” ]

Fuente:  http://www.fnff.es/Juan_Vazquez_de_Mella_pensador_catolico_tradicionalista_1008_c.htm  

y Ricardo de Perea, Pbrº. y clerigo católico, que ha retocado el artículo.

Adam and Eve Statue by Carl Roder 19th Cent [ Adán y Eva, de Karl Röder  (21 de febrero 1854 en Greiz, † 17 febrero de 1922 en Dresde). ¿Los primeros padres de la humanidad? Los míticos sí, los de la estatua no; éstos son los de la Europa genuina de que es hijo Vázquez de Mella y a la que defiende con acierto y denuedo.]

[A08FOTO1A1.jpg]Nude Greek statue. Some rights reserved by poul.iversen Así le tocó en suertes vivir al Espíritu del gran orador Vázquez de Mella. ( Nude Greek statue. Herakles and the Hydra. Some rights reserved by poul.iversen ).

A P E N D  I C E  sobre Vázquez de Mella :

DIARIO YA, ABRIL nº.117 Libertad y Tradición. El legado corporativo de Juan Vázquez de Mella. por Sergio Fernández RiquelmeLibertad y tradición son dos conceptos y dos realidades unidas profundamente, mutatis mutandis, en el devenir histórico de la civilización occidental. Frente a la ideologización de la Historia de las Ideas, que equipara democracia parlamentaria y libertad política y social sin el menor escrúpulo empírico, el estudio de autores tan significados como Juan Vázquez de Mella nos ilustra sobre el auténtico itinerario histórico de la Tradición hispana, fundado de manera indisoluble al servicio de la defensa de las verdaderas libertades humanas: las libertades sociales y comunitarias. A esta empresa, auténtica “democracia orgánica”, respondieron diferentes teorías y doctrinas político-sociales generadas y articuladas sobre una visión propia del instrumento de representación, asociación y participación política “corporativa”.
I Ante la quiebra de las tradiciones político-sociales del “Antiguo Régimen”, en gran medida determinada por influencia de los acontecimientos europeos (Revolución-Restauración) y el nacimiento del Estado liberal español tras las Cortes de Cádiz [1]; comenzó una lenta renovación del discurso político del tradicionalismo hispano.  Este discurso se desplegó como “reacción doctrinal” (integrista, conservadora o absolutista) y como “reacción popular” (carlismo). La primera reacción debió en gran medida de autores tales como Fr. Fernando de Zeballos [1732-1802], José Gómez Hermosilla [1771-1837] o Nicolás Böhl de Faber [1770-1836] defensores del dogmatismo religioso, el esencialismo sociopolítico y la afirmación del orden tradicional. Este primer tradicionalismo aun bebía directamente del doctrinarismo del clasicismo católico y antiliberal” [2]; se autoafirmaba además como “reacción contra la Ilustración”, tomando como referencia a los clásicos contrarrevolucionarios españoles (Balmes y Donoso), el pensamiento católico francés de la Restauración (Bonald,  Maistre, Lamennais o Chateaubriand) y la retórica contrarrevolucionaria de Edmund Burke [1729-1797] y F. Schlegel [3]. Sobre este bagaje doctrinal se delimitaron dos grandes escuelas a mediados del siglo XIX: la contrarrevolución cristiana de Donoso Cortés y el catolicismo antiliberal de Balmes [4] y Aparisi. La segunda reacción vino de la mano del legitimismo carlista y la defensa de las libertades forales y la tradición católica. Pero tras el ocaso militar (III Guerra Carlista) y el aparente triunfo del Estado liberal en España, llegó el ostracismo para los postulados doctrinales del tradicionalismo y para sus organizaciones políticas. Ante el monopolio político demoliberal, consagrado por la “fórmula canovista”, y ante el impacto del organicismo krausista, ciertos sectores tradicionalistas, en cierta medida no estrictamente ligados a la cuestión carlista [5], vieron en el Estado nacional el medio para hacer realidad una “monarquía tradicional” [6]. Los tradicionalistas de principios del siglo XX, autoconsiderados como el herederos de la tradición medieval y  de la  “universitas christiana”, debían conciliar el ideal de restauración del orden territorial (foral), social (orgánico) y moral (tradicional) supuestamente característico del Antiguo régimen, con la realidad del Estado nacional. Tras el fin de la realidad de gremios y artesanos, de reyes y fueros, aparecía el Corporativismo como el medio “natural” de representación y participación del “cuerpo social orgánico” en la tareas de la comunidad política, reflejo terreno del ideal divino a modo de sistema orgánico ante el individualismo liberal y ateo [7]. Esta modernización corporativa del orden social de la Tradición, de la mano de J. Vázquez de Mella, se fue convirtiendo durante los años veinte del siglo XX en programa político llamado como Teología política. A esta renovación se llegó por la vía de los hechos. El fracaso de la vía insurreccional carlista, condujo a una nueva e inevitable configuración de un tradicionalismo ajeno al  Régimen político de la Restauración. La derrota definitiva de la alternativa militar carlista en la III Guerra carlista ante las tropas de Martínez Anido, Blanco y Primo de Rivera supuso un duro revés al “carlismo de masas” [8]. El Carlismo, dirigido ahora por Carlos VII, adoptó una posición contemporizadora con el nuevo régimen canovista: su derrota militar obligaba a otras vías de supervivencia. Así nacía la Comunión carlista. Los encargados de tal tarea fueron el marqués de Cerralbo, responsable de la nueva organización política desde 1888 (un Partido carlista de implantación nacional sobre una jerarquía de juntas regionales, provinciales y locales, integrado plenamente en la mecánica restauracionista, pero preparado para una posible nueva movilización militar), y Juan Vázquez de Mella Fanjul [1861-1928] [9], doctrinario y periodista destinado a reforzar y actualizar el tradicionalismo carlista. Junto a S. Minguijón [10] se dedicó a una ampliación doctrinal del tradicionalismo carlista, capaz de integrar la Cuestión social y la Identidad nacional, abriendo las bases intelectuales del mismo. Con ellos, Santiago Galindo [11] y F. Elías de Tejada señalaban que el tradicionalismo se enlazaba con otras manifestaciones cercanas ideológicamente (Menéndez Pelayo, J. Aparisi [12], Alejandro Pidal [13]), pero aún se mantenía fiel a la causa carlista. Pero la preeminencia de la fidelidad al legitimismo, provocó la escisión del catolicismo ultramontano del periodista Ramón Nocedal [1842-1907] y su rama “integrista” en 1888 [14]. Con el periódico El siglo futuro como portavoz, esta rama se caracterizó por una interpretación extremista del Syllabus, una concepción del mundo y de la política basada en la unidad católica, la antirrevolución y el organicismo social. II Vázquez de Mella fue el responsable de la modernización del discurso tradicionalista sobre España “en sus potencias históricas”. Su empresa intelectual suponía la aplicación política de las leyes sociales que regían a la patria “como organismo vivo”, movilizando las energías históricas olvidadas; empresa  constante y coherente, sin contradicciones ni resquicios, centrada en recuperar “la memoria perdida del alma española”. Caracterizado por Ch. Maurras por defender “un César con fueros“ [15], Mella se consagró en estos años, desde un “organicismo social” profundamente elaborado, a representar al Carlismo en el Parlamento liberal y renovar el discurso doctrinal de un tradicionalismo carlista “al que consagró su vida a la exposición y concreción de la doctrina tradicionalista” [16].  Su discurso sobre “ El sistema representativo tradicional” (31 de mayo de 1893), resume la esencia de esta renovación: el tradicionalismo político hispánico debía superar los límites de la Legitimidad carlista; por ello proclamaba que “queremos nosotros el régimen corporativo y el de clases porque entendemos que correspondiendo a la misma triple división de la vida y de las facultades humanas, hay en la sociedad, cualquiera que ella sea, una clase que representa principalmente el interés intelectual, como son las corporaciones científicas, las Universidades y las Academias; una clase que representa, antes que todo y principalmente, un interés religioso y moral, como es el clero, y otras que, como el comercio, la agricultura y la industria representan el interés material [17]. Estas palabras denotan la actitud contraria de Vázquez de Mella al pesimismo de los pensadores coetáneos de la Generación del 98 (del que fue el gran olvidado [18]); el que sería máximo doctrinario de la Comunión tradicionalista, comenzó a pensar y a construir a España de nuevo buscando las soluciones en la tradición pasada, a establecer una organización posible de la sociedad y del Estado, sobre el legado corporativista de Gremios y Fueros. Así lo defendió desde el Correo Español (director desde 1890), como parlamentario por Comunión, y casi como ministro de Gracia y Justicia en el gabinete de A Maura (petición a la que no accedió). Su primer programa político se centró en cuatro grandes aspectos: 1. unidad católica (por la que luchará hasta su muerte dentro de su “programa mínimo”); 2. Monarquía representativa y tradicional (amplia institución en la intentó integrar a carlistas y alfonsinos, neocatólicos e integristas); 3. principio regionalista y restauración foral (diversidad regional integrada en la nación española); 4. legitimidad de orden y de ejercicio del poder soberano (inicialmente en defensa de los derechos dinásticos de D. Jaime de Borbón, pero tras su ruptura en beneficio de la monarquía histórica neotradicional) [19].  En “Regionalismo y separatismo (1896) concretaba este programa, apuntando que “confunden, por ignorancia o por hipocresía, el regionalismo con el separatismo, y sacan a reducir estos supremos recursos retóricos, que en labios de los liberales son dos sarcasmos: la unidad nacional y la integridad de la Patria”. Para Mella “la unidad nacional en España la formaron la Iglesia y la Monarquía tradicional, que representan las dos grandes unidades, interna y externa, que han originado, sin amasarlas ni confundirlas, la federación de las regiones que constituyen la patria común”. Por ello defendía que “el municipio, la provincia y la región, no se pueden administrar ni regir en su vida interior sin imposiciones extrañas, sino que dependen de cualquier Poncio amovible a voluntad de un Ministro de la Gobernación; y el capital y la industria y la paz social de las ciudades más florecientes de España dependen de la impertinencias de un Dávila, el hombre en cuya cabeza las ideas, si llegan a penetrar, mueren como los pájaros en la máquina neumática por falta de oxígeno” [20] Éstas fueron las ideas fundadoras de su Partido Católico Tradicionalista, originado en 1918 tras su superación del carlismo oficial, y cuyo órgano de expresión principal fue el periódico El Pensamiento Español [21]. Su posición germanófila durante la Gran Guerra, y sus pretensiones de ampliación del Tradicionalismo le llevaron a la ruptura con el pretendiente carlista Jaime de Borbón, negándose a suscribir un documento de apoyo a la causa aliadófila. Desde su partido, Vázquez de Mella situaba a la Tradición, la monarquía, la unidad de España a través del regionalismo y del foralismo y la concepción orgánica de la sociedad, como el marco político del Tradicionalismo, donde la soberanía residía no en el Estado, sino en sociedad ordenada corporativamente en sus organizaciones naturales: la familia, el municipio, la región. Era el momento de un “Estado tradicional”, limitado, controlado y articulado por una sociedad orgánica y por la continuidad histórica “legítima”; una “tradición móvil y vital” convertiría a la forma política estatal en corporación más, en un régimen de corporaciones [22]. El Estado sería el guía pero no el dueño de una “evolución nacional irrepetible e inimitable”, de una mutación institucional progresiva que daría un nuevo fin político al carlismo carlista, un nuevo soporte intelectual para recuperar la historia foral y comunitaria de la España tradicional, para negar intelectualmente el  totalitarismo individualista, para acotar los límites del Estado moderno, para afirmar el “ser nacional” de la España regional y unida, católica y comunitaria [23]. La Restauración fue el escenario de su labor y de sus proyectos; un régimen político que Vázquez de Mella consideraba de “compensaciones y de equilibrios”, que aseguraba pragmática la “paz pública” pero apenas si impulsó nuevas reflexiones políticas y filosóficas, al sobrevivir primordialmente sobre el recuerdo de las recientes guerras civiles y la experiencia de la I República, y sobre redes clientelares profundamente arraigadas. El Estado liberal edificado sobre la derrota del carlismo, culminaría para el asturiano, en un “Estado totalitario” que dirigiría todas las esferas de la vida humana, que controlaría de manera directa el funcionamiento del conjunto de organismos, asociaciones y derechos propios de la sociedad. La mecánica estatal arrebataría a estos las funciones legítimas de protección y socialización de los individuos, sus familias y propiedades, y les sustraería sus competencias en el control espontáneo del poder político. El Estado liberal era eso, una versión actualizada y “democratizada” del Estado absolutista aniquilar los cuerpos intermedios que mediaban de manera natural entre el  poder soberano la sociedad soberana, entre el Estado y el hombre. Situación que hacía renegar al ciudadano de sus tradiciones, de su tierra, de su naturaleza y de su Dios [24]. La revolución liberal era el germen de una “revolución socialista” al hacer depender a dicho ciudadano de manera exclusiva de una administración estatal que los igualaba para controlarlos, que los adoctrinaba para poseerlos, que los deshumanizaba como número electoral y mero consumidor [25]. Su propuesta era el retorno a la “mismidad nacional”, mediante la “educación nacional”, a las raíces perdidas de la Nación ante la desacralización y el materialismo liberal-socialista, era un proyecto espiritual y político católico que limitaba la racionalidad intervencionista del Estado; por ello afirmaba que “yo soy partidario de esa autarquía en el municipio, en la comarca y en la región y no quiero que tenga el estado más que las atribuciones que le son propias”. Si la nación española estaba invadida por un individualismo excluyente, su propuesta rescataba la comunidad nacional, si se vendía el funcionalismo o el materialismo él recuperaba el organicismo social. Su teoría política tradicionalista negaba el liberalismo doctrinario de Cánovas y Sagasta, llamaba falsa la representación de los partidos “fusionistas”, atacaba furibundamente el caciquismo que adulteraba el sufragio inorgánico, negaba que la libertad individual fuese el principio y el fin de la actividad política, señalaba que el “socialismo y liberalismo son lo mismo, se equiparan y se identifican”, alertaba contra el “republicanismo importado”, y clamó por la instauración de una Monarquía cristiana, tradicional y representativa del pueblo, en cuyo entorno social y raíces históricas encontraba fuerza y legitimidad [26]. III En 1918 Vázquez de Mella delimitó su teoría corporativa como doctrina del “sociedalismo jerárquico” [27]. Ésta contenía la idea de una Monarquía tradicional representativa, descentralizada y social, frente al  modelo imperante de Monarquía liberal-doctrinaria que juzgaba revolucionaria; una Monarquía fundada en la Teoría de las dos soberanías” (Discurso en el Monte de Archanda de Bilbao, el 15 de Agosto de 1919), donde frente “al dogma de la soberanía popular” del liberalismo parlamentario, oponía que junto a una soberanía política, al lado de ella y completándola, existía una “soberanía social” que nacía de la familia y se desarrollaba en la Escuela, la Universidad, el Municipio y llegaba a la Región y a las Clases. Esa soberanía no era sólo creación del Estado, sino más bien el Estado era creación de esa “soberanía social”, que la necesita como complemento y que viene después como soberanía política para dirigir el conjunto de las regiones y las clases [28]. El “sociedalismo” se fundamentaba en la siguiente reflexión filosófico-política: la soberanía social viene a resultar una especie de “trinchera de resistencia” fabricada desde abajo, contra los abusos del despotismo de arriba. Frente a la representación por partidos, opone Mella la representación por clases, ya que las necesidades sociales que remedia cada clase son distintas, y las actitudes individuales que para tal fin son precisas, también son distintas entre sí. Así como planteó en su ensayo La Monarquía Carlista, la clase agrícola nombraría a sus procuradores, la industrial y comercial a los suyos, como representación de los intereses materiales [29]. Los intereses religiosos y morales serán representados por los procuradores del clero, los intelectuales por las Universidades y Academias, y los históricos por la Grandeza de España; así  “el procurador no será representante de toda la Nación como en el régimen liberal, sino de las corporaciones y clases que lo eligen y no sería independiente de los electores una vez elegido, sino sujeto a ellos por mandato imperativo. No irá a disputar a las Cortes, sino a pedir y a votar lo que le manden los que le hayan designado, y ha de jurar no recibir honor ni merced alguna durante su cargo, y si lo hiciera será llevado ante los Tribunales” [30]. En consonancia con las primeras anotaciones hechas por Ángel  Herrera en pro de la “unión de los católicos” (desde el periódico), Vázquez de Mella, estableció un “programa mínimo” de actuación política unitaria católica, ofrecido infructuosamente  en otoño de ese mismo año al Gobierno Maura. Para el asturiano este programa debía de alcanzar que “unas Cortes verdaderas tiene que ser el espejo de la sociedad, y por tanto hay que reproducir exactamente sus elementos y sus intereses colectivos y una sociedad no es una agregado de átomos sin vínculos ni jerarquía. Por  la variedad de sus necesidades y las diferentes manifestaciones del trabajo integral, esté dividida en clases. Es necesario que las seis clases estén representadas en las Cortes para que la sociedad no esté ausente en ellas” [31]. El programa de Vázquez de Mella contenía los siguientes puntos básicos [32]: 1) la “transformación del régimen parlamentario en régimen representativo” (atacaba, como era lógico desde sus posiciones ideológicas, el régimen representativo y el  sistema de partidos); 2) “un sistema corporativo fundado en sindicatos verdaderamente libres podía atraer a las masas que en aquel momento se inclinaban a hacia el socialismo y el anarquismo” (dentro de un amplio programa de reformas sociales) [33].             Este programa era el punto de partida de un nacionalismo español foralista-autonomista, que situaba al municipio como la única esfera democrática y republicana posible, un lugar donde “allí viven juntos el sentimiento nacional y al amor a la patria común con el amor regionalista a la pequeña patria”. Frente al centralismo liberalismo doctrinario y jacobino de la República y de la Restauración, sostenía la tradición católica, nacional y social como “sufragio universal de los siglos” (la defensa de los Fueros de Navarra fue una de sus grandes obsesiones parlamentarias). Víctor Pradera (su “protegido”) o Salvador Minguijón continuaron su labor doctrinal, inicialmente en una “línea socialcatólica”, y posteriormente conectando a Vázquez de Mella con el movimiento contrarrevolucionario en plena II República. En La crisis del tradicionalismo (1917), Minguijón hablaba ya de la necesidad de una doctrina político-social moderna que actualizase y difundiese los principios tradicionalista siguiendo limitadamente el modelo maurrasiano. El “nuevo movimiento contrarrevolucionario” español debía abrirse a nuevas opciones conservadores [34] y a nuevas oportunidades parlamentarias, pero en búsqueda de una Monarquía tradicional, gremial y orgánica que amparase un Estado confesional, corporativo, regional y nacional [35].·- ·-· -······-·
Sergio Fernández Riquelme [1] José F. Acedo Castillo, “La representación orgánica en el pensamiento tradicionalista”, en Razón española, nº 112, marzo-abril de 2002, págs. 179-180. [2] José Luís Villacorta, La derrota intelectual del carlismo. Aparisi y Guijarro frente al siglo. Bilbao Ed. Declée de Brouwer, 1990, págs. 279-280 [3] G. Fernández de la Mora , Los teóricos izquierdistas de la democracia orgánica, págs.  95 sq. [4] Muchos de los presupuestos de la concepción filósofica del tradicionalismo los encontramos en Jaime Balmes, “Filosofía elemental. Etica”, en Obras completas, tomo III,. Madrid, BAC, 1948, págs. 162 sq. [5] José Álvarez Junco, Mater Dolorosa, págs. 115 sq. [6] Adaptación histórica analizada por Francisco Elías de Tejada , Las Españas. Formación histórica. Tradiciones regionales, Madrid. Ed. Ambos mundos, SF. [7] Álvarez Junco sostiene que el Tradicionalismo consistió en unacorriente europea que nace de la reacción contra la filosofía, la teología y el sistema político-económico que tiene su origen en la ilustración, en la revolución francesa y en los primeros y fallidos intentos de aproximación  de la reflexión teológica al nuevo contexto europeo” convirtiéndose en “una filosofía, que a lo largo de la historia ha sido retroalimentada desde Platón, Séneca y S. Agustín”, en la que “convergen” los primeros pensadores de la ”Restauración” y que impulsa un modelo tradicionalista de Estado, de Sociedad y de Iglesia en Europa. Lo consideraba como una “forma de ver el mundo, el conocimiento humano, las estructuras básicas de la sociedad, la orientación moral de las conductas y la interpretación de la deriva interna de los acontecimientos” que tiene como única fuente “el orden sobrenatural”.. Ídem, págs. 118-119. [8] Proceso ilustrado por Josep Carles Clemente, Raros, heterodoxos, disidentes y viñetas del Carlismo. Madrid Ed. Fundamentos, 1995. [9] Véase Luis Legaz, La idea de Estado en Donoso Cortés y Vázquez de Mella. Barcelona, 1947. [10] En La crisis del tradicionalismo S. Minguijón hablaba de la necesidad de una doctrina político-social moderna que actualizase y difundiese los principios tradicionalista siguiendo limitadamente el modelo maurrasiano. El “nuevo movimiento contrarrevolucionario” español debía abrirse a nuevas opciones conservadores y a nuevas oportunidades parlamentarias, pero en búsqueda de una Monarquía tradicional, gremial y orgánica que amparase un Estado confesional, corporativo, regional y nacional. Véase Salvador Minguijón, La crisis del tradicionalismo. Zaragoza, 1914, págs. 18 sq. [11] Santiago Galindo Herrera, “Pensadores tradicionalistas”, en Temas españoles, nº 191,. Madrid, Publicaciones españolas, 1955, págs. 2-5. [12] Juan Aparisi y Guijarro (1815-1872) fue uno de los tradicionalistas políticos españoles más renombrados en su tiempo, y uno de los máximos exponentes del pensamiento corporativo durante el siglo XIX. Su obra política y filosófica, poco extensa y no muy original, era para Villacorta de carácter “apologético”. De profundas convicciones religiosas y abiertamente monárquico, desarrolló bajo la influencia de ambas señas de identidad, una concepción política y económica corporativa de clara raíz organicista. Su obra respondía a los postulados de la monarquía tradicional, de un sistema de libertades concretas, frente a las Constituciones demoliberales. Por ello defendió públicamente la estrategia de “unión española” de los católicos (desarrollada posteriormente por Cándido Nocedal) como medio de recuperación de la unidad política católica; basada en la esencia nacional española y la restauración del orden foral. Y en el plano jurídico institucional, su ideario político, social y teológico se concretaba en un proyecto constitucional, ya como jefe de la minoría carlista en el parlamento, articulado en torno a las ideas de religión católica “oficial” y monarquía tradicional. “Un programa de gobierno” (1871), texto publicado en “La Restauración”. [13] Sobre la obra y figura de Pidal y Mon se pueden destacar: Andrés Ollero, Universidad y política. Tradición y secularización en el siglo XIX. Madrid, Instituto de Estudios políticos, 1972; y D. Ruiz González, “Alejandro Pidal o el posibilismo católico de la Restauración. Posiciones doctrinales y prácticas políticas”, en Boletín de estudios asturianos, XIII. Oviedo, 1969, págs. 204-214. [14] Martín Blinkhorn, Carlismo y contrarrevolución en España, 1931-1939. Barcelona, Ed. Crítica, 1979, págs. 77-78. [15] Charles Maurras, La encuesta sobre la  Monarquía. Madrid, Sdad. General Española de Librería, 1935, págs. 22. [16] Tras estudiar en el Seminario de Valdediós y la carrera de Derecho en Santiago de Compostela, Vázquez de Mella abrazó la causa del carlismo, siendo Diputado a las Cortes desde 1893 hasta 1916 (elegido como su representante en por los distritos de Aoiz, Estella y en varias ocasiones por Pamplona). [17] Continuaba señalando que “en una sociedad no improvisada, y con la vida secular como la nuestra, hay la superioridad del mérito reconocido en todos los pueblos, y la formada por prestigios y glorias de nombre históricos constituyendo la aristocracia social y la de sangre, y, con el interés de la defensa y del orden representado por el Ejército y por la Marina, está completado el cuadro de todas las clases sociales que tienen derecho a la representación”. Véase J. Vázquez de Mella, Obras completas, vol 1. Madrid, Junta del Homenaje a Mella, 1932, págs. 43 sq. [18] J. Vázquez de Mella nació en 1861 en Cangas de Onis, y aunque cronológicamente pudiese pertenecer a esta generación, estuvo más cerca de las posiciones de Marcelino Menéndez y Pelayo. Elegido en 1893 como diputado a Cortes por Navarra (región en el que el carlismo era algo más que una doctrina, era una vivencia popular), único cargo público que desempeñó en toda su vida, tras rechazar dos cargos ministeriales en los gobiernos de Maura y de Cánovas del Castillo. [19] Santiago Galindo, op.ult.cit., pág. 29. [20] Véase Juan Vázquez de Mella, “Regionalismo y separatismo”, en El Correo Español, 7 de septiembre de 1896. [21] Véase Juan Ramón de Andrés Martín, “El cisma mellista: historia de una ambición política”, en Arbil, nº 43 [22] Juan Beneyto, “Sociedad y política en Juan Vázquez de Mella” en Revista de estudios políticos,nº153-154, 1967, pags. 19-28. [23] El programa de su partido se resumía en cuatro puntos claves: unión moral y separación económica de la Iglesia y del Estado. Sustitución del régimen parlamentario por el representativo; autarquía de municipios y regiones, y defensa resuelta del orden social fundado en la armonía de clases que forman el trabajo integral; política internacional orientada hacia los tres ideales en que desemboca la historia de España: dominación del Estrecho, federación con Portugal, y unión con los Estados Hispanoamericanos. [24] El esquema del periodista asturiano partía de la denuncia contra la “España afrancesada” de los liberales  lectores del racionalismo de Rousseau (llegaba a decir que “si levantaran la cabeza los héroes de la Guerra de la Independencia, no volverían de su asombro al ver que los afrancesados que ellos odiaban usurpan el nombre y la representatividad de la Patria”). Esta corriente había destruido las bases tradicionales del país, y ante ella oponía un programa político basado en una reactualizada carlista, tanto programa de gobierno como de organización social. Para Vázquez de Mella, J.J. Rousseau fue el ingeniero del “racionalismo” basado en crear un hombre de nuevo, a imaginarlo a partir de su voluntad mutiladora de la naturaleza real del ser humano. El hombre era un “buen salvaje” pervertido por su ingreso a la sociedad por acto un voluntario y libre que consistía llanamente en suscribir un abstracto “Contrato Social”; un pacto que supuestamente lo vuelve soberano con un simple voto individual, pero realmente lo convierte en un esclavo de un Estado llamado con acierto como “leviatán” No tan paradójicamente, sus posiciones les acerba al análisis liberal de Tocqueville o al personalista de Nicolás Berdiaev. [25] Idea desarrollada en los artículos contenidos en Juan Vázquez de Mella, La educación nacional. Madrid,Ministerio de Educación Nacional, 1950. [26] Juan Vázquez de Mella, Textos de doctrina política. Madrid, Talleres Gráficas Artes, 1953, págs. 43 sq. (estudio preliminar, selección y notas de Rafael Gambra, prólogo de Antonio Iturmendi Bañales). [27] G. Fernández de la Mora, op.ult.cit., págs. 123 y 124. [28] Atento al concepto orgánico de la sociedad de los tradicionalistas españoles anteriores a él, Vázquez de Mella señalaba como la sede de la soberanía social se encontraba en “los cuerpos intermedios”, es decir, a los núcleos colectivos en que el individuo halla cobijo. Situaba situaba en el primer plano los “fueros de la naturaleza social del hombre” desde una sólida enseñanza escolástica, que evolucionarían en cada comunidad nacional según el espontáneo y equilibrado esfuerzo humano y al siempre ponderado designio divino. Frente  la abstracción de esa “libertad” solo reservada a las clases oligárquicas que controlaban el poder político, su “Estado limitado” reclamaba la reinstauración de las “libertades concretas” abolidas por el éxito desde el siglo XVIII de las tesis contractualistas. El maquinismo y el estatalismo que atacaban en la práctica la “dignidad humana”, solo podrían ser limitados en sus efectos negativos, para Mella, con la reconstrucción de los estadios intermedios tradicionales (gremios, corporaciones, municipalidades, familias), dotados de nuevo de fuerza jurídica, de verdadera autonomía, de  legitimidad natural reconocida  y de reconocimiento estatal. Véase J. Vázquez de Mella, “Discurso sobre el sufragio universal”, Obras completas, vol. 1, págs. 147 sq. [29] Juan Vázquez de Mella, Regionalismo y monarquía. Madrid, Ed. Rialp, 1957, pág. 279. [30] Véanse Antonio Iturmendi, En torno a la doctrina de Mella. Madrid, 1962. Cfr. M. Rodríguez Carrasco, Vázquez de Mella: sobre su vida y su obra. Madrid, 1970 [31] J. Vázquez de Mella, “Entrevista” en ABC, 2 de enero de 1925, en Obras completas, vol.  2, págs. 285-286 [32] Ídem, vol. 8, págs. 196 sq. [33] < Ídem, págs. 280 sq. [34] Como la idea del filósofo catalán Eugenio D´Ors  [1881-1954], frente a un amenazante “liberalismo revolucionario roussoniano”, de una “Monarquía hereditaria tradicional y católica” a imagen y semejanza de la reconstruida en la figura de Isabel La Católica, dentro de su compleja “Política de Misión”. Véase Eugenio D´Ors,  La vida de Fernando e Isabel. Barcelona, Ed. Juventud, 1982, págs. 29-30. Cfr. P. C. González Cuevas , La tradición bloqueda, págs. 145-147; y G. Fernández de la Mora, Los teóricos izquierdistas de la democracia orgánica, pág.188 [35] Salvador Minguijón, La crisis del tradicionalismo, Zaragoza, 1914, págs. 18 sq.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&AÑADIDO.

Huston Steward Chamberlain

IKARUS / ICARO . https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/originals/74/23/df/7423df520f21a1b67817bae5b448f09a.jpg


HOUTON STEWART CHAMBERLAIN
Houston Stewart Chamberlain, de noble familia inglesa y escocesa, nació en Southsea (Inglaterra), el 9 de Septiembre de 1855. Era hijo de un Almirante de la Royal Navy y sobrino de un Primer Ministro. Al no poder seguir la carrera militar por su delicada salud, se dedicó intensamente al estudio. Tras cursar estudios superiores en Cheltenhain y en París, siguió cursos de ciencias naturales en Ginebra y en Viena, residiendo, luego, sucesivamente, en el Mediodía de Francia, en Suiza y en Alemania. Allí se convirtió en un ardiente admirador de Ricardo Wagner, aunque ya en su época de residencia francesa publicó unas “Notas sobre Lohengrin”, en francés. Ya en Alemania escribió igualmente “El Drama de Richard Wagner”, una biografía en la que se enfatizaba el elemento teutónico en el pensamiento wagneriano.
En 1908 se instaló en Bayreuth y contrajo matrimonio con Eva Wagner, la hija del genial músico.
La obra más importante de Chamberlain es, indiscutiblemente, “Los fundamentos del siglo XIX”, un resumen y análisis histórico, hecho con galanura, profundidad y estilo, del pensamiento y la cultura europeos. Esta obra monumental apareció en 1899.